En pleno 2026, la CDMX vuelve a debatir sobre Hernán Cortés. Annia Quiroz desmonta el espectáculo: no es historia, es poder simbólico. Una guerra cultural diseñada para provocar, polarizar y dominar la conversación pública.
Hay algo profundamente surrealista en que, en pleno 2026, la Ciudad de México vuelva a discutir sobre Hernán Cortés.
No sobre el agua, ni sobre la violencia o la gentrificación, sino sobre Hernán Cortés.
Para tremendos conflictos que sí importan y terminando viendo a Isabel Díaz Ayuso aterrizar en México para encabezar homenajes, discursos sobre el mestizaje y eventos rodeados de políticos conservadores, empresarios, provocadores y una extraña nostalgia colonial disfrazada de “libertad cultural”.
Porque eso es lo interesante de este escándalo; que nadie está hablando realmente de historia. Más bien están hablando de poder simbólico.
La derecha internacional entendió algo antes que muchos sectores progresistas: las guerras culturales generan más impacto que las discusiones técnicas. Ya no importa administrar bien una ciudad, importa dominar la conversación; provocar indignación y convertir cada tema en una batalla emocional.
Y en México la que aún sigue provocando más es sobre la conquista.
Por eso el acto alrededor de Cortés no fue inocente, fue una provocación perfectamente calculada. Una manera de decir: “vamos a tocar justo aquello que sabemos que incendia políticamente”.
Ayuso no vino solamente a dar conferencias, vino a importar una narrativa. La narrativa del conservadurismo espectáculo. Esa mezcla de provocación mediática, discurso antiizquierda, guerra cultural y estética de “decimos lo que nadie se atreve”.
Porque claro que existe un sector político y empresarial en México que lleva años intentando construir su propia versión local de esa derecha que provoca con “libertad” y batallas culturales importadas de España o Estados Unidos.
Por eso el evento terminó pareciendo algo rarísimo: una mezcla entre homenaje histórico, performance ideológico y networking. Enredados en una discusión absurda y mexicanizada. ¡Todo un espectáculo!.
Ya nadie debate para entender algo, se debate para pertenecer a un bando. Y se los dice alguien que lucha por no sentir que cambia de bando a diario, pero es que ni uno ni otro; que hay que tener una gota de criterio.
Y provocar a la izquierda, incomodar al obradorismo y alimentar una conversación diseñada completamente para redes sociales, no es algo con lo que muchos nos entusiasmamos o busquemos ser parte.
Tal vez lo más irónico de todo es que, quinientos años después, Hernán Cortés sigue funcionando exactamente igual, como herramienta de poder.