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La CDMX, capital del mundo (al menos en 2026)

2026 confirma lo que ya sabíamos: la CDMX es música, deporte, cultura y caos brillante. Este año, el mundo entero mira hacia acá. 🌎🎶🏟️🔥

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Ahora sí: 2026 ya está bien entrado. Y después de unas primeras semanas intensas, caóticas y muy a la altura de esta ciudad, queda claro algo que muchos ya intuíamos desde hace tiempo: la Ciudad de México será la capital del mundo. Al menos, durante este año.

Cityscape of Mexico by Night · Free Stock Photo

No se trata de una frase exagerada ni de un entusiasmo desmedido. Basta con revisar la agenda cultural, musical y deportiva que se despliega frente a nosotros para entenderlo. La CDMX atraviesa uno de los momentos más vibrantes de su historia reciente en materia de entretenimiento, con eventos de talla mundial que la colocan en el centro de la conversación global.

En el terreno musical, 2026 será particularmente memorable por su diversidad y ambición. Para arrancar, y tras 17 años de ausencia, el polémico Kanye West regresa a México; AC/DC, auténticas leyendas del rock, vuelven a pisar territorio nacional por primera vez desde 2009; Rosalía presenta su Lux Tour 2026, una gira que también llegará a Monterrey y Guadalajara para acompañar uno de los discos más celebrados de 2025.
Pero si hay un acontecimiento que ya ha desbordado la conversación en redes sociales, es el regreso de BTS, que se presentará en el Estadio GNP Seguros ante miles de ARMYs, un fandom que ha demostrado su capacidad de organización, presencia y fuerza cultural.

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A esta lista se suma el circuito de festivales que, año con año, convierte a la ciudad en un auténtico desfile de gustos musicales: EDC, Vive Latino, Tecate Emblema, Corona Capital, Flow Fest y el esperado regreso del Vans Warped Tour. Este último, además, desafía las prácticas actuales de consumo inmediato al mantener en secreto sus horarios hasta el último momento, orillando a sus asistentes a vivir la experiencia sobre la marcha, sin itinerarios cerrados ni certezas absolutas.

El deporte tampoco se queda atrás. 2026 marcará el regreso de Checo Pérez a las pistas de la Fórmula 1 con la escudería Cadillac, además de la llegada de la F1 Exhibition a la ciudad. La NBA se prepara para disputar su partido número 35 en México, en fechas cercanas al Día de Muertos, mientras que la NFL volverá al país con un encuentro que podría involucrar a uno de los equipos más populares entre la afición mexicana: los Dallas Cowboys.

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Sin embargo, el punto culminante del año —y probablemente de la década— será la inauguración de la Copa Mundial de la FIFA 2026, con el encuentro entre México y Sudáfrica programado para el 11 de junio en el Estadio Banorte. No es solo un partido de futbol: es un evento simbólico, político y cultural que colocará a la Ciudad de México frente a los ojos del planeta. La confirmación definitiva de que, al menos por un momento, el mundo entero estará mirando hacia la capital mexicana.

Esta lista no agota, ni de lejos, todo lo que sucede en la ciudad. Ahí están la Semana del Arte, el Maratón de la Ciudad de México, la Marcha del Orgullo LGBT+ y una infinidad de actividades culturales que ocurren de forma simultánea en museos, foros y espacios públicos.
Sin embargo, una cosa es clara: 2026 es un año excepcional para vivir en la CDMX, una ciudad que ha convertido la intensidad en identidad.

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Hazel Santos es licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UNAM, con experiencia en medios, radio y plataformas digitales. Su trabajo se ha centrado en la cobertura de entretenimiento, música y cultura, así como en la producción editorial. Ha colaborado con El Universal, Eje Central y El Sol de México, y participa en proyectos radiofónicos en El Heraldo Radio. También cuenta con experiencia en comunicación política e institucional. Actualmente combina el periodismo cultural con la creación de contenidos sobre conciertos, experiencias en vivo y temas de actualidad.

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La batalla de las narrativas en el entorno electoral

Entre Constitución y narrativa mediática se libra la disputa electoral.
La justicia se defiende con argumentos jurídicos, no con percepciones políticas.

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En apenas una semana, el libro “Entre la Constitución y la campaña mediática. Asignación de diputaciones en México en 2024 y sentencia SUP-REC-3505/2024”, coordinado por el magistrado Felipe de la Mata Pizaña y Alejandra Tello Mendoza, recorrió tres de las sedes institucionales más relevantes del país. Las presentaciones, realizadas en la Cámara de Diputados, en el Senado de la República y en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, dejaron ver que el debate sobre la asignación de diputaciones de 2024 sigue vivo, pero también que el terreno de discusión debe ser el constitucional, no el mediático.

Suprema Corte de Justicia de la Nación - Wikipedia, la enciclopedia libre

En el primer encuentro, legisladoras y legisladores de distintas corrientes políticas coincidieron en un principio elemental del Estado de derecho: la función de los jueces es resguardar la Constitución, aun cuando sus decisiones resulten incómodas o generen polémica. Así lo señalaron las diputadas Gabriela Jiménez y Maiella Gómez, junto con los diputados Sergio Gutiérrez Luna y Ricardo Monreal, quienes subrayaron la necesidad de preservar la autonomía judicial frente a presiones externas.

La discusión continuó dos días después en el Senado, donde el tono fue más analítico respecto al contexto político que rodeó la sentencia. Los senadores Gerardo Fernández Noroña y Javier Corral, acompañados por el magistrado Felipe Alfredo Fuentes Barrera, coincidieron en que el texto aporta claridad a un debate alimentado por interpretaciones políticas y no siempre por argumentos jurídicos.

Noroña sostuvo que la Constitución establece con precisión el mecanismo para la asignación de diputaciones de representación proporcional, mientras que Corral consideró que la obra llena un vacío en la discusión pública posterior a los comicios de 2024. A su juicio, el libro ofrece una explicación necesaria frente a la narrativa de una supuesta sobrerrepresentación irregular en la Cámara de Diputados.

El propio senador destacó que los ocho ensayos del volumen están escritos con lenguaje claro y directo, lo que facilita su lectura ciudadana. En ese mismo foro, la coautora explicó que el objetivo central fue desmontar, con argumentos jurídicos, las versiones mediáticas que calificaron el procedimiento como inconstitucional o manipulado. Según expuso, el diseño constitucional establece que la sobrerrepresentación se calcula por partido, dentro de un sistema electoral mixto vigente desde 1977.

Por su parte, el coordinador del libro sostuvo que la resolución del Tribunal Electoral respondía a un criterio constitucional respaldado por precedentes, incluido uno de 2018. Sin embargo, señaló que el caso estuvo acompañado de una intensa presión mediática impulsada por sectores académicos y políticos que buscaron modificar el sentido de la sentencia.

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En la misma línea, el magistrado Fuentes Barrera habló de un entorno de presión sistemática tras la resolución, con intentos de influir en un criterio sostenido durante años por el Tribunal. Para él, el episodio mostró hasta qué punto las decisiones jurisdiccionales pueden convertirse en el centro de disputas políticas.

El ciclo concluyó en la Suprema Corte, donde los coordinadores compartieron el foro con el ministro Arístides Rodrigo Guerrero García y nuevamente con Fuentes Barrera. El cierre en el máximo tribunal del país tuvo un carácter simbólico: el libro, que analiza una sentencia electoral, terminó su ruta en el espacio que representa la última palabra en materia constitucional.

Además de sus coordinadores, la obra contó con la participación de los coautores Miguel Ángel Bonilla Zarrazaga, Santiago Jesús Chablé Velázquez, Fernando Díaz Naranjo, José Alfonso Herrera García y Fernando Ramírez Barrios, quienes abordaron distintos ángulos de un mismo fenómeno: la distancia entre el texto constitucional y la narrativa política.

Las tres presentaciones dejaron una lectura común: la discusión pública sobre decisiones judiciales se libra en dos planos. Uno es el de los argumentos jurídicos; el otro, el de la disputa política mediática donde percepciones, intereses y campañas pueden imponer su propio relato.

El libro se inscribe precisamente en esa frontera entre Constitución y narrativa. No pretende cerrar el debate político, pero sí devolverlo al terreno constitucional donde debería originarse. Porque, al final, las instituciones se sostienen en reglas claras y decisiones apegadas a la ley, no en tendencias de redes sociales.

Supremacía constitucional, derechos y reformas – | Zona Docs

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El verdadero impuesto de la influencia

El problema no es cuánto pagan los más ricos, sino cuánto poder compra su riqueza. Cuando el patrimonio pesa más que el voto, la democracia se debilita.

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Durante las últimas semanas, los temas fiscales han dejado de ser asunto exclusivo de especialistas para instalarse, con inusual protagonismo, en la conversación pública. El caso de Ricardo Salinas Pliego y la discusión en torno a las obligaciones tributarias de ciertos grandes empresarios han reactivado una vieja pregunta: ¿pagan suficientes impuestos los más ricos? Pero la verdadera interrogante es otra: la desigualdad y el gasto público.

La mansión y el rascacielos, un debate urbano que divide a a la ciudad de  México. - The New York Times

La pregunta sobre si los más ricos pagan suficientes impuestos suele presentarse como un debate técnico, una conversación de economistas, contadores y funcionarios de Hacienda que se resuelve entre porcentajes, tablas progresivas y deducciones autorizadas. Pero cada vez resulta más evidente que no estamos frente a un problema fiscal, sino institucional.

No se trata únicamente de cuánto contribuyen quienes más tienen, sino de cuánto poder político puede comprar esa contribución.

El principio de equidad tributaria, que en términos jurídicos se traduce como la obligación de aportar conforme a la capacidad económica, no es solo un gesto de justicia social: es un mecanismo de estabilidad democrática. Cuando ese principio se debilita, lo que entra en crisis no es la recaudación, sino la legitimidad del Estado para redistribuir cargas y beneficios sin parecer rehén de intereses privados.

México recauda poco, sí, pero sobre todo recauda mal.

Una parte considerable de los ingresos públicos proviene de impuestos al consumo, que pagan de manera proporcional más quienes menos tienen. Mientras tanto, los grandes patrimonios encuentran estructuras para optimizar su carga fiscal. El resultado no es solo desigualdad económica, sino una asimetría política cada vez más difícil de ignorar: el voto vale lo mismo, pero el patrimonio pesa más.

La fotografía de la desigualdad: 3 millones de hogares sobreviven con 90  pesos al día | Arena Pública

Y cuando el patrimonio empieza a pesar más que el voto, la democracia deja de ser representativa para volverse competitiva… pero no entre partidos, sino entre niveles de ingreso.

No es casualidad que los debates sobre impuestos a herencias, grandes fortunas o ganancias extraordinarias suelan descartarse bajo el argumento de que “espantan la inversión”. La inversión, en este caso, parece tener una sensibilidad particular: huye del impuesto, pero no de la influencia, porque en la práctica, la acumulación sin contrapesos no solo incrementa la riqueza, sino su capacidad para incidir en decisiones públicas.

Financiar campañas, litigar reformas, moldear regulaciones o condicionar mercados no requiere mayoría legislativa, sino liquidez. Desde luego, nadie propone que el éxito económico deba penalizarse, pero sí que su traducción en poder político tenga límites.

El problema, entonces, no es si los más ricos pagan suficientes impuestos.
El problema es si su riqueza puede comprar suficiente poder como para decidir cuánto quieren pagar.

Porque, en una democracia funcional, las leyes fiscales deberían ser el resultado del interés público.
No su precio.

Votar o no votar: México enfrenta el dilema final ante la inminente  elección judicial | EL PAÍS México

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Ciudad plural y participación ciudadana

La democracia urbana no se decreta: se construye con participación, corresponsabilidad y diálogo cotidiano desde lo local y en la diversidad de la ciudad.

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La vida democrática de una ciudad no se mide únicamente en procesos electorales ni en consultas ocasionales. Se construye en la forma en que las personas se involucran en lo público, dialogan con sus autoridades y conviven en un entorno diverso. En la Ciudad de México, la participación ciudadana es un derecho y una responsabilidad compartida.

Así vivimos en la ciudad de México - Máspormás

El reto no es solo que existan mecanismos de participación, sino que evolucionen hacia prácticas cotidianas de corresponsabilidad y escucha institucional. Involucrarse en lo público implica un papel activo en la construcción, el cuidado y la mejora de la ciudad.

La corresponsabilidad ciudadana reconoce que los asuntos urbanos no dependen solo de la autoridad, sino de una ciudadanía informada, organizada y colaborativa. Participar no es solo demandar; es proponer, cuidar y acompañar. Cuando la participación se vuelve corresponsabilidad, se fortalece el vínculo entre gobierno y sociedad.

12 reuniones vecinales en 12 meses - Centro Civitas

La democracia urbana se vive en alcaldías, barrios y colonias. El gobierno de proximidad es clave: escucha, dialoga, responde y convoca a la ciudadanía a participar de forma activa y constante.

Una ciudadanía activa se informa, se organiza y mantiene canales de comunicación abiertos. La participación cotidiana convierte a la ciudad en un espacio compartido.

La Ciudad de México es un espacio de pluralidad. Su diversidad es fortaleza democrática, pero exige respeto, inclusión y diálogo en la diferencia.

Cuando la participación se ejerce con respeto, la pluralidad se vuelve cohesión comunitaria. Una ciudad democrática es aquella donde las diferencias encuentran cauces pacíficos.

Fortalecer la vida democrática implica una cultura cívica cotidiana. La democracia urbana se construye todos los días, desde lo local y entre todas las personas que habitan la ciudad.

Biodiversidad urbana: ciudad y medio ambiente - Fundación Aquae

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