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Volver a lo humano

Actúa de forma que los efectos de tus acciones sean compatibles con la permanencia de una vida auténticamente humana y con la supervivencia del planeta.

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Desde el desarrollo humano y el crecimiento personal, esta frase nos invita a reflexionar sobre la importancia de reconocer aquello que verdaderamente nos hace humanos. Cada acción que realizamos tiene un impacto, no solo en nuestra propia vida, sino también en las personas que nos rodean. Por eso es importante cuidar la manera en que pensamos, sentimos y actuamos cada día.

Tal vez parezca una idea sencilla o incluso fantasiosa, pero también profundamente esperanzadora: ¿qué sucedería si comenzáramos a cuidar la forma en que tratamos a los demás?, ¿si eligiéramos actuar con empatía, cordialidad y respeto? Hoy en día esto representa un gran reto, porque muchas veces vivimos atrapados en nuestras propias preocupaciones, intentando sobrevivir a los desafíos de la vida, olvidando mirar al otro.

Sin embargo, cuando nos permitimos encontrarnos verdaderamente con las personas y mostrar lo mejor de nosotros, algo cambia. La mayoría de las veces recibimos mucho de lo que damos. ¿Alguna vez has intentado sonreírle a alguien que no conoces? ¿Te has dado cuenta de cómo puede transformarse ese pequeño instante?

Ser humano implica practicar diariamente la empatía, la sensibilidad y la humildad.” La palabra humano proviene del latín humanus, relacionada con humus, que significa “tierra” o “suelo”. Etimológicamente hace referencia al “ser de la tierra” o “ser terrenal”. Esta raíz también se conecta con palabras como humildad y humilde, recordándonos que somos seres sensibles, orgánicos y profundamente ligados a la vida.”

Quizá por eso nos afecta emocionalmente ver el deterioro del planeta, los cambios climáticos o los animales en peligro de extinción. Porque la naturaleza también nos sostiene, nos abraza y muchas veces nos ayuda a sanar emocionalmente. Olvidamos que somos parte de ella.

La vida no es eterna. Nuestro tiempo aquí es limitado. Entonces, ¿por qué no comenzar a transformar nuestras acciones cotidianas? ¿Hace cuánto no volteas a ver las necesidades afectivas de las personas que están a tu lado? Dar también nos transforma. En la medida en que damos, muchas veces también nos llenamos.

Conozco a una persona que mínimo cada mes lleva café, pan y tortas a los hospitales. Abre la cajuela de su camioneta y junto con sus hijos y nietos reparte alimento a quienes esperan afuera. Ella dice que la alegría que siente al dar es tan grande, que ahora sus hijos también disfrutan acompañarla. Ese tipo de acciones profundamente humanas transforman nuestra manera de sentir y de mirar la vida.

Pero también existe el otro lado. En alguna ocasión escuché a una persona decir: “Hay que quitarles a los que más tienen”. Y aunque entiendo que detrás de esas palabras puede haber enojo o carencia, le respondí que debíamos tener cuidado con esa idea, porque no se trata de quitar, sino de construir una humanidad más consciente. Siempre habrá alguien con menos que nosotros, y no nos gustaría vivir en un mundo donde el daño y el resentimiento sean la respuesta.

No somos seres aislados. Lo que hacemos impacta positiva o negativamente a otros. Una de las peores formas de violencia es no sentirse visto, amado o reconocido. Los seres humanos necesitamos afecto, pertenencia y dignidad.

Entonces, ¿qué nos hace auténticamente humanos? Tal vez la capacidad de elegir conscientemente nuestras acciones. Elegir la empatía sobre la indiferencia, la humildad sobre el egoísmo, el respeto sobre la violencia.

Porque cada acto, positivo o negativo, deja una huella en nosotros y en los demás. Observa cómo se siente tu interior cuando eres justo, honesto, amable o empático. Y también observa qué sucede dentro de ti cuando actúas desde la agresión, la indiferencia o el daño.

Tanto lo bueno como lo malo crecen con la práctica. Por eso, cada día tenemos una elección: seguir endureciéndonos… o volvernos más humanos.

 

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