Síguenos en nuestras redes

#Opinión

Seguridad para las mujeres, la deuda pendiente

Miles de mujeres tomaron las calles este 8M para exigir algo básico: vivir sin miedo. 💜 La seguridad para las mujeres sigue siendo una deuda pendiente en México.

Publicado

en

El 8 de marzo volvió a confirmar algo que ya no admite dudas: cientos de miles de mujeres tomaron las calles en la Ciudad de México y en distintos estados del país para exigir lo mismo que han demandado durante años: vivir seguras. Las marchas del Día Internacional de la Mujer no solo son una expresión de protesta, también son un recordatorio de que, para millones de mexicanas, la violencia sigue siendo una realidad cotidiana que atraviesa todos los espacios de la vida pública y privada.

Las cifras lo reflejan con crudeza. En México, los feminicidios continúan siendo uno de los delitos más alarmantes y persistentes. A esto se suman las desapariciones de mujeres jóvenes que han sacudido a comunidades enteras. Particularmente dolorosos han sido los casos recientes de estudiantes de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM), cuya desaparición ha generado indignación social y ha vuelto a colocar en el centro del debate la vulnerabilidad que enfrentan muchas jóvenes incluso en entornos que deberían ser seguros, como los espacios educativos.

Marcha 8M: Decenas de miles de mujeres desbordan el centro de Ciudad de  México por el Día Internacional de la Mujer | 8M: Día de la Mujer | EL PAÍS

El problema no es nuevo, pero sí cada vez más visible. La violencia de género se manifiesta en la calle, en el transporte público, en los centros de trabajo, en las universidades y, muchas veces, en los propios hogares. Aunque en los últimos años se han impulsado políticas públicas, protocolos y reformas legales, la percepción social sigue siendo clara: la respuesta institucional aún es insuficiente frente a la magnitud del problema.

La seguridad, además, no puede entenderse únicamente como presencia policial. Requiere prevención, inteligencia, coordinación institucional y políticas que atiendan las causas estructurales de la violencia. También implica garantizar entornos seguros para que las mujeres puedan estudiar, trabajar, emprender y participar en la vida pública sin miedo.

En este contexto, algunos sectores del ámbito privado han comenzado a desarrollar soluciones que buscan complementar los vacíos existentes. En México, diversas empresas han entendido esta lógica. Un ejemplo es TMT Security, que ha desarrollado su propia metodología bajo estándares internacionales para enfocar recursos de manera inteligente para diseñar soluciones integrales, complejas y operativamente factibles.

La coincidencia con las mejores prácticas públicas no es casual: tanto en lo gubernamental como en lo empresarial, la seguridad efectiva exige profesionalización, especialización y responsabilidad. Mitigar riesgos no es un acto aislado; es un proceso continuo que requiere diagnóstico, prevención, supervisión y mejora permanente.

La Jornada - Disminuye percepción de inseguridad entre mujeres de CDMX:  Sheinbaum

Cuando la política pública logra articular inteligencia, operación y evaluación, y cuando el sector privado asume su papel complementario con profesionalismo, los avances pueden ser tangibles.

Pero, más allá de modelos, metodologías o políticas, el mensaje de las calles este 8 de marzo fue contundente: las mujeres en México exigen vivir sin miedo. Garantizar su seguridad no debe ser una aspiración ni un discurso, sino una prioridad permanente en todos los niveles. Porque la igualdad solo es posible cuando las mujeres pueden transitar con libertad y seguridad en todos los espacios de la vida pública y privada.

Reconocimientos en la UNAM

Como parte de los esfuerzos que diversas instituciones realizan para reconocer la labor histórica de las mujeres en campos como la ciencia, el arte, la cultura y el servicio público, una reflexión que cobra especial relevancia en el marco del Día Internacional de la Mujer, la Academia Nacional de Historia y Geografía de la UNAM entregó el premio “Reina Roja de Palenque” a la periodista Adriana Malvido y a la Fundación Elena Poniatowska Amor, dos trayectorias vinculadas con la promoción cultural y la memoria social del país. En la ceremonia, encabezada por el vicepresidente de la Academia, Alejandro Dosal Luce, también se reconoció el trabajo de Violeta Giorgina Abreu González, titular del Servicio Postal Mexicano, así como de Celia Marín Sasaki, Alejandra Gómez Colorado, Frida Medina Rodríguez, Cecilia Morales Garduño y la artista visual Marta Ortiz Sotres, figuras cuya trayectoria ha dejado huella en la vida académica, científica y cultural de México.

Muchas gracias a la Academia Nacional de Historia y Geografía (UNAM) y al  Centro de Estudios de la Mujer, que encabeza Beatriz Saavedra, por el “ Premio Reina Roja de Palenque” 2026 que

Alejandra Cerecedo Constantino es una destacada profesional en comunicación y política en México, con una Licenciatura en Publicidad y Relaciones Públicas por la Universidad Veracruzana (UV) y una Maestría en Comunicación Política y Pública por la Universidad Panamericana (UP). Actualmente, es Directora Nacional de Comunicación en la Confederación Nacional de Jóvenes Mexicanos (CONAJOMX) y asesora de comunicación en el Senado de la República, donde usa su experiencia para fortalecer la comunicación institucional y pública.

#Opinión

La importancia del arte y la cultura para las infancias en México

El arte y la cultura no son un lujo, son una necesidad para formar infancias sensibles, críticas y libres. En un país marcado por la desigualdad y la violencia, apostar por la educación cultural es sembrar empatía, conciencia y un futuro distinto.

Publicado

en

“La medicina, las leyes, los negocios, la ingeniería… esas son carreras nobles y necesarias para sostener la vida. Pero la poesía, la belleza, el romance, el amor… eso es lo que nos mantiene vivos.” – N.H. Kleinbaum, La sociedad de los poetas muertos.

En el marco del Día del Niño, vale la pena detenernos a pensar no solo en celebraciones simbólicas, sino en las condiciones reales en las que están creciendo nuestras infancias. Hablar de niñas, niños y adolescentes es hablar del presente, pero, sobre todo, del futuro de nuestro país. Y, en ese sentido, la cultura y la educación no son un lujo: son la solución.

Fomentar el acceso al arte, la lectura, la música y otras expresiones culturales no solo entretiene; transforma. La exposición temprana a estos espacios permite desarrollar sensibilidad, pensamiento crítico y empatía. No es casualidad que los países con mayor acceso a la cultura, como Francia, Suecia y Finlandia, suelan ser también más conscientes y participativos.

Como dijo Gabriela Mistral: “Educar es, ante todo, formar seres capaces de actuar con justicia, pensar con libertad y sentir con sensibilidad.”

Hoy, sin embargo, enfrentamos una realidad preocupante: nos hemos convertido en una sociedad cada vez más fría e indiferente frente a la violencia y los sucesos trágicos que ocurren a diario. Esta insensibilidad no surge de la nada; también es consecuencia de una educación deficiente que no prioriza la formación emocional ni cultural.

A esto se suma una profunda desigualdad. Si bien en México el 80% de las infancias tiene acceso a la educación formal (la cual es cada vez menos creativa y artística), de acuerdo con datos de la SEP y el INEGI, entre el 35% y el 45% abandona la escuela por falta de recursos económicos, la distancia, la inseguridad y las condiciones escolares, lo que afecta especialmente a poblaciones de bajos ingresos y zonas rurales.

La falta de oportunidades educativas no solo limita su desarrollo personal, sino que muchas veces las empuja a buscar alternativas para salir adelante en contextos adversos, perpetuando ciclos de desigualdad y delincuencia.

 

Por eso, este Día del Niño no debería ser solo una fecha para regalar juguetes, sino una invitación a asumir una responsabilidad colectiva: preguntarnos qué camino estamos trazando para que las infancias lo recorran.

Invertir en actividades y espacios que enseñen a niñas, niños y adolescentes sobre cultura y arte les brinda más posibilidades de convertirse en personas adultas funcionales, sensibles y capaces de soñar. Y eso, en un país que tanto necesita reconstruirse desde lo humano, lo cambia todo.

Sigue leyendo

#Opinión

Encuentro Íntimo con la Aceptación

Aceptar no es rendirse, es dejar de huir. En medio del cansancio, la búsqueda y la incomodidad, aparece una forma distinta de libertad: la de quedarse, habitarse y reconocerse suficiente, incluso sin tener todas las respuestas.

Publicado

en

Si mirás mucho por la ventana, eso dice mucho sobre vos y de tu salud,  según psicólogos

He sentido que la vida me atraviesa por los poros. No como una idea lejana, sino como algo vivo, intenso, inevitable. Todo lo que pasa, me pasa a mí. Y en ese reconocimiento también aparece una verdad incómoda: conozco bien a la víctima que habita en mí… pero también he probado la libertad que llega después de soltarla.

Vivir así no es lineal. Es un vaivén constante. Hay días de euforia, de alegría expansiva, y otros de cansancio profundo, de aislamiento. Momentos donde parece que todo tiene sentido, y otros donde la transformación misma se siente como una ilusión más, otra forma elegante de escapar.

Durante mucho tiempo viví persiguiendo algo mejor. Una versión futura de mí, una vida más alineada, una relación más sana, un momento donde por fin todo encajara. Pero esa “mejor versión” siempre estaba un poco más lejos. Movía la meta constantemente, como si alcanzarla implicara dejar de correr… y eso, en el fondo, daba miedo. Porque el descanso también confronta. Detenerse es ver lo que muchas veces preferimos no mirar.

Y entonces llegó algo que no esperaba: la aceptación.

No llegó de golpe ni con fuegos artificiales. No fue una epifanía transformadora. Llegó despacio. Callada. Incluso incómoda. Durante mucho tiempo no me gustó. La ignoré, la confundí con resignación, la rechacé porque no tenía la intensidad a la que estaba acostumbrada. Pero se quedó.

La aceptación no exige perfección. No pide que todo esté resuelto. Solo propone algo mucho más radical: ver la realidad tal cual es, sin huir. Sin adornarla, pero tampoco sin castigarla.

Empecé a mirarla distinto. A notar sus matices. A reconocer que en medio del dolor también hay ternura. Que abrazar lo que duele no me rompe, me suaviza. Que las cicatrices no son algo que esconder, sino algo que integrar.

Dejar de correr no fue rendirme. Fue elegirme.

Fue sentarme conmigo misma, sin prisa, sin exigencia. Como si me sirviera un té y por primera vez realmente me acompañara. Sin juicio. Sin urgencia por cambiarlo todo. Solo estando.

Y en ese espacio, algo se acomodó.

Porque tal vez la vida no se trata de llegar a una versión ideal de nosotras, sino de aprender a habitarnos en cada etapa. Incluso en las incómodas. Incluso en las que no entendemos del todo.

Hoy no tengo todas las respuestas. Pero tengo algo más valioso: la disposición de quedarme. De no abandonarme. De aceptar que, tal como soy hoy, también soy suficiente para empezar.

Y eso, aunque no lo parezca, también es libertad.

2,600+ Woman Breathing Fresh Air At Sunset Stock Photos, Pictures &  Royalty-Free Images - iStock

 

Sigue leyendo

#Opinión

Esperanza cansada: cuando confiar también duele

Entre injusticias cotidianas y liderazgos ausentes, confiar duele. Pero reconocerlo es el primer paso para dejar de sobrevivir y empezar a exigir la vida digna que merecemos.

Publicado

en

La esperanza de vivir con paz, justicia y confianza parece cada vez más lejana en medio de la espera y la violencia cotidiana. Aun así, aunque no siempre haya quien escuche, necesitamos seguir adelante para dejar de sobrevivir y empezar a vivir.

Dicen que la esperanza muere al final… y quiero creer que es cierto. Porque es lo que nos impulsa a seguir adelante, a confiar en que las cosas pueden mejorar y en que quienes están a cargo harán lo correcto para construir una vida más digna y plena. Pero hay días en los que parece que esa esperanza no solo se desgasta… sino que la estamos perdiendo.

Cada día, las personas, vivimos situaciones que la van debilitando. Pagamos impuestos esperando seguridad, mejores calles, más limpieza, servicios hospitalarios, cero corrupciones y, sobre todo, orden. Orden dentro de las instituciones en las que se supone deberíamos confiar. Sin embargo, lo que encontramos muchas veces es indiferencia, desorganización y una falta de compromiso que termina afectándonos a todos.

Se siente una profunda impotencia cuando enfrentas la injusticia, cuando quienes tienen la responsabilidad de hacer su trabajo no saben o no pueden hacerlo.

Exhausted and sad woman alone at home near the window with closed eyes and  depressed expression

Hace algunos años fui a pagar unos estudios a un laboratorio. Llegué 15 minutos antes de que cerraran. No iba a hacerme ningún estudio, solo quería pagar para que, al día siguiente, al llevar a mi mamá —una mujer de 84 años— no tuviera que esperar tanto. Sin embargo, al llegar, las personas en caja evitaban mirarme. Pasaron varios minutos hasta que alguien se acercó para decirme que ya no había servicio.

Le expliqué que solo iba a pagar, pero en segundos se acercaron otros empleados con una actitud de burla y prepotencia, repitiendo lo mismo: que ya no había servicio, que regresara al día siguiente. Y entendí algo muy claro: no dolió tanto la negativa, dolió la forma. Esa sensación de no ser escuchada, de que alguien más, desde su pequeño espacio de poder, decide sin empatía.

Regresé a casa frustrada, pensando que al día siguiente pondría una queja con el gerente. Pero en medio de esa reflexión me pregunté: ¿de qué sirve quejarse con un mal líder, cuando el comportamiento de su equipo ya refleja quién es?

Al día siguiente regresé. Antes de acercarme, lo vi: el gerente riendo, bromeando con su equipo, completamente ajeno a lo que sucede con quienes atienden. Aun así, pedí hablar con él. Salió esperando seguramente una queja más, pero no fue así. No señalé a nadie, no di nombres. Solo le dije que tenía una gran área de oportunidad, que su puesto le estaba quedando grande. Que era lamentable que las personas en las que confiaba lo hicieran quedar mal mientras él se divertía con ellos, y que, si solo estaba ahí por tener el puesto, estaba poniendo en juego el bienestar de muchas personas.

Se quedó en silencio. Porque a veces el problema no está en quien ejecuta, sino en quien permite.

Cómo el frío en las oficinas a causa del aire acondicionado puede afectar a  la productividad de las mujeres - BBC News Mundo

Y fue ahí donde entendí algo más profundo: lo que pasa en lo pequeño también se refleja en lo grande. Ese liderazgo ausente en un laboratorio no es tan distinto de lo que sucede en muchas instituciones. Es un círculo que se repite, donde la falta de responsabilidad, la indiferencia y la poca empatía terminan generando distintas formas de violencia en la vida cotidiana.

Porque, ¿qué ser humano no quiere una vida tranquila y feliz? Todos hacemos lo posible por construirla. Pero sales al mundo y te encuentras con personas que no están bien, que cargan sus propios conflictos, y muchas veces terminan arrastrando a otros con su forma de actuar, con su indiferencia o su agresividad.

Y es justo por eso que depositamos tanta responsabilidad en quienes tienen el poder de generar cambios. Porque, en última instancia, confiamos en que alguien pueda ordenar lo que individualmente se vuelve tan difícil sostener.

Hoy veo lo mismo reflejado en muchas instituciones, especialmente en el gobierno. Personas en puestos que no les corresponden, sin la capacidad ni el compromiso, afectando la vida de millones. Y si esto rebasa a quien dirige, entonces que pida ayuda, pero que se haga responsable, porque cada error, cada omisión y cada indiferencia la pagamos todos.

Queremos vivir en paz. Queremos educar a nuestros hijos sin miedo, sin la angustia constante de no saber si alcanzará para comer, para pagar la renta, para sostener la vida. Porque esa presión diaria también genera violencia, una violencia silenciosa que se mete a las casas y termina rompiendo a las familias.

Entonces la pregunta es inevitable: ¿quién nos va a ayudar si quienes deberían hacerlo no están haciendo su parte?

“Nadie va a venir a hacerlo por nosotros, ya lo sabemos. Y, aun así, seguimos esperando… mientras no hay quien responda, no hay quien escuche… y la vida se nos va sobreviviendo, no viviéndose.”

Free Sunset family silhouette Image - Sunset, Silhouette, Family | Download  at StockCake

Sigue leyendo
Anuncio publicitario

Facebook

Lo más visto