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Reforma Electoral, ¿a quién beneficia?

La reforma electoral no fortalece la democracia: reduce pluralidad, debilita al INE y abre la puerta al autoritarismo.

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La nueva reforma electoral ha sido muy sonada en los últimos días. Desde el inicio llamó la atención la conformación de la llamada “Comisión Presidencial para la Reforma Electoral”: sin oposición, sin sociedad civil, sin académicos, sin voces críticas, sin más actores que los que ellos eligieron de entre sus filas. Que Pablo Gómez esté al frente no es casualidad; en política, nada lo es.

Lo que vemos no es un esfuerzo para fortalecer la democracia, sino un intento por consolidar un proyecto político. La reforma parece responder a los intereses y necesidades de un partido y de un grupo en el poder, no así a las del país. Incluso al interior de MORENA y sus aliados representa un reto, y por supuesto, también para quienes no simpatizan con ellos.

Una reforma que reduce la pluralidad

Es cierto que nuestro sistema electoral necesita ajustes, que las reglas deben adaptarse a los cambios sociales, tecnológicos y políticos que vive el país. Pero la propuesta que se perfila no apunta hacia más democracia, sino hacia menos. Lo que se asoma no parece ser lo que México necesita, sino lo que el oficialismo necesita para tener un control preocupante sobre la oposición.

Seguramente ya escucharon el rumor de desaparecer las diputaciones plurinominales. ¿Qué significa eso para la gente? Que los partidos de oposición perderían representación, que regresaríamos a un sistema dominado por una sola voz, sin contrapesos, sin diversidad. Y eso sería un retroceso enorme.
No se trata de defender curules, se trata de defender el derecho de millones de mexicanos a que sus votos cuenten, aunque no apoyen al partido en el poder. Significaría dañar la democracia que tanto nos ha costado.

El árbitro electoral bajo amenaza

Otro de los frentes peligrosos es el intento de debilitar la autonomía del INE. No es perfecto —ninguna institución lo es—, pero su independencia es una conquista ciudadana que costó décadas de lucha.
Quitarle autonomía, ponerlo bajo control del oficialismo o incluso desaparecerlo sería abrir la puerta a elecciones sin certeza, sin confianza y sin legitimidad.
Cuando los contrapesos se eliminan, lo que avanza no es la democracia, sino el autoritarismo.

Lo que México sí necesita

México sí necesita una reforma electoral, pero una que:

  • Escuche a la ciudadanía, no solo al partido en el poder.

  • Fortalezca la pluralidad, en lugar de reducirla.

  • Garantice la autonomía del INE, en vez de amenazarla.

  • Haga más accesible y confiable la participación, no que la limite.

Las reformas deben nacer del consenso, el diálogo y la búsqueda del bien común. Cualquier cambio que se impulse sin esas condiciones no es una reforma democrática, sino un traje a la medida de quienes hoy gobiernan.

Nuestra responsabilidad

Como ciudadana, panista y concejal de Benito Juárez, estoy convencida de que no podemos quedarnos callados. Defender al INE, defender la pluralidad y el voto libre y secreto no es defender a un partido: es defender a México.

La democracia no se regala, se conquista y se cuida todos los días. Esta reforma electoral no debe ser un retroceso, sino una oportunidad para fortalecer lo que juntos hemos construido.

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