Empezó un informe distinto, con sello propio. Por primera vez en la historia de México, una Presidenta decidió rendir cuentas recorriendo los estados, acompañada por la gente, escuchando de frente y compartiendo, cara a cara, los avances de la Cuarta Transformación (4T).
La tradición cambió. Durante décadas, los informes presidenciales fueron rituales fríos, burocráticos, hechos para la foto y la clase política. Con Andrés Manuel López Obrador ya había comenzado a abrirse una nueva etapa: la de informar al pueblo en plazas públicas, en el Zócalo, en las giras de trabajo. Hoy, Claudia Sheinbaum lleva ese espíritu un paso más allá: convierte el informe en una ruta nacional, en un diálogo directo con las comunidades, en una manera de demostrar que el poder sirve para escuchar y responder.
Es un hecho histórico y simbólico. El informe ya no se reduce a un acto solemne entre élites: se escribe en las plazas, calles y comunidades; se construye en la palabra viva de la ciudadanía, en el abrazo directo con el pueblo que da sentido y rumbo a este proyecto.
Me emociona ver a la juventud llenando cada evento, coreando, participando, soñando. Esa fuerza confirma que la 4T no es solo un gobierno, sino un movimiento popular y generacional que inspira a nuevas y nuevos protagonistas a tomar la estafeta de la transformación. La esperanza no es un discurso: está en los rostros de miles de jóvenes que saben que este proyecto les abre horizontes de justicia y de futuro.
Incluso en estados gobernados por la oposición, las plazas se desbordan de apoyo. El pueblo acude, escucha y acompaña, porque sabe que esta Presidenta camina con ellos, no por encima de ellos. Y claro, eso explica el enojo de la derecha: les duele que la gente ya eligió un rumbo distinto, uno que no defiende privilegios ni negocios, sino justicia social, derechos y dignidad para todas y todos.
Este primer informe no es solo un balance de cifras. Es una reafirmación ética y política: gobernar desde abajo, con humildad, cercanía y firmeza. Es recordar que la Cuarta Transformación no se reduce a la capital ni a las oficinas del poder: vive en cada comunidad, región, campesino, obrera y joven que sueña un México más justo y libre.
Hoy no solo informamos: hacemos historia. Porque México tiene, por fin, no solo una Presidenta, sino una Presidenta de territorio, que honra el mandato del pueblo y demuestra que la transformación avanza al ritmo de su gente. Una Presidenta que no se encierra entre paredes de mármol, sino que pisa la tierra, se mezcla con el pueblo y deja claro que en esta nueva etapa de la historia nacional, gobernar significa servir.
La 4T avanza, y con ella avanza el orgullo de un pueblo que sabe que la historia está cambiando para siempre.