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Tu cerebro te cobra intereses, preciosa

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Cada mes pago el costo para no generar intereses. Veo mi tarjeta en ceros y, ¡traka!, aparece un cargo al día siguiente de $6,000 por una suscripción que olvidé cancelar después de los siete días de prueba. Luego, otro cargo por un libro que compré por impulso un miércoles por la noche. Y así, poco a poco, mi sonrisa se va diluyendo junto con la sensación de haber incumplido un logro, una vez más.

Si sumara todo ese dinero “perdido” en el último año, probablemente tendría lo suficiente para esa cámara profesional o el curso de cerámica que tanto he postergado.

En el mundo de la neurodivergencia, esto tiene un nombre: ADHD Tax, o el “impuesto al TDAH”.

No es un impuesto decretado por el SAT, pero se siente igual de inevitable y pesado. Es el costo económico de vivir con un cerebro neurodivergente en un sistema diseñado por y para mentes lineales. No es falta de inteligencia, ni mucho menos pereza; es una brecha neurológica que tiene un precio real en nuestra cuenta bancaria.

17,800+ Frustrated Woman On Phone Stock Photos, Pictures & Royalty-Free  Images - iStock

¿Por qué nos cuesta tanto?

Desde la psicología, existen tres factores clave que explican por qué las personas con TDAH terminamos pagando este tributo involuntario:

1. Ceguera del tiempo (Time Blindness):
Para muchos de nosotros, el tiempo no es una línea; es un concepto abstracto. Existe el “ahora” y el “luego”. Las fechas de corte y los vencimientos viven en ese luego nebuloso al que nuestra atención no llega… hasta que se convierte en una crisis (y en un recargo bancario).

2. Búsqueda de dopamina:
Nuestro cerebro tiene un déficit de dopamina, el neurotransmisor del placer y la recompensa. Una compra impulsiva en Amazon o un gasto innecesario en un nuevo hobby genera un rush inmediato. Es, literalmente, una forma de automedicación emocional, pero con un costo financiero altísimo.

3. Disfunción ejecutiva:
Es esa parálisis que aparece cuando sabes que tienes que hacer una transferencia, pero el simple hecho de buscar el token y abrir la app se siente como subir el Everest. Esa fricción cognitiva hace que posterguemos tareas simples hasta que generan intereses.

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El ángulo visual: hackeando el sistema

Como artista gráfica, he aprendido que si algo no es visual, para mi cerebro no existe. El diseño de muchas apps bancarias suele ser minimalista y “limpio”, lo que irónicamente es lo peor para un cerebro con TDAH. Necesitamos ruido visual que alerte, sin llegar al caos (aunque algunas actualizaciones bancarias lo intenten).

Para dejar de pagar este “impuesto”, propongo usar el diseño a nuestro favor:

  • Señalética personal: No confíes en tu memoria. Usa alarmas con tus colores favoritos. Si un gasto es urgente, coloca un post-it fosforescente o con figuras cool en el marco de tu computadora.

  • Automatización como prótesis: Así como usamos lentes para corregir la vista, la automatización de pagos es la prótesis de nuestra atención. Si el sistema puede hacerlo por ti, deja que lo haga. Tu energía creativa es demasiado valiosa para gastarla recordando la fecha del internet (y siempre ayuda tener a una amiga o amigo que le sepa y no sea tedioso).

  • Visualización del presupuesto: No uses solo números. Usa gráficas, colores y barras de progreso. Ver cómo tu “barra de vida” económica baja de verde a rojo es mucho más efectivo que leer una cifra fría en una pantalla.

PLOTTER as a Planner, Journal, and Notebook - PLOTTER USA

Elegir nuestra paz

Vivir en un mundo capitalista y acelerado ya es difícil; vivirlo con TDAH es jugar en modo experto. Dejar de pagar el “impuesto al TDAH” no se logra con una agenda nueva ni con “echarle ganas”. Se logra aceptando cómo funciona nuestro cerebro y diseñando un entorno que trabaje para nosotras, no en nuestra contra.

Al final del día, cuidar nuestras finanzas es un acto de amor propio y salud mental. El dinero que dejamos de perder en multas por olvido es dinero que podemos invertir en lo que realmente nos hace vibrar: nuestra creatividad, nuestra comunidad y nuestros sueños.

Lo demás… son detalles.

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#Opinión

El 8M y el oportunismo

El feminismo no es una campaña de marketing. En su nueva columna, Valeria Martínez reflexiona sobre la mercantilización del 8M y la necesidad de transformar la rabia en verdadera emancipación política.

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Hablar de feminismo en singular es una tremenda omisión ante la diversidad de tendencias, posturas y disputas que lo atraviesan. Para intentar atender esta omisión, considero que debe abordarse desde un punto de vista claro: lo político es un espacio de poder y de conflicto. Para ello es fundamental retomar la visión de Marta Lamas, quien en Dolor y política concibe al feminismo, con todas sus diferencias internas, como una propuesta de emancipación. Con frecuencia encuentro en los discursos mediáticos o de mera difusión un sesgo que denota falta de sentido crítico y mucho de mercantilización (Lamas, 2019).

The Women's Day marches happening in Mexico on March 8

Ante tal afirmación no puedo estar más de acuerdo. El movimiento feminista no es ajeno al oportunismo. Cada año vemos, en marzo, a empresas, gobiernos o partidos políticos apropiarse del discurso feminista sin siquiera discutir o poner sobre la mesa el debate de cómo trastocar y acabar con las estructuras que legitiman las violencias y desigualdades contra mujeres y niñas.

El simbolismo no transforma de fondo, y menos cuando el capitalismo utiliza de manera sistémica al género como un eje estructurante de la desigualdad en las sociedades capitalistas. Persisten estructuras que siguen perpetuando y legitimando desigualdades que se manifiestan en brechas salariales y en brechas de acceso al poder, sin que se cuestionen las estructuras de poder patriarcal.

Nos encontramos en medio de una auténtica crisis capitalista, de profunda gravedad, sin una teoría crítica que la esclarezca y mucho menos que nos conduzca hacia una resolución emancipatoria.

Por ello, toda acción que siga reproduciendo el “empoderamiento” individualizado —sin una auténtica emancipación de las mujeres— resulta limitada. La emancipación es una aspiración más amplia: más que reclamar el poder, implica liberarse de cualquier forma de subordinación, tutela o dependencia, como lo planteaban los feminismos anticapitalistas.

Mexican Women Protest Femicides as President Warns Against Violence - The  New York Times

Wendy Brown afirma que el capitalismo reconfigura todos los aspectos de la vida, incluso los mensajes feministas, en términos económicos. Y aun en el caso de las privilegiadas que supuestamente estaban “empoderadas”, muy pocas lograron emanciparse del mandato cultural de la feminidad.

Mientras tanto, instituciones, partidos, empresas y marcas ocupan marzo para sus fines oportunistas. Como asegura Nancy Fraser, una de las peculiaridades del capitalismo es que trata sus relaciones sociales estructurantes como si fueran meramente económicas y apela a divisiones de estatus y resentimientos para desactivar, desplazar o incluso fomentar crisis políticas (Fraser, 2022).

Por lo pronto, analizar procesos culturales no significa justificarlos. Es un ejercicio intelectual que nos permite encontrar herramientas y vías para cambiar aquello que nos hiere, y no solamente reprobarlo. Para quienes marcharemos el domingo, saldremos a defender la alegría y el derecho a habitar el espacio público, un derecho que nos ha sido despojado por la cotidianidad violenta, desde lo más micro hasta lo político.

Thousands of feminists march in Mexico City: 'I am scared to simply be a  woman in Mexico' - Los Angeles Times

Salir a las calles con un grito enfurecido, con anhelos y denuncias llenas de dolor y rabia, es el reflejo de un síntoma mayor: el de violencias que estructuran nuestras relaciones políticas, económicas y con el territorio. Salir a la calle, hacer política y desplegar en el espacio público nuestros cuerpos, nuestras emociones y nuestras palabras es uno de los actos más profundos de disputa por el poder.

Ocupar el espacio público cada 8M es una protesta legítima. Lo deseable es que esta rabia y este dolor puedan transformarse y reflejarse en una eficacia política que nos aleje del empoderamiento —mercantilizado— y nos acerque a una auténtica emancipación.

Valeria Martínez Guzmán

Concejala en Venustiano Carranza

Lic. en Derecho UNAM

 

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8m: Mi Historia de activismo por los derechos de las mujeres

A seis años de impulsar la Ley Olimpia en Baja California, Marlene Grajeda comparte cómo esa experiencia marcó su activismo y por qué el 8M sigue siendo memoria, lucha y exigencia de justicia. 💜

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Hace seis años formé parte de una colectiva llamada Defensoras Digitales de Baja California. Era marzo de 2020 y estábamos promoviendo la aprobación de la Ley Olimpia en el estado. Esta ley impulsada por Olimpia Coral Melo agrupa reformas en México que tipifican y sancionan la violencia digital, especialmente la difusión de contenido íntimo sin consentimiento; para así proteger la dignidad de las víctimas (principalmente mujeres), con penas de 3 a 6 años y multas a los agresores.

Llegué a ese espacio muy naturalmente, entré por curiosidad y porque me parecía muy necesario y urgente que la Ley Olimpia se aprobara en mi estado.

Durante el tiempo que participé socializando esta propuesta legislativa, capacitándome sobre violencia digital y todo lo relacionado con el tema, aprendí mucho más que el fondo de la iniciativa. Aprendí sobre feminismo, sororidad y la lucha por los derechos de las mujeres; sobre seguridad, igualdad de oportunidades y sobre pertenecer a espacios de diálogo y toma de decisiones.

En julio de ese mismo año se aprobó la Ley Olimpia en el Congreso del Estado de Baja California. Mis compañeras y yo vimos la sesión como otros ven el Mundial: era lo más importante para nosotras en ese momento y no podíamos contener nuestra emoción al ver que, gracias a nuestro trabajo y esfuerzo se había aprobado en el Congreso de nuestro estado. Después de vivir esa experiencia, se me abrieron por completo los ojos ante la situación de injusticia, impunidad y desesperación que viven las víctimas de delitos; ya no hubo vuelta atrás.

En esos tiempos aún estaba muy popularizado el término “feminazi”, con el que se referían a las mujeres que simplemente exigían sus derechos humanos. Pero no me importaba si me identificaban con ese concepto, porque no iba a dejar de utilizar cualquier espacio que tuviera para visibilizar esta problemática y defender los derechos de las mujeres.

Porque vivimos en un país en el que, cada hora, dos mujeres son violadas;
Porque todavía caminamos por las calles con miedo a no regresar a casa;

Porque alzar la voz sigue siendo un acto de valentía y riesgo;
Porque una mujer aún gana 16 % menos que un hombre por realizar la misma labor;

Porque 60% de los puestos de Alta Dirección siguen siendo territorio exclusivamente masculino;
y por muchas razones más que gritan justicia en silencio.

Fue así como el 8M comenzó a sentirse como un segundo cumpleaños, una fecha muy especial: un día de memoria y lucha. Representa para mí un recordatorio de lo lejos que estamos de vivir en un país justo y seguro para nosotras, y al mismo tiempo me enorgullece ver lo mucho que hemos avanzado. Se lo dedico a todas las mujeres valientes que he conocido en este camino; su ejemplo me ha inspirado a ser quien soy y me impulsa a seguir participando y a exigir con más fuerza nuestros derechos.

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No es estrategia, es abuso. Bloquear no es gobernar.

La violencia política no siempre grita: a veces bloquea, cancela y castiga desde el poder. Carli Castillo reflexiona sobre los abusos que debilitan la democracia.

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Es marzo de nuevo, y con ello nos llenamos de activismo, de consignas y de sentimientos encontrados rumbo al 8M. Es un mes que invita a revisar lo que hemos avanzado y lo que aún duele. Y en este contexto quiero hablar de un tema que muchas veces se toma con cautela, pero que merece decirse con claridad: la violencia política no está bien.

Primero vamos a reconocer lo evidente: la violencia política contra las mujeres en razón de género existe. Está documentada, está tipificada y la viven muchas mujeres que participan en la vida pública (muchas lo hemos vivido en carne propia). Negarlo es irresponsable.

Pero también es cierto que la violencia política no siempre tiene una motivación de género. Hay mujeres —y hombres— que enfrentan descalificaciones, limitaciones, agresiones, ataques y muchas cosas más por el simple hecho de participar, opinar o tomar decisiones en el espacio público. Y eso tampoco está bien.

La política implica debate, contraste, competencia. Quienes estamos dentro de la vida pública lo sabemos: sabemos que hay resistencias, oposición, cuestionamientos. Todo esto es parte de la democracia y está bien, es sano.

Aprueba la Comisión Permanente del Congreso de la CDMX celebrar un Periodo Extraordinario virtual

Pero una cosa es debatir… y otra muy distinta es obstaculizar.

No es debate cuando te bajan tu publicidad o te bloquean tu propaganda como forma de intimidación o presión.

No es competencia que impidan el diálogo con la ciudadanía, que existan amenazas.

No es diferencia política que se prohíba a funcionarios atender gestiones por filias o fobias personales.

No es normal que alguien no pueda tener espacios dignos de trabajo simplemente porque “no cae bien” a quien tiene el poder.

Y mucho menos es aceptable condicionar la nómina o el sustento por caprichos.

Esto NO es estrategia política. Es abuso de poder. Es violencia.

Cuando se utilizan herramientas administrativas, recursos públicos o estructuras institucionales para castigar, aislar o debilitar a alguien por razones políticas, ya no estamos frente a una competencia democrática. Estamos frente a prácticas que lastiman a la democracia, no importan los colores ni los cargos.

La política no puede convertirse en un sistema de premios y castigos personales.

Porque cuando se normaliza que el acceso a espacios, información, recursos o gestiones dependa de simpatías, dejamos de hablar de instituciones y empezamos a hablar de feudos. Y los feudos no construyen democracia.

Estas prácticas no solo afectan a quien las vive, afectan también a la ciudadanía. Cada obstáculo impuesto por rencor, por presión o por “cálculo político” retrasa soluciones, bloquea gestiones y frena proyectos que podrían beneficiar a la comunidad.

La violencia política también es calladita, también opera en silencio: en la llamada que cancela un apoyo, en la llamada que vacía un evento, en la instrucción informal que cierra puertas, en el “no le ayuden” que circula en los pasillos.

Lucha contra la violencia política de género - Gaceta Políticas

Esto debe señalarse también.

Si queremos una política más ética, tenemos que empezar por rechazar estas prácticas, sin importar de dónde vengan. Porque la democracia no se defiende solo en los discursos o solo señalando a otros, sino en la forma en que ejercemos el poder todos los días.

Podemos competir, podemos disentir, podemos ganar y perder. No podemos usar las instituciones para ajustar cuentas personales. Cruzar esa línea nos debilita a todxs.

La democracia no es un favor que alguien concede, es un derecho que se ejerce.

Quien usa el poder para callar, bloquear o castigar, no está haciendo política: está debilitando las instituciones que juró respetar.

No importan los colores.
No importan los cargos.

Marzo nos recuerda la lucha por la igualdad y la dignidad. Pero la dignidad no es selectiva: o defendemos la democracia para todxs, o la estamos debilitando para todxs.

Ángel de la Independencia in Mexico City - See the Iconic Victory Column - Go Guides

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