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El día que la ciudadanía dejó de ser cosa de hombres

El voto femenino en México no fue un regalo del poder: fue una conquista. 💜 Décadas de lucha de mujeres como Hermila Galindo y Elvia Carrillo Puerto cambiaron la historia de la ciudadanía.

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Hoy nos parece más fácil hablar de derechos, porque fue mucho más difícil poder conquistarlos.

En México, el derecho de las mujeres a votar se logró el 17 de octubre de 1953; ése día se publicó en el Diario Oficial de la Federación la reforma al artículo 34 de la Constitución, que reconoció plenos derechos de ciudadanía a las mujeres mexicanas, incluyendo su derecho a votar y a ser electas para cargos federales. Ese año dejó huella, porque cambió el discurso y también el rumbo de la historia de las mujeres en México.

Conmemoramos 64 años del voto de la mujer en México | Instituto Nacional  para el Federalismo y el Desarrollo Municipal | Gobierno | gob.mx

Pero la lucha no fue sencilla.

El voto femenino no fue una concesión espontánea del poder político, fue el resultado de décadas de presión, organización y confrontación intelectual encabezada por mujeres que entendieron algo fundamental, y es que la igualdad no se logra pidiendo permiso, sino disputando las reglas.

Porque fue una lucha larga, de años, donde mujeres intentaban escribir la ley.

Una de ellas fue Hermila Galindo, periodista y activista durante la Revolución mexicana, misma que en 1916, cuando el país discutía cómo reconstruirse después de la guerra, Galindo presentó ante el Congreso Constituyente un argumento que en su momento parecía radical: “si las mujeres eran ciudadanas, también debían votar”.

La propuesta fue rechazada, el mensaje del Constituyente fue claro: la política no era lugar para mujeres. La ciudadanía, en la práctica, seguía siendo masculina.

Pero Galindo no se detuvo ahí, y ése mismo año fundó la revista Mujer Moderna, desde donde defendió ideas que hoy parecen obvias pero que entonces eran profundamente incómodas, como la educación para las mujeres, autonomía personal, igualdad jurídica y participación política.

Hermila Galindo, la luchadora por el voto de mujeres en la Constitución de  1917 - cimacnoticias.com.mx

Es importante recordar el contexto de la época, pues a principios del siglo XX, incluso hablar de estos temas se consideraba una provocación social.

Mientras tanto, en Yucatán se estaba gestando otro momento clave; en 1916 se celebró el Primer Congreso Feminista de México, un espacio donde mujeres debatieron públicamente sobre educación, trabajo y derechos civiles. Aquellas discusiones no eran ejercicios académicos; eran el inicio de una agenda política que buscaba modificar las estructuras legales del país.

De ese proceso surgiría otra figura central femenina, Elvia Carrillo Puerto.

Carrillo Puerto organizó ligas feministas, impulsó el derecho al voto y defendió las condiciones laborales de las mujeres campesinas, y en la década de 1923 logró convertirse en una de las primeras diputadas electas en México, aunque su presencia en el Congreso generó una fuerte resistencia política.

Para muchos hombres de la época, la política seguía siendo un territorio exclusivo, y estas mujeres entendieron algo que sigue siendo relevante hoy: las leyes no son neutrales, reflejan quién tiene voz y quién no en una sociedad.

Por eso su lucha no era sólo simbólica, sino, profundamente jurídica.

Elvia Carrillo Puerto; el primer sufragio femenino: INFOGRAFÍA - PorEsto

Aunque el derecho al voto tardaría décadas en consolidarse, pues en 1947 se permitió a las mujeres votar en elecciones municipales, pero no fue sino hasta 1953 cuando la Constitución reconoció el sufragio femenino a nivel federal, y dos años después, en 1955, las mujeres mexicanas votaron por primera vez en una elección presidencial.

Fue así como el proceso completo tomó casi medio siglo; y hoy, cuando el feminismo aparece con frecuencia en debates mediáticos o en redes sociales, vale la pena recordar ese origen político e intelectual. Las primeras feministas mexicanas no estaban discutiendo identidades en abstracto; estaban disputando poder, leyes y ciudadanía.

Entendían que sin participación política, la igualdad era simplemente una promesa.

La historia de Hermila Galindo, Elvia Carrillo Puerto y muchas otras mujeres que organizaron congresos, publicaron revistas y construyeron movimientos políticos nos recuerda algo esencial: los derechos no aparecen por evolución natural de la sociedad, se escriben, se discuten, se pelean.

Y en México, mucho antes de que se hablara de cuotas de género o paridad, ya había mujeres intentando hacer exactamente eso; ellas intentaban escribir la ley.

 

Licenciada en Derecho con experiencia en temas electorales y comunicación política. Desde mis primeros pasos en órganos electorales descubrí el pulso de la política desde dentro: campañas, estrategias y narrativas que definen el rumbo de un país. He trabajado en campañas presidenciales, en oficinas de comunicación y en la creación de espacios informativos con formatos distintos, donde la política no solo se explica, se entiende y se cuestiona. Hoy soy parte de una productora que busca transformar el contenido en algo que vaya más allá de una pantalla: experiencias que conecten, informen y provoquen conversación. Me apasiona hablar de política, pero también de las problemáticas sociales que solemos evadir. Creo que para resolver algo primero hay que atrevernos a verlo de frente, con pensamiento crítico, ironía y, a veces, una dosis de humor para digerir la realidad.

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La oposición se está equivocando: su fortaleza no viene de los errores del oficialismo

En un país cansado de la confrontación, lo que se exige no es ruido… sino utilidad política real.

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Hace unos días, escuché una declaración que retrata de cuerpo entero lo perdida que se encuentra gran parte de nuestra clase política. En una entrevista, se le preguntó a una figura política de la oposición en la CDMX su opinión sobre una “mala” decisión que recién había tomado la dirigencia nacional del partido oficialista. Ante ello, esta persona declaró, casi con tono triunfalista: “Nos está haciendo un favor, porque esa decisión los debilita a ellos y a nosotros nos fortalece”. Ahí es, precisamente, donde la oposición se está equivocando.

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Existe una falsa creencia de que la política funciona como un juego de balanza, donde el tropiezo de uno es el triunfo automático del otro. La realidad institucional es mucho más compleja: la debilidad del oficialismo no implica, de manera directa, el fortalecimiento de la oposición; mucho menos si esta no representa una alternativa real que contraste con las malas prácticas del partido en el poder. Si la oposición solo se ciñe a denunciar y señalar, se está quedando corta. La ciudadanía puede, legítimamente, indignarse y reclamar; sin embargo, los partidos políticos —que cuentan con medios y recursos públicos destinados específicamente para hacer política— no pueden limitarse a ser simples cajas de resonancia. La exigencia para un partido, y más aún si se asume como alternativa de gobierno, debe ir mucho más allá. El señalamiento y la queja déjenselos a la sociedad civil; a la clase política le toca ofrecer propuestas, estructura y soluciones. Eso es exactamente lo que la ciudadanía quiere..

Si queremos sacar a este país adelante, debemos dejar de ver la política como un simple campo de batalla. La teoría política contemporánea, en voz de pensadores como Giovanni Sartori, advierte sobre el peligro de convertirse en una mera “oposición reactiva“. Una oposición que solo reacciona ancla su existencia a la agenda del gobierno y carece de un propósito propio.

What Is the Domino Effect? - Meaning & Definition

La oposición tiene que abrir su panorama y construir un proyecto alternativo que visibilice y dé voz a todo lo que el oficialismo trata de invisibilizar, pero no para denunciarlo solamente, sino para solucionarlo, para atenderlo, para organizarlo. La oposición tiene que dejar de verse como una fuerza reactiva y empezar a verse como una fuerza alternativa.

Las y los mexicanos no quieren peleas, quieren soluciones; quieren alternativas. La debilidad del partido en el gobierno no es necesariamente la fortaleza de la oposición; solo lo es cuando la oposición contrasta en sus hechos (en los lugares donde gobierna) con lo que hace mal el oficialismo. Pero si ambos, oposición y oficialismo, actúan igual, se enfrascan en la misma estridencia y cometen los mismos errores, lo único que hacen es sembrar desesperanza en la ciudadanía.

Es verdad que los partidos políticos tienen una función esencial: ganar elecciones. Pero esa es una visión muy reducida, porque le falta lo esencial: ganar elecciones… ¿para qué? Los partidos, todos sin excepción, tienen que recuperar sus espacios de reflexión y de filosofía política. Se requiere menos pragmatismo y más estadismo.

Ver debates políticos hoy resulta estresante y triste: casi toda y todo actor político orienta sus líneas a la estridencia y a la denuncia, y muy pocos hacia la reflexión y la solución. Son debates estériles que no buscan el consenso ni la construcción de proyectos de Estado, sino el descarte del adversario.

¿Todavía se preguntan en las cúpulas partidistas por qué hay cerca de un 40% de mexicanas y mexicanos que no votan?

Las cifras oficiales del INE sobre la pasada elección presidencial de 2024 son el reflejo de este hartazgo: la participación ciudadana se estancó en 61.04%. Esto significa que casi el 39% del electorado a nivel nacional decidió abstenerse. Ese es el verdadero partido mayoritario: el de la desilusión.

341 Empty Polling Station Stock Videos, Footage, & 4K Video Clips - Getty  Images

Dar un paso más allá significa construir no sobre el error del adversario, sino sobre la solución que requiere nuestro país. La clava no está en ser mejor que el otro partido; la clave es es ser más útil a México.

Los mejores políticos no son los más votados; los mejores políticos son los que más resuelven.

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Si aburre, no informa; urge creatividad

En la era digital, comunicar no es publicar: es conectar. La comunicación gubernamental en México sigue atrapada en formatos aburridos y predecibles. Sin creatividad, no hay atención… y sin atención, no hay ciudadanía informada ni democracia que sostener.

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Los medios sociales son actualmente, sin duda, los nuevos medios de comunicación masiva. No existe gobierno -por pequeño o austero que sea- que no tenga cuentas institucionales activas y al menos un community manager monitoreando la última tendencia. Sin embargo, tener presencia digital no es sinónimo de contar con una estrategia efectiva.

En el vasto y ruidoso universo digital, la comunicación gubernamental sigue atrapada en un paradigma viejo: el del boletín frío, la foto del evento protocolario y el video del funcionario detrás de un atril leyendo cifras incomprensibles. Falta un ingrediente crucial: La creatividad.

Es imperativo desterrar la idea de que la creatividad es un elemento exclusivo del arte, la publicidad comercial o las startups tecnológicas. La creatividad en el sector público no se trata de hacer chistes forzados en TikTok o de bailar el último trend para parecer joven; se trata de usar el pensamiento lateral para atender un elemento persistente de la administración pública: La conexión real con la ciudadanía.

“La creatividad se nutre de la libertad para experimentar”[1], y precisamente eso es lo que ha faltado en las oficinas de comunicación social: la valentía de salir de la caja (out of the box) y preguntarse siempre, antes de publicar, ¿para qué se hace? ¿A quién le estoy hablando? ¿Cuál es el objetivo?

La creatividad en la comunicación de gobierno es ya un factor indispensable para generar esa conexión de la que todos los consultores políticos hablan en sus conferencias, pero que pocos materializan en la práctica.

Durante más de quince años he sido parte de diversos equipos para realizar campañas políticas a nivel local y nacional en México, y un requisito que siempre aparece en los cuartos de guerra, que para mí ya es un cliché, es “humanizar” al candidato. No obstante, la gran mayoría de los esfuerzos resultan en ocurrencias que lejos de beneficiar terminan perjudicando su imagen. En mi opinión, debería dejarse de lado ese objetivo para centrar esfuerzos en ponerse creativos.

 

Los datos y la experiencia indican que la comunicación gubernamental en México es, en términos generales, profundamente aburrida y predecible. Durante décadas, nos hemos centrado en el aspecto meramente informativo saturando a la audiencia con datos duros, inauguraciones de drenajes y estadísticas sin rostro humano.

En aquellos escasos momentos en que un gobierno se ha arriesgado con un tono distinto, con un formato innovador o con una narrativa genuina, el resultado ha sido positivo y memorable, aspectos cruciales para el posicionamiento de una buena reputación.

El respaldo a esta idea lo encontramos en la evolución misma de lo público:

“[…] la innovación gubernamental digital implica reescribir las formas de comunicar en donde el desafío se amplía a la interacción con la ciudadanía para impulsar una agenda o una política pública, así como para ganar terreno en el escrutinio público”.[2]

Los gobiernos en México continuarán con una mala percepción ciudadana y una creciente apatía digital. Seguirán hablándole a un público que no los escucha porque, sencillamente, no los entiende o no se siente representado; a menos que empiecen a transformar su estilo de comunicar e interactuar con la población.

La creatividad en el gobierno no es un capricho estético; es una herramienta de supervivencia democrática. Si las instituciones no aprenden a contar sus historias de forma que emocionen, que expliquen y que movilicen, el vacío será llenado por la desinformación y el cinismo, algo cada vez más presente.

La próxima vez que una dependencia publique una tarjeta informativa con letras blancas sobre fondo de color, debería preguntarse si eso es comunicación o simple trámite burocrático.

Hoy, más que nunca, gobernar también es saber contar.

[1] “¿Qué es la creatividad y cómo desarrollarla? | Blog UTP”, consultado el 18 de abril de 2026, https://www.utp.edu.pe/blog/herramientas/que-es-la-creatividad-y-como-desarrollarla.

[2] Mario Alberto Ruiz Soto, “Estado Del Arte De La Comunicación De Gobierno En Tiempos De Medios Sociales”, Opera, núm. 32 (2023): 81–107.

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La estrategia invisible

La resiliencia ya no alcanza para explicar la presencia de las mujeres en la política. En un entorno de presión y violencia simbólica, la inteligencia emocional se vuelve clave: no para resistir más, sino para sostenerse sin perderse y ejercer el poder desde la conciencia.

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Durante mucho tiempo, la resiliencia ha sido el lenguaje con el que se ha explicado la presencia de las mujeres en la política mexicana. “Son resilientes”, se dice, como si eso bastara para nombrar todo lo que implica sostenerse en un espacio históricamente hostil; pero lo que falta en esa narrativa es la dimensión emocional del poder.

Porque hacer política no es solo tomar decisiones, construir alianzas o disputar agendas; es, también, gestionar emociones en contextos de alta presión, de conflicto constante y de exposición permanente. Es sostenerse frente a la descalificación, la violencia simbólica, la sobrecarga y la expectativa de perfección. Y ahí, la resiliencia, entendida únicamente como aguante, se queda corta. Lo que realmente está en juego es la inteligencia emocional, no como un concepto suave o accesorio, sino como una herramienta política de primer orden.

Female Leadership: Breaking Boundaries in the Digital Workplace

La inteligencia emocional en la política implica reconocer lo que sentimos sin negarlo ni romantizarlo, es aceptar la vulnerabilidad. Implica nombrar el enojo cuando hay injusticia, el cansancio cuando hay sobreexigencia, la frustración cuando los espacios se cierran. Pero, sobre todo, implica decidir qué hacemos con esas emociones.

Porque el enojo puede destruir o puede convertirse en motor de acción, porque el miedo puede paralizar o puede afinar la estrategia, porque el desgaste puede vaciarnos o puede ser la señal de que algo necesita cambiar. La diferencia está en la capacidad de gestión emocional y ojo, esto siempre considerando el sistema en el que la vivimos.

En un entorno como el mexicano, donde la política sigue operando bajo códigos duros, verticales y muchas veces violentos, se espera que las mujeres “aguanten” o que “se endurezcan”. Pero endurecerse no es lo mismo que fortalecerse. Endurecerse implica desconectarse; fortalecerse implica entenderse y esa diferencia es clave.

Las mujeres en política no solo enfrentan los desafíos propios del ejercicio de liderazgo, sino también la carga emocional de tener que demostrar constantemente que merecen estar ahí, la de sostener expectativas colectivas, la de representar agendas históricas sin margen de error. En ese contexto, la inteligencia emocional no es un lujo, es una condición de permanencia y de incidencia, pero también es una forma de resistencia.

TRENDS Research & Advisory - Claudia Sheinbaum, Mexico's First Female  President Takes Office: A Historic Milestone Amid Deep Challenges and  Uncertainty

Es la capacidad de no responder desde la reacción inmediata, sino desde la claridad. De no engancharse en dinámicas que buscan desestabilizar, sino de reencuadrarlas. De construir relaciones políticas sin perder la propia voz. De sostener conversaciones difíciles sin renunciar a la dignidad. Y, quizás lo más importante, es la capacidad de poner límites emocionales.

Porque no todo se debe absorber. No toda crítica merece ser internalizada. No toda batalla vale el desgaste. Saber cuándo retirarse de una conversación, cuándo no engancharse en una provocación, cuándo decir “esto no lo sostengo”, es también una forma de ejercer liderazgo. Es una forma de cuidar la energía política, que es finita y estratégica y aquí es donde la resiliencia necesita evolucionar.

No como una capacidad infinita de adaptación, sino como una práctica consciente de autocuidado político. Una resiliencia que no glorifica el desgaste, sino que lo reconoce como una alerta. Que no normaliza la violencia, sino que la nombra y la confronta desde la claridad emocional y en ese proceso, las alianzas también cambian de significado.

Fast-Tracking Women's Inclusion in Decision-Making Systems High-Level Event  in #Geneva — Strategic Advocacy for Human Rights - SAHR

Ya no son solo acuerdos estratégicos, sino espacios donde es posible sostenerse emocionalmente. Redes donde se puede compartir el peso de la política sin tener que demostrar fortaleza todo el tiempo. Espacios donde la vulnerabilidad no es debilidad, sino punto de conexión. Porque nadie transforma sola un sistema que ha sido diseñado para excluir.

La política mexicana necesita más mujeres, sí. Pero también necesita mujeres que no estén obligadas a vaciarse emocionalmente para poder permanecer. Mujeres que entiendan que su capacidad de sentir no es un obstáculo, sino una herramienta, todo esto mientras las instituciones y los sistemas de opresión logran ser evolucionados, repensados y cambiados.

Que sepan que la empatía puede ser una forma de liderazgo. Que la claridad emocional puede ser una forma de estrategia. Que el autocuidado puede ser una forma de resistencia. La resiliencia, entonces, no debería medirse por cuánto aguantamos, sino por cómo nos sostenemos sin perdernos.

La inteligencia emocional no debería verse como un complemento, sino como una de las formas más sofisticadas de ejercer poder en un entorno que, históricamente, ha negado la dimensión humana de la política. Tal vez el verdadero cambio no es aprender a resistir más, sino aprender a reconocer desde qué espacio y emoción lo hacemos.

Porque al final, transformar la política también pasa por transformar la manera en que la habitamos.

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