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¿Tienes cargos que no reconoces en tu tarjeta de crédito? Podría ser fraude

Un fraude bancario puede comenzar con una llamada, un enlace o una transferencia no reconocida. Pero cuando el banco rechaza la reclamación, el usuario todavía tiene herramientas legales para defender su patrimonio.

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Hubo un tiempo en que el mayor temor de un cuentahabiente era olvidar la cartera en un taxi o perder la tarjeta camino al trabajo. Hoy el delincuente ya no necesita tocar la puerta de su casa ni esperar afuera del cajero automático. Basta una llamada que aparenta provenir del banco, un enlace enviado por “WhatsApp”, un correo casi idéntico al original o una filtración masiva de datos para que, en cuestión de minutos, el patrimonio construido durante años desaparezca de una cuenta bancaria.

Mientras lees esta columna, alguien en México está utilizando la cuenta de alguien más para realizar un cargo, sin su autorización.

“Durante el primer semestre de este año, el monto reclamado por los usuarios a las instituciones bancarias superó los 14 mil 500 millones de pesos, en un total de 4.5 millones de reclamaciones que fueron presentadas por al menos 1.9 millones de usuarios.”

Y ese descubrimiento suele comenzar igual para todos: una notificación inesperada, un saldo menor al que recordaba o un movimiento que simplemente no tiene explicación. Primero llega la incredulidad; después, la angustia. Finalmente, la pregunta que miles de personas se hacen todos los días: ¿cómo pudo ocurrir si nunca perdí mi tarjeta ni compartí mis datos?

Guía para evitar ser víctima del 'spoofing', el nuevo fraude bancario a través de celular – El Financiero

La respuesta es incómoda porque revela una realidad que apenas comenzamos a comprender: el crimen también se digitalizó. México enfrenta un crecimiento sostenido de la delincuencia financiera. Los cargos no reconocidos, las transferencias SPEI fraudulentas, el robo de identidad, la contratación de créditos sin autorización y el uso ilícito de tarjetas digitales dejaron de ser casos aislados para convertirse en parte del paisaje cotidiano de nuestro sistema financiero. Los delincuentes ya no necesitan armas ni pasamontañas; hoy operan detrás de una pantalla, con bases de datos, algoritmos y sofisticadas técnicas de ingeniería social.

Paradójicamente, mientras el fraude evoluciona, buena parte de los usuarios continúa administrando su patrimonio con la misma lógica de hace treinta años. Persistimos en una idea profundamente arraigada: si el banco tiene mi dinero, el banco se encargará de protegerlo. La realidad es bastante más compleja: Las instituciones financieras tienen obligaciones legales de seguridad, pero ninguna tecnología sustituye la vigilancia del propio usuario. Revisar estados de cuenta, activar alertas de movimientos, limitar montos de operación, cambiar contraseñas periódicamente y desconfiar de cualquier solicitud de códigos dejaron de ser recomendaciones de educación financiera, incluso quienes actúan con prudencia pueden convertirse en víctimas. Y es entonces cuando comienza una segunda batalla, mucho menos visible que el fraude mismo.

Qué es el defensor del cliente bancario? | RealAdvisor

EL BANCO NO ADMITE MI QUEJA O RECLAMACIÓN.

La primera línea de defensa que tiene un usuario para reclamar es ante la Unidad Especializada de Atención a Usuarios del propio banco (UNE) donde habitualmente se inicia una aclaración y, semanas después, llega una respuesta casi idéntica en la mayoría de los casos: la operación fue autenticada correctamente. Con esa frase, para muchos usuarios parece terminar la historia.

En ese momento se recomienda acudir a la CONDUSEF como la siguiente alternativa. Durante años se le ha considerado el camino natural para resolver este tipo de conflictos y, sin duda, cumple una función valiosa de orientación y conciliación. No obstante, conviene entender con claridad el alcance de sus facultades. La CONDUSEF puede acercar a las partes a un acuerdo; no puede obligar al banco a devolver el dinero cuando éste sostiene que la operación fue válida. Si la institución financiera decide mantener su postura, el procedimiento conciliatorio suele concluir con los derechos del usuario reservados para acudir ante los tribunales.

Y es precisamente ahí donde comienza la discusión verdaderamente trascendente, mientras miles de personas aún creen que enfrentarse judicialmente a un banco es una batalla imposible, los tribunales mexicanos han empezado a modificar las reglas del juego.

Durante mucho tiempo bastaba que la institución financiera afirmara que la operación se realizó utilizando el NIP, un token o la banca móvil para presumir que había sido autorizada por el cliente. Ese argumento, por sí solo, hoy resulta cada vez menos suficiente.

¿QUÉ DEFENSA PROCESAL TENGO SI CONDUSEF NO PROCEDIÓ A MI FAVOR?

La evolución de los criterios judiciales ha impulsado un cambio de enorme relevancia: no corresponde al usuario demostrar que nunca realizó una operación; corresponde al banco acreditar que esa operación fue auténticamente autorizada, por lo que este este criterio transforma por completo la estrategia jurídica al buscar la NULIDAD POR CARGOS NO RECONOCIDOS, es decir, que dichas operaciones carecieron del consentimiento claro y acreditado fehacientemente por la Institución bancaria.

La lógica en este proceso judicial recae en que sólo la institución financiera posee las bitácoras electrónicas, los registros de autenticación, los certificados digitales, la información técnica de los dispositivos utilizados, los mecanismos de validación y la trazabilidad completa de la operación. En otras palabras, en otras palabras, la carga probatoria debe recaer en quien tiene la posibilidad real de demostrar los hechos.

Las Disposiciones de Carácter General emitidas por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores obligan a las instituciones financieras a implementar mecanismos robustos de autenticación, conservar registros electrónicos, documentar cada factor de validación y garantizar la trazabilidad de las operaciones realizadas mediante canales digitales. En consecuencia, cuando un banco sostiene que una transferencia o un cargo fueron autorizados por su cliente, no basta una captura de pantalla, un folio interno o una afirmación genérica.

“El banco debe demostrar técnicamente qué mecanismos de autenticación se utilizaron, qué elementos verificaron la identidad del usuario, qué registros electrónicos fueron generados y de qué manera su infraestructura cumplió con las obligaciones regulatorias aplicables.”

Cuando esa demostración no existe, la posición procesal de la institución financiera comienza a debilitarse. Por esa razón, el juicio mercantil ha dejado de ser el último recurso para convertirse, en muchos casos, en el escenario donde realmente puede discutirse la responsabilidad del banco, esto a diferencia de un procedimiento conciliatorio ante CONDUSEF, el proceso judicial permite requerir información técnica, ofrecer pruebas periciales especializadas, exigir la exhibición de bitácoras electrónicas, analizar el cumplimiento de la regulación emitida por la CNBV y, finalmente, obtener una sentencia obligatoria para la institución financiera.

Actividades en Ciudad Judicial continúan con normalidad tras ataque contra el abogado David Cohen | El Universal

Los tribunales mexicanos comienzan a reconocer una realidad tecnológica que durante años pasó inadvertida: cuando una institución controla el sistema mediante el cual se realizan las operaciones electrónicas, también debe asumir la responsabilidad de demostrar que ese sistema funcionó correctamente. Eso no significa que toda reclamación terminará con una sentencia favorable para el usuario, en el entendido que ningún consumidor debería cargar con la tarea imposible de probar un hecho negativo: demostrar que jamás autorizó una operación cuya evidencia técnica nunca estuvo en sus manos.

Hoy, la primera defensa frente al fraude sigue siendo la prevención. La segunda, el conocimiento de nuestros derechos; ignorar cualquiera de las dos puede costar dinero, ignorar ambas puede costar el patrimonio de una vida o una deuda que nunca aceptamos contraer.

 

 

  1. Tribunal Colegiado en Materias Civil y de Trabajo del Quinto Circuito. (2018). Transferencias electrónicas. Cuando se demande su nulidad la institución financiera demandada deberá probar que fueron autorizadas por el usuario mediante los certificados digitales que avalen el uso de la firma electrónica de éste (Tesis V.3o.C.T.11 C (10a.), Registro digital 2017776). Gaceta del Semanario Judicial de la Federación, Décima Época, Libro 57, Tomo III, p. 3120.
  2. Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (CONDUSEF). (s. f.). ¿Cargos no reconocidos? Gobierno de México. ⁠https://www.condusef.gob.mx/?p=contenido&idc=368&idcat=1

Héctor Lozada, Founder en Sapers, es empresario y abogado enfocado en derecho de empresas, gobierno corporativo y auditoría y control para pymes, startups y empresas familiares en México. Socio de Valor del ITESM, Consejero Independiente en consejos de empresas familiares en Monterrey y CDMX, afiliado a ANADE, Premio ASEM 2025. Ha liderado funciones legales y compliance en empresas cotizadas en NASDAQ en T.I.

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¿A quién incomoda el crecimiento de Pepe Chedraui en Puebla?

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Su ventaja en las encuestas parece haber encendido una campaña de desprestigio en su contra.
En encuestas como BEAP, MetaMetrics y La Encuesta MX, el alcalde aparece al frente de las preferencias, con una ventaja de más de 20 puntos sobre su más cercano competidor.
La guerra sucia crece, pero también crece la expectativa por conocer quién la opera y qué hay detrás.

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MIRADA AL FUTURO: La ciudad no se barre sola

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El Metro cumplió 57 años el 4 de septiembre. Hubo billete conmemorativo de la Lotería Nacional, fotografías históricas y un comunicado impecable: 22 trenes recuperados en las Líneas 2, 7, 8 y B; 15 mil trabajadoras y trabajadores; más de 69 mil millones de usuarios transportados desde 1969; una racha de cero carpetas por robo con violencia. La ciudad se retrató junto al naranja. Es justo: sin el Metro, esta capital se deshace a las 7:15 de la mañana.

Lo que casi no se retrata es la otra ciudad, la que empieza dos horas antes.

Antes de que salga el primer tren, las cuadrillas de limpia ya van en camión rumbo a una vía primaria. Muchas de esas personas no son, en el papel, trabajadoras: son “beneficiarias” de un programa social o personal de una empresa subcontratada. La palabra importa. Un beneficiario no cotiza. No tiene seguridad social, ni prestaciones, ni jornada reconocida, ni a quien reclamarle. Beneficiario suena a favor. Y el favor, en esta ciudad, se paga con turnos de madrugada junto al carril rápido.

Las cifras vienen de la denuncia, no del gobierno, y eso ya es parte del problema. La diputada Patricia Urriza, de Movimiento Ciudadano —ni de mi partido ni de mi bancada, conviene decirlo—, sostiene que en menos de un año hay siete personas fallecidas y más de treinta y cuatro lesionadas en estos esquemas. A finales de agosto se volcó un camión que trasladaba a 19 trabajadores: doce lesionados. El 30 de agosto murió Guadalupe, trabajadora de limpia, en Avenida Ferrocarril. No existe un recuento oficial que confirme o desmienta esas cifras. Que no exista es, en sí, una respuesta.

Hay un detalle que dice más que cualquier discurso: buena parte de los accidentes no ocurre “en la calle” en abstracto. Ocurre en el traslado, de noche, en unidades que llevan gente a barrer lo que nosotros ensuciamos de día. El riesgo no es solo la escoba junto al carril rápido. Es el camión que los lleva, el chaleco que no brilla y el nombre administrativo que evita decir “trabajador”.

Lo del uniforme merece párrafo aparte. Desde enero de 2025 el personal de servicios urbanos viste guinda, cuando la norma de seguridad para quien labora en vía pública pide colores de alta visibilidad. Se puede discutir la intención. Lo que no se puede discutir es la física: a las cinco de la mañana, sobre Viaducto, el guinda no se ve. Ninguna estrategia de imagen vale un cuerpo.

Compárese con el Metro. El Metro tiene sindicato, plaza, número de empleado, jubilación y hasta un cachito de lotería con su nombre. La limpia, en este modelo, flota entre el programa social y la tercerización. Uno es institución; el otro es arreglo. Pero los dos hacen lo mismo a distinta hora: sostener el escenario para que el resto podamos fingir que la ciudad funciona sola. Misma ciudad, dos categorías de cuerpo.

El 1 de septiembre, el Gobierno capitalino entregó al Congreso su Segundo Informe: alrededor de 3,500 obras en espacio público, 450 kilómetros repavimentados, Utopías, Caminos de Mujeres Libres y Seguras. El propio gobierno puso el cuidado al centro de su relato. El cuidado es un buen eje. Pero una administración que se define por los cuidados tiene que responder por quienes cuidan la calle. No se le puede llamar justicia social a un esquema que produce avenidas impecables y actas de defunción.

El 14 de octubre, la jefa de Gobierno comparecerá ante el Congreso. Ahí hay una prueba sencilla, sin ideología de por medio:

— que quien barre sea trabajador, con contrato y seguridad social;

— que el uniforme cumpla la norma de alta visibilidad, no la paleta del partido;

— que el traslado deje de ser la parte más peligrosa del turno;

— que exista un registro público de accidentes y fallecimientos del personal de limpia, con nombre, fecha y causa.

Nada de eso requiere una reforma constitucional. Requiere decisión.

Una columna no le devuelve la vida a Guadalupe. Puede hacer algo más chico y más terco: negar la idea de que la ciudad se sostiene sola. No se sostiene sola. Se sostiene con gente que entra a un túnel y con gente que sale a un camión a las cinco de la mañana. A los primeros, con razón, les cantamos las mañanitas. A los segundos les decimos beneficiarios.

Por eso cada calle recién barrida es también una pregunta: ¿quién la dejó así, y a qué hora se fue?

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Rafa Márquez y el proceso que sí llegó

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Ayer, Rafa Márquez fue presentado como director técnico de la Selección Mexicana en el Centro de Alto Rendimiento de la Federación Mexicana de Fútbol. La noticia no es que haya sido presentado. La noticia es que efectivamente ocurrió lo que se había prometido.

Porque en una Federación acostumbrada a cortar procesos de tajo y a improvisar ciclos, cumplir un plan trazado desde 2024 es, por sí solo, un acontecimiento. Rafa fue auxiliar de Javier Aguirre durante todo el proceso mundialista precisamente para esto. Y esta vez, el relevo se respetó.

‘El Káiser’ no pudo llegar en mejor momento. Y no por los resultados.

En términos estrictamente de alcance deportivo, el Mundial terminó donde ya sabíamos que terminaba: en octavos de final. Sí, se superó lo de Qatar 2022. Pero el techo siguió intacto. Lo que sí cambió fue otra cosa, y quizá más difícil de conseguir: la reconexión con la afición.

Durante cuatro años, la relación entre el Tri y su gente fue de pura apatía. El desastre de Qatar había roto algo. Llegaron las promesas de cambio, que en buena medida siguen sin cumplirse. Llegaron incluso los títulos, con la Copa Oro y la Nations League. Pero la conexión no aparecía por ningún lado.

Hasta el pitazo inicial del 11 de junio en el Estadio Ciudad de México. Ahí, algo se acomodó. El grito de “y si sí” se volvió un himno de batalla que nadie vio venir. El clímax llegó frente a Ecuador el 30 de junio. Y el cierre, contra Inglaterra el 5 de julio, terminó en derrota pero con el orgullo intacto. Se perdió el partido y se ganó a la gente.

Esa es la herencia real que recibe el michoacano. No una plantilla campeona, sino un país que volvió a querer a su selección.

Él parece entenderlo. En la conferencia lo dijo con claridad: la ventaja es que no se empieza de cero, que hay una base importante, y que la tarea es mantener lo que hay pero mejorarlo y evolucionarlo. Su cuerpo técnico respalda la ambición: Juan Manuel Lillo, Andrés Guardado y Vidal Paloma como auxiliares, Xabier Mancisidor con los porteros y Pol Lorente en la preparación física. Duilio Davino, director de selecciones, puso los objetivos sobre la mesa: ser el número uno de la zona, pelear finales de Concacaf y mantenerse entre los diez mejores del mundo.

Su primera prueba llega el 26 de septiembre contra Colombia, en Baltimore. No es un rival menor. Con Luis Díaz, James Rodríguez y Luis Javier Suárez, los cafetaleros tienen una calidad indiscutible, aunque en el Mundial se esperaba bastante más de ellos. Después vendrán Perú, Estados Unidos y Chile.

Pero no todo es color de rosa. Los vicios de siempre siguen ahí. El empalme del calendario de la Liga MX con la fecha FIFA, que incluye cuatro partidos de la jornada 10 el mismo día del debut, obligó a un acuerdo para convocar apenas dos jugadores por equipo. Nos quedaremos con la duda de si veremos al equipo que Rafa quiso o al que pudo tener. La eliminación permanente del ascenso y descenso desató protestas de la Liga de Expansión y sigue en procesos jurídicos. Y tras el Mundial, la exportación de futbolistas mexicanos a Europa fue prácticamente nula: entre los seleccionados, solo el caso de la ‘Hormiga’ González.

Ninguno de esos problemas es responsabilidad del de Zamora. Todos van a condicionar su trabajo.

Por eso la pregunta no es si él está capacitado. La pregunta es si lo van a dejar trabajar. Ese apoyo tendría que traducirse en cosas concretas: partidos en México para sostener el vínculo con la afición, libertad total para convocar a quien él quiera, y rivales de calidad que obliguen al equipo a crecer.

Rafa lo resumió mejor que nadie: habrá momentos buenos y momentos malos, pero lo importante es seguir avanzando.

Ojalá que esta vez, por primera vez en mucho tiempo, avanzar signifique no volver a empezar.

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