#Opinión

María Izquierdo, los cuidados y la fuerza de la sociedad civil

Mucho antes de que los cuidados fueran reconocidos como una agenda pública, María Izquierdo ya retrataba a las mujeres que sostenían silenciosamente la vida.

Publicado

en

Mucho antes de que el cuidado fuera reconocido como una agenda pública, María Izquierdo ya había colocado en el centro de su obra a las mujeres quienes sostenían silenciosamente la vida, en lo cotidiano y en el trabajo invisible que durante décadas fue relegado al ámbito privado.

Mientras otros relatos artísticos exaltaban héroes, batallas o símbolos nacionales, María Izquierdo pintó cocinas, maternidades, altares, objetos domésticos y escenas íntimas cargadas de una profunda fuerza política. Su obra hizo visible algo que históricamente se había considerado menor y era el trabajo de cuidar.

Hoy, décadas después, la aprobación de la Ley de Cuidados en la Ciudad de México representa justamente hacer visible lo que siempre sostuvo a la Ciudad y reconocer que cuidar no puede seguir siendo una responsabilidad individual y feminizada.

Pero esta discusión no nació únicamente desde las instituciones. Si hoy hablamos de cuidados como un derecho humano, es gracias al trabajo persistente de mujeres, colectivas, organizaciones feministas, academia y sociedad civil que durante años insistieron en nombrar lo que parecía normalizado. Fueron ellas quienes documentaron las dobles y triples jornadas de las mujeres; quienes demostraron que el trabajo de cuidados sostiene la economía; quienes impulsaron diagnósticos, litigios, investigaciones y propuestas legislativas cuando todavía parecía un tema “privado” y no una prioridad pública.

La sociedad civil hizo lo mismo que María Izquierdo hizo desde el arte y obligó a la Ciudad a mirar aquello que había aprendido a ignorar. Porque hablar de cuidados no es solamente hablar de apoyo social, es hablar de desigualdad estructural, de mujeres que abandonan oportunidades laborales para cuidar, de niñas que heredan tareas domésticas desde temprana edad, de adultas mayores sosteniendo familias enteras, de mujeres indígenas y afromexicanas que históricamente han cargado con formas aún más profundas de precarización del cuidado.

La agenda de cuidados no surgió de manera espontánea; surgió de la resistencia colectiva y de años de articulación social y ahí existe un puente poderoso con la obra de María Izquierdo.

Ella entendió que lo íntimo también era político, que las escenas domésticas contenían tensiones de poder, desigualdad y dignidad, que las mujeres no eran solamente acompañantes de la historia, sino quienes sostenían silenciosamente la vida misma.

La aprobación de la Ley de Cuidados de la Ciudad de México también parte de la premisa de reconocer que sostener la vida tiene valor económico, social y humano y que los acuerdos, la visión conjunta de una mejor ciudad para todas, todes y todos es posible si se abre el diálogo y se acompaña de todas las historias, la construcción colectiva y la capacidad técnica articulada. Por eso este momento no debe leerse únicamente como una conquista legislativa, es también una victoria cultural impulsada por generaciones de mujeres organizadas que transformaron una experiencia privada en una exigencia pública.

María Izquierdo lo pintó.

La sociedad civil lo nombró, lo señaló y lo impulsó.

Y hoy, finalmente, las instituciones lo reconocieron en su legislación.

A todas mis compañeras de la Junta Local de Cuidados de Aúna Ciudad de México, a las organizaciones que la integran, a nuestras compañeras legisladoras, pero sobre todo a las mujeres cuidadoras que impulsaron esta Ley, gracias.

 

Lo más visto

Salir de la versión móvil