Según el Instituto Federal de Telecomunicaciones, más de la mitad de los niños (54 %) juegan videojuegos, y la mitad de ellos lo hace en línea. Es decir, una cuarta parte de los niños mexicanos participa activamente como jugadores en línea. De acuerdo con una encuesta del SIPINNA (Sistema Nacional de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes), casi el 80 % de niños y adolescentes interactúa en videojuegos mediante la modalidad multijugador en línea, aunque un 10 % admite no saber con quién está jugando y solo el 33 % juega con personas conocidas. Estas cifras nos hablan de una realidad de acceso y apertura, pero también de enormes riesgos.
Hoy sabemos que internet no siempre es un espacio seguro y que la interacción con desconocidos incrementa enormemente la vulnerabilidad de nuestros niños. Las cifras son contundentes: el 33 % de los niños reporta haber visto contenido sexual no deseado, y el 80 % ha sentido que estaba en riesgo de abuso o explotación sexual en línea, de acuerdo con la ONU. Además, el 33 % ha sufrido acoso cibernético, y el 20 % ha dejado de asistir a la escuela como consecuencia directa de ello. En México, los delitos de grooming —cuando un adulto engaña a un menor para obtener material sexual o concertar un encuentro físico— han crecido alarmantemente en los últimos años.
Estos números deben alertarnos. Cuando un niño juega en línea con desconocidos, está expuesto a conversaciones manipuladoras, al intercambio de datos personales y, en casos extremos, a redes delictivas que operan tras una pantalla.
Como legisladora, he presentado diversas iniciativas para combatir el grooming y reforzar la protección de niños y adolescentes en entornos digitales. Pero la ley, por sí sola, no basta. Necesitamos una estrategia integral que comience en casa, con madres y padres atentos a los juegos que utilizan sus hijos y a las personas con las que interactúan. Una estrategia que continúe en las escuelas, reforzando la educación digital segura y capacitando a maestros para reconocer señales de alerta. Y que se extienda a toda la sociedad, con campañas que sensibilicen sobre la importancia de acompañarles en su vida en línea.
Los videojuegos no van a desaparecer ni los niños van a dejar de usarlos, pero debemos garantizar que este espacio de diversión ocurra con el menor riesgo posible. Lo que debería ser entretenimiento no puede convertirse en fuente de preocupación. Cuidar lo que hacen en línea es tan importante como cuidar lo que hacen en la escuela o en la calle. Es más: siendo un espacio que se presta tanto al engaño y a la manipulación, donde no hay visibilidad total, es fundamental conocer los riesgos y prevenirlos. Porque su bienestar y su vida pueden depender de ello.