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Reforma electoral: últimos ajustes

La reforma electoral entra en su fase decisiva. No se trata de desmontar el modelo, sino de afinarlo: separar elecciones, clarificar reglas y fortalecer la legitimidad judicial sin poner en riesgo la estabilidad democrática.

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La reforma electoral presentada por la presidenta Claudia Sheinbaum vuelve a colocar en el centro del debate una pregunta ineludible: ¿cómo perfeccionar el diseño institucional sin erosionar la estabilidad alcanzada? Más que una ruptura, el momento actual debe asumirse como una fase de ajuste fino a partir de la experiencia reciente.

La Presidenta adelantó que este lunes 2 de marzo realizará una última revisión del proyecto antes de enviarlo al Congreso. Ese anuncio no es menor: implica que el texto aún puede incorporar precisiones técnicas relevantes, producto de los foros académicos, diagnósticos institucionales y evaluaciones derivadas del proceso electoral judicial de 2025.

Versión estenográfica. Conferencia de prensa de la presidenta Claudia  Sheinbaum Pardo del 10 de septiembre de 2025 | Presidencia de la República  | Gobierno | gob.mx

La discusión no parte de cero. Tras la implementación del modelo de elección judicial por voto popular, el país constató avances importantes en términos de legitimidad de origen y participación ciudadana. Sin embargo, también quedaron en evidencia dificultades operativas y normativas que hoy exigen correcciones responsables.

En el marco del Foro “Reforma judicial y consolidación democrática”, organizado por el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, el magistrado Felipe de la Mata Pizaña señaló que la eventual elección judicial podría realizarse en 2028, siempre que la reforma sea aprobada en los términos necesarios para ajustar el calendario y las reglas del proceso. El horizonte temporal dependerá, en última instancia, de la definición legislativa.

Entre los puntos centrales que contempla la reforma se encuentra la posibilidad de separar las elecciones judiciales de los comicios partidistas. La coincidencia de procesos de gran magnitud generó presión logística, saturación informativa y una carga institucional extraordinaria para autoridades administrativas y jurisdiccionales. Desfasar calendarios no implica restar importancia a la elección judicial; por el contrario, podría fortalecer su organización y claridad.

Análisis de la propuesta de reforma electoral de 2026

Otro eje relevante es el establecimiento de reglas claras desde el inicio. Definir criterios de paridad en la convocatoria y simplificar la estructura de selección, por ejemplo, mediante un solo comité, permitiría reducir la litigiosidad y otorgar mayor certeza a las personas aspirantes. La previsibilidad normativa es un componente esencial de la confianza pública.

Asimismo, se ha abierto el debate sobre los mecanismos de selección de candidaturas. Sustituir la tómbola por instrumentos objetivos, evaluaciones técnicas y criterios verificables apunta a equilibrar apertura democrática y mérito profesional. La legitimidad del modelo depende de que ambos principios convivan sin excluirse.

En la misma lógica, la simplificación de las boletas mediante la reducción del número de candidaturas, busca facilitar el voto informado. La experiencia demostró que una oferta excesivamente amplia puede generar confusión y desalentar la participación reflexiva.

Voces académicas como las de Jaime Cárdenas Gracia y Jesús Ricardo Miranda Medina han coincidido en que el modelo de elección judicial por voto popular difícilmente desaparecerá en el corto plazo. La discusión, entonces, no gira en torno a su eliminación, sino a su perfeccionamiento: cómo hacerlo más claro, más funcional y más robusto en términos de independencia y calidad técnica.

En ese contexto, la reforma electoral en curso puede convertirse en un ejercicio de madurez democrática. Reformar no equivale a reconocer el fracaso de un modelo, sino a asumir que las instituciones son perfectibles y que su legitimidad descansa precisamente en su capacidad de adaptación.

Las claves de la reforma electoral de Sheinbaum: qué busca y cuáles son las  críticas | CNN

Si el proyecto que será revisado este lunes incorpora estas lecciones, México podría avanzar hacia un esquema que combine participación ciudadana, profesionalización judicial y claridad normativa. La eventual elección judicial de 2028, de concretarse, sería entonces no sólo una continuidad del modelo, sino una versión mejorada de él.

La oportunidad está abierta. Su éxito dependerá de que el debate legislativo privilegie el rigor técnico sobre la polarización política y mantenga como objetivo central el fortalecimiento de la democracia y la eficacia de sus instituciones.

El Hospital Gea en el Top 5

El Hospital General Dr. Manuel Gea González se ubicó en el Top 5 nacional del ranking mundial de hospitales 2026 elaborado por Newsweek en conjunto con Statista, convirtiéndose en el hospital público mejor calificado de México. La evaluación consideró instituciones de más de 32 países y se basó en una metodología que integra recomendaciones de médicos expertos, directivos y profesionales de la salud, así como indicadores de calidad, encuestas de satisfacción y cuestionarios sobre bienestar funcional y calidad de vida de pacientes tras sus tratamientos.

Este reconocimiento refleja el trabajo sostenido de los últimos años. Bajo la dirección del Dr. Simón Kawa Karasik, el Gea ha escalado posiciones de manera progresiva en el ranking nacional, consolidando una política de cero rechazo y una alta capacidad resolutiva. Desde 2022, en el periodo postpandemia, el hospital ha incrementado de forma constante su productividad en urgencias, consultas y cirugías, atendiendo a cerca de 300 mil personas anualmente.

Pierde Gea 30% de capacidad tras 19S

Alejandra Cerecedo Constantino es una destacada profesional en comunicación y política en México, con una Licenciatura en Publicidad y Relaciones Públicas por la Universidad Veracruzana (UV) y una Maestría en Comunicación Política y Pública por la Universidad Panamericana (UP). Actualmente, es Directora Nacional de Comunicación en la Confederación Nacional de Jóvenes Mexicanos (CONAJOMX) y asesora de comunicación en el Senado de la República, donde usa su experiencia para fortalecer la comunicación institucional y pública.

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El 8M y el oportunismo

El feminismo no es una campaña de marketing. En su nueva columna, Valeria Martínez reflexiona sobre la mercantilización del 8M y la necesidad de transformar la rabia en verdadera emancipación política.

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Hablar de feminismo en singular es una tremenda omisión ante la diversidad de tendencias, posturas y disputas que lo atraviesan. Para intentar atender esta omisión, considero que debe abordarse desde un punto de vista claro: lo político es un espacio de poder y de conflicto. Para ello es fundamental retomar la visión de Marta Lamas, quien en Dolor y política concibe al feminismo, con todas sus diferencias internas, como una propuesta de emancipación. Con frecuencia encuentro en los discursos mediáticos o de mera difusión un sesgo que denota falta de sentido crítico y mucho de mercantilización (Lamas, 2019).

The Women's Day marches happening in Mexico on March 8

Ante tal afirmación no puedo estar más de acuerdo. El movimiento feminista no es ajeno al oportunismo. Cada año vemos, en marzo, a empresas, gobiernos o partidos políticos apropiarse del discurso feminista sin siquiera discutir o poner sobre la mesa el debate de cómo trastocar y acabar con las estructuras que legitiman las violencias y desigualdades contra mujeres y niñas.

El simbolismo no transforma de fondo, y menos cuando el capitalismo utiliza de manera sistémica al género como un eje estructurante de la desigualdad en las sociedades capitalistas. Persisten estructuras que siguen perpetuando y legitimando desigualdades que se manifiestan en brechas salariales y en brechas de acceso al poder, sin que se cuestionen las estructuras de poder patriarcal.

Nos encontramos en medio de una auténtica crisis capitalista, de profunda gravedad, sin una teoría crítica que la esclarezca y mucho menos que nos conduzca hacia una resolución emancipatoria.

Por ello, toda acción que siga reproduciendo el “empoderamiento” individualizado —sin una auténtica emancipación de las mujeres— resulta limitada. La emancipación es una aspiración más amplia: más que reclamar el poder, implica liberarse de cualquier forma de subordinación, tutela o dependencia, como lo planteaban los feminismos anticapitalistas.

Mexican Women Protest Femicides as President Warns Against Violence - The  New York Times

Wendy Brown afirma que el capitalismo reconfigura todos los aspectos de la vida, incluso los mensajes feministas, en términos económicos. Y aun en el caso de las privilegiadas que supuestamente estaban “empoderadas”, muy pocas lograron emanciparse del mandato cultural de la feminidad.

Mientras tanto, instituciones, partidos, empresas y marcas ocupan marzo para sus fines oportunistas. Como asegura Nancy Fraser, una de las peculiaridades del capitalismo es que trata sus relaciones sociales estructurantes como si fueran meramente económicas y apela a divisiones de estatus y resentimientos para desactivar, desplazar o incluso fomentar crisis políticas (Fraser, 2022).

Por lo pronto, analizar procesos culturales no significa justificarlos. Es un ejercicio intelectual que nos permite encontrar herramientas y vías para cambiar aquello que nos hiere, y no solamente reprobarlo. Para quienes marcharemos el domingo, saldremos a defender la alegría y el derecho a habitar el espacio público, un derecho que nos ha sido despojado por la cotidianidad violenta, desde lo más micro hasta lo político.

Thousands of feminists march in Mexico City: 'I am scared to simply be a  woman in Mexico' - Los Angeles Times

Salir a las calles con un grito enfurecido, con anhelos y denuncias llenas de dolor y rabia, es el reflejo de un síntoma mayor: el de violencias que estructuran nuestras relaciones políticas, económicas y con el territorio. Salir a la calle, hacer política y desplegar en el espacio público nuestros cuerpos, nuestras emociones y nuestras palabras es uno de los actos más profundos de disputa por el poder.

Ocupar el espacio público cada 8M es una protesta legítima. Lo deseable es que esta rabia y este dolor puedan transformarse y reflejarse en una eficacia política que nos aleje del empoderamiento —mercantilizado— y nos acerque a una auténtica emancipación.

Valeria Martínez Guzmán

Concejala en Venustiano Carranza

Lic. en Derecho UNAM

 

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8m: Mi Historia de activismo por los derechos de las mujeres

A seis años de impulsar la Ley Olimpia en Baja California, Marlene Grajeda comparte cómo esa experiencia marcó su activismo y por qué el 8M sigue siendo memoria, lucha y exigencia de justicia. 💜

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Hace seis años formé parte de una colectiva llamada Defensoras Digitales de Baja California. Era marzo de 2020 y estábamos promoviendo la aprobación de la Ley Olimpia en el estado. Esta ley impulsada por Olimpia Coral Melo agrupa reformas en México que tipifican y sancionan la violencia digital, especialmente la difusión de contenido íntimo sin consentimiento; para así proteger la dignidad de las víctimas (principalmente mujeres), con penas de 3 a 6 años y multas a los agresores.

Llegué a ese espacio muy naturalmente, entré por curiosidad y porque me parecía muy necesario y urgente que la Ley Olimpia se aprobara en mi estado.

Durante el tiempo que participé socializando esta propuesta legislativa, capacitándome sobre violencia digital y todo lo relacionado con el tema, aprendí mucho más que el fondo de la iniciativa. Aprendí sobre feminismo, sororidad y la lucha por los derechos de las mujeres; sobre seguridad, igualdad de oportunidades y sobre pertenecer a espacios de diálogo y toma de decisiones.

En julio de ese mismo año se aprobó la Ley Olimpia en el Congreso del Estado de Baja California. Mis compañeras y yo vimos la sesión como otros ven el Mundial: era lo más importante para nosotras en ese momento y no podíamos contener nuestra emoción al ver que, gracias a nuestro trabajo y esfuerzo se había aprobado en el Congreso de nuestro estado. Después de vivir esa experiencia, se me abrieron por completo los ojos ante la situación de injusticia, impunidad y desesperación que viven las víctimas de delitos; ya no hubo vuelta atrás.

En esos tiempos aún estaba muy popularizado el término “feminazi”, con el que se referían a las mujeres que simplemente exigían sus derechos humanos. Pero no me importaba si me identificaban con ese concepto, porque no iba a dejar de utilizar cualquier espacio que tuviera para visibilizar esta problemática y defender los derechos de las mujeres.

Porque vivimos en un país en el que, cada hora, dos mujeres son violadas;
Porque todavía caminamos por las calles con miedo a no regresar a casa;

Porque alzar la voz sigue siendo un acto de valentía y riesgo;
Porque una mujer aún gana 16 % menos que un hombre por realizar la misma labor;

Porque 60% de los puestos de Alta Dirección siguen siendo territorio exclusivamente masculino;
y por muchas razones más que gritan justicia en silencio.

Fue así como el 8M comenzó a sentirse como un segundo cumpleaños, una fecha muy especial: un día de memoria y lucha. Representa para mí un recordatorio de lo lejos que estamos de vivir en un país justo y seguro para nosotras, y al mismo tiempo me enorgullece ver lo mucho que hemos avanzado. Se lo dedico a todas las mujeres valientes que he conocido en este camino; su ejemplo me ha inspirado a ser quien soy y me impulsa a seguir participando y a exigir con más fuerza nuestros derechos.

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No es estrategia, es abuso. Bloquear no es gobernar.

La violencia política no siempre grita: a veces bloquea, cancela y castiga desde el poder. Carli Castillo reflexiona sobre los abusos que debilitan la democracia.

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Es marzo de nuevo, y con ello nos llenamos de activismo, de consignas y de sentimientos encontrados rumbo al 8M. Es un mes que invita a revisar lo que hemos avanzado y lo que aún duele. Y en este contexto quiero hablar de un tema que muchas veces se toma con cautela, pero que merece decirse con claridad: la violencia política no está bien.

Primero vamos a reconocer lo evidente: la violencia política contra las mujeres en razón de género existe. Está documentada, está tipificada y la viven muchas mujeres que participan en la vida pública (muchas lo hemos vivido en carne propia). Negarlo es irresponsable.

Pero también es cierto que la violencia política no siempre tiene una motivación de género. Hay mujeres —y hombres— que enfrentan descalificaciones, limitaciones, agresiones, ataques y muchas cosas más por el simple hecho de participar, opinar o tomar decisiones en el espacio público. Y eso tampoco está bien.

La política implica debate, contraste, competencia. Quienes estamos dentro de la vida pública lo sabemos: sabemos que hay resistencias, oposición, cuestionamientos. Todo esto es parte de la democracia y está bien, es sano.

Aprueba la Comisión Permanente del Congreso de la CDMX celebrar un Periodo Extraordinario virtual

Pero una cosa es debatir… y otra muy distinta es obstaculizar.

No es debate cuando te bajan tu publicidad o te bloquean tu propaganda como forma de intimidación o presión.

No es competencia que impidan el diálogo con la ciudadanía, que existan amenazas.

No es diferencia política que se prohíba a funcionarios atender gestiones por filias o fobias personales.

No es normal que alguien no pueda tener espacios dignos de trabajo simplemente porque “no cae bien” a quien tiene el poder.

Y mucho menos es aceptable condicionar la nómina o el sustento por caprichos.

Esto NO es estrategia política. Es abuso de poder. Es violencia.

Cuando se utilizan herramientas administrativas, recursos públicos o estructuras institucionales para castigar, aislar o debilitar a alguien por razones políticas, ya no estamos frente a una competencia democrática. Estamos frente a prácticas que lastiman a la democracia, no importan los colores ni los cargos.

La política no puede convertirse en un sistema de premios y castigos personales.

Porque cuando se normaliza que el acceso a espacios, información, recursos o gestiones dependa de simpatías, dejamos de hablar de instituciones y empezamos a hablar de feudos. Y los feudos no construyen democracia.

Estas prácticas no solo afectan a quien las vive, afectan también a la ciudadanía. Cada obstáculo impuesto por rencor, por presión o por “cálculo político” retrasa soluciones, bloquea gestiones y frena proyectos que podrían beneficiar a la comunidad.

La violencia política también es calladita, también opera en silencio: en la llamada que cancela un apoyo, en la llamada que vacía un evento, en la instrucción informal que cierra puertas, en el “no le ayuden” que circula en los pasillos.

Lucha contra la violencia política de género - Gaceta Políticas

Esto debe señalarse también.

Si queremos una política más ética, tenemos que empezar por rechazar estas prácticas, sin importar de dónde vengan. Porque la democracia no se defiende solo en los discursos o solo señalando a otros, sino en la forma en que ejercemos el poder todos los días.

Podemos competir, podemos disentir, podemos ganar y perder. No podemos usar las instituciones para ajustar cuentas personales. Cruzar esa línea nos debilita a todxs.

La democracia no es un favor que alguien concede, es un derecho que se ejerce.

Quien usa el poder para callar, bloquear o castigar, no está haciendo política: está debilitando las instituciones que juró respetar.

No importan los colores.
No importan los cargos.

Marzo nos recuerda la lucha por la igualdad y la dignidad. Pero la dignidad no es selectiva: o defendemos la democracia para todxs, o la estamos debilitando para todxs.

Ángel de la Independencia in Mexico City - See the Iconic Victory Column - Go Guides

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