Cuando Jacinda Ardern anunció su renuncia como primera ministra de Nueva Zelanda, el mundo político quedó perplejo. No fue por escándalos, fracasos o presiones de partido, sino por algo mucho más humano y poderoso: reconoció que ya no tenía la energía suficiente para liderar y que, por respeto al cargo y a su país, era momento de dar un paso al costado. Lo dijo con firmeza, empatía y sin dramatismos. Ardern no gobernó desde el ego, sino desde el cuidado; no construyó poder desde el control, sino desde la colaboración. Su liderazgo marcó un antes y un después en la política global: demostró que la vulnerabilidad, la honestidad y la escucha pueden —y deben— coexistir con la toma de decisiones.
Hoy, desde México, muchas mujeres* también están buscando otra forma de hacer política. Una que no dependa de pactos patriarcales ni de lealtades heredadas en la oscuridad, sino de liderazgos con sentido de comunidad, justicia social y visión a largo plazo.
En ese contexto, cobra especial relevancia la convocatoria que ha lanzado Aúna, una plataforma que desde 2020 trabaja para que más mujeres* lleguen al poder en red y acompañadas.
La convocatoria de Formación Política 2025 de Aúna es un programa gratuito y en línea dirigido a mujeres* que buscan postularse a cargos de elección popular —regidurías, diputaciones, alcaldías, sindicaturas, incluso gubernaturas— en 2027 o más adelante. La propuesta no es solo enseñar técnicas de campaña, sino construir una comunidad de aprendizaje basada en cinco ejes fundamentales: construcción de paz y justicia; políticas ambientales; cuidados, bienestar y seguridad social; políticas públicas y finanzas públicas incluyentes; e igualdad de género.
Pero lo más valioso del programa no está solo en los contenidos, sino en su enfoque: reconoce que hacer política siendo mujer implica, muchas veces, enfrentarse a una violencia sistemática que busca callarte, intimidarte o eliminarte simbólicamente. La violencia política por razón de género en México no es una excepción; es la regla. Desde ataques mediáticos misóginos hasta amenazas personales y físicas, las mujeres que se atreven a disputar espacios de poder lo hacen en condiciones profundamente desiguales.
Por eso es fundamental que existan espacios como este: no solo para aprender, sino para acompañarse. Como lo hizo Ardern, las futuras líderes mexicanas deben tener la posibilidad de ejercer un liderazgo basado en el cuidado, la ética, el conocimiento técnico, la preparación y el respeto. Pero para que eso ocurra, necesitan redes, formación y un respaldo colectivo frente a un sistema político que sigue siendo hostil para quienes no encajan en el molde tradicional del poder.
Las inscripciones para la Formación Política 2025 estarán abiertas del 6 de junio al 6 de agosto de 2025, a través de la página de Aúna. El programa se llevará a cabo entre enero y mayo de 2026, y además de acompañar a quienes aspiran a un cargo, será el preámbulo para una futura convocatoria de acompañamiento a candidaturas rumbo a las elecciones de 2027.
En un país donde las mujeres son mayoría en el padrón electoral pero minoría en las decisiones, y donde la participación política está atravesada por el miedo y la desconfianza, iniciativas como esta no solo son valiosas: son necesarias. Porque transformar la política no es solo cuestión de cambiar nombres, sino de cambiar las formas, los espacios y acompañar las voces.
Jacinda Ardern nos mostró que es posible liderar desde otro lugar. Ahora toca a México cultivar y acompañar a quienes, como ella, están listas para demostrar que la política también puede ser un acto profundamente colectivo.