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Los procesos ciudadanos que seguimos ignorando

Participo poco en lo local y luego me pregunto por qué mi colonia no cambia. Mientras ignoramos procesos como COPACO y Presupuesto Participativo, alguien más decide por nosotros. Y cuando dejamos vacía la participación, también dejamos vacía la ciudad.

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El domingo 3 de mayo, en la Ciudad de México, se llevó a cabo la jornada presencial para la elección de las COPACO y el ejercicio de Presupuesto Participativo. Y, para no romper la tradición, la participación ciudadana volvió a ser marginal.

Las casillas vacías no son un accidente ni una sorpresa: son el síntoma de algo que llevamos años normalizando. Falta ver qué ocurre con la consulta en línea, pero todo apunta a que el resultado no cambiará la historia.

Por varias razones seguimos ignorando estos procesos. Dejamos pasar decisiones que parecen menores, pero que impactan directamente en nuestra vida cotidiana: la colonia en la que vivimos, los parques que usamos, la seguridad que exigimos y los espacios públicos que compartimos.

Y cuando no participamos, alguien más lo hace. Y decide.

Parte del problema es que estos ejercicios siguen sintiéndose lejanos. No se comunican bien, no se explican con claridad y, en muchos casos, parecen diseñados para quienes ya están dentro, no para atraer a nuevas personas.

Incluso cuando hay esfuerzos por difundirlos —yo misma generé contenido en redes para intentar involucrar a más ciudadanía—, la información suele llegar tarde, incompleta o, simplemente, no llega. Y cuando llega, no siempre es clara.

También hay un tema de confianza. Muchas personas sienten que participar no sirve de nada, que las decisiones ya están tomadas o que los resultados no reflejan lo que realmente votaron. Esa percepción, aunque no siempre sea precisa, pesa más que cualquier campaña institucional.

Y a esa ecuación hay que sumar la falta de cultura de participación constante. Nos involucramos en lo grande, en lo mediático, en las crisis o cuando el problema ya es difícil de ignorar. Pero estos mecanismos están pensados para prevenir, para construir comunidad, para cuidar tu colonia, para trabajar en tu metro cuadrado.

El Presupuesto Participativo implica una cantidad relevante de recursos públicos que la ciudadanía puede decidir cómo invertir en su colonia: proyectos que propone y que vota. Las COPACO, por su parte, son el vínculo más cercano entre vecinos y autoridad; en muchos casos, la primera línea para gestionar, proponer y dar seguimiento.

Sin embargo, seguimos tratándolos como procesos secundarios.

Y eso tiene consecuencias. Las colonias con baja participación suelen tener menos proyectos sólidos y novedosos, menor vigilancia ciudadana y, en general, menos presión para que las cosas se hagan bien. Porque la participación no es solo votar: también es exigir, acompañar y dar seguimiento.

Para dimensionarlo, en estos procesos la participación ronda el 4%, de cada 100 personas solo están decidiendo 4. Y en ese contexto, hay personas que integran una COPACO con menos de 10 votos. Si, así de bajo.

Esto no solo hable de desinterés, también habla de lo fácil que es que estos espacios se vuelvan poco representativos. Porque cuando tan pocos participan, no se necesita un gran respaldo para influir en decisiones que impactan a toda una colonia.

Aquí también hay un responsabilidad compartida. De las autoridades, para simplificar procesos, comunicar mejor y generar confianza. Pero también de nosotras y nosotros, como ciudadanía, para informarnos, involucrarnos y entender que lo local si importa. Que la política no solo está en los grandes debates nacionales y en los partidos, sino en la banqueta rota de la esquina, en el parque abandonado o en la luminaria que no funciona.

Si queremos mejores colonias, necesitamos participar más y mejor.

No basta solo con quejarnos en las redes sociales o en la sobremesa. Estos espacios existen precisamente para canalizar esas inconformidades en decisiones concretas. No son perfectos, pero ignorarlos solo los debilita más.

Si no participamos, no solo perdemos voz. Perdemos ciudad.

O construimos la ciudad entre todos, o alguien más la construye sin nosotros.

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