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Lo mínimo que debes saber para debatir sobre los pluris: qué son, qué no son y por qué molestan tanto

Los plurinominales no son el problema: lo son las listas cerradas que controlan las cúpulas partidistas. Abrirlas devolvería poder a la gente.

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Las reformas electorales son uno de los temas que más pasiones despiertan en la política mexicana, pero también uno de los menos comprendidos. Esto no es casual: la legislación electoral es la regla madre del sistema de asignación del poder político. Determina quién gana, cómo se gana y bajo qué condiciones se pierde. Por eso, importa mucho a muchos. Y por eso mismo, el debate suele estar profundamente distorsionado. Los actores políticos que promueven o resisten una reforma electoral tienen intereses estratégicos claros: nadie cambia las reglas de acceso al poder para dejar de acceder a él. Casi siempre sucede lo contrario: se buscan reglas que les aseguren una ventaja o, al menos, reduzcan su vulnerabilidad. Esta tensión entre el interés público y el interés partidista atraviesa todas las discusiones sobre reforma electoral.

Y por eso vale la pena entender bien de qué estamos hablando.

Cámara de Diputados (México) - Wikipedia, la enciclopedia libre

En las últimas semanas el debate sobre una reforma electoral recobró fuerza y entre tantas opiniones publicadas, para las y los ciudadanos que legítimamente buscan comprender qué está pasando resulta casi imposible formar un criterio sólido y basado en verdades.

Uno de los puntos más mencionados —y también más malinterpretados— en el debate sobre la reforma electoral es la diferencia entre los diputados de mayoría relativa y los de representación proporcional. Aunque está en el centro de muchas discusiones, pocas veces se explica con claridad. Por eso, esta columna busca aportar luz al tema: explicar de manera sencilla qué son estos dos tipos de representación, cómo funcionan dentro del sistema electoral mexicano y qué implicaciones tienen. Para ello, divido el texto en varios apartados. Primero, presento lo esencial para entender los sistemas electorales en el mundo y el modelo mixto que adoptó México. Después, desmonto algunas de las principales confusiones, mentiras o verdades a medias que suelen circular en redes y medios de comunicación.

Sistemas electorales: lo básico

En términos generales, existen tres grandes familias de sistemas electorales a nivel mundial: los de mayoría, los proporcionales y los mixtos.

En un sistema de mayoría relativa, como el del Estados Unidos, el país se divide en distritos que a menudo son uninominales (no siempre) —es decir que cada uno elige a una sola persona— y gana quien obtenga más votos, sin importar si esa mayoría es absoluta o no. Este modelo privilegia la representación territorial y tiende a premiar a los partidos grandes, ya que basta ganar por un voto para quedarse con todo el distrito.

Por contraste, en un sistema proporcional puro, como los de Suecia, Países Bajos o Israel, los escaños se asignan de manera directa en proporción a los votos que obtiene cada partido a nivel nacional. Suele haber listas partidistas en distritos plurinominales, donde se eligen varios representantes. El objetivo es que el parlamento refleje con fidelidad la diversidad de preferencias políticas de la ciudadanía.

Cómo son las boletas electorales y sus medidas de seguridad?

Finalmente, los sistemas mixtos, como el mexicano o el alemán, combinan ambas lógicas. Hoy en México elegimos 500 diputadas y diputados: 300 mediante mayoría relativa, en distritos uninominales; y 200 por representación proporcional, en listas cerradas, divididas en cinco grandes circunscripciones (de ahí que cada una tenga una magnitud distrital de 40 curules y se les llame plurinominales).

Este modelo mixto buscó corregir los efectos excluyentes de un sistema de mayoría pura, como el que México tuvo durante buena parte del siglo XX, cuando el PRI gobernaba con mayorías aplastantes.

Cada sistema tiene ventajas y limitaciones. La mayoría relativa ofrece representación territorial clara: cada distrito tiene su diputada o diputado, lo que puede facilitar la rendición de cuentas local. Sin embargo, tiende a sobre-representar a los partidos grandes y a excluir a los pequeños, incluso si tienen respaldo significativo a nivel nacional.

La representación proporcional, por su parte, permite que la composición del Congreso refleje mejor la diversidad política del país. Da voz a minorías, incentiva la colaboración multipartidista y reduce los riesgos de gobiernos autoritarios con mayoría artificial. Pero, si las listas son cerradas, también puede promover la opacidad y la desconexión con la ciudadanía.

En México, ambos sistemas tienen hoy el mismo problema: los legisladores no deben su cargo directamente al electorado, sino a las dirigencias partidistas. Reformar esto no requiere necesariamente eliminar a los “pluris”. Requiere repensar cómo se seleccionan las candidaturas y cómo se construyen las listas, para devolver poder real a la gente.

¿Un sistema puramente mayoritario sería mejor?

No necesariamente. En sistemas multipartidistas, como el mexicano, un modelo totalmente mayoritario puede limitar el acceso de opciones políticas y dificultar la formación de consensos, además de distribuir escaños de manera poco proporcional respecto de los votos emitidos. Según la ley de Duverger, un sistema de mayoría relativa pura también tiende a bipartidizar el sistema político, lo cual puede parecer deseable para algunos, pero implicaría una pérdida de pluralismo en un país con realidades tan diversas.

Para ilustrar por qué esto puede ser problemático, imaginemos un país con tres distritos uninominales y tres partidos:

  • En el distrito 1, el partido A obtiene 20 votos, el partido B obtiene 3 votos, y el partido C obtiene 8 votos. El ganador sería el partido A.
  • En el distrito 2, el partido A obtiene 8 votos, el partido B obtiene 9 y el partido C logra 8 votos. El ganador sería el partido B.
  • En el distrito 3, el partido A obtiene 9 votos, el partido B logra 10 votos y el partido C consigue 9. El partido B vuelve a ganar.

El resultado final sería el siguiente:

  • El partido A obtendría 1 solo curul a pesar de tener un total de 37 votos, más que cualquier otro partido.
  • El partido B, por el contrario, obtendría 2 curules con tan solo 22 votos, menos que sus competidores.
  • Finalmente, el partido C no lograría tener ni un solo curul a pesar de haber obtenido 25 votos, más votos que el partido B.

Tabla 1. Resultados por distrito

Distrito Partido A Partido B Partido C Partido ganador
Distrito 1 20 votos 3 votos 8 votos Partido A
Distrito 2 8 votos 9 votos 8 votos Partido B
Distrito 3 9 votos 10 votos 9 votos Partido B

 

Tabla 2. Totales y asignación de curules

Partido Total de votos Curules ganadas Comentario breve
Partido A 37 1 El más votado, pero con solo un curul
Partido B 22 2 Gana más curules con menos votos que A y C
Partido C 25 0 Más votos que B, pero sin representación

 

La conclusión es clara: los sistemas de mayoría relativa pueden distorsionar radicalmente la voluntad popular. El que gana en cada distrito lo gana todo, aunque haya sido apenas por un voto y su volumen nacional de votos sea bajo. Con este sistema, un partido que en realidad es minoritario en votos nacionales puede controlar un poder nacional, como el legislativo.

Por eso, algunos especialistas han propuesto sistemas proporcionales con listas abiertas y magnitudes distritales altas, como cinco grandes circunscripciones de 100 escaños cada una para el caso mexicano. Esto permitiría mantener proporcionalidad entre votos y escaños, a la vez que devolvería a la ciudadanía la posibilidad de decidir quiénes llegan al Congreso.

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¿Representación proporcional es lo mismo que “pluris”?

No exactamente. En la jerga mexicana, se les llama “pluris” a los diputados que no fueron elegidos en un distrito uninominal, sino mediante listas partidistas. Técnicamente, plurinominal significa que se elige a más de una persona por distrito, a diferencia de los distritos uninominales. En México, los 200 diputados de representación proporcional se eligen en cinco circunscripciones, cada una con una magnitud de 40 curules. Es decir que se eligen 40 diputados por circunscripción.

En esas listas, cada partido ordena a sus candidatos y los escaños se asignan de acuerdo con el porcentaje de votos que obtienen en cada circunscripción. Los nombres que ocupan los primeros lugares de la lista son los primeros en entrar al congreso, ya que se benefician rápidamente de los votos de representación proporcional. Lo que molesta a muchos ciudadanos, a menudo sin que siquiera lo sepan, no es la representación proporcional en sí, sino el hecho de que estas listas sean cerradas y bloqueadas, es decir, que los votantes no elijan a las personas que componen las listas de pluris y los lugares que ocupan en las mismas. Actualmente, ese es un derecho reservado para los partidos.

Esta molestia está más que justificada. Muchos de los personajes más oscuros de la política mexicana —ya sean los tradicionales Beltrones, Gamboa Patrón o los más recientes Monreal, Alito o Marko Cortés— han llegado al Congreso por esta vía, evitando competir en mayoría relativa. Esto ocurre porque controlan las listas partidistas y las usan como vía segura de acceso al poder legislativo.

Pero la trampa es suponer que ese problema se resuelve eliminando la representación proporcional en circunscripciones pluris. La solución no es suprimir la representación proporcional, sino abrir las listas. En un sistema de listas abiertas, el elector no solo vota por un partido, sino que puede indicar directamente a quién quiere ver en el Congreso, es decir que puede elegir directamente a sus pluris. Esto democratiza las candidaturas y rompe con el control de las cúpulas partidistas.

Aún más: si de verdad queremos que los legisladores rindan cuentas a la ciudadanía —y no a los partidos que los nominaron— lo más efectivo sería introducir elecciones primarias abiertas para seleccionar candidaturas. Ningún partido en México ha querido ceder ese control, porque la capacidad de decidir quién aparece en la boleta es una de las fuentes más poderosas de su influencia interna.

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Incentivos perversos y alternativas reales

Uno de los problemas del sistema actual —y que aplica a los 500 legisladores de la cámara baja sin distinción— es que todos deben su cargo a los partidos, no directamente a la ciudadanía. Ya sea por haber sido elegidos en un distrito “seguro” o por aparecer en una lista cerrada, los incentivos para disciplinarse al aparato partidista están garantizados. Esto reduce la independencia legislativa y la calidad del debate parlamentario.

Eliminar la representación proporcional no resolvería este problema. Si lo que se busca es fortalecer la rendición de cuentas y el vínculo entre electores y representantes, una mejor alternativa sería, como ya se dijo, implementar mecanismos como elecciones primarias abiertas para seleccionar candidatos, y, sobre todo, listas proporcionales abiertas, donde las y los votantes puedan elegir directamente a las personas y no solo al partido.

Desde mi perspectiva, el mejor camino sería el que hoy es poco popular (porque no se comprende bien). Transitar hacia un sistema de representación proporcional pura, es decir eliminando a todos los diputados de Mayoría Relativa, con circunscripciones plurinominales amplias y listas abiertas permitiría reflejar con precisión la pluralidad política del país, empoderar a la ciudadanía para decidir quiénes llegan al poder, y reducir el control discrecional de las dirigencias partidistas. Claro, existen también otras propuestas válidas, como reducir el número de legisladores o ajustar la magnitud distrital, pero sin democratizar las candidaturas y abrir las listas, esos cambios serían cosméticos.

En fin, el debate sobre la reforma electoral debe ir más allá del odio a los “pluris” o la nostalgia por los viejos sistemas. Necesitamos entender cómo funciona nuestro sistema y cuáles son sus incentivos reales para que derive en unos u otros resultados. La pregunta no es solo cuántos diputados queremos, sino cómo queremos que lleguen ahí, a quién deben su representación, y a quién deben rendir cuentas.

Modificar el sistema electoral sin esta comprensión puede terminar reforzando los mismos vicios que hoy se critican.

 

Abayubá M. Z. Duché García es doctor en Ciencias Sociales con mención en Ciencia Política por la FLACSO México, y cuenta con una sólida formación académica complementada por estudios en relaciones internacionales, derechos humanos, gobierno, administración pública, análisis político y comunicación. Su trayectoria profesional se distingue por una marcada vocación por el sector no gubernamental, el servicio público, la investigación aplicada y la generación de conocimiento útil para la toma de decisiones en contextos complejos. A lo largo de su carrera, ha enfocado su labor académica y profesional en el estudio de la democracia, los sistemas de partidos, la transparencia, la corrupción política y los derechos humanos. Ha ocupado cargos clave en organizaciones no gubernamentales e instituciones públicas, donde ha desarrollado políticas públicas y soluciones tecnológicas orientadas a la transparencia y la rendición de cuentas. Como académico y analista, ha sido profesor de sociología, historia y ciencia política y ha dirigido proyectos de investigación en organizaciones de la sociedad civil, donde ha elaborado productos de análisis sobre temas fundamentales como el Estado de derecho, la corrupción, la militarización, y la seguridad pública. Además, ha participado activamente en causas relacionadas con migración y comunidades vulnerables, tanto en México como en Estados Unidos, lo que refleja un compromiso transversal con los derechos humanos y la justicia social.

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La Selección Ganó. Nosotros No (México 0 – 4 Indiferencia)

Mientras el Mundial mostraba la mejor cara de México, madres buscadoras, estudiantes y víctimas de violencia recordaban las heridas que siguen abiertas.

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Mundial 2026: Aficionados celebran triunfo de México en el Ángel de la  Independencia tras partido contra Sudáfrica - Ovaciones

La inauguración de la Copa Mundial de la FIFA 2026 debía ser una oportunidad para mostrar al mundo la mejor versión de México. Durante meses escuchamos que este sería el momento para presumir nuestra cultura, nuestra hospitalidad y nuestra capacidad para organizar uno de los eventos deportivos más importantes del planeta. Las cámaras internacionales enfocaron un Estadio Azteca (ahora Estadio Ciudad de México) repleto, una ceremonia cuidadosamente preparada y a una Selección Mexicana que comenzó su participación con una victoria frente a Sudáfrica.

Sin embargo, mientras dentro de la cancha del Estadio Azteca se disputaba un partido, fuera de ella se jugaba otro. Uno mucho más incómodo.

Mientras miles de personas celebraban el triunfo de México, madres buscadoras colocaban frente al Ángel de la Independencia los rostros de personas desaparecidas. Mientras las transmisiones deportivas hablaban de goles y estadísticas, colectivos estudiantiles y organizaciones sociales se manifestaban para denunciar la violencia y la crisis de desapariciones que atraviesa el país. Mientras el mundo observaba una fiesta, otros aprovechaban para tocar sin su consentimiento a una mujer.

Protesta de madres buscadoras en Ángel de la Independencia

Ese fue el otro partido inaugural.

Uno de los primeros episodios que marcó el inicio del torneo fue el denunciado por la periodista deportiva Montserrat Gómez. Durante una transmisión en vivo realizada tras la victoria de la Selección Mexicana, un aficionado la abrazó por la espalda sin su consentimiento. Lo verdaderamente revelador no fue únicamente el hecho, sino la discusión que vino después. Mientras muchas personas respaldaron a la periodista y reconocieron la falta de respeto que implicaba invadir su espacio personal durante una transmisión profesional, otras minimizaron lo ocurrido argumentando que se trató simplemente de una muestra de emoción propia del ambiente futbolero.

Para algunos fue una agresión. Para otros, una simple broma.

Y quizá esa diferencia de percepciones dice tanto sobre nuestra sociedad como el hecho mismo.

Paralelamente, diversos colectivos estudiantiles y organizaciones sociales realizaron manifestaciones en las inmediaciones del Estadio Azteca para denunciar distintas problemáticas nacionales. El saldo fue de doce personas detenidas, posteriormente liberadas, aunque sujetas a investigaciones. También fueron retenidos temporalmente dos documentalistas que finalmente quedaron en libertad.

🔹 PERIODISTA DEPORTIVA SUFRE ACOSO EN VIVO DURANTE INAUGURACIÓN DEL MUNDIAL  • 🎥 Mientras realizaba una transmisión en directo, Montserrat Gómez fue  víctima de acoso por parte de un hombre que se

Existen versiones encontradas sobre lo sucedido. Mientras los manifestantes denuncian detenciones arbitrarias y uso excesivo de la fuerza, las autoridades sostienen que algunos participantes agredieron a elementos policiales y rompieron cercos de seguridad. Corresponderá a las investigaciones esclarecer los hechos. Sin embargo, incluso antes de que exista una conclusión definitiva, una parte de la conversación pública tomó un rumbo preocupante.

El comentarista deportivo Mauricio Ymay propuso utilizar tanquetas, chorros de agua a presión y balas de goma contra quienes se manifiestan. Sus palabras provocaron indignación, pero también revelaron algo más profundo: para ciertos sectores, el problema no es la injusticia que origina una protesta, sino la protesta misma.

Esa idea debería preocuparnos.

Porque en México muchas de las conquistas sociales, muchas de las exigencias de justicia y muchas de las búsquedas de verdad han comenzado precisamente en las calles. Las madres buscadoras, los familiares de víctimas, los estudiantes y numerosos movimientos ciudadanos han recurrido a la protesta porque las instituciones no siempre han sido capaces de responderles.

Por eso resulta inevitable preguntarse: si la solución consiste en dispersar por la fuerza a quienes se manifiestan, ¿también debería aplicarse ese criterio a las madres que bloquean avenidas para exigir la localización de sus hijos? ¿A los familiares que marchan porque llevan años esperando justicia? ¿A cualquier ciudadano que protesta porque dejó de encontrar respuestas en las instituciones?

La imagen más dolorosa de estos primeros días del Mundial, sin embargo, ocurrió lejos del estadio.

Ocurrió bajo la lluvia.

Desde horas antes del partido inaugural, madres buscadoras y colectivos ciudadanos habían colocado lonas y pancartas para visibilizar la crisis de desapariciones que vive el país. Entre ellas se encontraban imágenes de personas desaparecidas y de madres buscadoras que murieron o fueron asesinadas sin haber encontrado a sus seres queridos.

CNTE irá al Estadio Ciudad de México en la inauguración del Mundial - El  Sol de México

Tras la victoria de la Selección Mexicana, la lluvia sorprendió a quienes acudieron a celebrar al Ángel de la Independencia. Algunos aficionados utilizaron esas lonas para protegerse del agua y continuar los festejos.

La imagen era brutal. No se trataba de propaganda política ni de simples mantas abandonadas. Eran los rostros de personas desaparecidas. Eran fotografías de hombres y mujeres que alguien sigue buscando. Eran imágenes que representaban años de dolor, incertidumbre y lucha.

Cuando integrantes de los colectivos intentaron recuperar las lonas, una madre buscadora fue insultada. Un periodista que intervino para ayudarla fue golpeado y derribado. Según los testimonios difundidos posteriormente, los presuntos agresores no fueron detenidos.

La escena reflejaba algo más profundo que una falta de sensibilidad.

Mientras unos celebraban un gol, otros intentaban recordar que más de cien mil personas siguen desaparecidas en México.

Mientras unos cantaban, otros buscaban.

Quizá por eso no sorprende que muchos usuarios en redes sociales identificaran a algunos de los involucrados como “juniors”. No sabemos si esa etiqueta es justa o no. Tampoco es lo importante. Lo verdaderamente relevante es la percepción que existe detrás de ella: la idea de que hay personas tan alejadas de ciertos problemas que pueden darse el lujo de ignorarlos.

Algo parecido ocurrió con las declaraciones de Mauricio Ymay. Más allá de su origen familiar o de su situación económica, sus palabras fueron interpretadas por muchos como la expresión de una mirada distante respecto de las causas que llevan a miles de personas a tomar las calles.

El Mundial también dejó una imagen difícil de ignorar. Dentro de los estadios se encontraban miles de personas capaces de pagar boletos cuyo costo representa semanas o incluso meses de ingreso para millones de mexicanos. Afuera estaban quienes vendían comida, banderas y recuerdos para aprovechar la derrama económica. Afuera estaban estudiantes manifestándose. Afuera estaban madres buscadoras sosteniendo fotografías de familiares que siguen desaparecidos.

Dos Méxicos convivían a escasos metros de distancia.

Uno celebraba los beneficios de un país capaz de organizar una Copa del Mundo.

El otro recordaba las deudas de un país que sigue acumulando desaparecidos, víctimas y agravios sin resolver.

La tragedia no es que existan personas privilegiadas. Toda sociedad las tiene. La tragedia comienza cuando el privilegio produce indiferencia. Cuando quienes nunca han sufrido una desaparición minimizan la lucha de las madres buscadoras. Cuando quienes nunca han necesitado protestar consideran que toda manifestación es una molestia. Cuando quienes jamás han experimentado ciertas formas de violencia son incapaces de reconocerlas cuando ocurren frente a ellos.

Quizá el Mundial no creó ninguna de estas contradicciones. La violencia contra las mujeres, la crisis de desapariciones, la desconfianza hacia las manifestaciones y las profundas desigualdades sociales existían mucho antes del silbatazo inicial.

Por unos días, el mundo observó a México. Y junto con los estadios llenos, las ceremonias espectaculares y los festejos multitudinarios, también pudo ver algunas de las heridas que seguimos sin cerrar.

Cuando la Copa del Mundo termine y los reflectores internacionales se apaguen, México seguirá enfrentando exactamente los mismos desafíos que quedaron expuestos durante su inauguración. Las mujeres seguirán exigiendo espacios libres de violencia, las madres buscadoras continuarán recorriendo el país en busca de respuestas y miles de ciudadanos seguirán manifestándose porque consideran que las instituciones no han sido capaces de resolver sus demandas.

La Selección Mexicana ganó el partido inaugural frente a Sudáfrica.

Pero los acontecimientos que rodearon esos primeros días de competencia dejaron al descubierto una derrota mucho más profunda.

La facilidad con la que seguimos normalizando la indiferencia frente al dolor de los demás.

La Selección ganó.

México perdió.

Quiénes son las Madres Buscadoras de México? - Agencia Presentes

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La farsa de consultar lo que ya decidieron

La participación ciudadana no puede reducirse a foros para validar decisiones ya tomadas. Si las COPACO pierden facultades y capacidad de incidencia, la representación vecinal desaparece en los hechos, aunque conserve su nombre.

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Alcaldía Xochimilco no ha cumplido lo acordado con el Comité Pro Panteón –  La Crónica de Hoy

La participación ciudadana debería ser una de las columnas de cualquier democracia local. En una ciudad tan grande, tan desigual y tan compleja como la Ciudad de México, los vecinos necesitan canales reales para organizarse, exigir, vigilar y decidir sobre lo que ocurre en sus colonias. No basta con votar cada tres años. La vida comunitaria se defiende todos los días, en cada calle, en cada unidad habitacional, en cada parque, en cada obra pública y en cada decisión que afecta directamente a quienes habitan esta ciudad.

Por eso preocupa lo que Morena pretende hacer con las Comisiones de Participación Comunitaria, conocidas como COPACO. El discurso oficial dice que no van a desaparecer. Que solo buscan fortalecer la participación. Que los foros son espacios abiertos para escuchar a la ciudadanía. Pero una cosa es lo que dicen en el micrófono y otra muy distinta lo que escriben en los documentos.

Y en los documentos aparece la ruta de fondo: sustituir representación vecinal electa por figuras más ambiguas, más controlables y con menor capacidad de seguimiento. Podrán decir que las COPACO seguirán existiendo, pero si les quitan funciones, si les reducen peso institucional, si las reemplazan por asambleas sin responsables permanentes, entonces las están desapareciendo en los hechos.

No hace falta borrar una institución de la ley para destruirla. Basta con vaciarla por dentro.

Las COPACO no son perfectas. Nadie serio puede decir que no necesitan mejoras. Hay que fortalecerlas, darles mejores herramientas, capacitación, acceso a información, mecanismos de seguimiento y más capacidad de incidencia sobre el presupuesto participativo y los servicios públicos. Pero una cosa es mejorar una institución ciudadana y otra muy distinta es sustituirla porque incomoda al poder.

Esa es la parte que Morena no quiere admitir. Las COPACO incomodan porque representan vecinos con nombre, voto y responsabilidad. Son electas en cada unidad territorial. Tienen duración definida. Sus integrantes pueden ser identificados por la comunidad. Pueden preguntar, presionar, documentar, exigir y dar seguimiento. Una asamblea abierta puede servir para deliberar, pero no sustituye una representación permanente.

Planillas afines a la administración local gana en las elecciones de Copaco  en Cuajimalpa - La Prensa

Presentar las asambleas vecinales como alternativa a las COPACO es una trampa. Las asambleas ya existen dentro del sistema de participación ciudadana. No son el problema. El problema es usarlas como pretexto para debilitar a los órganos vecinales electos. La participación ciudadana necesita reuniones, sí, pero también necesita seguimiento. Necesita voz, pero también responsables. Necesita debate, pero también consecuencias.

Los foros que hoy presume Morena nacen manchados por esa contradicción. No llegaron antes del diseño. Llegaron después del reclamo. Primero pusieron sobre la mesa un modelo que sustituye a las COPACO y luego salieron a decir que querían escuchar. Eso no es participación ciudadana. Eso es control de daños.

Cuando la autoridad convoca a escuchar después de haber escrito la ruta, no está consultando: está buscando coartada.

Además, hay un detalle que vuelve todo más grave. Hace muy poco se eligieron nuevas COPACO. Miles de vecinos participaron, se registraron, hicieron campaña comunitaria, votaron y asumieron una responsabilidad honorífica para representar a sus colonias. ¿Y qué mensaje les manda ahora el gobierno? Que su representación puede ser rediseñada desde arriba. Que su voz sirve mientras no estorbe. Que la participación se respeta siempre y cuando no cuestione la voluntad del poder.

Eso no fortalece la democracia vecinal. La reduce.

Morena suele hablar de pueblo, participación y comunidad, pero cada vez que aparece una forma de organización ciudadana que no controla, busca domesticarla. El problema no son las COPACO. El problema es que hay vecinos que no piden permiso para opinar. Vecinos que conocen sus calles mejor que cualquier escritorio de gobierno. Vecinos que saben dónde falta agua, dónde hay baches, dónde una obra quedó mal, dónde el presupuesto participativo no se ejecutó y dónde la autoridad simplemente no aparece.

Chilango - Gentrificación en CDMX: hacen asamblea vecinal tras marcha

Una ciudad democrática no debe tenerle miedo a esos vecinos. Debe escucharlos.

Si de verdad quisieran fortalecer a las COPACO, la discusión sería otra. Estaríamos hablando de darles más facultades para vigilar obras, exigir información, revisar avances de presupuesto participativo, evaluar servicios públicos y tener interlocución efectiva con alcaldías y gobierno central. Estaríamos hablando de formación técnica, transparencia, reglas contra el uso político y mecanismos para evitar que cualquier partido se apropie de ellas.

Pero cuando el debate se mueve hacia sustituirlas por figuras difusas, el mensaje es otro. El mensaje es que la representación vecinal les estorba.

Por eso hay que decirlo sin rodeos: Morena va por las COPACO. Tal vez no lo hagan con una frase explícita que diga “se eliminan”. Tal vez intenten envolverlo en palabras como modernización, fortalecimiento o nuevo modelo de participación. Pero si el resultado es que las COPACO pierden funciones, peso y capacidad de incidencia, entonces el nombre puede quedarse y la institución desaparecer.

La participación ciudadana no puede ser una ceremonia para validar decisiones ya tomadas. Tampoco puede depender de la simpatía que tenga el gobierno hacia quienes participan. Participar no es sentarse en un foro a escuchar lo que la autoridad ya decidió. Participar es tener capacidad real de incidir, corregir, vigilar y exigir.

La Ciudad de México necesita más vecinos organizados, no menos. Necesita más contrapesos comunitarios, no estructuras manejadas desde el gobierno central. Necesita instituciones de participación que funcionen mejor, no que sean debilitadas hasta volverse irrelevantes.

Las COPACO pueden y deben mejorar. Pero mejorarlas implica darles dientes, no quitarles el piso.

Porque cuando un gobierno empieza a decidir qué voces vecinales sirven y cuáles estorban, la participación deja de ser un derecho y se convierte en permiso.

Y la voz de los vecinos no se pide prestada.

Se respeta.

Avala IECM el material electoral para este año - La Razón de México

 

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La prisión de la aprobación

La paz no llega cuando todos hablan bien de ti; llega cuando sabes quién eres. Deja de buscar aprobación y empieza a ser

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Imágenes de Persona mirando horizonte, fotos de Persona mirando horizonte  sin royalties | DepositPhotos

La aprobación es una de las adicciones más silenciosas. Cuanto más la buscamos, más lejos estamos de nosotros mismos.

Hay algo agotador en vivir pendientes de la opinión ajena.

Nos preocupa lo que dicen, lo que imaginamos que dicen y, a veces, incluso aquello que nunca dijeron pero que nuestra mente se encargó de inventar.

Pasamos años intentando construir una imagen aceptable para los demás. Queremos caer bien, ser comprendidos, ser reconocidos. Queremos que nos vean como creemos que merecemos ser vistos.

Y sin darnos cuenta, entregamos algo muy valioso: nuestra paz.

Porque cuando nuestra tranquilidad depende de la aprobación de otros, dejamos de ser libres.

Entonces comenzamos a justificarnos.

Nos defendemos de acusaciones que nunca debieron importarnos.

Explicamos decisiones que no tendríamos por qué explicar.

Intentamos convencer a quienes ya decidieron juzgarnos.

Y gastamos una cantidad enorme de energía tratando de controlar algo que jamás ha estado bajo nuestro control: la percepción de los demás.

La verdad es incómoda, pero también liberadora.

No importa cuánto te esfuerces.

No importa cuán transparente seas.

No importa cuántas veces expliques tus motivos.

Siempre habrá alguien que te malinterprete.

Alguien que vea tus acciones desde sus heridas.

Alguien que construya una versión de ti basada más en sus prejuicios que en tu realidad.

Imágenes de Silueta ventana luz - Descarga gratuita en Magnific  (anteriormente Freepik)

Y cuando entendemos eso, ocurre algo extraordinario.

Dejamos de vivir para defender nuestra reputación y empezamos a vivir para cuidar nuestra conciencia.

Porque la paz no llega cuando todos hablan bien de nosotros.

La paz llega cuando sabemos quiénes somos, aunque otros no lo entiendan.

Cuando dejamos de perseguir aprobación y comenzamos a practicar congruencia.

Cuando entendemos que nuestro valor no aumenta con los aplausos ni disminuye con las críticas.

Tal vez la verdadera madurez consiste en aceptar que no podemos controlar las voces externas, pero sí la voz con la que nos hablamos a nosotros mismos.

Y entonces dejamos de preguntarnos qué piensa la gente de nosotros.

Para empezar a preguntarnos algo mucho más importante:

¿Estoy viviendo de acuerdo con lo que creo?

Porque al final, las opiniones cambian.

La gente va y viene.

Los rumores nacen y mueren.

Pero la persona con la que tendrás que vivir toda tu vida eres tú.

Y quizá la paz comienza el día que dejas de explicarte ante el mundo y empiezas, simplemente, a ser.

La libertad no consiste en que nadie te juzgue. Consiste en que el juicio de los demás deje de dirigir tu vida.

La libertad no está fuera, sino dentro de nosotros mismos - Mejor con Salud

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