No es un logro tener pareja, es apenas el inicio. Nitza Michelle cuestiona la idea de “felicidades” y nos recuerda que el amor no se gana: se construye, se habita y, sobre todo, debe sumar, no validar.
Cada vez que alguien me dice “felicidades” porque estoy saliendo con alguien, hay una parte de mí que se queda pensando… ¿felicidades por qué exactamente?
📸 Nitza Michelle
No es que me moleste. Me da ternura, incluso. Pero también me genera una duda genuina: ¿En qué momento tener pareja se convirtió en algo que se celebra como un logro?
Si lo pensamos, hay hitos que ameritan un “felicidades” rotundo: un ascenso, terminar un proyecto creativo que te quitó el sueño, sanar una relación familiar complicada o sostenerte en pie tras un momento difícil. Ahí hubo un proceso, una intención y un esfuerzo consciente que desemboca en un resultado. Pero una relación no funciona así.
La trampa de la validación externa
Una relación no es algo que “consigues”. No es una meta que alcanzas, ni un trofeo que te ganas por “haber hecho bien las cosas”. Es, en todo caso, el inicio de algo que ni siquiera tiene garantías de ser bueno.
📸 Nitza Michelle
Tal vez celebramos el estatus de pareja porque, durante mucho tiempo —sobre todo para las mujeres—, estar acompañada estaba ligado a una idea de éxito. Como si fuera la validación externa definitiva de que “todo va bien” y de que no estar sola fuera, automáticamente, un estado superior.
O tal vez proyectamos. Quizás quien felicita no está celebrando tu relación real, sino la idea romántica que tiene del amor y la compañía. Y eso lo entiendo, pero me hace ruido porque simplifica algo que es, en realidad, mucho más profundo.
📸 Nitza Michelle
No se gana, se habita
En mi caso, no siento que estar con alguien sea un logro. Lo veo como un proceso; algo que se construye, se cuestiona y se ajusta a diario. Algo que puede ser hermoso, sí, pero también complejo.
El amor no se gana, se habita.
Por eso, el “felicidades” a veces se siente fuera de lugar. Quizás lo que realmente queremos decir cuando felicitamos a alguien por su nueva relación no es “lo lograste”, sino algo mucho más honesto:
“Ojalá sea algo que te haga bien”.
“Ojalá te sume”.
“Ojalá te cuide”.
Porque si algo he aprendido es que no cualquier relación es motivo de celebración. Una relación que te hace sentir en paz, vista y acompañada, esa sí es un regalo. Pero eso, más que felicitarse, se agradece.
Al final, el verdadero logro no es encontrar a alguien, sino construir un espacio donde puedas seguir siendo tú misma.