#Opinión

La oposición se está equivocando: su fortaleza no viene de los errores del oficialismo

En un país cansado de la confrontación, lo que se exige no es ruido… sino utilidad política real.

Publicado

en

Hace unos días, escuché una declaración que retrata de cuerpo entero lo perdida que se encuentra gran parte de nuestra clase política. En una entrevista, se le preguntó a una figura política de la oposición en la CDMX su opinión sobre una “mala” decisión que recién había tomado la dirigencia nacional del partido oficialista. Ante ello, esta persona declaró, casi con tono triunfalista: “Nos está haciendo un favor, porque esa decisión los debilita a ellos y a nosotros nos fortalece”. Ahí es, precisamente, donde la oposición se está equivocando.

Existe una falsa creencia de que la política funciona como un juego de balanza, donde el tropiezo de uno es el triunfo automático del otro. La realidad institucional es mucho más compleja: la debilidad del oficialismo no implica, de manera directa, el fortalecimiento de la oposición; mucho menos si esta no representa una alternativa real que contraste con las malas prácticas del partido en el poder. Si la oposición solo se ciñe a denunciar y señalar, se está quedando corta. La ciudadanía puede, legítimamente, indignarse y reclamar; sin embargo, los partidos políticos —que cuentan con medios y recursos públicos destinados específicamente para hacer política— no pueden limitarse a ser simples cajas de resonancia. La exigencia para un partido, y más aún si se asume como alternativa de gobierno, debe ir mucho más allá. El señalamiento y la queja déjenselos a la sociedad civil; a la clase política le toca ofrecer propuestas, estructura y soluciones. Eso es exactamente lo que la ciudadanía quiere..

Si queremos sacar a este país adelante, debemos dejar de ver la política como un simple campo de batalla. La teoría política contemporánea, en voz de pensadores como Giovanni Sartori, advierte sobre el peligro de convertirse en una mera “oposición reactiva“. Una oposición que solo reacciona ancla su existencia a la agenda del gobierno y carece de un propósito propio.

La oposición tiene que abrir su panorama y construir un proyecto alternativo que visibilice y dé voz a todo lo que el oficialismo trata de invisibilizar, pero no para denunciarlo solamente, sino para solucionarlo, para atenderlo, para organizarlo. La oposición tiene que dejar de verse como una fuerza reactiva y empezar a verse como una fuerza alternativa.

Las y los mexicanos no quieren peleas, quieren soluciones; quieren alternativas. La debilidad del partido en el gobierno no es necesariamente la fortaleza de la oposición; solo lo es cuando la oposición contrasta en sus hechos (en los lugares donde gobierna) con lo que hace mal el oficialismo. Pero si ambos, oposición y oficialismo, actúan igual, se enfrascan en la misma estridencia y cometen los mismos errores, lo único que hacen es sembrar desesperanza en la ciudadanía.

Es verdad que los partidos políticos tienen una función esencial: ganar elecciones. Pero esa es una visión muy reducida, porque le falta lo esencial: ganar elecciones… ¿para qué? Los partidos, todos sin excepción, tienen que recuperar sus espacios de reflexión y de filosofía política. Se requiere menos pragmatismo y más estadismo.

Ver debates políticos hoy resulta estresante y triste: casi toda y todo actor político orienta sus líneas a la estridencia y a la denuncia, y muy pocos hacia la reflexión y la solución. Son debates estériles que no buscan el consenso ni la construcción de proyectos de Estado, sino el descarte del adversario.

¿Todavía se preguntan en las cúpulas partidistas por qué hay cerca de un 40% de mexicanas y mexicanos que no votan?

Las cifras oficiales del INE sobre la pasada elección presidencial de 2024 son el reflejo de este hartazgo: la participación ciudadana se estancó en 61.04%. Esto significa que casi el 39% del electorado a nivel nacional decidió abstenerse. Ese es el verdadero partido mayoritario: el de la desilusión.

Dar un paso más allá significa construir no sobre el error del adversario, sino sobre la solución que requiere nuestro país. La clava no está en ser mejor que el otro partido; la clave es es ser más útil a México.

Los mejores políticos no son los más votados; los mejores políticos son los que más resuelven.

Lo más visto

Salir de la versión móvil