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#Opinión

Una vida aventajada solo por compartirla. 10 de Mayo en México

Vale la pena revisar cómo es que las mujeres en México viven la experiencia de convertirse en madres.

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La maternidad es una experiencia profundamente valorada en nuestra sociedad. Sin embargo, a cien años del aniversario de la declaración del 10 de mayo como fecha para celebrar a las madres, vale la pena revisar cómo es que las mujeres en México viven la experiencia de convertirse en madres. Si bien es una fecha especial para rendir homenaje por medio del afecto y respeto a todas las madres mexicanas, incluyendo a la propia, es obligación de todas y todos nosotros fomentar ciertos logros sociales, como que la vivencia de la gestación y la crianza de los hijos sea equitativa, justa y con todos los derechos que corresponden.

El 17% de las madres mexicanas tienen menos de 19 años

En México, una mujer se encuentra en situación de vulnerabilidad solo por su condición de mujer; lamentablemente, este panorama se obscurece desde el momento en el que una mujer se convierte en gestante.

Según el INEGI, casi 30% de las mujeres que son madres ejercen la maternidad sin pareja, ya sea por ser madres solteras, estar separadas, divorciadas o viudas. Esto, además de estigmatizarlas, las coloca en un estado de mayor vulnerabilidad. Y si bien las leyes las protegen, el desconocimiento de las mismas, la corrupción y la impunidad, son factores que garantizan una vida materna sin plenitud.

Cuál es la situación de las madres en México? - Infobaja de BC

 

Un poco más de 40% de las madres de 15 años y más no cuenta con educación básica terminada. Además, según un estudio reciente el ser madre equivale a tener 2.5 trabajos, y en países subdesarrollados incluso a tres. Todo esto se traduce en enormes sacrificios; pero no solo eso, pues las exigencias sociales para una mujer en la actualidad son enormes. Porque si bien estamos biológicamente preparadas para dar vida, ninguna mujer está preparada para la valiente decisión de ser madre, aunque paradójicamente 90% de las mujeres mayores de 30 años tienen al menos un hijo.

Las madres en nuestro país se incorporan al mercado laboral en condiciones mucho más adversas que el resto de las personas, empezando porque 80% de ellas carece de acceso a servicios de guardería. Del total de las madres que pertenecen al mercado laboral, 64% son trabajadoras subordinadas y remuneradas; cerca del 27% trabajan por cuenta propia; 6.6% no tiene remuneración, mientras que sólo el 2.8% se desempeña como empleadora.

Ni una reforma en pensiones será suficiente para mejorar el retiro de las mexicanas

Para la mayoría de las mujeres en México, la maternidad es un terreno complejo, plagado de complicaciones y exigencias –laborales, domésticas, asistenciales, sociales– pero también representa una condición de profunda devoción, de una generosidad sin medidas y de amor incondicional.

La maternidad rompe cualquier esquema, obliga a cuestionarte hasta la más lógica de las ideas y hace que te enfrentes con tu historia, tu pasado y tus antepasados; todo lo que eres y todo lo que creías ser… Por eso, cuando pensamos en una madre, mucho más allá del estereotipo de una figura de fertilidad y dulzura; mucho más allá de la fecha conmemorativa, tendríamos que voltear nuestra mirada a la enorme labor de millones y millones de mujeres que no sólo dan vida, sino que trabajan incansablemente y nos proveen de una vida aventajada por el hecho mismo de compartirla.

La mamadre

La madre de Pablo Neruda murió cuando el poeta era muy pequeño; su padre se casó luego con Trinidad Marverde, la mamadre «nunca pude decir madrastra», a la que dedica el poema.

La mamadre viene por ahí,
con zuecos de madera. Anoche
sopló el viento del polo, se rompieron
los tejados, se cayeron
los muros y los puentes,
aulló la noche entera con sus pumas,
y ahora, en la mañana
de sol helado, llega
mi mamadre, doña
Trinidad Marverde,
dulce como la tímida frescura
del sol en las regiones tempestuosas,
lamparita
menuda y apagándose,
encendiéndose
para que todos vean el camino.

Oh dulce mamadre
—nunca pude
decir madrastra—,
ahora
mi boca tiembla para definirte,
porque apenas
abrí el entendimiento
vi la bondad vestida de pobre trapo oscuro,
la santidad más útil:
la del agua y la harina,
y eso fuiste: la vida te hizo pan
y allí te consumimos,
invierno largo a invierno desolado
con las goteras dentro
de la casa
y tu humildad ubicua
desgranando
el áspero
cereal de la pobreza
como si hubieras ido
repartiendo
un río de diamantes.

Ay mamá, cómo pude
vivir sin recordarte
cada minuto mío?
No es posible. Yo llevo
tu Marverde en mi sangre,
el apellido
del pan que se reparte,
de aquellas
dulces manos
que cortaron del saco de la harina
los calzoncillos de mi infancia,
de la que cocinó, planchó, lavó,
sembró, calmó la fiebre,
y cuando todo estuvo hecho,
y ya podía
yo sostenerme con los pies seguros,
se fue, cumplida, oscura,
al pequeño ataúd
donde por vez primera estuvo ociosa
bajo la dura lluvia de Temuco.

Diana Lara es una mujer fuerte, activista de La Magdalena Contreras y comprometida con las causas sociales de la CDMX. Fue diputada federal en la LXV Legislatura, donde impulsó iniciativas en favor de los derechos humanos, la diversidad y el medio ambiente. Hoy, continúa siendo una voz decidida por la equidad, el territorio y el bienestar colectivo.

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El Estadio GNP también es de ellas

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Anoche cantó Yuridia en el Estadio GNP Seguros. Esta noche vuelve a hacerlo. Es la primera mujer mexicana en presentarse ahí como solista. Y esta misma semana, The Warning anunció que el 5 de febrero de 2027 será la primera banda mexicana integrada solo por mujeres en encabezar ese escenario.

Dos veces en una semana, el recinto para espectáculos más importante de la ciudad quedó en manos de mexicanas.

Vale la pena recordar de dónde viene este recinto. En 1993, Alejandro Soberón, CEO de OCESA, tenía firmado a Paul McCartney y ningún lugar dónde presentarlo, porque el Estadio Azteca se negó a rentarle el inmueble. El manager del artista le hizo una propuesta que podía sonar tan simple como irreverente: si nadie te presta un estadio, hazlo tú. En cuatro meses levantaron gradas temporales en la curva del Autódromo Hermanos Rodríguez. Madonna se sumó al proyecto y terminó inaugurándolo con The Girlie Show.

No fue sencillo. En esos cuatro meses previos hubo protestas de sectores conservadores que se oponían a que una artista como Madonna pisara el país. No importó. Los 50 mil boletos de la primera fecha volaron, la cantante abrió dos noches más para el 12 y 13 de noviembre y terminó agotando 150 mil entradas. Le negaron un estadio y acabó construyendo uno.

Durante años, ese escenario fue principalmente territorio de superestrellas extranjeras: U2, los Rolling Stones, Pink Floyd, Britney Spears, Shakira, Taylor Swift, entre muchos otros. Pero el talento nacional fue llegando y adueñándose del recinto. Timbiriche dio ahí uno de los primeros grandes shows mexicanos en febrero de 1999 con la gira El Reencuentro, después de llenar veinte noches consecutivas en el Auditorio Nacional. Después vinieron Café Tacuba, Maná, Caifanes, Zoé, Siddhartha, Alejandro Fernández, RBD, Grupo Firme, Luis Miguel, Natanael Cano, Peso Pluma, por solo mencionar algunos. La sede se volvió nuestra sin que nadie lo anunciara.

Lo que sorprende, y emociona, es lo que está pasando ahora.

Yuridia llega al GNP después de llenar la Plaza de Toros México en 2025 con un espectáculo en formato 360. La cantante emergida de La Academia viene de una carrera de veinte años, y hoy es una de las voces más escuchadas del país. Está haciendo historia con dos noches consecutivas en un recinto con capacidad para 65 mil personas. La primera fecha se agotó en tres días. La segunda existe porque el público la exigió.

The Warning llega con una historia igual de contundente. Las hermanas Daniela, Paulina y Alejandra Villarreal, de Monterrey, ya habían estado en ese escenario. Pero como teloneras de Foo Fighters y Muse. En febrero vuelven al mismo lugar, esta vez como el acto principal. En el camino agotaron tres fechas seguidas en el Auditorio Nacional en 2025 y llegaron al número uno del Mainstream Rock Airplay de Billboard con “Kerosene”, convirtiéndose en la primera banda mexicana y la primera agrupación solo de mujeres en encabezar esa lista en sus 45 años de historia. Antes del GNP tocarán en el medio tiempo del partido de la NFL en la Ciudad de México, entre Minnesota Vikings y San Francisco 49ers. Su concierto en el inmueble de Iztacalco será con The Linda Lindas como invitadas. Dos bandas de mujeres en la misma noche.

Los de Yuridia y The Warning han sido dos caminos distintos hacia el mismo escenario. Una viene del regional mexicano y de un público que la acompañó durante dos décadas. Las otras vienen del rock, de Monterrey y de una carrera construida canción por canción hasta llegar a las listas internacionales. Ninguna llegó ahí por invitación. Llegaron porque vendieron los boletos.

El GNP nació porque un estadio dijo que no. Hoy es el que dice que sí. Sí a las mexicanas, sí al regional, sí al rock hecho en Monterrey. Y si algo demuestran estas fechas es que el escenario más grande de la ciudad ya no se presta: se gana. Ellas ya lo ganaron.

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El futuro se pinta en nuestras escuelas

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Este 31 de agosto, millones de niñas y niños regresaron a las aulas para iniciar un nuevo ciclo escolar. Regresaron con mochilas nuevas, cuadernos por estrenar y, seguramente, con esa mezcla de nervios y emoción que muchos recordamos de nuestros primeros días de clases.

Pero también regresaron a escuelas que no siempre están en las condiciones que merecen.

Hablar del derecho a la educación no puede limitarse a garantizar un lugar dentro de un salón de clases. También tenemos que preguntarnos en qué condiciones estudian nuestras niñas y niños. Porque el espacio en el que aprendemos también educa.

Una escuela limpia, iluminada, segura y cuidada transmite un mensaje muy distinto al de un plantel con paredes deterioradas, pintura descascarada, sanitarios en malas condiciones o espacios comunes abandonados.

Y no estamos hablando de un problema menor.

En la Ciudad de México, distintos diagnósticos sobre infraestructura educativa han identificado necesidades de mantenimiento y mejoramiento en planteles: desde las condiciones generales de funcionamiento y los servicios sanitarios hasta comedores, canchas deportivas, aulas digitales, espacios de usos múltiples y bibliotecas.

Son números y diagnósticos, pero detrás de cada necesidad hay niñas, niños, maestras, maestros y familias que todos los días viven esas condiciones.

La buena noticia es que existen esfuerzos gubernamentales para atender el problema y programas enfocados en la rehabilitación de planteles. Hay que reconocer esos esfuerzos. Pero también entender que el tamaño del desafío requiere mucho más.

En La Magdalena Contreras lo sabemos bien. Nuestra geografía, las condiciones de algunos planteles y las necesidades de distintas comunidades hacen indispensable mantener la infraestructura educativa como una prioridad.

Por eso estoy convencida de algo: la recuperación de nuestras escuelas no debe ser solamente una tarea de gobierno; puede convertirse también en una gran causa comunitaria.

Eso no significa sustituir las obligaciones de las autoridades. Significa reconocer el enorme poder que aparece cuando madres y padres de familia, docentes, vecinos, sociedad civil, iniciativa privada y autoridades somos capaces de trabajar alrededor de un objetivo común.

Lo he visto personalmente.

He tenido la oportunidad de participar en jornadas en las que una comunidad se organiza para recuperar una escuela. Llegamos a pintar paredes, rehabilitar espacios y trabajar; pero al terminar ocurre algo mucho más importante que un cambio de color.

La comunidad hace suyo nuevamente ese espacio.

Una mamá pinta una pared. Un papá ayuda a mover materiales. Los maestros participan. Los vecinos se acercan. Y las niñas y los niños regresan después a una escuela diferente sabiendo que hubo personas que dedicaron tiempo y esfuerzo para mejorar el lugar donde estudian.

Así  que pintar una escuela es mucho más que pintar sus paredes. Pintar una escuela es construir comunidad.

Es decirles a nuestras niñas y niños, sin necesidad de pronunciar una sola palabra: ustedes importan y el lugar donde construyen sus sueños también importa.

Una jornada de pintura no resuelve por sí sola los problemas de infraestructura. Hay necesidades estructurales que requieren presupuesto, planeación, mantenimiento permanente y la intervención de las autoridades competentes.

Este nuevo ciclo escolar debería servirnos para recuperar una conversación fundamental: ¿qué tipo de espacios estamos ofreciendo a las generaciones que construirán el futuro de nuestra ciudad?

Queremos una Ciudad de México donde ninguna niña o niño tenga que acostumbrarse al deterioro.

Donde una pared abandonada no sea parte normal del paisaje escolar.

Donde cuidar una escuela sea también una manera de cuidar a nuestra comunidad.

Y que en La Magdalena Contreras demostremos que cuando sociedad y comunidad se organizan, pequeñas acciones pueden provocar grandes transformaciones.

Tenemos un ciclo escolar completo por delante.

Volvamos a las escuelas. Volvamos a organizarnos.

Porque el futuro se pinta en nuestras escuelas.

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Paridad sustantiva

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México tendrá en 2027 uno de los procesos electorales más grandes de su historia. La autoridad electoral ya puso un número sobre la mesa y los partidos políticos nacionales deberán destinar en conjunto 236 millones 379 mil 950 pesos —el 3% de su financiamiento ordinario— exclusivamente a fortalecer el liderazgo político de las mujeres. Es un mandato legal, no una sugerencia, y llega después de avances reales, entre paridad en el Senado desde 2018, paridad en la Cámara de Diputados desde 2021, una presidenta electa en 2024, gabinetes federales paritarios, cerca de 40% de gubernaturas y 30% de presidencias municipales en manos de mujeres.

Esos datos hay que decirlos sin adornos, pero también hay que decir lo que no muestran y es que la paridad numérica no es paridad de poder. Ocupar un escaño no significa controlar las carteras de mayor peso presupuestal —seguridad, hacienda y gobernación siguen siendo territorio mayoritariamente masculino—. Y la representación no elimina la violencia política de género, que sigue documentándose en cada proceso electoral entre amenazas, suplantación de funciones una vez ganado el cargo y campañas de desprestigio que sus contrincantes hombres no enfrentan.

Existe la idea, cómoda para quien no quiere invertir en resolverla, de que si una mujer quiere hacer carrera política, simplemente lo logra. Ignora un hecho estructural: el acceso a financiamiento, contactos partidistas y capital político se ha distribuido de forma desigual durante décadas, y los partidos —gate-keepers de facto de las candidaturas— han operado bajo esa lógica.

A nivel global, el panorama de 2026 documentado por la Unión Interparlamentaria y ONU Mujeres es más frío que el caso mexicano y solo 28 países tienen mujeres como jefas de Estado o de gobierno, las mujeres ocupan apenas 27.4% de los escaños parlamentarios del mundo y 22.4% de los cargos ministeriales, con retroceso documentado en la última medición de gabinetes. El patrón se repite en casi todos los países en donde las mujeres al frente de derechos humanos e igualdad de género; hombres al frente de defensa, gobernación, justicia y economía.

México está mejor posicionado que ese promedio, pero eso no equivale a haber resuelto el problema. La propia legislación mexicana lo reconoce y la obligación de destinar recursos etiquetados al liderazgo femenino no existiría si la paridad numérica ya garantizara paridad sustantiva.

Nuestro país tiene datos que respaldan avances reales en representación política femenina y, documentado por sus propias instituciones, evidencia de que esos avances no eliminaron la violencia política de género ni la concentración de poder real en manos masculinas. El financiamiento obligatorio de 236 millones de pesos para 2027 confirma que el sistema político reconoce el problema. La pregunta abierta es si ese dinero se traduce en formación con continuidad, o en cursos sin seguimiento que cumplen el requisito legal sin resolver nada de fondo.

México llega a las puertas de uno de sus procesos electorales más grandes con avances innegables en representación femenina, pero también con tareas pendientes que ninguna cuota, por sí sola, resuelve. Es importante que las mujeres que decidan competir no lo hagan solas, no lo hagan sin herramientas y no lo hagan sin una red que las sostenga antes, durante y después de la elección. Esa es, en última instancia, la diferencia entre abrir una puerta y construir un camino.

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