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BTS en México: historias más allá de los conciertos

BTS llenó estadios, el Zócalo y hasta Palacio Nacional. Pero detrás del fenómeno hay algo más profundo: historias de ansiedad, refugio emocional y fans que llevan años sosteniéndose con su música… aunque muchas se quedaran fuera del concierto.

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Esta semana, la Ciudad de México no habló de otra cosa. El grupo surcoreano BTS llegó al Estadio GNP Seguros con tres conciertos —7, 9 y 10 de mayo— como parte de su gira mundial Arirang, su regreso a los escenarios tras años de servicio militar obligatorio. La primera noche ya ocurrió. Las otras dos están por venir. Y mientras tanto, el país entero sigue hablando de ellos.

Y es que la visita de BTS a México desbordó cualquier marco estrictamente musical. El 6 de mayo, la presidenta Claudia Sheinbaum los recibió en Palacio Nacional, y en cuestión de horas, más de 50 mil personas se reunieron espontáneamente en el Zócalo para verlos asomarse al balcón presidencial. Al día siguiente, en su mañanera, Sheinbaum confirmó lo que las ARMYs más esperaban: BTS regresará a México en 2027. Un anuncio que los propios integrantes reafirmaron desde el escenario del GNP la noche del 7 de mayo, prometiendo incluir al país en cada gira futura.

X DE CLAUDIA SHEINBAUM

Pero detrás de los números —estadios llenos, cifras millonarias de derrama económica, diplomacia cultural— hay historias que ningún dato puede resumir.

Daniela tiene 23 años y conoció a BTS en 2020, recién diagnosticada con Trastorno de Ansiedad Generalizada, en plena pandemia. Fue una canción, Epiphany, la que la encontró primero. “Me transmitía que no estábamos solas”, dice. El fandom la acogió cuando el mundo estaba cerrado. Jesabel lleva 13 años siendo ARMY, prácticamente desde la infancia. “A mí me salvaron”, dice sin rodeos. “Encontré un refugio y sin este sustento siento que mi vida sería distinta.” No es una exageración. Es la forma en que ella y miles describen a este grupo: no un producto de entretenimiento, sino una compañía constante en los momentos que duelen.

Fernanda, en cambio, se considera más cercana al fandom que parte de él. Pero el 7 de mayo estuvo en el GNP. Lo hizo por su mamá, quien “trae mejor al V en la cartera que a nosotros en el celular.” Desde la oficina, a las 8:30 de la mañana, con el celular temblando en la mano, peleó por cuatro boletos para llevar a su familia al concierto de ayer.

X DE BTS

Aquí está el contraste incómodo que define esta semana: Fernanda consiguió sus boletos. Daniela y Jesabel, no.

No porque no lo intentaran. Daniela se formó en la fila virtual en cada venta disponible, compró su membresía desde enero y llegó a tener el número 100 mil en la cola, mientras la página presentaba errores que le robaban segundos cruciales. Jesabel agotó todas las previstas sin éxito. Ambas se negaron a la reventa, donde un boleto de 3 mil pesos ha llegado a ofrecerse hasta en 25 mil. “No es justo”, dice Daniela. “Siento que hay algo muy fraudulento con las boleteras.”

El Zócalo fue, para quienes se quedaron sin boleto, el único consuelo disponible. Daniela faltó a la escuela —estaba en el límite de faltas— para ir. “Es muy probable que sea la única oportunidad que tenga de verlos”, dijo. Los vio desde su teléfono, entre empujones, con su mochila de la escuela en la espalda.

El problema no es que BTS convoque multitudes ni que México los reciba con honores presidenciales. El problema es que el sistema de venta de boletos sigue siendo una mina de oro para los revendedores, y que las fanáticas que más han invertido —en tiempo, en lealtad, en años de su vida— son muchas veces las que se quedan afuera.

Habrá 2027. Habrá otra oportunidad. Pero mientras tanto, las ARMYs mexicanas ya demostraron algo que ningún estadio puede contener: que este fandom no es solo entusiasmo, es gratitud.

X DE LA SECRETARIA DE CULTURA

 

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