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#Opinión

México y FITUR 2026: una presencia que redefine el turismo global

México llega a FITUR 2026 como país invitado 🌍✈️
Turismo, inversión y diplomacia económica para redefinir su papel global.

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La Feria Internacional de Turismo (FITUR) 2026 vuelve a situar a Madrid como el gran punto de convergencia de la industria turística mundial. En esta edición, México ocupa un lugar central al participar como país invitado, una distinción que va más allá del reconocimiento simbólico y se traduce en una oportunidad estratégica para fortalecer su posicionamiento internacional, atraer inversión y consolidar al turismo como uno de los motores clave del desarrollo económico nacional.

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Con la participación de más de 160 países, miles de empresas y los principales tomadores de decisiones del sector, FITUR se confirma como un espacio donde se define el rumbo del turismo global. Para México, esta plataforma representa una vitrina de alto impacto desde la cual proyectar su diversidad cultural, natural y gastronómica, pero también su capacidad institucional, su talento empresarial y su visión de largo plazo en materia de sostenibilidad, innovación y cooperación internacional.

La delegación mexicana es encabezada por la secretaria de Turismo, Josefina Rodríguez Zamora, quien ha destacado que esta edición de FITUR marca un punto de inflexión para la proyección de la marca país. Su presencia responde a una estrategia clara: diversificar mercados, fortalecer la conectividad y posicionar a México como un destino competitivo y confiable en un entorno global cada vez más complejo. En esta labor, el embajador de México en España, Quirino Ordaz Coppel, ha sido un actor clave para reforzar los vínculos diplomáticos, comerciales y culturales entre ambos países, acompañando una agenda intensa de encuentros con líderes empresariales e institucionales.

En el ámbito internacional, FITUR 2026 reúne a líderes gubernamentales, organismos multilaterales y directivos de las principales empresas del sector, quienes centran la discusión en los grandes desafíos del turismo contemporáneo: sostenibilidad, digitalización, innovación, resiliencia y adaptación a los cambios geopolíticos y económicos. En este contexto, México se presenta como un actor sólido, con una oferta diversa y una narrativa que apuesta por el crecimiento con responsabilidad social y ambiental.

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En esta ocasión, participa una delegación de jóvenes empresarios del Consejo Nacional de Jóvenes Pro México (CONAJOMX), encabezada por Ronaldo Elías Águila y José Luis Larre. Su presencia en FITUR no es testimonial, sino parte de una agenda orientada a generar oportunidades concretas de negocio y cooperación internacional. Como primer paso, sostuvieron una reunión con Banco Caixabank, enfocada en explorar esquemas de financiamiento y colaboración para proyectos mexicanos con proyección internacional.

En el marco de FITUR 2026, se llevó a cabo la inauguración oficial de CONAJOMX España, con sede en el centro de Madrid, un movimiento estratégico que busca consolidar una red permanente de jóvenes empresarios. La agenda continuará con su participación en el Foro Empresarial “Cooperación e Inversión México–España”, en colaboración con IE University, donde se abordarán temas clave como innovación, emprendimiento y desarrollo empresarial. Asimismo, los jóvenes empresarios estarán presentes en la inauguración oficial de FITUR en IFEMA Madrid, fortaleciendo su vinculación con los actores más influyentes del sector turístico y empresarial.

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Otro momento relevante será la presentación de la revista Quiubolé en el Hotel Ritz Mandarin Oriental de Madrid, un encuentro concebido para proyectar el talento, la creatividad y la visión de una nueva generación de líderes mexicanos en un escenario internacional de alto nivel. La agenda culminará con una reunión empresarial en el Principado de Asturias, región estratégica por su tradición industrial, su diversificación productiva y su papel logístico en el norte de España, donde se buscará establecer vínculos de cooperación e inversión con empresarios locales.

La participación de México en FITUR 2026 confirma que el turismo hoy es mucho más que promoción de destinos: es una herramienta de diplomacia económica, de construcción de alianzas y de generación de oportunidades reales para el desarrollo.

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Alejandra Cerecedo Constantino es una destacada profesional en comunicación y política en México, con una Licenciatura en Publicidad y Relaciones Públicas por la Universidad Veracruzana (UV) y una Maestría en Comunicación Política y Pública por la Universidad Panamericana (UP). Actualmente, es Directora Nacional de Comunicación en la Confederación Nacional de Jóvenes Mexicanos (CONAJOMX) y asesora de comunicación en el Senado de la República, donde usa su experiencia para fortalecer la comunicación institucional y pública.

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#Opinión

El 8M y el oportunismo

El feminismo no es una campaña de marketing. En su nueva columna, Valeria Martínez reflexiona sobre la mercantilización del 8M y la necesidad de transformar la rabia en verdadera emancipación política.

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Hablar de feminismo en singular es una tremenda omisión ante la diversidad de tendencias, posturas y disputas que lo atraviesan. Para intentar atender esta omisión, considero que debe abordarse desde un punto de vista claro: lo político es un espacio de poder y de conflicto. Para ello es fundamental retomar la visión de Marta Lamas, quien en Dolor y política concibe al feminismo, con todas sus diferencias internas, como una propuesta de emancipación. Con frecuencia encuentro en los discursos mediáticos o de mera difusión un sesgo que denota falta de sentido crítico y mucho de mercantilización (Lamas, 2019).

The Women's Day marches happening in Mexico on March 8

Ante tal afirmación no puedo estar más de acuerdo. El movimiento feminista no es ajeno al oportunismo. Cada año vemos, en marzo, a empresas, gobiernos o partidos políticos apropiarse del discurso feminista sin siquiera discutir o poner sobre la mesa el debate de cómo trastocar y acabar con las estructuras que legitiman las violencias y desigualdades contra mujeres y niñas.

El simbolismo no transforma de fondo, y menos cuando el capitalismo utiliza de manera sistémica al género como un eje estructurante de la desigualdad en las sociedades capitalistas. Persisten estructuras que siguen perpetuando y legitimando desigualdades que se manifiestan en brechas salariales y en brechas de acceso al poder, sin que se cuestionen las estructuras de poder patriarcal.

Nos encontramos en medio de una auténtica crisis capitalista, de profunda gravedad, sin una teoría crítica que la esclarezca y mucho menos que nos conduzca hacia una resolución emancipatoria.

Por ello, toda acción que siga reproduciendo el “empoderamiento” individualizado —sin una auténtica emancipación de las mujeres— resulta limitada. La emancipación es una aspiración más amplia: más que reclamar el poder, implica liberarse de cualquier forma de subordinación, tutela o dependencia, como lo planteaban los feminismos anticapitalistas.

Mexican Women Protest Femicides as President Warns Against Violence - The  New York Times

Wendy Brown afirma que el capitalismo reconfigura todos los aspectos de la vida, incluso los mensajes feministas, en términos económicos. Y aun en el caso de las privilegiadas que supuestamente estaban “empoderadas”, muy pocas lograron emanciparse del mandato cultural de la feminidad.

Mientras tanto, instituciones, partidos, empresas y marcas ocupan marzo para sus fines oportunistas. Como asegura Nancy Fraser, una de las peculiaridades del capitalismo es que trata sus relaciones sociales estructurantes como si fueran meramente económicas y apela a divisiones de estatus y resentimientos para desactivar, desplazar o incluso fomentar crisis políticas (Fraser, 2022).

Por lo pronto, analizar procesos culturales no significa justificarlos. Es un ejercicio intelectual que nos permite encontrar herramientas y vías para cambiar aquello que nos hiere, y no solamente reprobarlo. Para quienes marcharemos el domingo, saldremos a defender la alegría y el derecho a habitar el espacio público, un derecho que nos ha sido despojado por la cotidianidad violenta, desde lo más micro hasta lo político.

Thousands of feminists march in Mexico City: 'I am scared to simply be a  woman in Mexico' - Los Angeles Times

Salir a las calles con un grito enfurecido, con anhelos y denuncias llenas de dolor y rabia, es el reflejo de un síntoma mayor: el de violencias que estructuran nuestras relaciones políticas, económicas y con el territorio. Salir a la calle, hacer política y desplegar en el espacio público nuestros cuerpos, nuestras emociones y nuestras palabras es uno de los actos más profundos de disputa por el poder.

Ocupar el espacio público cada 8M es una protesta legítima. Lo deseable es que esta rabia y este dolor puedan transformarse y reflejarse en una eficacia política que nos aleje del empoderamiento —mercantilizado— y nos acerque a una auténtica emancipación.

Valeria Martínez Guzmán

Concejala en Venustiano Carranza

Lic. en Derecho UNAM

 

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8m: Mi Historia de activismo por los derechos de las mujeres

A seis años de impulsar la Ley Olimpia en Baja California, Marlene Grajeda comparte cómo esa experiencia marcó su activismo y por qué el 8M sigue siendo memoria, lucha y exigencia de justicia. 💜

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Hace seis años formé parte de una colectiva llamada Defensoras Digitales de Baja California. Era marzo de 2020 y estábamos promoviendo la aprobación de la Ley Olimpia en el estado. Esta ley impulsada por Olimpia Coral Melo agrupa reformas en México que tipifican y sancionan la violencia digital, especialmente la difusión de contenido íntimo sin consentimiento; para así proteger la dignidad de las víctimas (principalmente mujeres), con penas de 3 a 6 años y multas a los agresores.

Llegué a ese espacio muy naturalmente, entré por curiosidad y porque me parecía muy necesario y urgente que la Ley Olimpia se aprobara en mi estado.

Durante el tiempo que participé socializando esta propuesta legislativa, capacitándome sobre violencia digital y todo lo relacionado con el tema, aprendí mucho más que el fondo de la iniciativa. Aprendí sobre feminismo, sororidad y la lucha por los derechos de las mujeres; sobre seguridad, igualdad de oportunidades y sobre pertenecer a espacios de diálogo y toma de decisiones.

En julio de ese mismo año se aprobó la Ley Olimpia en el Congreso del Estado de Baja California. Mis compañeras y yo vimos la sesión como otros ven el Mundial: era lo más importante para nosotras en ese momento y no podíamos contener nuestra emoción al ver que, gracias a nuestro trabajo y esfuerzo se había aprobado en el Congreso de nuestro estado. Después de vivir esa experiencia, se me abrieron por completo los ojos ante la situación de injusticia, impunidad y desesperación que viven las víctimas de delitos; ya no hubo vuelta atrás.

En esos tiempos aún estaba muy popularizado el término “feminazi”, con el que se referían a las mujeres que simplemente exigían sus derechos humanos. Pero no me importaba si me identificaban con ese concepto, porque no iba a dejar de utilizar cualquier espacio que tuviera para visibilizar esta problemática y defender los derechos de las mujeres.

Porque vivimos en un país en el que, cada hora, dos mujeres son violadas;
Porque todavía caminamos por las calles con miedo a no regresar a casa;

Porque alzar la voz sigue siendo un acto de valentía y riesgo;
Porque una mujer aún gana 16 % menos que un hombre por realizar la misma labor;

Porque 60% de los puestos de Alta Dirección siguen siendo territorio exclusivamente masculino;
y por muchas razones más que gritan justicia en silencio.

Fue así como el 8M comenzó a sentirse como un segundo cumpleaños, una fecha muy especial: un día de memoria y lucha. Representa para mí un recordatorio de lo lejos que estamos de vivir en un país justo y seguro para nosotras, y al mismo tiempo me enorgullece ver lo mucho que hemos avanzado. Se lo dedico a todas las mujeres valientes que he conocido en este camino; su ejemplo me ha inspirado a ser quien soy y me impulsa a seguir participando y a exigir con más fuerza nuestros derechos.

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No es estrategia, es abuso. Bloquear no es gobernar.

La violencia política no siempre grita: a veces bloquea, cancela y castiga desde el poder. Carli Castillo reflexiona sobre los abusos que debilitan la democracia.

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Es marzo de nuevo, y con ello nos llenamos de activismo, de consignas y de sentimientos encontrados rumbo al 8M. Es un mes que invita a revisar lo que hemos avanzado y lo que aún duele. Y en este contexto quiero hablar de un tema que muchas veces se toma con cautela, pero que merece decirse con claridad: la violencia política no está bien.

Primero vamos a reconocer lo evidente: la violencia política contra las mujeres en razón de género existe. Está documentada, está tipificada y la viven muchas mujeres que participan en la vida pública (muchas lo hemos vivido en carne propia). Negarlo es irresponsable.

Pero también es cierto que la violencia política no siempre tiene una motivación de género. Hay mujeres —y hombres— que enfrentan descalificaciones, limitaciones, agresiones, ataques y muchas cosas más por el simple hecho de participar, opinar o tomar decisiones en el espacio público. Y eso tampoco está bien.

La política implica debate, contraste, competencia. Quienes estamos dentro de la vida pública lo sabemos: sabemos que hay resistencias, oposición, cuestionamientos. Todo esto es parte de la democracia y está bien, es sano.

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Pero una cosa es debatir… y otra muy distinta es obstaculizar.

No es debate cuando te bajan tu publicidad o te bloquean tu propaganda como forma de intimidación o presión.

No es competencia que impidan el diálogo con la ciudadanía, que existan amenazas.

No es diferencia política que se prohíba a funcionarios atender gestiones por filias o fobias personales.

No es normal que alguien no pueda tener espacios dignos de trabajo simplemente porque “no cae bien” a quien tiene el poder.

Y mucho menos es aceptable condicionar la nómina o el sustento por caprichos.

Esto NO es estrategia política. Es abuso de poder. Es violencia.

Cuando se utilizan herramientas administrativas, recursos públicos o estructuras institucionales para castigar, aislar o debilitar a alguien por razones políticas, ya no estamos frente a una competencia democrática. Estamos frente a prácticas que lastiman a la democracia, no importan los colores ni los cargos.

La política no puede convertirse en un sistema de premios y castigos personales.

Porque cuando se normaliza que el acceso a espacios, información, recursos o gestiones dependa de simpatías, dejamos de hablar de instituciones y empezamos a hablar de feudos. Y los feudos no construyen democracia.

Estas prácticas no solo afectan a quien las vive, afectan también a la ciudadanía. Cada obstáculo impuesto por rencor, por presión o por “cálculo político” retrasa soluciones, bloquea gestiones y frena proyectos que podrían beneficiar a la comunidad.

La violencia política también es calladita, también opera en silencio: en la llamada que cancela un apoyo, en la llamada que vacía un evento, en la instrucción informal que cierra puertas, en el “no le ayuden” que circula en los pasillos.

Lucha contra la violencia política de género - Gaceta Políticas

Esto debe señalarse también.

Si queremos una política más ética, tenemos que empezar por rechazar estas prácticas, sin importar de dónde vengan. Porque la democracia no se defiende solo en los discursos o solo señalando a otros, sino en la forma en que ejercemos el poder todos los días.

Podemos competir, podemos disentir, podemos ganar y perder. No podemos usar las instituciones para ajustar cuentas personales. Cruzar esa línea nos debilita a todxs.

La democracia no es un favor que alguien concede, es un derecho que se ejerce.

Quien usa el poder para callar, bloquear o castigar, no está haciendo política: está debilitando las instituciones que juró respetar.

No importan los colores.
No importan los cargos.

Marzo nos recuerda la lucha por la igualdad y la dignidad. Pero la dignidad no es selectiva: o defendemos la democracia para todxs, o la estamos debilitando para todxs.

Ángel de la Independencia in Mexico City - See the Iconic Victory Column - Go Guides

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