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#Opinión

Pero mira cómo mueren los peces en el río

Primero fueron unos cuantos. Luego miles. El olor, imposible de ignorar. No es un río: es México. Y no son peces. Son más de 132 mil personas desaparecidas que el Estado no ha podido —o querido— encontrar.

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Casi sin darse cuenta, la gente del río Pánuco vio cómo su entorno comenzó a cambiar. Primero, una alteración que parecía imperceptible en la corriente, un aumento inusual en la salinidad del agua. Luego, llegó el olor. Un vaho tenue a podredumbre que se colaba por las ventanas y se instalaba en la garganta. Al principio, aparecieron unos cuantos peces muertos flotando en las orillas del río y el estero El Camalote. Parecían casos aislados, pero pronto comenzaron a amontonarse por miles.

Casi 2 toneladas de peces mueren en Sonora por las altas temperaturas del  agua | WIRED

Cuando las comunidades pesqueras alzaron la voz, asustadas por lo que el río estaba arrojando, la primera reacción desde el poder fue la minimización institucional. Las autoridades desestimaron la crisis; hablaron de compuertas abiertas y fenómenos naturales.

Para calmar el ruido mediático, la respuesta fue cavar hoyos de forma apresurada. Echar cal, sepultar los cuerpos de los peces en la tierra y pretender que, al no verse, la tragedia no había ocurrido. Fue el clásico intento de tapar el sol con un dedo.

Sin embargo, la putrefacción no entiende de narrativas oficiales. Con el paso de los días, el problema se volvió insostenible. El olor se hizo tan asfixiante que hoy obliga a la gente a caminar con cubrebocas. Las imágenes que circulan ya no muestran un río, sino un manto inerte, una costra de muerte que desborda por todos lados. Las fosas improvisadas por la autoridad ya superan los diez metros cuadrados y, aun así, no alcanzan. La realidad superó por completo el pequeño dedo gubernamental que quería tapar el inmenso sol.

Alertan por posible incremento del Río Pánuco en Tamaulipas y Veracruz -  Crónica de Xalapa

Llegados a este punto, debo ser honesto con quien me lee. Aunque este ecocidio es real y duele profundamente, no estoy hablando de los peces. Estoy hablando de la crisis de las personas desaparecidas.

El río no es el Pánuco; el río es México. Las señales las estamos viendo todos. Vemos cómo la violencia está salando nuestra convivencia, cómo el tejido social se descompone y cómo los cuerpos siguen apareciendo. Primero a cuentagotas, luego por decenas, hoy por miles. Somos testigos de cómo, frente a la desesperación de las familias que escarban la tierra, la respuesta de las instituciones es, demasiadas veces, la negación, el maquillaje de cifras y el ocultamiento.

Hoy, la crisis nos estalla en la cara y las estadísticas oficiales son el olor podrido que no permite ocultar la realidad. No son peces; son más de 132 mil 500 personas desaparecidas que hoy conforman el Registro Nacional. La tragedia se aceleró frente a nuestros ojos: apenas en 2024 rompimos el récord histórico con más de 13 mil casos en un solo año, el punto más alto en la historia reciente del país.

Ceci Flores, la voz de un colectivo de madres que a pico y pala buscan a  sus hijos en un país con más de 100 mil desaparecidos | CNN

El dolor desborda cualquier intento de contención gubernamental porque el Estado, sencillamente, colapsó. La impunidad es absoluta. Hay registro de apenas 3,800 investigaciones formales para un universo de más de 130 mil desaparecidos. Es decir,  la autoridad no está buscándose. Lo que es peor: el propio gobierno reconoce que en el 36% de los expedientes ni siquiera hay datos suficientes para iniciar una búsqueda real: carpetas vacías, nombres arrojados a la fosa del olvido burocrático.

Es imposible ocultar una tragedia sistémica cuando la evidencia nos respira en la nuca. El humanismo en lo público exige dejar de mirar hacia otro lado y asumir que el Estado nos está fallando en su mandato fundacional: proteger la vida. No podemos seguir normalizando que el suelo de nuestro país sea un cementerio clandestino.

«Pero mira cómo mueren los peces en el río, pero mira cómo mueren por solo haber nacido. Mueren y mueren y vuelven a morir, los peces en el rio, por solo haber nacido.». Y no, no solamente estoy hablando de peces, dolorosamente no.

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Aldo Jurado es consultor político y jurídico, abogado egresado de la UNAM y maestrante en Derecho Constitucional por la Escuela Libre de Derecho. Cuenta con más de 12 años de trayectoria en el servicio público, donde ha consolidado un amplio dominio del derecho parlamentario y administrativo. A través de su análisis y visión de Estado, busca construir una perspectiva más humana de lo público.

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Cuando dejamos de mirarnos

En un contexto donde la violencia y la indiferencia parecen normalizarse, el verdadero reto no está afuera, sino dentro de nosotros.

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Empatía, conciencia, decisiones, violencia, dolor, responsabilidad, congruencia, humanidad
Vivimos en un mundo donde hacer daño parece más fácil que hacer el bien… pero pocas veces nos detenemos a mirar qué está pasando dentro de nosotros. Tal vez la respuesta no está afuera, sino en las decisiones que tomamos cada día sin darnos cuenta.

Cuando veo el rostro de las personas que sufren por sus pérdidas y también el rostro de quienes hacen tanto daño, no puedo evitar preguntarme: ¿en qué momento cruzaron esa línea?, ¿en qué momento dejaron de elegir ser mejores personas para empezar a herir a otros? Hoy hay mucha gente enojada en la calle, buscando quién pague por lo que han vivido. Y entonces surge otra pregunta: ¿por qué parece más fácil elegir lo malo que lo bueno?, ¿cuál es la diferencia?

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¿Quién habla cuando tomamos decisiones, buenas o malas? No es una sola voz. Dentro de nosotros conviven muchas partes: una que busca el bienestar, la empatía y el sentido, y otra que reacciona desde el miedo, el enojo, la herida o la necesidad inmediata. A veces decide la conciencia, a veces decide la emoción y muchas veces decide la parte de nosotros que no hemos aprendido a mirar. Por eso no siempre actuamos como pensamos.

Y quizá por eso parece más fácil hacer el mal, no porque lo sea en esencia, sino porque es inmediato. Hacer daño, mentir, evadir o reaccionar con agresión o egoísmo no requiere reflexión, no exige responsabilidad inmediata y da una sensación momentánea de control o alivio. En cambio, hacer el bien —ser congruente, poner límites sanos, actuar con empatía— implica detenerse, cuestionarse, tolerar incomodidad, pensar en el otro y sostener las consecuencias. Es un camino más consciente y, por eso, más difícil.

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Pero hay algo fundamental: nadie hace daño desde la nada. Muchas veces detrás hay dolor no trabajado, miedo, carencias emocionales o aprendizajes distorsionados. Eso no justifica el daño, pero sí nos ayuda a entender de dónde viene. No se trata de eliminar una parte de nosotros, sino de hacernos conscientes de quién está tomando el control, porque cuando no elegimos conscientemente reaccionamos, y cuando reaccionamos sin conciencia nos alejamos de quienes realmente queremos ser.

Escuchar cada día tanta violencia, tanta frialdad y tanta indiferencia duele. Duele ver cómo se pierde la empatía, cómo dejamos de mirarnos, de escucharnos, de reconocernos. Hay personas sufriendo por engaños, por pérdidas, por violencia, y vivimos en un estado constante de alerta, de miedo y de desconfianza. Siento una preocupación profunda por mis seres queridos, por las mujeres y hombres que viven injusticias, por la vulnerabilidad de los niños y de los ancianos.

Y en medio de todo esto, añoro algo tan simple: una vida en paz, una vida donde no tengamos que vivir con el temor constante de perder a quienes amamos. Hace poco vimos una noticia que nos estremeció: un hombre que atacó a otras personas en un lugar tan simbólico como las pirámides. Y más allá del hecho en sí, lo que queda resonando es la misma pregunta: ¿qué tuvo que pasar dentro de esa persona para llegar a ese punto?, ¿cuánto dolor, ¿cuánta desconexión, ¿cuánta falta de conciencia?

Porque el verdadero peligro no está solo en esos actos extremos, sino en lo que poco a poco vamos normalizando en lo cotidiano: la indiferencia, la agresión, la falta de empatía. Por eso, tal vez la pregunta más importante no es qué está pasando afuera, sino qué está pasando dentro de nosotros. Y desde ahí… elegir. Elegir mirarnos, elegir detenernos, elegir no reaccionar desde la herida, elegir ser conscientes. Porque en un mundo donde parece más fácil hacer daño, elegir hacer el bien se vuelve un acto profundamente valiente.

“No tengas miedo de mirar dentro de ti… porque ahí no solo están tus sombras, también está todo lo que puedes llegar a ser.”

Light and Shadow in Street Photography | Photography by Elizabeth Gray

 

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Cuidado Crítico: Por qué ser “buena persona” es una decisión política

El cuidado crítico propone algo más radical: reconocer que el bienestar propio está ligado al de los demás, y que cuidar —con responsabilidad y límites— es una forma de resistencia.

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Nos han enseñado que ser “buena persona” es una virtud pasiva; un rasgo de personalidad que se limita a los buenos modales y al saludo amable. Pero en un mundo que se beneficia de nuestra indiferencia, de la prisa que deshumaniza y de la competencia feroz, la amabilidad ha dejado de ser un adorno para convertirse en un acto de rebeldía.

Ilustración: @mostracolor

Ilustración: @mostracolor

El Cuidado Crítico no es una invitación a la complacencia; es la decisión política de reconocer que mi bienestar es imposible sin el tuyo. Es entender que cuidar las grietas —las propias y las de quienes nos rodean— no es una debilidad de carácter, sino la estrategia más radical para sostenernos en pie cuando todo lo demás parece diseñado para quebrarnos.

La Ternura Radical como brújula

El término de Ternura Radical empieza a cobrar sentido cuando, en la rutina diaria, nos detenemos a cuestionar si pecamos de indiferencia o de sobreempatía. Para no caer en la “trampa de la empatía” —esa que a veces puede ser condescendiente o limitarse a la lástima—, el cuidado crítico propone dos pilares fundamentales:

  • Responsabilidad: No solo se trata de decir “siento tu dolor”, sino de preguntarnos: “¿Qué responsabilidad tengo yo en las estructuras que te lo causan?”.
  • Límites claros: Cuidar no es decir que sí a todo. Poner límites es una forma de cuidado que evita el resentimiento y el burnout de quien cuida. Sin límites, el cuidado se vuelve sacrificio, y el sacrificio no es sostenible.

Bajo esta lente, el cuidado deja de ser solo una labor doméstica —históricamente impuesta a las mujeres— para convertirse en una práctica política. Admitir que no somos autosuficientes y que “no somos sin el otro” es el sabotaje más grande al capitalismo. Como decía Audre Lorde: “Cuidarse a una misma no es autoindulgencia, es preservación, y eso es un acto de guerra política”. Esto aplica desde el núcleo familiar hasta el equipo de trabajo; ningún proyecto es sostenible si sus integrantes no gozan de salud física y mental.

Ilustración: @mostracolor

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La crítica como forma de amor

Otro eje vital es la crítica como herramienta de transformación. El cuidado crítico propone: te cuestiono porque me importas. No se trata de destruir, sino de señalar conductas machistas, racistas o coloniales dentro de nuestros propios círculos para que el grupo crezca. Es la capacidad de decir “esto que hiciste me dolió” o “esta estructura es injusta” sin romper el vínculo. Es exigir la transformación desde la conexión, no desde el descarte.

Para ejercer este cuidado, una tiene que ser lo suficientemente fuerte y amorosa consigo misma para reconocer de dónde viene este apoyo. Sé que mi amiga Mel y yo tenemos sangre punk; gracias, Mel, por el amor radical que me das.

Y tú, ¿qué tan radical te atreves a ser en este mundo materialista?

Reconocer que sientes, que te importa lo que le pasa al de al lado y que puedes amar desde un lugar mucho más profundo es, hoy por hoy, lo más punk que puedes hacer.

Lo demás… son detalles.

Ilustración: @mostracolor

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El festival más grande de flores del país ocurre en Miguel Hidalgo.

🌸 Polanco florece y la ciudad se transforma: FYJA 2026 convierte las calles en arte vivo. No es solo estética, es cultura accesible, identidad mexicana y belleza efímera que te encuentra… y desaparece 💫

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Del 30 de abril al 3 de mayo, Polanco se transforma. El Festival de Flores y Jardines FYJA 2026 llega a su séptima edición convirtiendo a la Alcaldía Miguel Hidalgo en el escenario del festival de flores y jardines más importante del país. No es casualidad que ocurra aquí.

Entérate! La flores se apoderan de Polanco y tienes que estar ahí para  verlo - El Sol de México | Noticias, Deportes, Gossip, Columnas

Hay una tradición profundamente mexicana en el uso de las flores como lenguaje. Antes de que existieran las ciudades tal como las conocemos, las flores ya eran símbolo, ofrenda, celebración y memoria. El cempasúchil en los altares, las flores de papel en las fiestas populares, los mercados de Jamaica con sus toneladas de color, todo eso forma parte de una relación con la naturaleza que en México no es decorativa. Es cultural.

El FYJA entiende eso. Desde su primera edición en 2017, este festival ha hecho algo que pocos eventos urbanos logran: convertir el espacio público en una galería viva. No hay boleto. No hay acceso restringido. Las instalaciones no están dentro de un museo ni detrás de una barda. Están en la banqueta, en la fachada del restaurante de la esquina, en el arco que atraviesas camino al trabajo. El arte te encuentra a ti, no al revés. Esa decisión —poner el arte floral en el espacio público y hacerlo gratuito— no es menor. Es una declaración sobre el tipo de ciudad que queremos. Una donde la cultura no es privilegio de quien puede pagar entrada, sino patrimonio de quien camina por la calle.

Este año el tema es México. No como postal turística, sino como territorio de diversidad cultural y simbólica. Los diseñadores y paisajistas que participan en el FYJA 2026 fueron convocados a explorar el jardín mexicano como memoria colectiva, esa idea de que en las flores guardamos historias, tradiciones y vínculos que conectan generaciones.

Es una propuesta curatorial ambiciosa para un festival que ocurre al aire libre, entre el tráfico y los transeúntes. Y precisamente por eso es poderosa.

Ya hay fecha para el “Festival Flores y Jardines de Polanco 2026”! - México  Travel Channel

Masaryk, Parque Lincoln, Parque América y Polanquito serán durante cuatro días un recorrido por la identidad botánica de México. Jardines efímeros diseñados por paisajistas mexicanos, esculturas florales de gran formato, arcos monumentales, intervenciones en fachadas comerciales. Todo con una particularidad que distingue al FYJA de otros festivales similares en el mundo: cada instalación desaparece. No hay permanencia. Lo que ves el domingo ya no estará el lunes.Esa fugacidad no es una limitación. Es parte del mensaje.

Esta mañana, desde la Comisión de Gobierno que presido, revisamos con la Alcaldía los preparativos del festival. Me da gusto confirmar que la operación está a la altura del evento: plan de movilidad, protocolos de seguridad, y un esquema de manejo de residuos que trabaja con una empresa de compostaje para que cada flor efímera tenga una segunda vida como tierra fértil. El cierre vehicular de Masaryk será únicamente sábado y domingo, de ocho de la mañana a ocho de la noche, manteniendo abiertos los cruces principales.

En su edición anterior participaron 92 establecimientos. Miles de visitantes de toda la ciudad recorrieron la zona durante cuatro días. Restaurantes y comercios locales reportaron ocupación total. El FYJA es, en los hechos, uno de los eventos con mayor impacto cultural y económico para la demarcación en todo el año.

Miguel Hidalgo tiene en este festival algo valioso y escaso: un evento que es simultáneamente popular y sofisticado, gratuito y de clase mundial, efímero y memorable. Una ciudad se mide también por los espacios que abre a la cultura. Por los momentos que crea para que sus habitantes se reconozcan en algo bello. El 30 de abril, Polanco florece. Y con él, toda la alcaldía.

chilango - ¡Primera llamada! Festival Flores y Jardines en Polanco 🌷🌻

Juan Pablo Beltrán Viggiano es Concejal Presidente de la Comisión de Gobierno, Régimen Interior y Legalidad del Concejo de la Alcaldía Miguel Hidalgo.

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