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Organizar no es moda, es convicción

Organizar es convicción y trabajo desde abajo, sin reflectores ni aplausos. Sólo el pueblo organizado puede transformar.

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En tiempos donde todo parece una campaña y las redes sociales dictan lo que importa, hay quienes confunden organización con espectáculo.
Pero organizar no es posar, no es figurar, no es subir una foto con el barrio.
Organizar es entregar el cuerpo, caminar la calle, escuchar más que hablar.

No es casual que ahora muchos hablen de territorio, de comunidad, de participación.
Se volvió tendencia. Pero mientras algunos recién descubren el valor de la cercanía, hay compañeras y compañeros que llevan años haciendo del trabajo colectivo una forma de vida, muchas veces sin reflectores, sin presupuesto y sin aplausos.

Organizar es estar cuando nadie más está.
Es quedarse después de que pasa la campaña.
Es tender la mano sin preguntar si hay elección.
Es asumir que si no lo hacemos nosotros, no lo hará nadie.
Y hacerlo, no por conveniencia, sino por convicción.

La Cuarta Transformación nació de esa terquedad organizativa.
De tocar puertas, formar comités, hacer tequios, hablar con quien ya no cree, volver a levantar lo que otros tiraron.
No fue un impulso de moda, fue una apuesta histórica de miles que sabían que el pueblo sí puede.

Hoy, ante una nueva etapa del movimiento, es fundamental recordarlo.
No se trata de imitar formas, se trata de heredar sentidos.
Porque la organización auténtica no se improvisa: se construye con tiempo, con paciencia y con verdad.

Y si algo debe quedarnos claro, es que nunca debemos dejar de organizarnos.
Ni en tiempos electorales ni cuando se apagan los reflectores.
Siempre con el pueblo, nunca por encima de él.
Siempre con la comunidad, nunca en nombre suyo sin consultarla.
Por eso, también, vamos a impulsar la formación de comités populares en cada colonia, en cada comunidad, en cada escuela, para que la organización no dependa de coyunturas, sino de la voluntad de transformar desde abajo.

Porque sólo el pueblo puede salvar al pueblo.
Y sólo el pueblo organizado puede sostener la esperanza.

A quienes ven en la organización un trampolín, les decimos con respeto pero con firmeza: este trabajo no es un accesorio, es una forma de entender la vida.
Y a quienes han estado, siguen y seguirán organizando desde abajo, les decimos: no están solos.
Ustedes son la raíz de todo esto.

Organizar no es moda.
Es convicción.
Y esa convicción, cuando nace del pueblo, no se detiene.

Porque somos millones los que sabemos que sólo con organización hay transformación.
Y apenas estamos comenzando.

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