José Eduardo Camacho Ramírez
El 11 de febrero de 1999, el entonces rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, Francisco Barnés de Castro, presentó ante el Consejo Universitario el proyecto con el que pretendía modificar el Reglamento General de Pagos de la Universidad y así establecer un tabulador de cuotas por concepto de inscripciones y servicios. Sin embargo, esto causó descontento entre la comunidad estudiantil, misma que como consecuencia hizo que el 20 de abril del mismo año, estallara la hoy famosa “huelga del 99”.

Pero ¿qué tiene que ver esto con el expresidente Enrique Peña Nieto y la relativamente recién conformada Guardia Nacional?
Últimamente se habla mucho de la militarización de la Seguridad Pública en el país, sin embargo, muchos parecen no saber, o no querer recordar, que la militarización en la época moderna no empezó con el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, ni con el priísta Enrique Peña Nieto, o el panista Felipe Calderón (por muy sorprendente que pueda parecer esto último), sino que todo empezó con Ernesto Zedillo Ponce de León gracias a la huelga de 1999 en la UNAM.
A inicios de enero del 2000 se aprobó la creación de la Policía Federal Preventiva. Esta nueva corporación estaría conformada por elementos de la antigua Policía Federal de Caminos, la Policía Fiscal y personal castrense, sin embargo, ante la falta de elementos y la creciente crisis de inseguridad, era práctica recurrente del gobierno tomar batallones completos de infantería o Policía Militar, uniformarlos y comisionarlos como Federales Preventivos.
A mediados de febrero, y ante la falta de avances en busca de solución a la huelga, el entonces presidente Ernesto Zedillo envió a poco más de 3,100 elementos de su nueva policía federal a recuperar las instalaciones de la Ciudad Universitaria. mismas que habían sido tomadas por el Consejo General de Huelga, logrando con ello la detención de al menos 700 estudiantes y terminando la huelga.
A este antecedente, le siguió el inicio de la guerra contra el narco por parte de Felipe Calderón Hinojosa, en la que el ejército tuvo un papel muy importante en labores de seguridad que le correspondían a las policías civiles entre ellas a la Federal, misma que fue nuevamente reformada en 2009, bajo el mando de Genaro García Luna, con nuevas facultades de investigación e integrándola ahora por elementos preventivos, ex agentes de la recién desaparecida Agencia Federal de Investigación (AFI) y el Centro de Inteligencia y Seguridad Nacional (CISEN).

Esta situación se extendió al sexenio de Enrique Peña Nieto. Entre sus principales compromisos de campaña rumbo a la presidencia propuso la creación de una Gendarmería Nacional Civil dependiente de la Secretaría de la Defensa Nacional y que sería una fuerza intermedia entre la Policía Federal y las Fuerzas Armadas.
Una vez en el poder, Peña Nieto no pudo cumplir su compromiso de campaña, o no del todo. Creó la prometida Gendarmería, pero la volvió una simple división más de la Policía Federal con adiestramiento militar, pero ni de lejos fue lo que en su momento se esperaba de la propuesta más importante del candidato en materia de seguridad durante la campaña de 2012.
Seis años después y con el triunfo de la izquierda en el país, llegó Andrés Manuel López Obrador a la presidencia, quien en distintas ocasiones criticó la militarización llevada a cabo por Felipe Calderón. Una vez en el gobierno, tomó la decisión de crear la Guardia Nacional, una corporación civil en el papel que remplazaría a la policía federal. Se conformaría por elementos de la Policía Militar, Policía Naval y Policías Federales, y que, si bien ya era mencionada en la constitución, esta tenía una función más bien de reserva armada en el contexto del siglo XX.
Desde su creación y hasta la fecha, dicha corporación estuvo siempre bajo el mando militar directo e indirecto de la Secretaría de la Defensa, a pesar de haber estado adscrita a la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana Federal durante seis años. Esto, junto con un puñado de reformas constitucionales presentadas en 2024, logró que la Seguridad Pública estuviera finalmente militarizada de manera total.
A 26 años de la toma de la Ciudad Universitaria, seis presidentes, tres diferentes corporaciones policiales y un sinfín de muertos y reformas debemos preguntarnos, ¿realmente lo que necesita el país son más militares en las calles?
