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#Opinión

De buenas costumbres

Fue una semana de atlas y bajas. Sí, el Atlas se coronó por segunda vez en su historia, lo que me llevó a unas reflexiones…

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Fue una semana de atlas y bajas; sí, después de 71 años el Atlas –equipo jalisciense– se coronó por segunda vez en su historia, lo que me llevó a unas cuantas reflexiones que enlisto a continuación:

La educación empieza en casa

Muchos niños nacieron en 1952 con padres aficionados a los rojinegros de Jalisco, y de ahí les inculcaron el amor a un equipo que representaba a un sector de su sociedad que se enemistaba con uno de los clubs mas importantes del país: las chivas de Guadalajara. Lo interesante es el aguante, el amor y la fidelidad que se le tiene a un equipo sin verlo campeón una sola vez en su vida; hubo quien nació atlista y murió atlista sin verlo nunca campeón, pero leal hasta el final de sus días. Esto nos deja ver que un amor bien inculcado, valores, pasión y lealtad desde la cuna nos podrían llevar a una sociedad mas empática. Si el enfoque fuera crear mejor ciudadanía y amar al prójimo como si fuera tu equipo, tendríamos al país mas amoroso del mundo.

 

México está cambiando

Estamos dando el espaldarazo a una nueva generación que no solo se queja de todo, sino que toma acciones y no tiene miedo de decir lo que siente, piensa y cree, esto relacionado con un par de decesos lamentables para la cultura popular mexicana; sin embargo, la parte que no me agrada del todo, es la cancelación de un fallecido. Nuestro querido “chente” nació en un país joven, heredero de la cultura machista del ranchero, tuvo desafortunados momentos en sus declaraciones contra la comunidad gay (no me sé todas las insignias), tuvo unas manos que ni Maradona en los mundiales metía, pero al final del día representó a una nación; hizo cantar, reír y acompañó a los dolidos en toda fiesta y hogar tricolor.

El mismo mundo de Disney tiene cortinillas en sus películas retransmitidas de hace 20 años donde se disculpa por las burlas o comentarios racistas que hacían en ese entonces, pues el mundo está cambiando y ojalá se siga por ese rumbo, pero a los que hay que corregir es a los que vienen entrando, los que ya van de salida están celebrando una vida llena de retos: sobrevivieron a guerras, crisis, desastres naturales y un sin fin de circunstancias individuales.

También se nos fue Carmen Salinas, protagonista del cine de ficheras desde un humor muy pensado, el albur no es cosa fácil y tuvo la oportunidad de someter a hombres de su época con solo su vocabulario, representante de la clase trabajadora y querida por el legado que deja como ser humano, una rebelde adelantada a su época.

Los loquitos

Mucha libertad de pensamiento y mucha expresión de cultura y arte, pero en pleno siglo XXI hay quienes defienden un espectáculo donde humillan y asesinan a un animal; personas prepotentes que creen que ir a una corrida de toros les da cierto estatus, tal vez la clase será muy alta pero su simpatía muy baja. El máximo representante de esa gente es Gabriel Quadri, machista y burlón; un personaje de esos que México ya no necesita, además de mandar hordas de bots a golpetear en redes sociales a quienes están defendiendo la vida del toro.

Así ha sido el caso de Ana Villagrán, quien desde que comenzó su legislatura se amarró a la bandera de los derechos de los animales y ha recibido cientos de insultos, mismos que afortunadamente no han mermado su lucha.

Cada persona percibe de forma diferente la realidad, es por ello que considero que el “multiverso” existe en cada cabeza, pero esta semana entrante el universo múltiple mas esperado es el de “el hombre araña”, así que de todo corazón invito a que no quemen la película; no todos tenemos el tiempo de ir a formarnos 24 horas a una taquilla de cine, tampoco las agallas de aventarnos un tiro en la misma fila, mucho menos 25 000 pesos para pagar un boleto en reventa. Di no al “spoiler”.

Renato Schiaffino es graduado de la licenciatura en sociología, en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Desde los 19 años se dedica a la operación política; ha coordinado campañas en Baja California, Baja California Sur, Hidalgo y Ciudad de México, fue director de comunicación social en el consejo de seguridad de Chiapas, coordinador de estrategia digital en el gobierno de Manuel Velasco y director de comunicación en la Universidad Politécnica de Chiapas. Cuenta con experiencia en elaboración de guiones para televisión y también ha participado en diferentes programas televisivos. Actualmente es consultor independiente de estrategia digital.

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#Opinión

El día que el Super Bowl cantó en español

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Crecí mirando una versión de la adolescencia que no era la mía. La televisión me enseñó casilleros, suburbios perfectos y bailes de graduación que parecían universales. Tardé años en entender que no lo eran. Lo que veía no era mi identidad; era la identidad dominante.

Durante décadas, la cultura estadounidense ocupó nuestras pantallas y moldeó nuestras aspiraciones. Nos acostumbramos a vernos traducidos, adaptados o, simplemente, ausentes. Por eso, lo que ocurrió en el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl no fue solamente un show. Fue una corrección simbólica.

Credito: Apple

Bad Bunny no salió a explicar quién era. No necesitó traducción. Cantó en español en el escenario más visto del país que durante décadas impuso la narrativa cultural que consumimos desde este lado del continente.

Cada detalle del espectáculo estaba pensado para sentirnos identificados. Primero apareció Villa’s Tacos, una taquería angelina fundada por migrantes mexicanos, colocada en el centro del show como un gesto de orgullo cotidiano. Después, Emiliano Vargas, boxeador con raíces mexicanas, acompañado por el puertorriqueño Xander Zayas, recordando que el deporte también es territorio latino.

Credito: IG Emiliano Vargas

Credito: IG Emiliano Vargas

Y, por supuesto, no podía faltar la Casita, esa estructura que ha acompañado toda su gira y que funciona como un homenaje a las casas tradicionales en Puerto Rico. Más que un elemento escenográfico, es una declaración de origen, una manera de llevar la isla consigo incluso en el centro del espectáculo más mediático del mundo.

Invitar a Toñita, la dueña del Caribbean Social Club de Brooklyn, fue uno de los gestos más emotivos del espectáculo: no era una celebridad ni una figura mediática, sino una mujer que ha sostenido durante décadas un espacio de encuentro para la comunidad puertorriqueña en Nueva York. El niño dormido en las sillas, en plena celebración, pudo haber sido cualquiera de nosotros. Y cuando al final nombró a cada país del continente, el mensaje quedó claro: América somos todos.

Credito: Apple

No fue la cultura latina intentando entrar al Super Bowl.
Fue el Super Bowl entrando en territorio latino.

El recorrido musical —del reggaetón a la salsa y de ahí a las canciones de protesta— dejó claro que no se trataba solo de bailar, sino de afirmar identidad. Las críticas no tardaron en llegar. Nunca tardan cuando el centro cambia de idioma.

No rompió el récord de audiencia.
Pero rompió algo más profundo: la idea de que para estar ahí había que parecerse a alguien más.

Esta vez no imitamos. Nos mostramos.
Y el evento más importante de Estados Unidos cantó en español.

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#Opinión

El poder invisible de la cordialidad

La cordialidad no es solo amabilidad: es reconocer la dignidad del otro. Un simple “échale ganas” puede cambiar una vida. 💛✨

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La cordialidad no es opcional; es un compromiso diario con la humanidad del otro.

Quizá te has percatado de que en otros textos he hablado sobre la importancia del cuidado del otro. Hoy quiero contarte algo que viví y que nunca olvidaré.

Recuerdo que un día me sentía profundamente triste. Decidí salir a caminar al parque. Imagino que llevaba los hombros caídos, el paso lento y la mente llena de pensamientos sobre la situación que estaba atravesando. En ese momento, pasó una camioneta a mi lado y la persona que conducía me gritó: “¡Échale ganas!”.

Algo cambió en mí. De inmediato apareció una sonrisa que transformó mi emoción y me permitió sentirme diferente durante el resto del día. No supe quién era esa persona, nunca lo sabré. Pero muchas veces, a lo largo de mi vida, ese recuerdo vuelve a mí… y vuelvo a sonreír.

Qué maravilla pensar que esa persona probablemente nunca imaginó el impacto tan positivo que tendría en mi historia. Por eso te invito a reflexionar: ¿cuántas veces has impactado la vida de otros? Seguro muchas. Con lo que dices, con la forma en que miras, con cómo actúas. Una sonrisa puede cambiar un día; una palabra puede dar esperanza. Así como también una mala forma de tratar a alguien puede generar un impacto profundo: hacer que alguien se sienta poco valorado, indigno o invisible.

Tenemos una gran responsabilidad en la manera en que interactuamos día a día.

Carl Rogers escribió sobre la importancia de las relaciones interpersonales y cómo, dependiendo de la calidad de estas, podemos descubrir potenciales inimaginables en nosotros mismos. Cuando una relación está basada en empatía, aceptación y congruencia, el ser humano florece.

La cordialidad, las sonrisas y el afecto —que hoy tanta falta nos hace— podrían transformar profundamente la manera en que vivimos la violencia, el enojo y la frustración. Comprender la responsabilidad que tenemos en nuestras interacciones es un acto de conciencia.

Should You Smile In Other Countries?

Quizá para algunas personas comportarse con cordialidad sea difícil por el contexto en el que crecieron o viven. Sin embargo, tampoco podemos ignorar que tratar mal a otros también tiene un costo para quien lo hace. Poco a poco se van endureciendo, se alimentan de la vulnerabilidad del otro y se vuelven más fríos, con menor capacidad de recibir amor. Así se forma un ciclo.

Necesitamos cuestionar creencias como: “Si me la haces, la pagas”, porque lejos de solucionar algo, destruye vínculos y perpetúa el daño.

Queramos o no, todos impactamos en la vida de los demás.

Te dejo un ejercicio: piensa cómo te gustaría que hablaran de ti cuando ya no estés. ¿Cómo te gustaría ser recordado? Es falso decir que eso no importa. Claro que importa. Los seres humanos estamos hechos para convivir y relacionarnos. Y lo que nos hace verdaderamente humanos es tratarnos con empatía.

Cuidemos de no perder esa sensibilidad, porque cuando la perdemos aumentan el enojo, el resentimiento, la crueldad y la violencia.

No demos por hecho que podemos vivir sin los otros. Eso es una gran mentira. Hoy fuiste a trabajar gracias a que alguien conduce el transporte. Hoy comiste porque alguien sembró y cosechó esos alimentos. Hoy estás aquí porque hay personas que te cuidan y te aman.

La cordialidad tiene un impacto profundo. No es solo “ser amable”. Desde la filosofía, implica reconocer al otro como un ser humano valioso.

El filósofo Emmanuel Levinas hablaba de algo muy cercano a esto: el encuentro con el “rostro del otro” despierta en nosotros una responsabilidad ética. Cuando miramos verdaderamente al otro —no como objeto, sino como persona— surge una actitud de respeto, cuidado y consideración.

La cordialidad, desde esta mirada, es una disposición ética del corazón que reconoce la dignidad del otro incluso antes de cualquier norma o regla.

Y quizá, sin saberlo, un simple “échale ganas” pueda convertirse en un recuerdo que acompañe a alguien toda la vida.

The Importance of Eye Contact in Communication | Speakeasy Inc.

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El ArTE TAmBIÉN eS POLÍTICo

El arte también es político. Bad Bunny convirtió el Super Bowl en un mensaje de unión, identidad latina y amor frente al odio. 🎶🌎✨

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Este domingo 8 de febrero presenciamos uno de los espectáculos más históricos del Medio Tiempo del Super Bowl que hemos visto en años. Bad Bunny, con su autenticidad, originalidad y fuerza, nos demostró que, en tiempos de división, discriminación y odio, lo que nos une es reconocer que todos somos iguales.

El cantante puertorriqueño tuvo como invitados especiales a Ricky Martin y a Lady Gaga, una cantante estadounidense. Juntos demostraron en el escenario que el arte une y la música trasciende fronteras. Vimos cómo puso en alto a Latinoamérica, utilizando el espacio para mostrar su cultura y tradiciones en compañía de latinos que, orgullosos, bailaban y celebraban el momento.

El artista también rindió tributo a los inmigrantes y envió un poderoso mensaje de protesta contra ICE, entregando su Grammy a un niño que simbolizaba a Liam Ramos, un menor de edad que fue detenido ilegalmente por funcionarios del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas tras regresar a casa del preescolar en Minneapolis el pasado 30 de enero.
Al mismo tiempo, el momento representaba a Bad Bunny cuando era niño: el cantante se entregaba, orgulloso, el premio a sí mismo y decía: “Siempre cree en ti”, un mensaje conmovedor que todos necesitábamos escuchar.

El cierre llegó con un desfile en el que se portaban todas las banderas latinoamericanas, junto con la bandera de Estados Unidos y Canadá, simbolizando que América no es un país, sino un continente, y que todos formamos parte de él. Alzó la voz para visibilizar a cada nación diciendo:

“God Bless America. Sea Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Perú, Ecuador, Brasil, Colombia, Venezuela, Guyana, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala, México, Cuba, República Dominicana, Jamaica, Haití, Anguila, United States, Canadá and my Motherland, mi patria… Puerto Rico.”

Es ahí, en un domingo cualquiera, disfrutando de un espectáculo extraordinario, cuando nos damos cuenta de que el arte también es político.
A través de la música es posible plasmar una cultura entera ante el mundo, reflejar las problemáticas que se viven día con día, visibilizar injusticias y transmitir mensajes profundamente necesarios que, en lugar de dividir, buscan unir.

Como dijo Bad Bunny:
lo único más poderoso que el odio es el amor.

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