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#Opinión

Violencia que compartimos: del Bronx a Hermosillo

El feminicidio no es un hecho aislado: es parte de una violencia estructural que debemos enfrentar con redes, justicia y dignidad.

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La violencia de género es una experiencia compartida. Cuando la activista afroamericana Tarana Burke inició el movimiento Me Too en el Bronx, en Nueva York, su objetivo era hacer visible que aquello que muchas habían normalizado como parte de sus relaciones o de su entorno no tenía por qué sucederles.

Tarana Burke, fundadora del MeToo: el movimiento se ha vuelto  "irreconocible" - BBC News Mundo

Mujeres jóvenes, racializadas y en situación de vulnerabilidad estaban acostumbradas a vínculos afectivos con hombres mayores que ejercían control, manipulación o abuso, muchas veces desde que ellas eran menores de edad. Los silbidos, el acoso verbal en la vía pública, los empujones, el abuso físico o sexual eran tan frecuentes que terminaban por silenciarse. Burke, como activista, empezó organizando sesiones en un centro comunitario donde, al hablar de esa violencia normalizada, pidió a quienes lo hubieran vivido dar un paso al frente y decir: yo también (me too). Ese fue el origen del movimiento que, años después, se expandiría globalmente.

En 2017, la actriz Alyssa Milano compartió su historia de acoso a través de Twitter y, en cuestión de horas, millones de mujeres replicaron el hashtag #MeToo. La viralización dejó claro que ni siquiera las mujeres más visibles, privilegiadas o poderosas están exentas de violencia. El abuso es transversal.

En México, muchas relaciones afectivas siguen basadas en dinámicas violentas. Frases como “si no te cela, no te quiere” continúan siendo parte del imaginario colectivo. Es común presenciar discusiones en espacios públicos, o incluso actos de violencia física, que son minimizados o justificados como “problemas de pareja”.

Aunque nuevas generaciones comienzan a identificar con mayor claridad lo que no se debe tolerar, persiste la creencia de que ser “elegida” por un hombre otorga valor o validación social. Se sigue premiando la disponibilidad afectiva femenina por encima de su bienestar o autonomía.

Karla Bañuelos fue asesinada por su expareja en Guadalajara el 12 de julio de 2025. Durante la madrugada, él llegó a su domicilio para reclamarle algo. Karla salió a golpear su vehículo con una escoba. Quienes presenciaron el hecho quizá lo vieron como “un pleito de novios”, que concluyó cuando él la mató a quemarropa con un rifle de asalto AR-15. No fue legítima defensa. Fue feminicidio. Por la desproporción de los medios utilizados, por el vínculo afectivo y por el historial de violencia previa. Aun así, en redes sociales no faltaron comentarios justificando su asesinato o insinuando que “ella se lo buscó”. No se equivoquen.

Galería: Velas encendidas en memoria de las víctimas de feminicidio – La  Verdad Juárez

Justificar un feminicidio es afirmar que hay mujeres que “merecen morir”. Y eso es lo verdaderamente tóxico: una estructura que normaliza la violencia, que responsabiliza a las víctimas y que permite que muchas mujeres no puedan salir de relaciones abusivas por falta de recursos, redes de apoyo o políticas efectivas.

Lo que le ocurrió a Karla no es un hecho aislado. Otro caso reciente, el de Margarita, Meredith, Madelin y Karla —una madre y sus tres hijas asesinadas presuntamente por la expareja de ella en Hermosillo— es parte de un mismo patrón.

Por qué marchamos las mujeres en México? - Pie de Página

El Me Too no es solo un movimiento global. Es una forma de darnos cuenta de que no estamos solas. De tejer redes que permitan acompañar, proteger y transformar. Implica entender que, para erradicar la violencia de género, se necesita algo más que conciencia individual. Se requiere voluntad política, justicia efectiva, recursos económicos y una apuesta colectiva por la dignidad.

Tenemos derecho a vivir relaciones afectivas sanas, a movernos libres en los espacios públicos, a ser respetadas en nuestras decisiones. El entorno laboral, las escuelas, las casas y las instituciones deben garantizarlo.

Construir un mundo sin violencia de género no es solo una demanda feminista. Es una condición necesaria para una sociedad más justa y sostenible.

Un año de Americanas: el compromiso de un periodismo feminista | Opinión |  EL PAÍS

Es especialista en comunicación política con perspectiva de género. Estudió Ciencia Política y Relaciones Internacionales en el CIDE y tiene una maestría en Política con especialización en Economía Política por la Universidad de Nueva York (NYU). En 2019 fue becaria de la Fundación Carolina, con la cual cursó el Master en Comunicación y Marketing Político en la Universidad de Alcalá de Henares en Madrid, España. Conduce el programa “Perspectiva y Poder” todos los jueves por ADR Networks; es profesora de la Universidad Anáhuac México, parte de la membresía de Auna México y de la Red de Politólogas #NoSinMujeres.

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La batalla de las narrativas en el entorno electoral

Entre Constitución y narrativa mediática se libra la disputa electoral.
La justicia se defiende con argumentos jurídicos, no con percepciones políticas.

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En apenas una semana, el libro “Entre la Constitución y la campaña mediática. Asignación de diputaciones en México en 2024 y sentencia SUP-REC-3505/2024”, coordinado por el magistrado Felipe de la Mata Pizaña y Alejandra Tello Mendoza, recorrió tres de las sedes institucionales más relevantes del país. Las presentaciones, realizadas en la Cámara de Diputados, en el Senado de la República y en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, dejaron ver que el debate sobre la asignación de diputaciones de 2024 sigue vivo, pero también que el terreno de discusión debe ser el constitucional, no el mediático.

Suprema Corte de Justicia de la Nación - Wikipedia, la enciclopedia libre

En el primer encuentro, legisladoras y legisladores de distintas corrientes políticas coincidieron en un principio elemental del Estado de derecho: la función de los jueces es resguardar la Constitución, aun cuando sus decisiones resulten incómodas o generen polémica. Así lo señalaron las diputadas Gabriela Jiménez y Maiella Gómez, junto con los diputados Sergio Gutiérrez Luna y Ricardo Monreal, quienes subrayaron la necesidad de preservar la autonomía judicial frente a presiones externas.

La discusión continuó dos días después en el Senado, donde el tono fue más analítico respecto al contexto político que rodeó la sentencia. Los senadores Gerardo Fernández Noroña y Javier Corral, acompañados por el magistrado Felipe Alfredo Fuentes Barrera, coincidieron en que el texto aporta claridad a un debate alimentado por interpretaciones políticas y no siempre por argumentos jurídicos.

Noroña sostuvo que la Constitución establece con precisión el mecanismo para la asignación de diputaciones de representación proporcional, mientras que Corral consideró que la obra llena un vacío en la discusión pública posterior a los comicios de 2024. A su juicio, el libro ofrece una explicación necesaria frente a la narrativa de una supuesta sobrerrepresentación irregular en la Cámara de Diputados.

El propio senador destacó que los ocho ensayos del volumen están escritos con lenguaje claro y directo, lo que facilita su lectura ciudadana. En ese mismo foro, la coautora explicó que el objetivo central fue desmontar, con argumentos jurídicos, las versiones mediáticas que calificaron el procedimiento como inconstitucional o manipulado. Según expuso, el diseño constitucional establece que la sobrerrepresentación se calcula por partido, dentro de un sistema electoral mixto vigente desde 1977.

Por su parte, el coordinador del libro sostuvo que la resolución del Tribunal Electoral respondía a un criterio constitucional respaldado por precedentes, incluido uno de 2018. Sin embargo, señaló que el caso estuvo acompañado de una intensa presión mediática impulsada por sectores académicos y políticos que buscaron modificar el sentido de la sentencia.

Comienza en Congreso de México sesión para investidura de Sheinbaum -  Noticias Prensa Latina

En la misma línea, el magistrado Fuentes Barrera habló de un entorno de presión sistemática tras la resolución, con intentos de influir en un criterio sostenido durante años por el Tribunal. Para él, el episodio mostró hasta qué punto las decisiones jurisdiccionales pueden convertirse en el centro de disputas políticas.

El ciclo concluyó en la Suprema Corte, donde los coordinadores compartieron el foro con el ministro Arístides Rodrigo Guerrero García y nuevamente con Fuentes Barrera. El cierre en el máximo tribunal del país tuvo un carácter simbólico: el libro, que analiza una sentencia electoral, terminó su ruta en el espacio que representa la última palabra en materia constitucional.

Además de sus coordinadores, la obra contó con la participación de los coautores Miguel Ángel Bonilla Zarrazaga, Santiago Jesús Chablé Velázquez, Fernando Díaz Naranjo, José Alfonso Herrera García y Fernando Ramírez Barrios, quienes abordaron distintos ángulos de un mismo fenómeno: la distancia entre el texto constitucional y la narrativa política.

Las tres presentaciones dejaron una lectura común: la discusión pública sobre decisiones judiciales se libra en dos planos. Uno es el de los argumentos jurídicos; el otro, el de la disputa política mediática donde percepciones, intereses y campañas pueden imponer su propio relato.

El libro se inscribe precisamente en esa frontera entre Constitución y narrativa. No pretende cerrar el debate político, pero sí devolverlo al terreno constitucional donde debería originarse. Porque, al final, las instituciones se sostienen en reglas claras y decisiones apegadas a la ley, no en tendencias de redes sociales.

Supremacía constitucional, derechos y reformas – | Zona Docs

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El verdadero impuesto de la influencia

El problema no es cuánto pagan los más ricos, sino cuánto poder compra su riqueza. Cuando el patrimonio pesa más que el voto, la democracia se debilita.

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Durante las últimas semanas, los temas fiscales han dejado de ser asunto exclusivo de especialistas para instalarse, con inusual protagonismo, en la conversación pública. El caso de Ricardo Salinas Pliego y la discusión en torno a las obligaciones tributarias de ciertos grandes empresarios han reactivado una vieja pregunta: ¿pagan suficientes impuestos los más ricos? Pero la verdadera interrogante es otra: la desigualdad y el gasto público.

La mansión y el rascacielos, un debate urbano que divide a a la ciudad de  México. - The New York Times

La pregunta sobre si los más ricos pagan suficientes impuestos suele presentarse como un debate técnico, una conversación de economistas, contadores y funcionarios de Hacienda que se resuelve entre porcentajes, tablas progresivas y deducciones autorizadas. Pero cada vez resulta más evidente que no estamos frente a un problema fiscal, sino institucional.

No se trata únicamente de cuánto contribuyen quienes más tienen, sino de cuánto poder político puede comprar esa contribución.

El principio de equidad tributaria, que en términos jurídicos se traduce como la obligación de aportar conforme a la capacidad económica, no es solo un gesto de justicia social: es un mecanismo de estabilidad democrática. Cuando ese principio se debilita, lo que entra en crisis no es la recaudación, sino la legitimidad del Estado para redistribuir cargas y beneficios sin parecer rehén de intereses privados.

México recauda poco, sí, pero sobre todo recauda mal.

Una parte considerable de los ingresos públicos proviene de impuestos al consumo, que pagan de manera proporcional más quienes menos tienen. Mientras tanto, los grandes patrimonios encuentran estructuras para optimizar su carga fiscal. El resultado no es solo desigualdad económica, sino una asimetría política cada vez más difícil de ignorar: el voto vale lo mismo, pero el patrimonio pesa más.

La fotografía de la desigualdad: 3 millones de hogares sobreviven con 90  pesos al día | Arena Pública

Y cuando el patrimonio empieza a pesar más que el voto, la democracia deja de ser representativa para volverse competitiva… pero no entre partidos, sino entre niveles de ingreso.

No es casualidad que los debates sobre impuestos a herencias, grandes fortunas o ganancias extraordinarias suelan descartarse bajo el argumento de que “espantan la inversión”. La inversión, en este caso, parece tener una sensibilidad particular: huye del impuesto, pero no de la influencia, porque en la práctica, la acumulación sin contrapesos no solo incrementa la riqueza, sino su capacidad para incidir en decisiones públicas.

Financiar campañas, litigar reformas, moldear regulaciones o condicionar mercados no requiere mayoría legislativa, sino liquidez. Desde luego, nadie propone que el éxito económico deba penalizarse, pero sí que su traducción en poder político tenga límites.

El problema, entonces, no es si los más ricos pagan suficientes impuestos.
El problema es si su riqueza puede comprar suficiente poder como para decidir cuánto quieren pagar.

Porque, en una democracia funcional, las leyes fiscales deberían ser el resultado del interés público.
No su precio.

Votar o no votar: México enfrenta el dilema final ante la inminente  elección judicial | EL PAÍS México

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Ciudad plural y participación ciudadana

La democracia urbana no se decreta: se construye con participación, corresponsabilidad y diálogo cotidiano desde lo local y en la diversidad de la ciudad.

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La vida democrática de una ciudad no se mide únicamente en procesos electorales ni en consultas ocasionales. Se construye en la forma en que las personas se involucran en lo público, dialogan con sus autoridades y conviven en un entorno diverso. En la Ciudad de México, la participación ciudadana es un derecho y una responsabilidad compartida.

Así vivimos en la ciudad de México - Máspormás

El reto no es solo que existan mecanismos de participación, sino que evolucionen hacia prácticas cotidianas de corresponsabilidad y escucha institucional. Involucrarse en lo público implica un papel activo en la construcción, el cuidado y la mejora de la ciudad.

La corresponsabilidad ciudadana reconoce que los asuntos urbanos no dependen solo de la autoridad, sino de una ciudadanía informada, organizada y colaborativa. Participar no es solo demandar; es proponer, cuidar y acompañar. Cuando la participación se vuelve corresponsabilidad, se fortalece el vínculo entre gobierno y sociedad.

12 reuniones vecinales en 12 meses - Centro Civitas

La democracia urbana se vive en alcaldías, barrios y colonias. El gobierno de proximidad es clave: escucha, dialoga, responde y convoca a la ciudadanía a participar de forma activa y constante.

Una ciudadanía activa se informa, se organiza y mantiene canales de comunicación abiertos. La participación cotidiana convierte a la ciudad en un espacio compartido.

La Ciudad de México es un espacio de pluralidad. Su diversidad es fortaleza democrática, pero exige respeto, inclusión y diálogo en la diferencia.

Cuando la participación se ejerce con respeto, la pluralidad se vuelve cohesión comunitaria. Una ciudad democrática es aquella donde las diferencias encuentran cauces pacíficos.

Fortalecer la vida democrática implica una cultura cívica cotidiana. La democracia urbana se construye todos los días, desde lo local y entre todas las personas que habitan la ciudad.

Biodiversidad urbana: ciudad y medio ambiente - Fundación Aquae

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