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Lo mínimo que debes saber para debatir sobre los pluris: qué son, qué no son y por qué molestan tanto

Los plurinominales no son el problema: lo son las listas cerradas que controlan las cúpulas partidistas. Abrirlas devolvería poder a la gente.

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Las reformas electorales son uno de los temas que más pasiones despiertan en la política mexicana, pero también uno de los menos comprendidos. Esto no es casual: la legislación electoral es la regla madre del sistema de asignación del poder político. Determina quién gana, cómo se gana y bajo qué condiciones se pierde. Por eso, importa mucho a muchos. Y por eso mismo, el debate suele estar profundamente distorsionado. Los actores políticos que promueven o resisten una reforma electoral tienen intereses estratégicos claros: nadie cambia las reglas de acceso al poder para dejar de acceder a él. Casi siempre sucede lo contrario: se buscan reglas que les aseguren una ventaja o, al menos, reduzcan su vulnerabilidad. Esta tensión entre el interés público y el interés partidista atraviesa todas las discusiones sobre reforma electoral.

Y por eso vale la pena entender bien de qué estamos hablando.

Cámara de Diputados (México) - Wikipedia, la enciclopedia libre

En las últimas semanas el debate sobre una reforma electoral recobró fuerza y entre tantas opiniones publicadas, para las y los ciudadanos que legítimamente buscan comprender qué está pasando resulta casi imposible formar un criterio sólido y basado en verdades.

Uno de los puntos más mencionados —y también más malinterpretados— en el debate sobre la reforma electoral es la diferencia entre los diputados de mayoría relativa y los de representación proporcional. Aunque está en el centro de muchas discusiones, pocas veces se explica con claridad. Por eso, esta columna busca aportar luz al tema: explicar de manera sencilla qué son estos dos tipos de representación, cómo funcionan dentro del sistema electoral mexicano y qué implicaciones tienen. Para ello, divido el texto en varios apartados. Primero, presento lo esencial para entender los sistemas electorales en el mundo y el modelo mixto que adoptó México. Después, desmonto algunas de las principales confusiones, mentiras o verdades a medias que suelen circular en redes y medios de comunicación.

Sistemas electorales: lo básico

En términos generales, existen tres grandes familias de sistemas electorales a nivel mundial: los de mayoría, los proporcionales y los mixtos.

En un sistema de mayoría relativa, como el del Estados Unidos, el país se divide en distritos que a menudo son uninominales (no siempre) —es decir que cada uno elige a una sola persona— y gana quien obtenga más votos, sin importar si esa mayoría es absoluta o no. Este modelo privilegia la representación territorial y tiende a premiar a los partidos grandes, ya que basta ganar por un voto para quedarse con todo el distrito.

Por contraste, en un sistema proporcional puro, como los de Suecia, Países Bajos o Israel, los escaños se asignan de manera directa en proporción a los votos que obtiene cada partido a nivel nacional. Suele haber listas partidistas en distritos plurinominales, donde se eligen varios representantes. El objetivo es que el parlamento refleje con fidelidad la diversidad de preferencias políticas de la ciudadanía.

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Finalmente, los sistemas mixtos, como el mexicano o el alemán, combinan ambas lógicas. Hoy en México elegimos 500 diputadas y diputados: 300 mediante mayoría relativa, en distritos uninominales; y 200 por representación proporcional, en listas cerradas, divididas en cinco grandes circunscripciones (de ahí que cada una tenga una magnitud distrital de 40 curules y se les llame plurinominales).

Este modelo mixto buscó corregir los efectos excluyentes de un sistema de mayoría pura, como el que México tuvo durante buena parte del siglo XX, cuando el PRI gobernaba con mayorías aplastantes.

Cada sistema tiene ventajas y limitaciones. La mayoría relativa ofrece representación territorial clara: cada distrito tiene su diputada o diputado, lo que puede facilitar la rendición de cuentas local. Sin embargo, tiende a sobre-representar a los partidos grandes y a excluir a los pequeños, incluso si tienen respaldo significativo a nivel nacional.

La representación proporcional, por su parte, permite que la composición del Congreso refleje mejor la diversidad política del país. Da voz a minorías, incentiva la colaboración multipartidista y reduce los riesgos de gobiernos autoritarios con mayoría artificial. Pero, si las listas son cerradas, también puede promover la opacidad y la desconexión con la ciudadanía.

En México, ambos sistemas tienen hoy el mismo problema: los legisladores no deben su cargo directamente al electorado, sino a las dirigencias partidistas. Reformar esto no requiere necesariamente eliminar a los “pluris”. Requiere repensar cómo se seleccionan las candidaturas y cómo se construyen las listas, para devolver poder real a la gente.

¿Un sistema puramente mayoritario sería mejor?

No necesariamente. En sistemas multipartidistas, como el mexicano, un modelo totalmente mayoritario puede limitar el acceso de opciones políticas y dificultar la formación de consensos, además de distribuir escaños de manera poco proporcional respecto de los votos emitidos. Según la ley de Duverger, un sistema de mayoría relativa pura también tiende a bipartidizar el sistema político, lo cual puede parecer deseable para algunos, pero implicaría una pérdida de pluralismo en un país con realidades tan diversas.

Para ilustrar por qué esto puede ser problemático, imaginemos un país con tres distritos uninominales y tres partidos:

  • En el distrito 1, el partido A obtiene 20 votos, el partido B obtiene 3 votos, y el partido C obtiene 8 votos. El ganador sería el partido A.
  • En el distrito 2, el partido A obtiene 8 votos, el partido B obtiene 9 y el partido C logra 8 votos. El ganador sería el partido B.
  • En el distrito 3, el partido A obtiene 9 votos, el partido B logra 10 votos y el partido C consigue 9. El partido B vuelve a ganar.

El resultado final sería el siguiente:

  • El partido A obtendría 1 solo curul a pesar de tener un total de 37 votos, más que cualquier otro partido.
  • El partido B, por el contrario, obtendría 2 curules con tan solo 22 votos, menos que sus competidores.
  • Finalmente, el partido C no lograría tener ni un solo curul a pesar de haber obtenido 25 votos, más votos que el partido B.

Tabla 1. Resultados por distrito

Distrito Partido A Partido B Partido C Partido ganador
Distrito 1 20 votos 3 votos 8 votos Partido A
Distrito 2 8 votos 9 votos 8 votos Partido B
Distrito 3 9 votos 10 votos 9 votos Partido B

 

Tabla 2. Totales y asignación de curules

Partido Total de votos Curules ganadas Comentario breve
Partido A 37 1 El más votado, pero con solo un curul
Partido B 22 2 Gana más curules con menos votos que A y C
Partido C 25 0 Más votos que B, pero sin representación

 

La conclusión es clara: los sistemas de mayoría relativa pueden distorsionar radicalmente la voluntad popular. El que gana en cada distrito lo gana todo, aunque haya sido apenas por un voto y su volumen nacional de votos sea bajo. Con este sistema, un partido que en realidad es minoritario en votos nacionales puede controlar un poder nacional, como el legislativo.

Por eso, algunos especialistas han propuesto sistemas proporcionales con listas abiertas y magnitudes distritales altas, como cinco grandes circunscripciones de 100 escaños cada una para el caso mexicano. Esto permitiría mantener proporcionalidad entre votos y escaños, a la vez que devolvería a la ciudadanía la posibilidad de decidir quiénes llegan al Congreso.

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¿Representación proporcional es lo mismo que “pluris”?

No exactamente. En la jerga mexicana, se les llama “pluris” a los diputados que no fueron elegidos en un distrito uninominal, sino mediante listas partidistas. Técnicamente, plurinominal significa que se elige a más de una persona por distrito, a diferencia de los distritos uninominales. En México, los 200 diputados de representación proporcional se eligen en cinco circunscripciones, cada una con una magnitud de 40 curules. Es decir que se eligen 40 diputados por circunscripción.

En esas listas, cada partido ordena a sus candidatos y los escaños se asignan de acuerdo con el porcentaje de votos que obtienen en cada circunscripción. Los nombres que ocupan los primeros lugares de la lista son los primeros en entrar al congreso, ya que se benefician rápidamente de los votos de representación proporcional. Lo que molesta a muchos ciudadanos, a menudo sin que siquiera lo sepan, no es la representación proporcional en sí, sino el hecho de que estas listas sean cerradas y bloqueadas, es decir, que los votantes no elijan a las personas que componen las listas de pluris y los lugares que ocupan en las mismas. Actualmente, ese es un derecho reservado para los partidos.

Esta molestia está más que justificada. Muchos de los personajes más oscuros de la política mexicana —ya sean los tradicionales Beltrones, Gamboa Patrón o los más recientes Monreal, Alito o Marko Cortés— han llegado al Congreso por esta vía, evitando competir en mayoría relativa. Esto ocurre porque controlan las listas partidistas y las usan como vía segura de acceso al poder legislativo.

Pero la trampa es suponer que ese problema se resuelve eliminando la representación proporcional en circunscripciones pluris. La solución no es suprimir la representación proporcional, sino abrir las listas. En un sistema de listas abiertas, el elector no solo vota por un partido, sino que puede indicar directamente a quién quiere ver en el Congreso, es decir que puede elegir directamente a sus pluris. Esto democratiza las candidaturas y rompe con el control de las cúpulas partidistas.

Aún más: si de verdad queremos que los legisladores rindan cuentas a la ciudadanía —y no a los partidos que los nominaron— lo más efectivo sería introducir elecciones primarias abiertas para seleccionar candidaturas. Ningún partido en México ha querido ceder ese control, porque la capacidad de decidir quién aparece en la boleta es una de las fuentes más poderosas de su influencia interna.

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Incentivos perversos y alternativas reales

Uno de los problemas del sistema actual —y que aplica a los 500 legisladores de la cámara baja sin distinción— es que todos deben su cargo a los partidos, no directamente a la ciudadanía. Ya sea por haber sido elegidos en un distrito “seguro” o por aparecer en una lista cerrada, los incentivos para disciplinarse al aparato partidista están garantizados. Esto reduce la independencia legislativa y la calidad del debate parlamentario.

Eliminar la representación proporcional no resolvería este problema. Si lo que se busca es fortalecer la rendición de cuentas y el vínculo entre electores y representantes, una mejor alternativa sería, como ya se dijo, implementar mecanismos como elecciones primarias abiertas para seleccionar candidatos, y, sobre todo, listas proporcionales abiertas, donde las y los votantes puedan elegir directamente a las personas y no solo al partido.

Desde mi perspectiva, el mejor camino sería el que hoy es poco popular (porque no se comprende bien). Transitar hacia un sistema de representación proporcional pura, es decir eliminando a todos los diputados de Mayoría Relativa, con circunscripciones plurinominales amplias y listas abiertas permitiría reflejar con precisión la pluralidad política del país, empoderar a la ciudadanía para decidir quiénes llegan al poder, y reducir el control discrecional de las dirigencias partidistas. Claro, existen también otras propuestas válidas, como reducir el número de legisladores o ajustar la magnitud distrital, pero sin democratizar las candidaturas y abrir las listas, esos cambios serían cosméticos.

En fin, el debate sobre la reforma electoral debe ir más allá del odio a los “pluris” o la nostalgia por los viejos sistemas. Necesitamos entender cómo funciona nuestro sistema y cuáles son sus incentivos reales para que derive en unos u otros resultados. La pregunta no es solo cuántos diputados queremos, sino cómo queremos que lleguen ahí, a quién deben su representación, y a quién deben rendir cuentas.

Modificar el sistema electoral sin esta comprensión puede terminar reforzando los mismos vicios que hoy se critican.

 

Abayubá M. Z. Duché García es doctor en Ciencias Sociales con mención en Ciencia Política por la FLACSO México, y cuenta con una sólida formación académica complementada por estudios en relaciones internacionales, derechos humanos, gobierno, administración pública, análisis político y comunicación. Su trayectoria profesional se distingue por una marcada vocación por el sector no gubernamental, el servicio público, la investigación aplicada y la generación de conocimiento útil para la toma de decisiones en contextos complejos. A lo largo de su carrera, ha enfocado su labor académica y profesional en el estudio de la democracia, los sistemas de partidos, la transparencia, la corrupción política y los derechos humanos. Ha ocupado cargos clave en organizaciones no gubernamentales e instituciones públicas, donde ha desarrollado políticas públicas y soluciones tecnológicas orientadas a la transparencia y la rendición de cuentas. Como académico y analista, ha sido profesor de sociología, historia y ciencia política y ha dirigido proyectos de investigación en organizaciones de la sociedad civil, donde ha elaborado productos de análisis sobre temas fundamentales como el Estado de derecho, la corrupción, la militarización, y la seguridad pública. Además, ha participado activamente en causas relacionadas con migración y comunidades vulnerables, tanto en México como en Estados Unidos, lo que refleja un compromiso transversal con los derechos humanos y la justicia social.

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MIRADA AL FUTURO: La ciudad no se barre sola

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El Metro cumplió 57 años el 4 de septiembre. Hubo billete conmemorativo de la Lotería Nacional, fotografías históricas y un comunicado impecable: 22 trenes recuperados en las Líneas 2, 7, 8 y B; 15 mil trabajadoras y trabajadores; más de 69 mil millones de usuarios transportados desde 1969; una racha de cero carpetas por robo con violencia. La ciudad se retrató junto al naranja. Es justo: sin el Metro, esta capital se deshace a las 7:15 de la mañana.

Lo que casi no se retrata es la otra ciudad, la que empieza dos horas antes.

Antes de que salga el primer tren, las cuadrillas de limpia ya van en camión rumbo a una vía primaria. Muchas de esas personas no son, en el papel, trabajadoras: son “beneficiarias” de un programa social o personal de una empresa subcontratada. La palabra importa. Un beneficiario no cotiza. No tiene seguridad social, ni prestaciones, ni jornada reconocida, ni a quien reclamarle. Beneficiario suena a favor. Y el favor, en esta ciudad, se paga con turnos de madrugada junto al carril rápido.

Las cifras vienen de la denuncia, no del gobierno, y eso ya es parte del problema. La diputada Patricia Urriza, de Movimiento Ciudadano —ni de mi partido ni de mi bancada, conviene decirlo—, sostiene que en menos de un año hay siete personas fallecidas y más de treinta y cuatro lesionadas en estos esquemas. A finales de agosto se volcó un camión que trasladaba a 19 trabajadores: doce lesionados. El 30 de agosto murió Guadalupe, trabajadora de limpia, en Avenida Ferrocarril. No existe un recuento oficial que confirme o desmienta esas cifras. Que no exista es, en sí, una respuesta.

Hay un detalle que dice más que cualquier discurso: buena parte de los accidentes no ocurre “en la calle” en abstracto. Ocurre en el traslado, de noche, en unidades que llevan gente a barrer lo que nosotros ensuciamos de día. El riesgo no es solo la escoba junto al carril rápido. Es el camión que los lleva, el chaleco que no brilla y el nombre administrativo que evita decir “trabajador”.

Lo del uniforme merece párrafo aparte. Desde enero de 2025 el personal de servicios urbanos viste guinda, cuando la norma de seguridad para quien labora en vía pública pide colores de alta visibilidad. Se puede discutir la intención. Lo que no se puede discutir es la física: a las cinco de la mañana, sobre Viaducto, el guinda no se ve. Ninguna estrategia de imagen vale un cuerpo.

Compárese con el Metro. El Metro tiene sindicato, plaza, número de empleado, jubilación y hasta un cachito de lotería con su nombre. La limpia, en este modelo, flota entre el programa social y la tercerización. Uno es institución; el otro es arreglo. Pero los dos hacen lo mismo a distinta hora: sostener el escenario para que el resto podamos fingir que la ciudad funciona sola. Misma ciudad, dos categorías de cuerpo.

El 1 de septiembre, el Gobierno capitalino entregó al Congreso su Segundo Informe: alrededor de 3,500 obras en espacio público, 450 kilómetros repavimentados, Utopías, Caminos de Mujeres Libres y Seguras. El propio gobierno puso el cuidado al centro de su relato. El cuidado es un buen eje. Pero una administración que se define por los cuidados tiene que responder por quienes cuidan la calle. No se le puede llamar justicia social a un esquema que produce avenidas impecables y actas de defunción.

El 14 de octubre, la jefa de Gobierno comparecerá ante el Congreso. Ahí hay una prueba sencilla, sin ideología de por medio:

— que quien barre sea trabajador, con contrato y seguridad social;

— que el uniforme cumpla la norma de alta visibilidad, no la paleta del partido;

— que el traslado deje de ser la parte más peligrosa del turno;

— que exista un registro público de accidentes y fallecimientos del personal de limpia, con nombre, fecha y causa.

Nada de eso requiere una reforma constitucional. Requiere decisión.

Una columna no le devuelve la vida a Guadalupe. Puede hacer algo más chico y más terco: negar la idea de que la ciudad se sostiene sola. No se sostiene sola. Se sostiene con gente que entra a un túnel y con gente que sale a un camión a las cinco de la mañana. A los primeros, con razón, les cantamos las mañanitas. A los segundos les decimos beneficiarios.

Por eso cada calle recién barrida es también una pregunta: ¿quién la dejó así, y a qué hora se fue?

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Rafa Márquez y el proceso que sí llegó

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Ayer, Rafa Márquez fue presentado como director técnico de la Selección Mexicana en el Centro de Alto Rendimiento de la Federación Mexicana de Fútbol. La noticia no es que haya sido presentado. La noticia es que efectivamente ocurrió lo que se había prometido.

Porque en una Federación acostumbrada a cortar procesos de tajo y a improvisar ciclos, cumplir un plan trazado desde 2024 es, por sí solo, un acontecimiento. Rafa fue auxiliar de Javier Aguirre durante todo el proceso mundialista precisamente para esto. Y esta vez, el relevo se respetó.

‘El Káiser’ no pudo llegar en mejor momento. Y no por los resultados.

En términos estrictamente de alcance deportivo, el Mundial terminó donde ya sabíamos que terminaba: en octavos de final. Sí, se superó lo de Qatar 2022. Pero el techo siguió intacto. Lo que sí cambió fue otra cosa, y quizá más difícil de conseguir: la reconexión con la afición.

Durante cuatro años, la relación entre el Tri y su gente fue de pura apatía. El desastre de Qatar había roto algo. Llegaron las promesas de cambio, que en buena medida siguen sin cumplirse. Llegaron incluso los títulos, con la Copa Oro y la Nations League. Pero la conexión no aparecía por ningún lado.

Hasta el pitazo inicial del 11 de junio en el Estadio Ciudad de México. Ahí, algo se acomodó. El grito de “y si sí” se volvió un himno de batalla que nadie vio venir. El clímax llegó frente a Ecuador el 30 de junio. Y el cierre, contra Inglaterra el 5 de julio, terminó en derrota pero con el orgullo intacto. Se perdió el partido y se ganó a la gente.

Esa es la herencia real que recibe el michoacano. No una plantilla campeona, sino un país que volvió a querer a su selección.

Él parece entenderlo. En la conferencia lo dijo con claridad: la ventaja es que no se empieza de cero, que hay una base importante, y que la tarea es mantener lo que hay pero mejorarlo y evolucionarlo. Su cuerpo técnico respalda la ambición: Juan Manuel Lillo, Andrés Guardado y Vidal Paloma como auxiliares, Xabier Mancisidor con los porteros y Pol Lorente en la preparación física. Duilio Davino, director de selecciones, puso los objetivos sobre la mesa: ser el número uno de la zona, pelear finales de Concacaf y mantenerse entre los diez mejores del mundo.

Su primera prueba llega el 26 de septiembre contra Colombia, en Baltimore. No es un rival menor. Con Luis Díaz, James Rodríguez y Luis Javier Suárez, los cafetaleros tienen una calidad indiscutible, aunque en el Mundial se esperaba bastante más de ellos. Después vendrán Perú, Estados Unidos y Chile.

Pero no todo es color de rosa. Los vicios de siempre siguen ahí. El empalme del calendario de la Liga MX con la fecha FIFA, que incluye cuatro partidos de la jornada 10 el mismo día del debut, obligó a un acuerdo para convocar apenas dos jugadores por equipo. Nos quedaremos con la duda de si veremos al equipo que Rafa quiso o al que pudo tener. La eliminación permanente del ascenso y descenso desató protestas de la Liga de Expansión y sigue en procesos jurídicos. Y tras el Mundial, la exportación de futbolistas mexicanos a Europa fue prácticamente nula: entre los seleccionados, solo el caso de la ‘Hormiga’ González.

Ninguno de esos problemas es responsabilidad del de Zamora. Todos van a condicionar su trabajo.

Por eso la pregunta no es si él está capacitado. La pregunta es si lo van a dejar trabajar. Ese apoyo tendría que traducirse en cosas concretas: partidos en México para sostener el vínculo con la afición, libertad total para convocar a quien él quiera, y rivales de calidad que obliguen al equipo a crecer.

Rafa lo resumió mejor que nadie: habrá momentos buenos y momentos malos, pero lo importante es seguir avanzando.

Ojalá que esta vez, por primera vez en mucho tiempo, avanzar signifique no volver a empezar.

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¿CÓMO PUEDE RETENER EL TALENTO UNA EMPRESA MEXICANA DE TECNOLOGÍA?

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Laura tiene 29 años y lleva tres trabajando en una pequeña empresa mexicana de tecnología. Llegó cuando eran cinco personas, consiguió algunos de sus primeros clientes y conoce el negocio casi tan bien como sus fundadores. Es buena en lo que hace y, precisamente por eso, una mañana recibe una oferta difícil de ignorar: una de esas pantagruélicas empresas tecnológicas le ofrece un mejor sueldo, mayores prestaciones y un nombre reconocido para agregar a su currículum. Laura aprecia la empresa que ayudó a construir, pero comienza a hacerse una pregunta perfectamente razonable:

¿POR QUÉ DEBERÍA QUEDARSE?

No es sorpresa para muchos emprendedores que cada día las expectativas que tiene un colaborador son cada más altas y exigentes; las nuevas generaciones de talento calificado en México exigen además de un sueldo competitivo en mercado, oportunidades en el crecimiento, climas organizacionales y como lo señala el Workmonitor publicado en 2026 por Ransdtad, una vida más balanceada que permita concomitar un estilo de vida con un plan de carrera.

Durante el pasar del tiempo hemos observado como los tiempos de permanencia han sucumbido ante la modernidad, cuando en generaciones pasadas una persona podía durar 10 o 15 años en un mismo centro de trabajo, las nuevas generaciones tienen un ciclo de contratación de  6 meses a 2 años en promedio. Los empleados que se sienten más comprometidos señalan principalmente el equilibrio entre la vida laboral y personal como el principal factor para conservar su puesto; cuestión altamente relevante para disminuir la tasa de rotación, y evitar costos de Headhunting & Trainning.

La lista los principales empleadores para trabajar en México, la encabeza AMAZON, Hewlett Packard y Samsung, todos gigantes tecnológicos que, como parte de su estrategia de desarrollo y retención, la primera de ellas, Amazon México cubre el costo de una Certificación de AWS al año para cada empleado en el país, sin importar su rol o experiencia técnica, enfocándose en nube e INTELIGENCIA ARTIFICIAL.  No obstante, no podemos medir la capacidad pantagruélica de Amazon, con la realidad promedio de una empresa de tecnología local, las cuales en un 33 % cierran durante su primer año, por lo que resulta inconcuso tanto la comparativa como imitar la estrategia;  sin embargo la lucha no está perdida antes de empezar.

En el sector de Tecnologías de las información existen motivadores con reglas diferentes en la Propuesta de Valor del Empleador (PVE), que pueden motivar y retener a personal clave que permita al proyecto pasar de sobrevivir a competir en un mercado internacional, principalmente tomando como estrategia el liderazgo e involucramiento en las toma de decisiones, con condiciones salariales aparejadas; aquí es donde se devela una oportunidad cada día menos atípica en empresas de Software:

CONVERTIR EL TALENTO EN PARTICIPACIÓN ACCIONARIA, STOCK OPTIONS.

Una STOCK OPTION es, en términos sencillos, la oportunidad que una empresa concede a una persona clave para adquirir una parte de la compañía en el futuro si cumple determinadas condiciones. Imaginemos una empresa tecnológica pequeña, valuada hoy en $ 300,000 pesos que encuentra a una extraordinaria directora comercial, pero que no puede competir con los salarios de una gran corporación como AMAZON. En lugar de intentar ganar una batalla que su nómina no puede sostener, le ofrece algo diferente: si permanece cuatro años, alcanza determinadas metas comerciales y contribuye al crecimiento del negocio, tendrá derecho a adquirir el equivalente al 1.5% de la compañía bajo las condiciones acordadas desde el inicio. La directora acepta y durante los siguientes años abre mercados, consigue clientes y ayuda a que aquella empresa llegue a valer 10 millones.

LA recompensa del talento clave no estuvo limitada al salario que recibió cada quincena, ahora mediante acuerdos claros, puede participar económicamente del valor que contribuyó a construir. La empresa logró conservar a una pieza clave durante sus años de crecimiento y la trabajadora encontró una razón adicional para apostar por ella. Esa es, en esencia, la lógica de una Stock Option: convertir el crecimiento futuro de la empresa en un incentivo para que el talento que puede hacerlo posible decida quedarse.

“…No se trata de pagar más por el trabajo presente, sino compartir una parte del crecimiento futuro.”

Incluso nuestra legislación fiscal reconoce expresamente los ingresos derivados del ejercicio de determinadas opciones concedidas por empleadores para adquirir acciones, como ocurre en el artículo 94, fracción VII, de la Ley del Impuesto sobre la Renta.

Un gran caso de éxito es Bitso, empresa tecnológica fundada en México en 2014 y convertida en una de las compañías financieras digitales más importantes de América Latina, la cual ofrece dentro de sus paquetes de compensación un Employee Stock Option Program, acompañado de prestaciones como trabajo remoto, seguros y permisos familiares, demostrando que las Stock Options no son una extravagancia reservada para los altos corporativos de Silicon Valley: también forman parte de las estrategias con las que empresas nacidas en México buscan competir por talento especializado.

Las Stock Options tampoco son una fórmula mágica ni deberían repartirse indiscriminadamente. Advertimos que pueden resultar una herramienta ineficiente de retención cuando su costo para la empresa supera el valor que el propio trabajador les atribuye; incluso bonos o incrementos salariales pueden cumplir mejor ese propósito. Su verdadero potencial aparece, entonces, cuando dejan de tratarse como una prestación generalizada y se reservan estratégicamente para aquellas personas clave que verdaderamente pueden influir en el crecimiento de la compañía, su naturaleza jurídica y su razón de existir no busca de convertir a todos los empleados en accionistas o de difuminar esta línea; sino de identificar a aquellos cuyo talento puede cambiar el valor de la empresa y darles una razón para participar de ese cambio.

Los empresarios de tecnología deben entender hoy más que nunca que retener al mejor talento exige algo más que pagar un buen salario, a veces significa permitir que quienes construyen el futuro de la empresa también participen de él. Cuando una empresa mexicana necesita competir por talento de clase mundial, el salario deja de ser la única moneda disponible.

  1. Bitso. (s. f.). Treasury Manager. LinkedIn.  Oferta de Treasury Manager de Bitso en LinkedIn
  2. Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión. (2024). Ley del Impuesto sobre la Renta, artículo 94. Diario Oficial de la Federación.
  3. National Bureau of Economic Research. (2004, marzo). The trouble with stock options. NBER Digest.  ⁠NBER – The Trouble with Stock Options

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