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Las luchas tienen dueños… los que las viven en carne propia

Celebrar o condenar la captura de Maduro abre un dilema global: soberanía, justicia y el derecho de un pueblo a sentir alivio. 🌎⚖️🇻🇪

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Ante la reciente captura del presidente Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, nos encontramos ante un momento agridulce para la historia mundial y para Venezuela, frente a un profundo dilema: la celebración de la liberación de un régimen que mantuvo sometida a su población y que incluso provocó que, según estimaciones de la ONU, más de 7.7 millones de venezolanos huyeran del país desde 2014 debido a la inseguridad, la inestabilidad y la precariedad en la que vivían. Todo esto ocurre bajo la mirada crítica de otros países, que argumentan que “no hay nada que celebrar”.

Es válido pensar que la captura de Maduro constituye una violación al derecho internacional, que lo ocurrido el pasado 3 de enero fue una invasión que ningún país tiene derecho a cometer contra otro, con bombardeos, incursiones armadas y la detención de un funcionario público. Sin embargo, no podemos juzgar a la población venezolana por celebrar este hecho.

Según entrevistas realizadas por diversos medios de comunicación, algunos comentarios de ciudadanos venezolanos sobre su sentir ante la captura de Nicolás Maduro fueron los siguientes:

“Me siento indignada porque esta gente ni siquiera es venezolana. No saben lo que es perder la democracia y la libertad de un país. No lo entienden y no lo entenderán nunca.”
— Natalia Jiménez, venezolana en México.

“Si después de todo esto que yo viví, me despierto el sábado 3 de enero con la noticia de que se llevaron a Maduro y que volaron en pedazos el Cuartel de la Montaña donde descansaban en paz los restos de Chávez, tengo derecho a celebrar… Porque ellos me contaminaron el alma y el corazón. Y si yo siento una justicia amarga porque, por lo menos, a ese dictador y asesino se lo lleven de mi país… permítanme celebrar que a nosotros nos han quitado demasiado.”
— Anais Castro, venezolana en Argentina.

“No nos roben el derecho a contar nuestra noche. No condimenten desde lejos nuestra sopa amarga. La libertad que estamos construyendo, gota a gota, año a año, miedo a miedo, merece ser llamada por su nombre verdadero, no por el eufemismo cómodo de quien juzga sin haber caminado en nuestras calles desangradas.”
— Tom Vivas, cantautor venezolano.

Lo que sufrieron en carne propia —las vidas que vieron caer por culpa del régimen, el miedo con el que vivieron y la dignidad que les fue arrebatada— solo ellos lo conocen. Tienen derecho a sentir alivio o incluso alegría al ver caer a su dictador.
Al resto del mundo nos corresponde observar desde lejos, reflexionar y ser empáticos. No necesitamos comprenderlo del todo porque —afortunadamente— no lo hemos vivido, y esperemos que nunca nos toque hacerlo.

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