Cada octubre nuestras calles, instituciones, empresas y redes sociales se llenan de rosa. Vemos listones, campañas y mensajes que nos recuerdan la importancia de luchar contra el cáncer de mama.
Y sí, visibilizar importa. Hablar del tema importa. Recordarnos que debemos cuidarnos también importa.
Pero octubre no puede quedarse solamente en rosa.
Detrás de cada listón hay mujeres, familias e historias. Hay quienes están esperando un diagnóstico, quienes comenzaron un tratamiento, quienes vencieron la enfermedad y quienes hoy recuerdan a una madre, una hermana, una hija o una amiga.
Por eso, hablar del cáncer de mama también significa hablar de prevención, detección oportuna, acceso a los servicios de salud y, sobre todo, acompañamiento.
Las cifras nos recuerdan la dimensión del reto. De acuerdo con datos del INEGI, durante 2024 se registraron 8,450 defunciones por cáncer de mama en México; 99.2 por ciento correspondieron a mujeres.
Pero detrás de cada cifra hay un nombre y una historia.
La detección oportuna sigue siendo una de nuestras herramientas más importantes. En México se recomienda la autoexploración a partir de los 20 años, la exploración clínica desde los 25 y la mastografía de tamizaje entre los 40 y 69 años.
Sin embargo, conocer estas recomendaciones es apenas el primer paso.
Necesitamos lograr que la información llegue a todas las mujeres y, especialmente, que tener acceso a una revisión o a una mastografía no dependa de dónde viven, de cuánto ganan o de si tienen tiempo y recursos para trasladarse.
Un ejemplo de que la sociedad civil también puede transformar la realidad es FUCAM, una institución que durante años ha dedicado sus esfuerzos a la atención integral del cáncer de mama, desde la detección y el diagnóstico hasta el tratamiento y seguimiento de las pacientes. Su trabajo nos recuerda que frente a un problema de esta magnitud necesitamos sumar esfuerzos y construir alianzas que permitan que más mujeres reciban atención a tiempo.
Particularmente valioso es el trabajo que realiza a través de sus unidades móviles, equipadas con mastógrafos digitales, con las que acerca estudios de detección a distintas comunidades. Estas campañas, realizadas mediante alianzas con empresas e instituciones, permiten llevar mastografías gratuitas a mujeres que cumplen con los requisitos establecidos.
Ese es precisamente el camino que debemos fortalecer: que la prevención salga de los consultorios y llegue a nuestras colonias, barrios y comunidades. Que sociedad civil, instituciones, iniciativa privada y ciudadanía entendamos que podemos trabajar juntos para acercar oportunidades de detección a quienes más las necesitan.
Porque muchas veces las grandes transformaciones comienzan cerca de casa: cuando una hija le recuerda a su mamá que debe revisarse; cuando una amiga acompaña a otra a realizarse un estudio; cuando una organización acerca una mastografía a una comunidad; o cuando distintas personas e instituciones deciden sumar esfuerzos para que una mujer pueda recibir atención a tiempo.
Hay otra parte de esta lucha de la que debemos hablar más: acompañar.
Recibir un diagnóstico de cáncer cambia la vida de una persona y de quienes están a su alrededor. El proceso no solamente requiere atención médica. También necesita una familia presente, amistades, apoyo emocional y una comunidad capaz de ser solidaria.
Por eso creo que el Mes Rosa debe invitarnos a pasar de la sensibilización a la acción.
Que octubre sirva para recordarnos la importancia de revisarnos, pero que noviembre, diciembre, enero y todos los meses del año mantengamos ese compromiso.
Porque cuidarnos también es querernos.
Acompañarnos es hacer comunidad.
Y detectar a tiempo puede cambiar una historia.