La marcha del 15 de noviembre fue presentada como “el despertar juvenil” que cambiaría el rumbo político del país. Pero llegado el día, la realidad no coincidió con la expectativa que ellos mismos inflaron. No hubo avalancha generacional, ni el parteaguas prometido. Para algunos, eso fue intolerable. Y para Salinas Pliego —que no encuentra cómo evadir su responsabilidad ante el SAT— fue aún peor: necesitaba que la ficción sustituyera a los hechos.
Por eso vino lo que ya es su marca registrada: intentar construir, a golpes de percepción, lo que no pudieron sostener en las calles. Apenas terminó la marcha, comenzó la operación digital. Circularon videos y fotos fuera de contexto, y cuando eso no bastó, recurrieron a imágenes generadas con inteligencia artificial para simular una fuerza que nunca existió. No era un movimiento auténtico: era un montaje.
A la derecha también se le olvida algo esencial: la Gen Z no es una generación sin memoria. Una parte creció en pleno calderonismo y peñanietismo, viendo violencia y corrupción. Otra parte se formó ya en la 4T, con becas, derechos y oportunidades reales. Por eso no se dejan manipular tan fácil: tienen contraste, tienen historia y saben quién sí les ha cumplido.
Y hay un dato que la IA no puede falsificar: la Presidenta Claudia Sheinbaum tiene 66% de aprobación entre jóvenes de la Generación Z. Ese número resume lo que la derecha no logra entender: es imposible manipular a una generación que ya tomó postura y que ha sido parte activa de la transformación desde 2018. Mientras algunos usan a las juventudes como accesorio o marketing político, la 4T las reconoce como protagonistas y diseña políticas no solo para ellas, sino con ellas.
Eso es lo que realmente incomoda a ciertos grupos: la juventud que sí existe —la que estudia, trabaja, crea, debate y se organiza— no responde a sus guiones. La marcha del 15N no fracasó; lo que fracasó fue el intento de convertirla en un levantamiento que nunca nació de ellos.
Hoy México vive un momento distinto. Las y los jóvenes no son el futuro abstracto del discurso: son el presente concreto de la transformación. Están en las aulas, en las artes, en la ciencia, en las comunidades, en la política y en la toma de decisiones. No son espectadores: son protagonistas.
A las y los jóvenes les digo: este país está cambiando con ustedes, no sin ustedes. Lo que intentaron manipular con inteligencia artificial, ustedes lo respondieron con inteligencia real. Lo que quisieron inflar en redes, ustedes lo superan con organización, causa y dignidad.
La Cuarta Transformación no se simula ni se actúa: se construye —y ustedes la están construyendo.