Durante décadas, México fue entregado a una minoría que convirtió al país en su botín. Los gobiernos neoliberales repartieron concesiones, empresas públicas, carreteras, bancos y medios como si fueran parte de su patrimonio personal. Privatizaron los recursos públicos para enriquecer a unos cuantos, dejando un país empobrecido, desigual y con generaciones completas sin oportunidades reales.
Pero el saqueo económico no vino solo: estuvo acompañado de un sistema autoritario que buscó silenciar toda voz crítica. El caso más brutal es el de 1968, cuando miles de jóvenes salieron a exigir educación pública digna y libertades democráticas. La respuesta del gobierno fue clara: represión. El 2 de octubre mostró quiénes eran: un régimen dispuesto a masacrar antes que escuchar. Recordatorio eterno de que quienes temen a una juventud organizada recurren siempre a la violencia, la manipulación y la mentira. Los mismos que después construyeron narco gobiernos, abandonaron al México profundo y despreciaron a un pueblo que nunca dejó de luchar.
Hoy, grupos de la ultraderecha intentan manipular a las juventudes utilizando discursos falsos, convirtiéndolos en carne de cañón para una guerra mediática que busca recuperar los privilegios que el pueblo les quitó democráticamente. Crean narrativas falsas, distorsionan hechos y buscan sembrar confusión porque sin engaño no tienen posibilidades en las urnas.
Pero se equivocan de generación. La verdadera Generación Z nació viendo caer al viejo régimen y renacer nuevas formas de ejercer el poder público. Son jóvenes irreverentes, críticos, creativos y con hambre de justicia. No compran discursos vacíos, no se dejan usar ni manipular. El pasado 15 de noviembre, algunas marchas del país —incluida la CDMX— mostraron que hay personajes deleznables queriendo convertir la participación juvenil en un espectáculo político al servicio de intereses oscuros. Lo que buscan no es participación: es manipulación.
La disputa real hoy es por el sentido de la juventud, y ahí la derecha sabe que está perdiendo. Esta generación tiene memoria histórica, acceso a información y una claridad impresionante sobre el país que quiere construir. No es una generación ingenua. No es una generación manejable. Es una generación que ya decidió no regresar al pasado.
Hoy, el Gobierno de México reconoce que las y los jóvenes no son el futuro: son el presente que ya está transformando al país. Y que la patria no se defiende manipulando juventudes, sino caminando con ellas, hombro con hombro, hacia un México más justo, más libre y más digno para todas y todos.