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Ya solo es morena vs morena

Con la oposición ausente, la disputa política es Morena contra Morena: lealtades, traiciones y la fuerza de la primera Presidenta.

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Con una oposición inexistente, que no termina de entender que los mexicanos se cansaron muy rápido de ellos, al panismo solo le tomó dos sexenios echar por la borda lo que construyeron de forma combativa contra un PRI que lo controlaba todo, tan dominante que se terminaron consumiéndolo para intentar frenar la ola del aún joven Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).

Y es tal vez esta juventud morenista, que está pasando por una etapa adolescente —donde todos se dicen rebeldes pero siguen viviendo en casa de los papás—, la que enfrenta una fuerte crisis. Tan solo la última asamblea nacional se vio desangelada: la figura más importante fue un senador con cara triste, hombros pesados hasta el suelo, pero cobijado por un grito cauteloso de “no estás solo”; una presidenta (María Luisa Alcalde) que se ganó el Ferrari pero no lo sabe manejar; y la ausencia del secretario general —ese que nadie sabe dónde anda— que carga con el nombre del padre que construyó el movimiento.

Al más puro estilo de José José y su vástago, parece que Andy no nació con el mismo talento ni carisma de su progenitor, pero tampoco se ha enfocado en forjar su propio camino. Se le puede ver en imágenes con una actitud hasta fachosa, con la misma gracia de un camión echándose en reversa, ausente, siendo recordado únicamente por organizar una foto cuando pasaba la Presidenta, aprovechando que los de al lado no la habían visto.

Sin embargo, la Presidenta parece tener bien claro quiénes son, además de leales, útiles a su gobierno: Manuel Velasco, conciliador, negociador, político en toda la extensión de la palabra, uno de los pocos que puede sentarse a la mesa con los dirigentes de otras facciones en el Senado; un Ricardo Monreal que sigue liderando a su bancada en la monstruosa Cámara de Diputados; caso contrario al antes mencionado Adán Augusto, que no pudo liderar un modesto Senado, pensó que podía dividir y ser la oposición interna, pero que hoy hasta los más duros comentócratas aliados de la “izquierda” lo están dejando solo en su puerto.

La doctora Sheinbaum ha sorprendido a propios y extraños: cambió estrategias de seguridad —área donde más mermados estábamos los mexicanos—, no permite protecciones especiales, se ha desmarcado del partido y alejado de las grillas. A estas alturas, el gobierno pasado ya pensaba en quién sería el siguiente presidenciable, pero no es el caso: la vemos trabajar y dar resultados positivos en diferentes ámbitos. Aunque ya se han notado visibles traiciones e intentos de formar grupitos, la Presidenta no se entretiene con esas cosas: elige sus luchas y deja que otros se avienten esos pleitos de antesala.

Ahí está el caso de Clara Brugada, quien consiente en demasía a la alcaldesa de Cuauhtémoc y le regala foco con el teatro de las estatuas. Este mismo “acto heroico” ya le bastó a la escuálida oposición para subir a la “influencer” de Cuauhtémoc a un terreno presidenciable. No cabe duda: el panismo y el moribundo priismo se emocionan más con las redes sociales que con el trabajo ciudadano.

Por otra parte, el PRI tiene la oportunidad de volver a ser un partido serio, regresar a los orígenes donde había algo de ideales entre sus militantes y dirigentes. No es casualidad que algunas costumbres hayan sido heredadas a Morena y les estén funcionando; tal vez es el efecto nostalgia que se está dando en todos lados.

Con el camino libre, sin partidos fuertes en las contiendas, el juego se convirtió en Morena vs Morena:

  • El que está en el gobierno, alineándose con la primera Presidenta, sacando la chamba, celebrando acuerdos internacionales, festejando el combate al crimen y cerrando filas.

  • Contra el Morena que está grillando, haciendo maromas, coqueteando con otras “fuerzas” políticas, queriendo negociar y desestimando el liderazgo de la primera Presidenta de México.

Cada quien elige con cuál de esos se queda… porque los que van con el PAN están jugando con el control desconectado.

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