Síguenos en nuestras redes

#Opinión

Si aburre, no informa; urge creatividad

En la era digital, comunicar no es publicar: es conectar. La comunicación gubernamental en México sigue atrapada en formatos aburridos y predecibles. Sin creatividad, no hay atención… y sin atención, no hay ciudadanía informada ni democracia que sostener.

Publicado

en

Los medios sociales son actualmente, sin duda, los nuevos medios de comunicación masiva. No existe gobierno -por pequeño o austero que sea- que no tenga cuentas institucionales activas y al menos un community manager monitoreando la última tendencia. Sin embargo, tener presencia digital no es sinónimo de contar con una estrategia efectiva.

En el vasto y ruidoso universo digital, la comunicación gubernamental sigue atrapada en un paradigma viejo: el del boletín frío, la foto del evento protocolario y el video del funcionario detrás de un atril leyendo cifras incomprensibles. Falta un ingrediente crucial: La creatividad.

Es imperativo desterrar la idea de que la creatividad es un elemento exclusivo del arte, la publicidad comercial o las startups tecnológicas. La creatividad en el sector público no se trata de hacer chistes forzados en TikTok o de bailar el último trend para parecer joven; se trata de usar el pensamiento lateral para atender un elemento persistente de la administración pública: La conexión real con la ciudadanía.

“La creatividad se nutre de la libertad para experimentar”[1], y precisamente eso es lo que ha faltado en las oficinas de comunicación social: la valentía de salir de la caja (out of the box) y preguntarse siempre, antes de publicar, ¿para qué se hace? ¿A quién le estoy hablando? ¿Cuál es el objetivo?

La creatividad en la comunicación de gobierno es ya un factor indispensable para generar esa conexión de la que todos los consultores políticos hablan en sus conferencias, pero que pocos materializan en la práctica.

Durante más de quince años he sido parte de diversos equipos para realizar campañas políticas a nivel local y nacional en México, y un requisito que siempre aparece en los cuartos de guerra, que para mí ya es un cliché, es “humanizar” al candidato. No obstante, la gran mayoría de los esfuerzos resultan en ocurrencias que lejos de beneficiar terminan perjudicando su imagen. En mi opinión, debería dejarse de lado ese objetivo para centrar esfuerzos en ponerse creativos.

 

Los datos y la experiencia indican que la comunicación gubernamental en México es, en términos generales, profundamente aburrida y predecible. Durante décadas, nos hemos centrado en el aspecto meramente informativo saturando a la audiencia con datos duros, inauguraciones de drenajes y estadísticas sin rostro humano.

En aquellos escasos momentos en que un gobierno se ha arriesgado con un tono distinto, con un formato innovador o con una narrativa genuina, el resultado ha sido positivo y memorable, aspectos cruciales para el posicionamiento de una buena reputación.

El respaldo a esta idea lo encontramos en la evolución misma de lo público:

“[…] la innovación gubernamental digital implica reescribir las formas de comunicar en donde el desafío se amplía a la interacción con la ciudadanía para impulsar una agenda o una política pública, así como para ganar terreno en el escrutinio público”.[2]

Los gobiernos en México continuarán con una mala percepción ciudadana y una creciente apatía digital. Seguirán hablándole a un público que no los escucha porque, sencillamente, no los entiende o no se siente representado; a menos que empiecen a transformar su estilo de comunicar e interactuar con la población.

La creatividad en el gobierno no es un capricho estético; es una herramienta de supervivencia democrática. Si las instituciones no aprenden a contar sus historias de forma que emocionen, que expliquen y que movilicen, el vacío será llenado por la desinformación y el cinismo, algo cada vez más presente.

La próxima vez que una dependencia publique una tarjeta informativa con letras blancas sobre fondo de color, debería preguntarse si eso es comunicación o simple trámite burocrático.

Hoy, más que nunca, gobernar también es saber contar.

[1] “¿Qué es la creatividad y cómo desarrollarla? | Blog UTP”, consultado el 18 de abril de 2026, https://www.utp.edu.pe/blog/herramientas/que-es-la-creatividad-y-como-desarrollarla.

[2] Mario Alberto Ruiz Soto, “Estado Del Arte De La Comunicación De Gobierno En Tiempos De Medios Sociales”, Opera, núm. 32 (2023): 81–107.

Marco Antonio Estrada Silva es egresado de la Licenciatura en Política y Gestión Social por la Universidad Autónoma Metropolitana. Cuenta con más de quince años de experiencia en comunicación política, participando en campañas electorales a nivel local y nacional en México. Ha sido asesor personal de figuras públicas y consultor de gobiernos municipales y estatales en materia de comunicación institucional.

#Opinión

La estrategia invisible

La resiliencia ya no alcanza para explicar la presencia de las mujeres en la política. En un entorno de presión y violencia simbólica, la inteligencia emocional se vuelve clave: no para resistir más, sino para sostenerse sin perderse y ejercer el poder desde la conciencia.

Publicado

en

Durante mucho tiempo, la resiliencia ha sido el lenguaje con el que se ha explicado la presencia de las mujeres en la política mexicana. “Son resilientes”, se dice, como si eso bastara para nombrar todo lo que implica sostenerse en un espacio históricamente hostil; pero lo que falta en esa narrativa es la dimensión emocional del poder.

Porque hacer política no es solo tomar decisiones, construir alianzas o disputar agendas; es, también, gestionar emociones en contextos de alta presión, de conflicto constante y de exposición permanente. Es sostenerse frente a la descalificación, la violencia simbólica, la sobrecarga y la expectativa de perfección. Y ahí, la resiliencia, entendida únicamente como aguante, se queda corta. Lo que realmente está en juego es la inteligencia emocional, no como un concepto suave o accesorio, sino como una herramienta política de primer orden.

Female Leadership: Breaking Boundaries in the Digital Workplace

La inteligencia emocional en la política implica reconocer lo que sentimos sin negarlo ni romantizarlo, es aceptar la vulnerabilidad. Implica nombrar el enojo cuando hay injusticia, el cansancio cuando hay sobreexigencia, la frustración cuando los espacios se cierran. Pero, sobre todo, implica decidir qué hacemos con esas emociones.

Porque el enojo puede destruir o puede convertirse en motor de acción, porque el miedo puede paralizar o puede afinar la estrategia, porque el desgaste puede vaciarnos o puede ser la señal de que algo necesita cambiar. La diferencia está en la capacidad de gestión emocional y ojo, esto siempre considerando el sistema en el que la vivimos.

En un entorno como el mexicano, donde la política sigue operando bajo códigos duros, verticales y muchas veces violentos, se espera que las mujeres “aguanten” o que “se endurezcan”. Pero endurecerse no es lo mismo que fortalecerse. Endurecerse implica desconectarse; fortalecerse implica entenderse y esa diferencia es clave.

Las mujeres en política no solo enfrentan los desafíos propios del ejercicio de liderazgo, sino también la carga emocional de tener que demostrar constantemente que merecen estar ahí, la de sostener expectativas colectivas, la de representar agendas históricas sin margen de error. En ese contexto, la inteligencia emocional no es un lujo, es una condición de permanencia y de incidencia, pero también es una forma de resistencia.

TRENDS Research & Advisory - Claudia Sheinbaum, Mexico's First Female  President Takes Office: A Historic Milestone Amid Deep Challenges and  Uncertainty

Es la capacidad de no responder desde la reacción inmediata, sino desde la claridad. De no engancharse en dinámicas que buscan desestabilizar, sino de reencuadrarlas. De construir relaciones políticas sin perder la propia voz. De sostener conversaciones difíciles sin renunciar a la dignidad. Y, quizás lo más importante, es la capacidad de poner límites emocionales.

Porque no todo se debe absorber. No toda crítica merece ser internalizada. No toda batalla vale el desgaste. Saber cuándo retirarse de una conversación, cuándo no engancharse en una provocación, cuándo decir “esto no lo sostengo”, es también una forma de ejercer liderazgo. Es una forma de cuidar la energía política, que es finita y estratégica y aquí es donde la resiliencia necesita evolucionar.

No como una capacidad infinita de adaptación, sino como una práctica consciente de autocuidado político. Una resiliencia que no glorifica el desgaste, sino que lo reconoce como una alerta. Que no normaliza la violencia, sino que la nombra y la confronta desde la claridad emocional y en ese proceso, las alianzas también cambian de significado.

Fast-Tracking Women's Inclusion in Decision-Making Systems High-Level Event  in #Geneva — Strategic Advocacy for Human Rights - SAHR

Ya no son solo acuerdos estratégicos, sino espacios donde es posible sostenerse emocionalmente. Redes donde se puede compartir el peso de la política sin tener que demostrar fortaleza todo el tiempo. Espacios donde la vulnerabilidad no es debilidad, sino punto de conexión. Porque nadie transforma sola un sistema que ha sido diseñado para excluir.

La política mexicana necesita más mujeres, sí. Pero también necesita mujeres que no estén obligadas a vaciarse emocionalmente para poder permanecer. Mujeres que entiendan que su capacidad de sentir no es un obstáculo, sino una herramienta, todo esto mientras las instituciones y los sistemas de opresión logran ser evolucionados, repensados y cambiados.

Que sepan que la empatía puede ser una forma de liderazgo. Que la claridad emocional puede ser una forma de estrategia. Que el autocuidado puede ser una forma de resistencia. La resiliencia, entonces, no debería medirse por cuánto aguantamos, sino por cómo nos sostenemos sin perdernos.

La inteligencia emocional no debería verse como un complemento, sino como una de las formas más sofisticadas de ejercer poder en un entorno que, históricamente, ha negado la dimensión humana de la política. Tal vez el verdadero cambio no es aprender a resistir más, sino aprender a reconocer desde qué espacio y emoción lo hacemos.

Porque al final, transformar la política también pasa por transformar la manera en que la habitamos.

Las mujeres quedan desplazadas de las comisiones clave de San Lázaro

Sigue leyendo

#Opinión

Cuando dejamos de mirarnos

En un contexto donde la violencia y la indiferencia parecen normalizarse, el verdadero reto no está afuera, sino dentro de nosotros.

Publicado

en

Empatía, conciencia, decisiones, violencia, dolor, responsabilidad, congruencia, humanidad
Vivimos en un mundo donde hacer daño parece más fácil que hacer el bien… pero pocas veces nos detenemos a mirar qué está pasando dentro de nosotros. Tal vez la respuesta no está afuera, sino en las decisiones que tomamos cada día sin darnos cuenta.

Cuando veo el rostro de las personas que sufren por sus pérdidas y también el rostro de quienes hacen tanto daño, no puedo evitar preguntarme: ¿en qué momento cruzaron esa línea?, ¿en qué momento dejaron de elegir ser mejores personas para empezar a herir a otros? Hoy hay mucha gente enojada en la calle, buscando quién pague por lo que han vivido. Y entonces surge otra pregunta: ¿por qué parece más fácil elegir lo malo que lo bueno?, ¿cuál es la diferencia?

Introspección - Qué es, acepciones, técnicas y desventajas

¿Quién habla cuando tomamos decisiones, buenas o malas? No es una sola voz. Dentro de nosotros conviven muchas partes: una que busca el bienestar, la empatía y el sentido, y otra que reacciona desde el miedo, el enojo, la herida o la necesidad inmediata. A veces decide la conciencia, a veces decide la emoción y muchas veces decide la parte de nosotros que no hemos aprendido a mirar. Por eso no siempre actuamos como pensamos.

Y quizá por eso parece más fácil hacer el mal, no porque lo sea en esencia, sino porque es inmediato. Hacer daño, mentir, evadir o reaccionar con agresión o egoísmo no requiere reflexión, no exige responsabilidad inmediata y da una sensación momentánea de control o alivio. En cambio, hacer el bien —ser congruente, poner límites sanos, actuar con empatía— implica detenerse, cuestionarse, tolerar incomodidad, pensar en el otro y sostener las consecuencias. Es un camino más consciente y, por eso, más difícil.

Disociación y síntomas disociativos: qué son y cómo tratarlos

Pero hay algo fundamental: nadie hace daño desde la nada. Muchas veces detrás hay dolor no trabajado, miedo, carencias emocionales o aprendizajes distorsionados. Eso no justifica el daño, pero sí nos ayuda a entender de dónde viene. No se trata de eliminar una parte de nosotros, sino de hacernos conscientes de quién está tomando el control, porque cuando no elegimos conscientemente reaccionamos, y cuando reaccionamos sin conciencia nos alejamos de quienes realmente queremos ser.

Escuchar cada día tanta violencia, tanta frialdad y tanta indiferencia duele. Duele ver cómo se pierde la empatía, cómo dejamos de mirarnos, de escucharnos, de reconocernos. Hay personas sufriendo por engaños, por pérdidas, por violencia, y vivimos en un estado constante de alerta, de miedo y de desconfianza. Siento una preocupación profunda por mis seres queridos, por las mujeres y hombres que viven injusticias, por la vulnerabilidad de los niños y de los ancianos.

Y en medio de todo esto, añoro algo tan simple: una vida en paz, una vida donde no tengamos que vivir con el temor constante de perder a quienes amamos. Hace poco vimos una noticia que nos estremeció: un hombre que atacó a otras personas en un lugar tan simbólico como las pirámides. Y más allá del hecho en sí, lo que queda resonando es la misma pregunta: ¿qué tuvo que pasar dentro de esa persona para llegar a ese punto?, ¿cuánto dolor, ¿cuánta desconexión, ¿cuánta falta de conciencia?

Porque el verdadero peligro no está solo en esos actos extremos, sino en lo que poco a poco vamos normalizando en lo cotidiano: la indiferencia, la agresión, la falta de empatía. Por eso, tal vez la pregunta más importante no es qué está pasando afuera, sino qué está pasando dentro de nosotros. Y desde ahí… elegir. Elegir mirarnos, elegir detenernos, elegir no reaccionar desde la herida, elegir ser conscientes. Porque en un mundo donde parece más fácil hacer daño, elegir hacer el bien se vuelve un acto profundamente valiente.

“No tengas miedo de mirar dentro de ti… porque ahí no solo están tus sombras, también está todo lo que puedes llegar a ser.”

Light and Shadow in Street Photography | Photography by Elizabeth Gray

 

Sigue leyendo

#Opinión

Cuidado Crítico: Por qué ser “buena persona” es una decisión política

El cuidado crítico propone algo más radical: reconocer que el bienestar propio está ligado al de los demás, y que cuidar —con responsabilidad y límites— es una forma de resistencia.

Publicado

en

Nos han enseñado que ser “buena persona” es una virtud pasiva; un rasgo de personalidad que se limita a los buenos modales y al saludo amable. Pero en un mundo que se beneficia de nuestra indiferencia, de la prisa que deshumaniza y de la competencia feroz, la amabilidad ha dejado de ser un adorno para convertirse en un acto de rebeldía.

Ilustración: @mostracolor

Ilustración: @mostracolor

El Cuidado Crítico no es una invitación a la complacencia; es la decisión política de reconocer que mi bienestar es imposible sin el tuyo. Es entender que cuidar las grietas —las propias y las de quienes nos rodean— no es una debilidad de carácter, sino la estrategia más radical para sostenernos en pie cuando todo lo demás parece diseñado para quebrarnos.

La Ternura Radical como brújula

El término de Ternura Radical empieza a cobrar sentido cuando, en la rutina diaria, nos detenemos a cuestionar si pecamos de indiferencia o de sobreempatía. Para no caer en la “trampa de la empatía” —esa que a veces puede ser condescendiente o limitarse a la lástima—, el cuidado crítico propone dos pilares fundamentales:

  • Responsabilidad: No solo se trata de decir “siento tu dolor”, sino de preguntarnos: “¿Qué responsabilidad tengo yo en las estructuras que te lo causan?”.
  • Límites claros: Cuidar no es decir que sí a todo. Poner límites es una forma de cuidado que evita el resentimiento y el burnout de quien cuida. Sin límites, el cuidado se vuelve sacrificio, y el sacrificio no es sostenible.

Bajo esta lente, el cuidado deja de ser solo una labor doméstica —históricamente impuesta a las mujeres— para convertirse en una práctica política. Admitir que no somos autosuficientes y que “no somos sin el otro” es el sabotaje más grande al capitalismo. Como decía Audre Lorde: “Cuidarse a una misma no es autoindulgencia, es preservación, y eso es un acto de guerra política”. Esto aplica desde el núcleo familiar hasta el equipo de trabajo; ningún proyecto es sostenible si sus integrantes no gozan de salud física y mental.

Ilustración: @mostracolor

Ilustración: @mostracolor

La crítica como forma de amor

Otro eje vital es la crítica como herramienta de transformación. El cuidado crítico propone: te cuestiono porque me importas. No se trata de destruir, sino de señalar conductas machistas, racistas o coloniales dentro de nuestros propios círculos para que el grupo crezca. Es la capacidad de decir “esto que hiciste me dolió” o “esta estructura es injusta” sin romper el vínculo. Es exigir la transformación desde la conexión, no desde el descarte.

Para ejercer este cuidado, una tiene que ser lo suficientemente fuerte y amorosa consigo misma para reconocer de dónde viene este apoyo. Sé que mi amiga Mel y yo tenemos sangre punk; gracias, Mel, por el amor radical que me das.

Y tú, ¿qué tan radical te atreves a ser en este mundo materialista?

Reconocer que sientes, que te importa lo que le pasa al de al lado y que puedes amar desde un lugar mucho más profundo es, hoy por hoy, lo más punk que puedes hacer.

Lo demás… son detalles.

Ilustración: @mostracolor

Ilustración: @mostracolor

 

Sigue leyendo
Anuncio publicitario

Facebook

Lo más visto