Síguenos en nuestras redes

#Opinión

El poder judicial: el elefante que dejó de ser invisible

Si se valida el número de legisladores para una mayoría calificada, AMLO y su sucesora podrían aprobar reformas importantes, incluyendo la reforma al poder judicial.

Publicado

en

Si el 21 de agosto de 2024 el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación valida el número de legisladores de representación proporcional necesarios para que el bloque oficialista tenga mayorías calificadas, el presidente López Obrador y su sucesora quedarían habilitados para aprobar el bloque de reformas que se ha impulsado desde palacio nacional, y entre las que la reforma al poder judicial ha cobrado mucha relevancia pública.

Edificio del Poder Judicial de la Federación

Edificio del Poder Judicial de la Federación

Desafortunadamente, ese debate en lo general ha estado polarizado, marcado por afiliaciones partidistas y no ha permitido hacer una evaluación justa sobre el estado que guarda el poder judicial, las deudas que tiene con la sociedad mexicana y los pequeños logros que se consiguieron en el siglo XXI en materia de justicia.

Mi intención en este texto, que es una primera entrega, no es desarrollar cada punto de la reforma judicial, tampoco hacer una propuesta concreta sobre el poder judicial que se necesita en el país, sino reflexionar sobre los principales planteamientos y argumentos que el oficialismo y sus voceros ha esgrimido para defenderla.

En una segunda entrega desarrollaré los planteamientos que la oposición ha utilizado para negarse a esta reforma y por qué pierde una y otra vez el debate público.

Identifico tres planteamientos principales en el oficialismo y sus voceros:

El primero es la importancia de acercar a los miembros del poder judicial con la sociedad. Es decir, atacar el elitismo judicial. Nadie que viva en México y haya transitado por el aparato de procuración y aplicación de justicia puede negar que obtener justicia es un reto casi imposible de superar, sobre todo para quienes cuentan con menos recursos. Existe suficiente evidencia sobre ello.

Accesibilidad a la justicia

Accesibilidad a la justicia

Si bien eso se debe, en gran medida, al pésimo trabajo de los ministerios públicos que, a menudo, se niegan a iniciar carpetas de investigación, están rebasados por el trabajo, mantienen altos niveles de corrupción y se rehúsan o son incapaces de investigar adecuadamente presuntos delitos; también es cierto que los impartidores de justicia han tomado decisiones en la obscuridad, al margen de la ley y sin dar cuentas a nadie.

Podría compartir datos descriptivos al respecto, pero en esta ocasión basta recordar casos tan emblemáticos como el de Florance Cassez e Israel Vallarta donde, además de los ministerios públicos, los aplicadores de justicia jugaron papeles francamente vergonzosos.

Frente a esa realidad, quienes pueden pagar una buena defensa, a menudo costosa, tienen más chances de dar seguimiento a sus casos, aportar pruebas que debería obtener el ministerio público y aspirar a un juicio justo. Por tanto, la exigencia del oficialismo respaldada por un gran pedazo del electorado mexicano sobre la necesidad de hacer más accesible el poder judicial tiene todo el sentido.

No obstante, la iniciativa presentada por el presidente no prevé una reforma a los ministerios públicos, no se interesa en hacer un diagnóstico profundo sobre los poderes judiciales locales en donde se tramita la gran mayoría de delitos (los del fuero común) y da por hecho que la selección popular de jueces, magistrados y ministros es una solución en sí misma a la poca accesibilidad de la sociedad a la justicia. Si eso fuera cierto, todos tendríamos acceso al Presidente de México, a los Senadores, Diputados y Gobernadores. Que los lectores evalúen si votar a sus representantes los ha acercado a ellos.

La selección popular de jueces, magistrados y ministros es una solución en sí misma a la poca accesibilidad de la sociedad a la justicia

La selección popular de jueces, magistrados y ministros es una solución en sí misma a la poca accesibilidad de la sociedad a la justicia

El segundo argumento del oficialismo es que con la reforma se obligará a los jueces, magistrados y ministros a dar cuentas al electorado mexicano. Se dice que, al introducir el voto popular como mecanismo de elección de los miembros del poder judicial, así como separar al consejo de la judicatura de la cúpula del poder judicial, se incentiva la rendición de cuentas por parte de los impartidores de justicia, ya que cada decisión que tomen será evaluada por el electorado y vigilada por una judicatura que no estará controlada por el propio poder judicial.  Este argumento, que en la fachada es potente, no necesariamente cumple con la finalidad de transparentar al poder judicial.

Como pasa con otros poderes del estado que ya se eligen por voto popular, los miembros de una institución no siempre ven a la ciudadanía como el actor al que deben rendir cuentas, sino más bien a quienes controlan los accesos a las candidaturas y financian las campañas. Esto es particularmente cierto en sistemas que no poseen voto obligatorio y los candidatos ganan con mayorías relativas pequeñas, por lo que controlar porciones del electorado puede asegurar triunfos minoritarios.

Además, con la iniciativa no está claro de qué manera los ciudadanos podrían conocer a los candidatos a jueces, magistrados y ministros, cómo se financiarían sus campañas, qué tipo de propuestas estarían permitidas y si realmente un ciudadano convencional asumiría los costos propios de informarse antes de votar. Todos estos son elementos fundamentales para analizar las repercusiones concretas que una reforma de este tipo pude tener.

Con esto no quiero decir que la elección no popular sino indirecta sí asegura la existencia de un poder judicial vigilado y transparente. La historia nos ha mostrado justo lo contrario. Por supuesto que la participación ciudadana es fundamental en todo sistema democrático, aunque el purismo liberal deja muy en claro que la justicia no debe estar en manos de la mayoría, también es verdad que en México la justicia solo se aparece de vez en cuándo y para unos pocos.

En este sentido, argumentar que el poder judicial funciona cuando las mayorías no se involucran es algo que podemos desechar empíricamente.

Transparencia

Transparencia

En lo que a la judicatura respecta, parece haber consenso entre los especialistas en la urgencia de separar la presidencia de la Corte de la presidencia del Consejo de la Judicatura. De esta manera se espera que la vigilancia y disciplina judicial sean imparciales y no estén distorsionadas por la influencia de ministros de la Corte sobre sentencias de magistrados y jueces atemorizados por ser castigados de manera facciosa. Ejemplos sobre esto último sobran.

Entre los casos públicos recientes resalta el que involucra a Arturo Zaldívar en presiones ilegales sobre jueces. No obstante, suponer que el verdadero problema del poder judicial reside en el control vertical que la Corte tiene sobre toda la institución es olvidar que los problemas que más afectan a la sociedad tienen que ver con delitos del fuero común que, en su mayoría, no están relacionados con temas políticamente sensibles.

El tercero, esgrimido por los más radicales del oficialismo, radica en la importancia de controlar el poder judicial, principalmente la Corte, para evitar que alguna institución pueda echar atrás parte del proyecto político de la autodenominada 4T. Se argumenta que se necesita un poder judicial colaboracionista con el gobierno para lograr la épica obradorista. Este planteamiento abre un debate árido y complejo sobre la democracia que se quiere. En occidente, la democracia liberal, a la que algunos nos adscribimos, reconoce la legitimidad popular como el origen constitutivo del poder público, pero no necesariamente como el motor de acción de un gobierno.

Suprema Corte de la Nación

Suprema Corte de la Nación

El voto es, sin duda, el instrumento esencial para elegir representantes que tomarán decisiones en nuestro nombre. Sin embargo, no suele ser la herramienta que habilita a un gobernante para tomar decisiones.

Me explico, la virtual presidenta de México es tal gracias a la votación mayoritaria del electorado (mayoría relativa para ser más específico), pero un liberal esperaría que ya como presidenta no puede invocar esa mayoría para pasar por encima de derechos fundamentales. Por ejemplo, en una democracia liberal, aunque la mayoría del electorado mexicano exigiera que las mujeres no tengan el derecho a estudiar, el entramado jurídico nacional e internacional serviría como una contención a ese impulso mayoritario.

En otras palabras, sobre la mayoría están los derechos. Eso no es necesariamente lo que ocurre en una democracia popular, donde la mayoría es capaz de imponerse por el simple hecho de serlo. En este sentido, quienes suponen que la mayoría oficialista debería estar por encima de los derechos de alguna minoría están exigiendo, en los hechos, un sistema democrático no liberal.

Un ejemplo concreto es la reforma al artículo 19 constitucional que llevó a cabo el bloque oficialista durante este sexenio para aumentar el catálogo de delitos que merecen prisión preventiva oficiosa. Encarcelar a personas que en estricto sentido son inocentes, violenta de manera flagrante el derecho de libertad que todas y todos tenemos. Sin embargo, el oficialismo ha pugnado por esta vía y ha reclamado su validez argumentando que tienen los votos necesarios para hacerlo. Es evidente que su lectura democrática es fundamentalmente popular, no liberal, y este es un debate que en algún momento se tendrá que dar en el país.

"Es evidente que su lectura democrática es fundamentalmente popular, no liberal".

“Es evidente que su lectura democrática es fundamentalmente popular, no liberal”.

Como se puede ver, los planteamientos y argumentos anteriores son endebles, no justifican una reforma de esta naturaleza y, lo más importante, no modificarán el estado que guarda la justicia en México. Si en el oficialismo creen lo contrario, entonces en pocos años podremos reclamar al gobierno un país sin impunidad y con justicia total. Aun así, queda en el aire la pregunta; ¿por qué esta es una propuesta tan popular? En la segunda entrega expondré una respuesta a modo de hipótesis.

 

Abayubá M. Z. Duché García es doctor en Ciencias Sociales con mención en Ciencia Política por la FLACSO México, y cuenta con una sólida formación académica complementada por estudios en relaciones internacionales, derechos humanos, gobierno, administración pública, análisis político y comunicación. Su trayectoria profesional se distingue por una marcada vocación por el sector no gubernamental, el servicio público, la investigación aplicada y la generación de conocimiento útil para la toma de decisiones en contextos complejos. A lo largo de su carrera, ha enfocado su labor académica y profesional en el estudio de la democracia, los sistemas de partidos, la transparencia, la corrupción política y los derechos humanos. Ha ocupado cargos clave en organizaciones no gubernamentales e instituciones públicas, donde ha desarrollado políticas públicas y soluciones tecnológicas orientadas a la transparencia y la rendición de cuentas. Como académico y analista, ha sido profesor de sociología, historia y ciencia política y ha dirigido proyectos de investigación en organizaciones de la sociedad civil, donde ha elaborado productos de análisis sobre temas fundamentales como el Estado de derecho, la corrupción, la militarización, y la seguridad pública. Además, ha participado activamente en causas relacionadas con migración y comunidades vulnerables, tanto en México como en Estados Unidos, lo que refleja un compromiso transversal con los derechos humanos y la justicia social.

#Opinión

México en el T-MEC: socio o proveedor

El T-MEC ya no es solo comercio: es poder. México enfrenta una decisión clave: asumir un rol activo en la economía de América del Norte… o quedarse como proveedor en reglas que otros definen.

Publicado

en

La mesa está lista para recibir al representante comercial de Estados Unidos y continuar con las negociaciones del T-MEC, en un momento que, aunque se presenta como una ronda más de diálogo, en realidad forma parte de un proceso mucho más amplio que definirá el lugar que México va a ocupar en la economía del futuro. Hoy, funcionarios estadounidenses llegan a la Ciudad de México para avanzar en temas que van desde reglas de origen y aranceles hasta inversión, propiedad industrial, cadenas de suministro y minerales críticos, lo que deja claro que no se trata de un solo ajuste, sino de una reconfiguración completa del acuerdo.

T-MEC y Trabajo

Y es que negociar con el gobierno de Donald Trump nunca ha sido, ni será, un proceso que deje tranquilo a México, sobre todo cuando lo que está en juego es el tratado que sostiene buena parte de su estabilidad económica, porque más allá de la relación comercial, se trata de una negociación con un socio que históricamente ha sido exigente, riguroso y dispuesto a presionar cuando sus intereses están en riesgo, lo que convierte cada revisión en algo más que un trámite técnico y la vuelve un momento de definición en el que México no solo defiende lo que ha construido, sino que también se ve obligado a adaptarse a condiciones cada vez más estrictas.

En ese sentido, lo que Estados Unidos está buscando no es únicamente ajustar reglas, sino reorganizar la producción dentro de su propia región para depender menos de Asia y, al mismo tiempo, asegurar que sectores estratégicos como la industria automotriz, los minerales críticos y las tecnologías emergentes queden bajo su control, de manera que el endurecimiento de las reglas de origen funciona como una herramienta para empujar inversión, procesos productivos y generación de valor hacia América del Norte, cerrando espacios para que México siga operando como un puente de entrada de insumos externos.

Sin embargo, este reacomodo no ocurre en condiciones de igualdad y, por el contrario, coloca a México en una posición más compleja, porque mientras Estados Unidos llega con una estrategia industrial clara y con capacidad para imponer estándares, México enfrenta el reto de no limitarse a defender lo que ya tiene, sino de adaptarse a un escenario que inevitablemente está cambiando, lo que implica mantener la certidumbre para no poner en riesgo la integración económica, pero también aprovechar la negociación para fortalecer su capacidad productiva, reducir dependencias y avanzar dentro de las cadenas de valor, ya que de lo contrario el riesgo no es salir del acuerdo, sino permanecer en él bajo condiciones que lo mantengan en un papel subordinado.

Cuántos tratados y acuerdos de comercio tiene México?

Bajo este contexto, la reunión que hoy se lleva a cabo en México deja ver una tensión de fondo entre lo que Estados Unidos quiere construir y lo que México necesita preservar, porque mientras desde Washington se impulsa una reconfiguración de las cadenas de suministro bajo criterios de seguridad económica, del lado mexicano el margen de maniobra está marcado por una dependencia estructural que no se puede ignorar, ya que más del ochenta por ciento de sus exportaciones dependen del mercado estadounidense, lo que hace que cualquier cambio en las reglas tenga un impacto directo en el crecimiento, la inversión y el empleo.

Por eso, el sector empresarial mexicano no está planteando una transformación radical del acuerdo, sino que insiste en algo más básico pero urgente, que es la certidumbre, porque cuando las reglas cambian constantemente no solo se afecta la competitividad, sino también la capacidad de planear, invertir y sostener operaciones a largo plazo, y en ese sentido lo que defienden no es una postura conservadora, sino una condición mínima para que el modelo actual siga funcionando, aun cuando reconocen que la presión de Estados Unidos obligará a hacer ajustes graduales, como fortalecer cadenas regionales o aumentar el contenido local, lo que inevitablemente implica costos adicionales y exige capacidades que no siempre están desarrolladas.

El T-MEC no se está revisando solo para mantener el comercio funcionando, sino para definir cómo se organizará la economía de América del Norte en los próximos años y, en ese escenario, México enfrenta una decisión que es más profunda de lo que parece: asumir un papel activo en esa transformación o permanecer dentro de ella bajo reglas que otros están diseñando.

La revisión del T-MEC y sus implicaciones para México y América del Norte  enfocado en la sostenibilidad | Dicho & Derecho

 

Sigue leyendo

#Opinión

El país de los vidrios rotos: la impunidad como invitación

La impunidad no solo es falta de castigo: es una invitación. Cuando nadie responde, el mensaje es claro: aquí no pasa nada. Y así, poco a poco, el desorden deja de ser excepción… y se vuelve regla.

Publicado

en

Nací y crecí en Tetelco, mi pueblo en Tláhuac. No es solo un lugar con el que me identifico; es parte de lo que soy. Es una comunidad donde, como en tantas otras, las personas trabajan arduamente para ganarse lo que tienen. En Tetelco, la cultura del esfuerzo es un valor compartido y una necesidad diaria: la gran mayoría vive de lo que genera en su jornada y no existe el lujo de no trabajar. El compromiso con el esfuerzo es lo que mantiene a la comunidad en pie.

Hoy, mi camino profesional me ha llevado a rentar en la colonia Del Valle. Esta mudanza no fue una casualidad, sino parte de esa migración interna que enfrentamos quienes crecemos en la periferia: la necesidad de movernos hacia donde se concentran las oportunidades para poder crecer. En esta transición, he notado una paradoja que me obliga a reflexionar.

A pesar de que en Tetelco conozco a mis vecinos y ese sentido de comunidad me hace sentir protegido, crecí —como muchos ahí— con la costumbre de estar siempre alerta. Al caminar de noche, el instinto te dicta estar pendiente de cada sombra, voltear a los lados y cuidar el entorno. Al mudarme a la Del Valle, noté que esa necesidad de alerta disminuyó drásticamente. Esto no tiene que ver con las personas que habitan un lugar u otro; tiene que ver con la presencia o el abandono de las instituciones.

En comunidades como Tetelco, quienes delinquen a menudo no son personas del pueblo, sino externos que saben perfectamente que ahí hay menos vigilancia y que la autoridad suele ser omisa. Eligen la periferia porque saben que el costo de romper la ley es casi inexistente. En cambio, en zonas con mayor presencia del Estado, el que delinque sabe que la probabilidad de una consecuencia es real. La diferencia en nuestra tranquilidad no la hace el nivel de ingresos del vecino, sino la certeza de que la ley se aplica.

Archivo:Una vista de la Colonia Del Valle, CDMX, 2022.jpg - Wikipedia, la enciclopedia libre

Esta realidad nos remite a la “Teoría de las Ventanas Rotas“. En 1969, un experimento demostró que un auto abandonado en una zona con vigilancia permanecía intacto hasta que alguien rompía el primer vidrio. A partir de esa ventana rota, el entorno recibía una señal clara: “aquí a nadie le importa lo que pase“. Inmediatamente, la transgresión se normalizaba y el caos se extendía.

La impunidad, entonces, no es solo la falta de castigo para un culpable; es una invitación abierta para que el desorden crezca. Cuando el entorno percibe que lo incorrecto se tolera, la resolución de cumplir las normas se debilita para todos.

En México, los datos del INEGI (ENVIPE 2025) nos indican que habitamos un edificio con demasiados vidrios rotos. Con una “cifra negra” del 93.2%, la ciudadanía ha entendido que denunciar suele ser un esfuerzo estéril. Esta realidad nos dice que la impunidad se ha vuelto transversal, pero se ensaña especialmente con las periferias que el Estado ha dejado en segundo plano.

Teoría de la ventana rota: ¿que es? | Windowo

Frente a este escenario, la solución por supuesto no es criminalizar la pobreza —un prejuicio que debemos erradicar—, sino exigir que el poder público asuma su responsabilidad. Necesitamos, además, más comunidad en la ciudad: conocernos los unos a los otros, construir redes de empatía y preocuparnos por lo que le sucede al vecino. Al mismo tiempo, necesitamos mayor presencia institucional. Ninguna de estas dos necesidades excluye a la otra; ambas son indispensables.

Al final del día, la razón primaria por la que se creó el Estado es precisamente para proteger al ciudadano y evitar que este tenga que protegerse a sí mismo. Para eso le cedimos el monopolio del uso legítimo de la fuerza y la capacidad de garantizar la paz. Cuando el Estado deja de hacer su trabajo, especialmente en las periferias, la comunidad se ve obligada a hacerlo por él. Al intentarlo, la comunidad se expone de manera injusta, porque no cuenta con los recursos, las herramientas ni la capacidad de fuego que el Estado sí tiene.

Reparar las ventanas de nuestra sociedad exige que la autoridad cumpla su mandato originario con la misma diligencia en cada rincón del país, para que la comunidad no tenga que vivir defendiéndose. Solo así lograremos que la seguridad deje de depender de un código postal y vuelva a ser lo que siempre debió ser: el derecho de todos.

Alcaldías gobernadas por Morena reprueban en seguridad: PAN – La Crónica de Hoy

Sigue leyendo

#Opinión

No fue un error… es lo que seguimos normalizando

No fue un error. Fue lo que pensamos y seguimos normalizando. Las palabras pesan porque revelan cómo vemos a las mujeres. Y mientras lo justifiquemos, la violencia seguirá disfrazada de “comentarios”.

Publicado

en

Los comentarios machistas, aunque se intenten justificar, reflejan una falta de empatía y respeto hacia las mujeres. Desde el humanismo y la perspectiva de género, se evidencia una incongruencia entre lo que se dice, lo que se piensa y el valor real que se le da a la mujer.

Imágenes de Persona luz natural - Descarga gratuita en Freepik

El texto hace un llamado a dejar de normalizar estas actitudes y después querer “limpiarlas” con una disculpa que en realidad no repara el daño. Se trata de asumir con responsabilidad lo que se piensa, se dice y se hace, y empezar a actuar desde el respeto, la empatía y la dignidad.

A veces escuchamos frases como “perdón… no fue mi intención… yo no sabía…” y, sin embargo, el daño ya está hecho. Porque no se trata solo de palabras, se trata de lo que esas palabras representan.

Esta mañana, mientras me servía un café, escuché en las noticias que el diputado Martín Palacios Calderón, del Partido del Trabajo en el Congreso de Tabasco, comento “El caballo es como una mujer más”

Y lo más impactante no fue solo la frase, sino ver a quien estaba a su lado intentando contener la risa, como si fuera un error incómodo, como si fuera algo menor. Pero no es menor.

El problema es que se minimiza, que seguimos sin ser empáticos con lo que las mujeres sentimos al escuchar este tipo de expresiones. Porque no son “comentarios sin intención”, son reflejo de una forma de vernos.

Y sí, lo digo con honestidad, en ese momento pensé: “eres una porquería…”, porque hay cosas que no solo se analizan, se sienten.

Así le hemos contado en EL PAÍS la marcha del Día Internacional de la Mujer  en México | 8M: Día de la Mujer | EL PAÍS

Este tipo de declaraciones no son aisladas: son expresión de una cultura que ha normalizado la desvalorización de las mujeres.

Es difícil pensar que las cosas cambien como quisiéramos, porque no hablo solo como mujer, hablo como mamá, como hija, como amiga, como abuela. Y saber que en algún momento ellas pueden vivir violencia por parte de algunos hombres preocupa, y mucho.

Pero también es importante decirlo claro: las nuevas masculinidades no buscan atacar a los hombres, buscan generar conciencia, cambiar la forma en que entendemos los roles, abrir paso a la empatía y construir relaciones más humanas.

Hoy muchos hombres ya están entendiendo que este sistema machista no solo daña a las mujeres, también los limita a ellos, y que los movimientos feministas no son en contra de los hombres, sino una lucha por la igualdad, el respeto y la dignidad. Ojalá que cada vez más hombres puedan informarse y comprender mejor este tema.

Porque es terrible seguir escuchando historias, experiencias y sentir el dolor que nos recuerdan que esto sigue pasando.

Y no, la educación no solo la dan las mujeres a los hijos , no es solo de las madres, es de todos: hombres, mujeres, sociedad y creencias. Todos participamos en lo que enseñamos y en lo que permitimos.

Por eso hoy la invitación es clara: empiecen por lo básico, por respetar. Respetar a sus esposas, a sus madres, a sus hijas, porque cada insulto no es solo hacia una mujer, es hacia todas, incluyendo a las mujeres de su propia familia.

Dejemos de normalizar este tipo de lenguaje, dejemos de justificarlo con un “no fue mi intención”, porque lo que se dice sí tiene impacto.

Desde el humanismo, se promueven valores fundamentales como la dignidad de la persona, la empatía, la aceptación incondicional y la congruencia. Y aquí es donde resulta evidente la falta de estos elementos: no hay empatía hacia lo que sienten las mujeres, no hay una aceptación incondicional de su valor por el simple hecho de ser personas, y tampoco hay congruencia entre lo que se dice, se piensa y se siente.

Página 20 | Fotos de Silueta de una mujer - Descarga fotos gratis de gran  calidad | Freepik

Incluso podríamos decir que hubo una forma de congruencia inicial… pero no desde el valor, sino desde lo que realmente se pensó y se sintió, y por eso resultó tan impactante y creíble. Porque cuando hay congruencia, se siente. Lo que salió, salió desde ahí… desde una forma interna de ver a la mujer.

Y es precisamente por eso que la disculpa posterior suena incongruente, porque intenta corregir con palabras algo que evidenció una falta profunda de respeto y de reconocimiento hacia la dignidad de las mujeres.

Desde una perspectiva de género, estos discursos no son solo opiniones desafortunadas, son manifestaciones de un sistema que históricamente ha colocado a las mujeres en una posición de inferioridad. Nombrarlo es necesario, cuestionarlo es urgente y transformarlo es responsabilidad de todos.

Y ya basta… ya basta de no darle dignidad a las mujeres. Porque cuando una mujer pierde dignidad, no es solo un problema individual… es una falla colectiva que nos involucra a todos como sociedad.

Incondicional: tratar a los trabajadores lesionados con cuidado y empatía |  Sedgwick

Sigue leyendo
Anuncio publicitario

Facebook

Lo más visto