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#Opinión

¿Qué tan limpia está nuestra ensalada?

Lavar y desinfectar las verduras sigue siendo indispensable, pero la verdadera seguridad depende también del campo, el agua, las prácticas agrícolas y la vigilancia sanitaria.

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Durante años creímos que la respuesta era sencilla.

Lavar. Desinfectar. Enjuagar. Comer.

Una secuencia tan cotidiana que pocas veces nos detenemos a pensar en ella. Sin embargo, el reciente brote de ciclosporidiosis asociado al consumo de lechuga en Estados Unidos ha puesto sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿qué tan seguros son realmente los alimentos que consideramos saludables?

La noticia sorprendió a muchas personas porque el problema no surgió de un alimento ultraprocesado ni de un producto evidentemente deteriorado. Surgió de una ensalada.

Ensalada siete sabores

Detrás de esta historia se encuentra Cyclospora cayetanensis, un parásito microscópico que infecta el intestino humano y puede provocar diarrea prolongada, fatiga, dolor abdominal y pérdida de peso. A diferencia de muchas bacterias que pueden multiplicarse directamente en los alimentos, Cyclospora tiene una historia más compleja.

Para comprenderla hay que salir por un momento de la cocina y regresar al campo.

Este parásito se elimina a través de las heces de una persona infectada. Sin embargo, cuando abandona el cuerpo humano todavía no es capaz de causar una nueva infección. Necesita permanecer días o incluso semanas en el ambiente para completar una etapa de maduración. Solo después puede contaminar agua, suelo o cultivos y convertirse en un riesgo para otra persona.

Es una estrategia fascinante desde el punto de vista biológico y preocupante desde el punto de vista sanitario.

Significa que la contaminación puede ocurrir mucho antes de que una lechuga llegue al supermercado. Puede comenzar en el agua utilizada para riego, en prácticas agrícolas deficientes o en sistemas de saneamiento que no funcionan adecuadamente.

Por eso, cuando escuchamos sobre brotes de este tipo, solemos dirigir la mirada hacia nuestra cocina cuando quizá deberíamos mirar también hacia toda la cadena de producción de alimentos.

Cómo lavar bien las frutas y verduras? -canalSALUD

Como investigadora en Ciencias de los Alimentos, hay una pregunta que escucho con frecuencia cada vez que surge una noticia como esta: Entonces, ¿de qué sirve desinfectar las verduras?

La respuesta es sencilla y compleja al mismo tiempo. Sí sirve. Y mucho. Pero no hace milagros.

Los desinfectantes actúan como pequeñas herramientas químicas diseñadas para dañar microorganismos.

Sin embargo, Cyclospora juega con reglas diferentes.

Durante parte de su ciclo de vida produce estructuras llamadas ooquistes. Si imagináramos a una bacteria como una casa construida con materiales ligeros, un ooquiste sería una pequeña fortaleza biológica diseñada para resistir condiciones ambientales adversas.

Llegados a este punto, surge una pregunta inevitable: ¿podemos eliminar completamente al parásito en casa?

La respuesta honesta es que no siempre.

Y quizá esa sea una de las lecciones más importantes de esta historia.

Estamos acostumbrados a pensar que lavar y desinfectar una verdura resuelve cualquier problema microbiológico. En realidad, estas prácticas reducen significativamente el riesgo y siguen siendo indispensables, pero no fueron diseñadas para garantizar la eliminación absoluta de todos los microorganismos presentes en un alimento.

¿Significa esto que estamos indefensos? En absoluto.

Lavar cuidadosamente frutas y verduras, utilizar desinfectantes autorizados siguiendo las instrucciones del fabricante, evitar la contaminación cruzada y adquirir alimentos de establecimientos confiables siguen siendo medidas fundamentales para disminuir riesgos.

La mejor defensa contra Cyclospora no comienza en la cocina. Comienza en el campo, en el acceso a agua segura, en las buenas prácticas agrícolas, en los sistemas de saneamiento y en la vigilancia epidemiológica.

Riego Agrícola: Innovaciones y Tecnologías para la Agricultura del Futuro -  Yamuni

¿Debemos preocuparnos en México? La respuesta más razonable es que debemos mantenernos informados.

También nos recuerdan algo que pocas veces pensamos: el cambio climático está transformando las condiciones bajo las cuales producimos alimentos.

Durante años creímos que la inocuidad alimentaria terminaba cuando sumergíamos una lechuga en agua con desinfectante.

Cyclospora nos recuerda que la historia comienza mucho antes. Mucho antes de nuestra cocina. Mucho antes del supermercado. Incluso mucho antes de la cosecha.

Tal vez la verdadera pregunta nunca fue qué tan limpia está nuestra ensalada.

Tal vez la pregunta es cuánto sabemos sobre el camino que recorren nuestros alimentos antes de llegar a nuestra mesa.

Dalia Santos Luna es Doctora en Ciencias en los Alimentos, investigadora y divulgadora científica. Convencida de que la ciencia forma parte de nuestra cultura y de la vida cotidiana, escribe sobre conocimiento, descubrimientos y las preguntas que nos ayudan a comprender mejor el mundo que habitamos. Sus textos exploran el encuentro entre la investigación científica y la experiencia humana, acercando temas complejos a lectores curiosos y construyendo puentes entre la ciencia y la sociedad. Su labor busca demostrar que los hallazgos más importantes no terminan en los laboratorios, sino en las conversaciones que transforman nuestra manera de entender nuestro entorno y a nosotros mismos.

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¿A quién incomoda el crecimiento de Pepe Chedraui en Puebla?

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Su ventaja en las encuestas parece haber encendido una campaña de desprestigio en su contra.
En encuestas como BEAP, MetaMetrics y La Encuesta MX, el alcalde aparece al frente de las preferencias, con una ventaja de más de 20 puntos sobre su más cercano competidor.
La guerra sucia crece, pero también crece la expectativa por conocer quién la opera y qué hay detrás.

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#Opinión

MIRADA AL FUTURO: La ciudad no se barre sola

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El Metro cumplió 57 años el 4 de septiembre. Hubo billete conmemorativo de la Lotería Nacional, fotografías históricas y un comunicado impecable: 22 trenes recuperados en las Líneas 2, 7, 8 y B; 15 mil trabajadoras y trabajadores; más de 69 mil millones de usuarios transportados desde 1969; una racha de cero carpetas por robo con violencia. La ciudad se retrató junto al naranja. Es justo: sin el Metro, esta capital se deshace a las 7:15 de la mañana.

Lo que casi no se retrata es la otra ciudad, la que empieza dos horas antes.

Antes de que salga el primer tren, las cuadrillas de limpia ya van en camión rumbo a una vía primaria. Muchas de esas personas no son, en el papel, trabajadoras: son “beneficiarias” de un programa social o personal de una empresa subcontratada. La palabra importa. Un beneficiario no cotiza. No tiene seguridad social, ni prestaciones, ni jornada reconocida, ni a quien reclamarle. Beneficiario suena a favor. Y el favor, en esta ciudad, se paga con turnos de madrugada junto al carril rápido.

Las cifras vienen de la denuncia, no del gobierno, y eso ya es parte del problema. La diputada Patricia Urriza, de Movimiento Ciudadano —ni de mi partido ni de mi bancada, conviene decirlo—, sostiene que en menos de un año hay siete personas fallecidas y más de treinta y cuatro lesionadas en estos esquemas. A finales de agosto se volcó un camión que trasladaba a 19 trabajadores: doce lesionados. El 30 de agosto murió Guadalupe, trabajadora de limpia, en Avenida Ferrocarril. No existe un recuento oficial que confirme o desmienta esas cifras. Que no exista es, en sí, una respuesta.

Hay un detalle que dice más que cualquier discurso: buena parte de los accidentes no ocurre “en la calle” en abstracto. Ocurre en el traslado, de noche, en unidades que llevan gente a barrer lo que nosotros ensuciamos de día. El riesgo no es solo la escoba junto al carril rápido. Es el camión que los lleva, el chaleco que no brilla y el nombre administrativo que evita decir “trabajador”.

Lo del uniforme merece párrafo aparte. Desde enero de 2025 el personal de servicios urbanos viste guinda, cuando la norma de seguridad para quien labora en vía pública pide colores de alta visibilidad. Se puede discutir la intención. Lo que no se puede discutir es la física: a las cinco de la mañana, sobre Viaducto, el guinda no se ve. Ninguna estrategia de imagen vale un cuerpo.

Compárese con el Metro. El Metro tiene sindicato, plaza, número de empleado, jubilación y hasta un cachito de lotería con su nombre. La limpia, en este modelo, flota entre el programa social y la tercerización. Uno es institución; el otro es arreglo. Pero los dos hacen lo mismo a distinta hora: sostener el escenario para que el resto podamos fingir que la ciudad funciona sola. Misma ciudad, dos categorías de cuerpo.

El 1 de septiembre, el Gobierno capitalino entregó al Congreso su Segundo Informe: alrededor de 3,500 obras en espacio público, 450 kilómetros repavimentados, Utopías, Caminos de Mujeres Libres y Seguras. El propio gobierno puso el cuidado al centro de su relato. El cuidado es un buen eje. Pero una administración que se define por los cuidados tiene que responder por quienes cuidan la calle. No se le puede llamar justicia social a un esquema que produce avenidas impecables y actas de defunción.

El 14 de octubre, la jefa de Gobierno comparecerá ante el Congreso. Ahí hay una prueba sencilla, sin ideología de por medio:

— que quien barre sea trabajador, con contrato y seguridad social;

— que el uniforme cumpla la norma de alta visibilidad, no la paleta del partido;

— que el traslado deje de ser la parte más peligrosa del turno;

— que exista un registro público de accidentes y fallecimientos del personal de limpia, con nombre, fecha y causa.

Nada de eso requiere una reforma constitucional. Requiere decisión.

Una columna no le devuelve la vida a Guadalupe. Puede hacer algo más chico y más terco: negar la idea de que la ciudad se sostiene sola. No se sostiene sola. Se sostiene con gente que entra a un túnel y con gente que sale a un camión a las cinco de la mañana. A los primeros, con razón, les cantamos las mañanitas. A los segundos les decimos beneficiarios.

Por eso cada calle recién barrida es también una pregunta: ¿quién la dejó así, y a qué hora se fue?

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#Opinión

Rafa Márquez y el proceso que sí llegó

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Ayer, Rafa Márquez fue presentado como director técnico de la Selección Mexicana en el Centro de Alto Rendimiento de la Federación Mexicana de Fútbol. La noticia no es que haya sido presentado. La noticia es que efectivamente ocurrió lo que se había prometido.

Porque en una Federación acostumbrada a cortar procesos de tajo y a improvisar ciclos, cumplir un plan trazado desde 2024 es, por sí solo, un acontecimiento. Rafa fue auxiliar de Javier Aguirre durante todo el proceso mundialista precisamente para esto. Y esta vez, el relevo se respetó.

‘El Káiser’ no pudo llegar en mejor momento. Y no por los resultados.

En términos estrictamente de alcance deportivo, el Mundial terminó donde ya sabíamos que terminaba: en octavos de final. Sí, se superó lo de Qatar 2022. Pero el techo siguió intacto. Lo que sí cambió fue otra cosa, y quizá más difícil de conseguir: la reconexión con la afición.

Durante cuatro años, la relación entre el Tri y su gente fue de pura apatía. El desastre de Qatar había roto algo. Llegaron las promesas de cambio, que en buena medida siguen sin cumplirse. Llegaron incluso los títulos, con la Copa Oro y la Nations League. Pero la conexión no aparecía por ningún lado.

Hasta el pitazo inicial del 11 de junio en el Estadio Ciudad de México. Ahí, algo se acomodó. El grito de “y si sí” se volvió un himno de batalla que nadie vio venir. El clímax llegó frente a Ecuador el 30 de junio. Y el cierre, contra Inglaterra el 5 de julio, terminó en derrota pero con el orgullo intacto. Se perdió el partido y se ganó a la gente.

Esa es la herencia real que recibe el michoacano. No una plantilla campeona, sino un país que volvió a querer a su selección.

Él parece entenderlo. En la conferencia lo dijo con claridad: la ventaja es que no se empieza de cero, que hay una base importante, y que la tarea es mantener lo que hay pero mejorarlo y evolucionarlo. Su cuerpo técnico respalda la ambición: Juan Manuel Lillo, Andrés Guardado y Vidal Paloma como auxiliares, Xabier Mancisidor con los porteros y Pol Lorente en la preparación física. Duilio Davino, director de selecciones, puso los objetivos sobre la mesa: ser el número uno de la zona, pelear finales de Concacaf y mantenerse entre los diez mejores del mundo.

Su primera prueba llega el 26 de septiembre contra Colombia, en Baltimore. No es un rival menor. Con Luis Díaz, James Rodríguez y Luis Javier Suárez, los cafetaleros tienen una calidad indiscutible, aunque en el Mundial se esperaba bastante más de ellos. Después vendrán Perú, Estados Unidos y Chile.

Pero no todo es color de rosa. Los vicios de siempre siguen ahí. El empalme del calendario de la Liga MX con la fecha FIFA, que incluye cuatro partidos de la jornada 10 el mismo día del debut, obligó a un acuerdo para convocar apenas dos jugadores por equipo. Nos quedaremos con la duda de si veremos al equipo que Rafa quiso o al que pudo tener. La eliminación permanente del ascenso y descenso desató protestas de la Liga de Expansión y sigue en procesos jurídicos. Y tras el Mundial, la exportación de futbolistas mexicanos a Europa fue prácticamente nula: entre los seleccionados, solo el caso de la ‘Hormiga’ González.

Ninguno de esos problemas es responsabilidad del de Zamora. Todos van a condicionar su trabajo.

Por eso la pregunta no es si él está capacitado. La pregunta es si lo van a dejar trabajar. Ese apoyo tendría que traducirse en cosas concretas: partidos en México para sostener el vínculo con la afición, libertad total para convocar a quien él quiera, y rivales de calidad que obliguen al equipo a crecer.

Rafa lo resumió mejor que nadie: habrá momentos buenos y momentos malos, pero lo importante es seguir avanzando.

Ojalá que esta vez, por primera vez en mucho tiempo, avanzar signifique no volver a empezar.

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