Este año se siente libre, con aire fresco. Como el mar: fresco y tibio al mismo tiempo, envolviendo sin prisa, invitando a quedarse. Hay comienzos que no necesitan ruido ni explicaciones largas, solo se sienten. Y este es uno de ellos.
Empieza bonito, con ilusión. Con esa sensación clara de que algo bueno llegará, no como una expectativa ansiosa, sino como una confianza tranquila que se acomoda en el pecho. Una certeza suave que no exige pruebas, pero que se mantiene firme.
Hay un ánimo distinto. Una energía nueva que impulsa hacia adelante sin presión, con emoción genuina. Ganas de explorar, de decir sí a nuevas metas, a retos que despiertan curiosidad y entusiasmo. Ganas de vivir lo nuevo con presencia y con intención.
Este año trae movimiento y expansión. Trae decisiones que nacen desde el deseo y no desde el miedo. No porque todo esté resuelto, sino porque hay claridad interna y valentía para avanzar.
Se siente como abrir las ventanas y dejar entrar el sol, como respirar profundo y confiar otra vez.
Estamos listas para recibir lo que venga. Para crear, construir y sostener nuevas posibilidades. Listas para sorprendernos, para crecer, para permitir que la vida nos muestre caminos distintos a los imaginados.
Este año no se observa desde la orilla: se entra en él. Con el cuerpo presente, el corazón abierto y la certeza de que estamos preparadas.
Lo que venga no nos toma por sorpresa, nos encuentra listas. Y eso, eso cambia todo.
Este año no pide permiso ni se explica demasiado. Se vive. Y nos encuentra aquí: presentes, abiertas y con la certeza de que este comienzo es real.