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#Opinión

El verdadero impuesto de la influencia

El problema no es cuánto pagan los más ricos, sino cuánto poder compra su riqueza. Cuando el patrimonio pesa más que el voto, la democracia se debilita.

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Durante las últimas semanas, los temas fiscales han dejado de ser asunto exclusivo de especialistas para instalarse, con inusual protagonismo, en la conversación pública. El caso de Ricardo Salinas Pliego y la discusión en torno a las obligaciones tributarias de ciertos grandes empresarios han reactivado una vieja pregunta: ¿pagan suficientes impuestos los más ricos? Pero la verdadera interrogante es otra: la desigualdad y el gasto público.

La mansión y el rascacielos, un debate urbano que divide a a la ciudad de  México. - The New York Times

La pregunta sobre si los más ricos pagan suficientes impuestos suele presentarse como un debate técnico, una conversación de economistas, contadores y funcionarios de Hacienda que se resuelve entre porcentajes, tablas progresivas y deducciones autorizadas. Pero cada vez resulta más evidente que no estamos frente a un problema fiscal, sino institucional.

No se trata únicamente de cuánto contribuyen quienes más tienen, sino de cuánto poder político puede comprar esa contribución.

El principio de equidad tributaria, que en términos jurídicos se traduce como la obligación de aportar conforme a la capacidad económica, no es solo un gesto de justicia social: es un mecanismo de estabilidad democrática. Cuando ese principio se debilita, lo que entra en crisis no es la recaudación, sino la legitimidad del Estado para redistribuir cargas y beneficios sin parecer rehén de intereses privados.

México recauda poco, sí, pero sobre todo recauda mal.

Una parte considerable de los ingresos públicos proviene de impuestos al consumo, que pagan de manera proporcional más quienes menos tienen. Mientras tanto, los grandes patrimonios encuentran estructuras para optimizar su carga fiscal. El resultado no es solo desigualdad económica, sino una asimetría política cada vez más difícil de ignorar: el voto vale lo mismo, pero el patrimonio pesa más.

La fotografía de la desigualdad: 3 millones de hogares sobreviven con 90  pesos al día | Arena Pública

Y cuando el patrimonio empieza a pesar más que el voto, la democracia deja de ser representativa para volverse competitiva… pero no entre partidos, sino entre niveles de ingreso.

No es casualidad que los debates sobre impuestos a herencias, grandes fortunas o ganancias extraordinarias suelan descartarse bajo el argumento de que “espantan la inversión”. La inversión, en este caso, parece tener una sensibilidad particular: huye del impuesto, pero no de la influencia, porque en la práctica, la acumulación sin contrapesos no solo incrementa la riqueza, sino su capacidad para incidir en decisiones públicas.

Financiar campañas, litigar reformas, moldear regulaciones o condicionar mercados no requiere mayoría legislativa, sino liquidez. Desde luego, nadie propone que el éxito económico deba penalizarse, pero sí que su traducción en poder político tenga límites.

El problema, entonces, no es si los más ricos pagan suficientes impuestos.
El problema es si su riqueza puede comprar suficiente poder como para decidir cuánto quieren pagar.

Porque, en una democracia funcional, las leyes fiscales deberían ser el resultado del interés público.
No su precio.

Votar o no votar: México enfrenta el dilema final ante la inminente  elección judicial | EL PAÍS México

Licenciada en Derecho con experiencia en temas electorales y comunicación política. Desde mis primeros pasos en órganos electorales descubrí el pulso de la política desde dentro: campañas, estrategias y narrativas que definen el rumbo de un país. He trabajado en campañas presidenciales, en oficinas de comunicación y en la creación de espacios informativos con formatos distintos, donde la política no solo se explica, se entiende y se cuestiona. Hoy soy parte de una productora que busca transformar el contenido en algo que vaya más allá de una pantalla: experiencias que conecten, informen y provoquen conversación. Me apasiona hablar de política, pero también de las problemáticas sociales que solemos evadir. Creo que para resolver algo primero hay que atrevernos a verlo de frente, con pensamiento crítico, ironía y, a veces, una dosis de humor para digerir la realidad.

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Nostalgia: el regalo escondido de los recuerdos

La nostalgia no es solo mirar al pasado con añoranza; es un recordatorio de que los momentos que hoy parecen comunes serán los recuerdos más valiosos del mañana. Vivir plenamente el presente es la mejor forma de construir una vida digna de ser recordada.

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Este texto nos invita a vivir el presente con mayor conciencia e intensidad, porque los momentos que hoy parecen cotidianos serán los recuerdos que mañana atesoraremos. La nostalgia no solo nos habla de lo que fue, sino que nos recuerda el valor de lo que estamos viviendo. Al final, la mejor forma de construir recuerdos maravillosos es aprender a habitar plenamente el aquí y el ahora.

Nostalgia, tiempo, recuerdos, presente, memoria, conciencia, gratitud, familia, amor, presencia

La vida solo puede ser comprendida mirando hacia atrás, pero ha de ser vivida mirando hacia adelante.” Søren Kierkegaard

Hay emociones que llegan sin avisar.

Basta una canción, el aroma de un platillo, una fotografía olvidada o ver a una madre caminar de la mano de sus hijos pequeños para que, de pronto, el corazón viaje muchos años atrás.

contento madre es caminando con su hijos en parque. ellos son participación  manos y disfrutando verano día. 26649132 Foto de stock en Vecteezy

A esa emoción la llamamos nostalgia.

La nostalgia son esos dulces recuerdos que, por un instante, quisiéramos volver a vivir. Es mirar hacia atrás y pensar: “Qué bonito era aquel tiempo.” Sin embargo, hay algo curioso. Mientras vivimos esos momentos que hoy extrañamos, muchas veces no éramos conscientes de lo valiosos que eran.

Recuerdo que cuando mis hijos eran pequeños deseaba que crecieran rápido. Vivía con el temor constante de que pudiera pasarles algo. Entre las desveladas, el trabajo, las responsabilidades de la casa y el cansancio de cada día, muchas veces no me daba el tiempo de disfrutar el momento.

Hoy cada uno ha construido su propia vida. Me llena de felicidad verlos felices, independientes y realizando sus sueños. No cambiaría eso por nada. Pero, de vez en cuando, aparece la nostalgia.

Extraño llevar a mi hija a la escuela, extraño acompañar a mi hijo mientras practicaba con su patineta. Cierro los ojos y puedo volver a ver sus rostros, escuchar sus risas y sentir la alegría de aquellos días.

Y entonces me pregunto:

¿Por qué queremos regresar a un momento que ya pasó?

Quizá porque la nostalgia tiene una forma muy especial de enseñarnos aquello que, mientras sucedía, no alcanzábamos a valorar completamente.

A veces aparece cuando escuchamos una canción. Otras veces cuando vemos a unos padres disfrutando de sus hijos pequeños. Por eso, en muchas de mis sesiones de terapia suelo decirles a los padres:

“Aprovechen cada momento. El tiempo pasa mucho más rápido de lo que imaginamos. Un día, sin darnos cuenta, esos niños habrán crecido y ustedes descubrirán que aquello que parecía cotidiano era, en realidad, extraordinario.”

La nostalgia también nos recuerda algo inevitable: nuestros padres envejecen, nosotros también, y la vida sigue avanzando. Pero entonces surge una pregunta importante:

¿Cómo convertir la nostalgia en un dulce recuerdo y no en una tristeza permanente?

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Quizá la respuesta esté en recordar cada día que no somos eternos. Lo único seguro es que todo pasa, pasan los problemas, pasan las preocupaciones, pasan las etapas difíciles.

Pero también pasan los abrazos espontáneos, las cenas familiares, las conversaciones sencillas, las risas inesperadas y esos momentos que creemos que siempre estarán ahí.

Cuando entendemos que todo es temporal, comenzamos a vivir con mayor presencia.

Abrazamos un poco más fuerte, escuchamos con mayor atención, decimos “te quiero” con más frecuencia. Dejamos el teléfono por unos minutos para mirar realmente a quienes amamos.

Entonces la nostalgia deja de ser únicamente un recuerdo del pasado y se convierte en una maestra del presente.

Porque, probablemente, mientras lees estas líneas, ya estás viviendo los recuerdos que algún día volverás a extrañar.

Quizá dentro de diez o veinte años recordarás este mismo día y pensarás: “Cómo me gustaría volver por un momento.”

Y preguntarnos:

¿Estoy disfrutando lo suficiente este instante que mañana podría convertirse en mi más hermosa nostalgia?

La nostalgia no existe para encerrarnos en el ayer. Existe para recordarnos que hubo momentos maravillosos… y para invitarnos a que los momentos que vivimos hoy también merezcan ser recordados con el mismo amor.

Porque, al final, la mejor manera de honrar nuestros recuerdos no es intentando volver a ellos, sino viviendo el presente con la conciencia de que este instante también es hermoso.

“La nostalgia no nos invita a regresar al pasado; nos recuerda que el presente de hoy será el recuerdo más valioso del mañana. Por eso, la mejor forma de agradecer la vida es vivirla plenamente mientras sucede.”

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#Opinión

La justicia muere en el Ministerio Público

La justicia no siempre muere en los tribunales. Muchas veces se rompe antes, entre expedientes, burocracia y omisiones.

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Cuando uno estudia Derecho, una de las primeras cosas que aprende es que al Ministerio Público también se le conoce como la representación social. El nombre no es casualidad. En teoría, el agente del Ministerio Público no representa al gobierno ni a un funcionario en particular; representa a la sociedad. Su responsabilidad es investigar los delitos, proteger a las víctimas, perseguir a los responsables y procurar que la ley se aplique.

Pero hay una imagen que siempre vuelve a mi cabeza cuando pienso en nuestro sistema de justicia.

La primera vez que entré al edificio de la Suprema Corte de Justicia de la Nación hubo algo que me impactó mucho más que la arquitectura o la solemnidad del recinto. Fue el mural Un clamor por la justicia, de Rafael Cauduro.

Rafael Cauduro, el muralista solitario que caminó a un costado de sus  contemporáneos | EL PAÍS México

Recuerdo haberme quedado varios minutos observándolo, prácticamente en shock. Es imposible permanecer indiferente frente a esa obra. Cauduro no pintó una justicia triunfante ni idealizada; pintó el dolor de un sistema que falla. A lo largo del mural aparecen personas privadas de su libertad, víctimas que parecen implorar ayuda, expedientes que se acumulan sin fin y seres humanos atrapados dentro de las gavetas de archivo, como si la burocracia terminara devorándolos.

Hay una escena que siempre me ha parecido especialmente inquietante. Se observa a un grupo de hombres sometiendo violentamente a una persona. Algunos parecen policías; otros podrían ser simplemente captores. Cauduro nunca deja claro dónde termina la autoridad y dónde comienza el verdugo. Esa ambigüedad es, quizá, una de las partes más poderosas del mural, porque obliga al espectador a preguntarse qué ocurre cuando quienes tienen el deber de proteger terminan pareciéndose a quienes deberían combatir.

Es imposible no pensar en una de las etapas más oscuras de la procuración de justicia en México. Durante décadas, prácticas como el tehuacanazo (un método de tortura utilizado para arrancar confesiones mediante agua mineral con gas vertida por la nariz y la boca), las detenciones arbitrarias y los abusos de autoridad formaron parte de la realidad de muchas investigaciones penales. Aquellos excesos quedaron asociados a la figura de los llamados “judiciales”, un personaje que trascendió las corporaciones para convertirse en un símbolo de los abusos del Estado.

Suprema Corte de Justicia de la Nación – Lighteam Gustavo Aviles

Quienes crecimos en México también crecimos escuchando hablar de ellos. Aparecían en películas, en los noticieros y en las conversaciones familiares como agentes vestidos de civil, que llegaban en vehículos sin identificar y que, para muchos ciudadanos, inspiraban más miedo que confianza. Sería injusto afirmar que todos actuaban de esa manera, pero también sería ingenuo negar que esa imagen se construyó a partir de innumerables denuncias por extorsiones, desapariciones forzadas, detenciones ilegales y actos de tortura que marcaron durante décadas la relación entre la ciudadanía y las instituciones encargadas de investigar los delitos.

Hoy las instituciones han cambiado de nombre. Existen policías ministeriales y policías de investigación con mejores procesos de formación y mayores controles. Sin embargo, la confianza no se recupera cambiando una denominación. Se construye con resultados. Cuando una mala práctica se repite durante años, termina convirtiéndose en memoria colectiva.

Eso fue precisamente lo que entendió Cauduro. Su mural no habla únicamente del pasado; es una advertencia permanente sobre lo que ocurre cuando quienes tienen la responsabilidad de procurar e impartir justicia olvidan que detrás de cada carpeta de investigación hay una persona.

Salí de la Suprema Corte convencido de que cualquier estudiante de Derecho debería detenerse unos minutos frente a ese mural antes de abrir un código o memorizar un artículo.

Con el paso del tiempo llegué a una conclusión muy personal: una reproducción de esa obra debería estar en cada agencia del Ministerio Público y en cada juzgado del país. No como un adorno, sino como un recordatorio permanente de que detrás de cada carpeta de investigación existe una víctima que decidió confiar en el Estado, una persona cuya libertad depende de una investigación bien hecha o una familia que lleva años esperando justicia.

La mayoría de los mexicanos conoce una historia así, o la ha vivido en carne propia. Personas que pasan horas esperando para presentar una denuncia y terminan regresando al día siguiente. Víctimas que son enviadas de una fiscalía a otra porque “no es competencia”. Ciudadanos que, antes siquiera de llegar con un agente del Ministerio Público, son abordados por los famosos coyotes, quienes prometen agilizar trámites o “arreglar” el asunto a cambio de dinero.

CdMx inaugura agencia del MP para población LGBTTTI- Grupo Milenio

Los datos lo confirman. Año con año, la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública muestra que más del 90 % de los delitos cometidos en México forman parte de la llamada cifra negra. Nunca se denuncian o, aun denunciándose, nunca derivan en una investigación efectiva. No porque un juez haya cerrado el caso, sino porque el sistema se rompe mucho antes.

Y aun cuando un asunto logra superar esa primera barrera y llega a un tribunal, el problema muchas veces ya está sembrado.

No son pocos los procesos penales que fracasan porque la carpeta de investigación fue integrada de manera deficiente. Actos de investigación que nunca se realizaron, entrevistas mal practicadas, errores en la cadena de custodia, peritajes incompletos o pruebas obtenidas ilegalmente terminan debilitando el caso. Después, cuando un juez determina que las pruebas son insuficientes o que el Ministerio Público no acreditó la responsabilidad del imputado, la crítica pública suele dirigirse al Poder Judicial.

Pocas veces alguien se pregunta si la investigación estuvo bien hecha desde el principio.

También hay que decirlo: las fiscalías trabajan bajo condiciones que difícilmente permiten obtener mejores resultados. Ministerios Públicos con cargas de trabajo desproporcionadas, salarios que no corresponden al enorme nivel de responsabilidad que asumen, policías de investigación insuficientes, servicios periciales saturados e instalaciones que, en muchos casos, están muy lejos de responder a las necesidades de un sistema de justicia moderno.

Nada de eso justifica la corrupción ni la negligencia, pero sí ayuda a entender por qué el sistema produce tan pocos resultados.

Quizá la gran reforma pendiente nunca estuvo únicamente en los tribunales. Siempre estuvo en las fiscalías.

como solicitar expediente al archivo judicial - derechoenmexico.mx

En profesionalizar verdaderamente a los Ministerios Públicos. En fortalecer el servicio profesional de carrera. En mejorar sus condiciones laborales. En dotar de más capacidades a las policías de investigación y a los servicios periciales. En establecer controles internos que realmente funcionen. En erradicar a los coyotes. En sancionar con firmeza a quien pida un soborno. En terminar con esa práctica de mandar al ciudadano de ventanilla en ventanilla hasta que decida rendirse. En recuperar el prestigio de una institución que nació para representar a la sociedad, no para darle la espalda.

Cada vez que recuerdo el mural de Rafael Cauduro pienso que no fue colocado en la Suprema Corte para ser admirado. Fue colocado para incomodar.

Para recordarnos que detrás de cada expediente hay una víctima, un inocente que puede perder su libertad por una investigación deficiente o una familia que sigue esperando una respuesta del Estado.

Por eso sigo creyendo que una copia de ese mural debería estar en cada agencia del Ministerio Público y en cada juzgado del país. No para decorar los muros, sino para recordar todos los días cuál es la verdadera razón de existir de las instituciones encargadas de procurar e impartir justicia.

Porque la justicia mexicana no muere cuando un juez dicta una sentencia.

Con demasiada frecuencia, muere mucho antes.

Muere en el Ministerio Público.

A qué "Justicia" se refiere la Justicia Constitucional? | Centro de  Estudios Constitucionales y Saberes Jurídicos

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La ciencia también necesita conversación

La ciencia no solo vive en los laboratorios. También está en nuestra vida cotidiana, esperando ser comprendida y compartida.

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Durante mucho tiempo pensé que las mejores conversaciones sobre ciencia ocurrían en laboratorios, congresos o reuniones académicas. Con el tiempo descubrí que estaba equivocada.

Hoy, algunas de las conversaciones más interesantes sobre ciencia ocurren en lugares mucho más cotidianos.

Suceden cuando alguien me pregunta a qué me dedico. Cuando una persona me cuenta cómo consume cúrcuma porque escuchó que tiene beneficios para la salud. Cuando un emprendedor me explica cómo produce kéfir y busca entender por qué, de un lote a otro, cambia el proceso de fermentación. Cuando alguien me dice: “Eso lo hago en mi casa, pero no sabía que tenía una explicación científica”.

Laboratorio de análisis de alimentos en Zaragoza | Infinitia

Es en esos momentos cuando recuerdo que la ciencia nunca ha estado tan lejos de las personas como solemos pensar.

La sociedad ya posee una enorme cantidad de conocimientos, experiencias y observaciones construidas a partir de la práctica cotidiana. Lo que muchas veces falta no es interés por la ciencia, sino un puente que permita conectar esas experiencias con el conocimiento generado desde la investigación.

Quizá por eso la divulgación científica ha adquirido una relevancia cada vez mayor. Hoy se reconoce que la investigación no termina cuando se publica un artículo o se presenta un resultado. El conocimiento alcanza su mayor valor cuando puede compartirse, discutirse y transformarse en una herramienta útil para la vida de las personas.

Esta visión también forma parte de los esfuerzos impulsados por la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI), que busca fortalecer la relación entre el conocimiento científico y las necesidades de la sociedad. Más que producir información, el reto consiste en lograr que ese conocimiento dialogue con las personas y contribuya a comprender y atender problemas reales.

Oportunidades del emprendedor gastronómico |Nestlé Professional

Como investigadora en Ciencias de los Alimentos, me apasiona precisamente ese espacio de encuentro. Me interesa conversar con emprendedores, productores y consumidores porque ahí la ciencia deja de ser un concepto abstracto y se convierte en algo tangible: una mejora en un proceso, una decisión mejor informada, un producto de mayor calidad o una forma distinta de comprender lo que comemos.

Con frecuencia se piensa que los investigadores existimos únicamente para generar conocimiento. Sin embargo, estoy convencida de que también tenemos la responsabilidad de compartirlo, traducirlo y ponerlo al alcance de quienes pueden beneficiarse de él.

Porque la ciencia no fue creada por personas extraordinarias para permanecer encerrada entre especialistas. Fue construida por personas para comprender el mundo que compartimos.

Quizá por eso la divulgación científica no consiste en llevar la ciencia a las personas, sino en ayudarles a reconocer que siempre ha estado ahí.

Conheça 10 palestras de mulheres incríveis e mude sua vida!

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