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El arte de vivir sabiendo que moriremos

Aceptar la muerte es aprender a vivir con conciencia. La Dra. Norma Guzmán reflexiona sobre el arte de disfrutar la vida sabiendo que termina. 🌿

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En estos días en que recordamos a quienes ya partieron, vale la pena detenernos a reflexionar sobre el sentido de nuestra propia existencia.

Uno de los puntos clave que menciona Elisabeth Kübler-Ross en su libro La rueda de la vida, acerca de la vida y la muerte, es el de vivir plenamente.

Pero, ¿cómo lograr vivir plenamente cuando cada día nos enfrentamos a diversas situaciones en las que, por naturaleza, experimentamos toda clase de emociones: miedo, tristeza, alegría, rabia, nostalgia, entre otras?

Hemos escuchado que debemos permitirnos sentir las emociones para luego dejarlas ir y continuar adelante con mayor claridad, viviendo con conciencia.

Lo que nos comparte esta autora es una invitación a vivir plenamente reconociendo la finitud de la vida. Aceptar la muerte —dice Kübler-Ross— puede ser un estímulo para buscar significado y propósito en la existencia.

En muchas ocasiones me ha resultado transformador este pensamiento: “voy a morir.” Y, efectivamente, desde esa mirada la vida adquiere otra perspectiva. Más que temerle a la muerte, pienso que hoy puedo disfrutar la vida y aceptar que nada ni nadie es para siempre.

Practico el desapego, un trabajo de todos los días. A veces lo olvido y me gana el ego o el enojo, pero la mayoría del tiempo mantengo presente esta reflexión sobre la vida y la muerte. Es probable que al final de mis días sienta miedo, pero hoy trato de aprovechar la vida lo más posible, porque, como decía Séneca, “No es que vivamos poco tiempo, sino que desperdiciamos mucho.”

Sabemos que la evolución, las generaciones y las culturas influyen en la manera en que vivimos el día a día. A menudo nos encontramos atrapados en la supervivencia: preocupados por el dinero, la salud o la inseguridad. Y olvidamos que cada día que pasa es tiempo que no volverá.

Hace poco, tomando una clase sobre el remordimiento y el arrepentimiento, a partir del libro Senza rimpianti, senza rimorsi (Sin remordimientos, sin arrepentimientos) de Simona Milanese, reflexionábamos sobre lo que realmente duele al final de la vida.

El arrepentimiento es una de las emociones más complejas del ser humano; nos invita a mirar nuestras decisiones, nuestros vínculos y nuestra forma de relacionarnos con la existencia. A través de su comprensión, podemos transformar el dolor en crecimiento y autoconocimiento.

El maestro compartió que diversos estudios con personas en fase terminal revelan los arrepentimientos más comunes antes de morir:

“Ojalá hubiera vivido de acuerdo con lo que realmente quería, y no con lo que otros esperaban de mí.”
“Ojalá no hubiera trabajado tanto.”
“Ojalá hubiera visitado más a mis padres.”
“Ojalá hubiera comprendido más a mis hijos.”
“Ojalá hubiera aprovechado el tiempo para ser músico, deportista o chef.”
“Ojalá me hubiera permitido ser más feliz.”

Estos arrepentimientos por omisión —lo que dejamos de hacer— son los que más duelen. Y nos muestran lo esencial para una vida plena: autenticidad, vínculos significativos y equilibrio entre el hacer y el ser.

Comencemos a practicarlo cada uno: ser auténticos sin temor, aceptarnos, mostrarnos sin máscaras, recuperar a las personas significativas, hacer más de lo que nos gusta, escuchar música, salir a caminar, meditar, estar en contacto con la naturaleza y, sobre todo, confiar.

Confiar en que la vida, cada día, nos muestra que siempre hay un motivo para vivir.

Hace poco compartí con un amigo una frase que me parece perfecta para recordarlo:
“Lo hermoso de la vida es buscar lo hermoso de la vida.” —Georg Lichtenberg

Quizá ese sea el verdadero sentido de honrar a quienes se han ido: aprender a vivir nosotros con más conciencia, amor y gratitud por el tiempo que nos queda.

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