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La Selección Ganó. Nosotros No (México 0 – 4 Indiferencia)

Mientras el Mundial mostraba la mejor cara de México, madres buscadoras, estudiantes y víctimas de violencia recordaban las heridas que siguen abiertas.

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Mundial 2026: Aficionados celebran triunfo de México en el Ángel de la  Independencia tras partido contra Sudáfrica - Ovaciones

La inauguración de la Copa Mundial de la FIFA 2026 debía ser una oportunidad para mostrar al mundo la mejor versión de México. Durante meses escuchamos que este sería el momento para presumir nuestra cultura, nuestra hospitalidad y nuestra capacidad para organizar uno de los eventos deportivos más importantes del planeta. Las cámaras internacionales enfocaron un Estadio Azteca (ahora Estadio Ciudad de México) repleto, una ceremonia cuidadosamente preparada y a una Selección Mexicana que comenzó su participación con una victoria frente a Sudáfrica.

Sin embargo, mientras dentro de la cancha del Estadio Azteca se disputaba un partido, fuera de ella se jugaba otro. Uno mucho más incómodo.

Mientras miles de personas celebraban el triunfo de México, madres buscadoras colocaban frente al Ángel de la Independencia los rostros de personas desaparecidas. Mientras las transmisiones deportivas hablaban de goles y estadísticas, colectivos estudiantiles y organizaciones sociales se manifestaban para denunciar la violencia y la crisis de desapariciones que atraviesa el país. Mientras el mundo observaba una fiesta, otros aprovechaban para tocar sin su consentimiento a una mujer.

Protesta de madres buscadoras en Ángel de la Independencia

Ese fue el otro partido inaugural.

Uno de los primeros episodios que marcó el inicio del torneo fue el denunciado por la periodista deportiva Montserrat Gómez. Durante una transmisión en vivo realizada tras la victoria de la Selección Mexicana, un aficionado la abrazó por la espalda sin su consentimiento. Lo verdaderamente revelador no fue únicamente el hecho, sino la discusión que vino después. Mientras muchas personas respaldaron a la periodista y reconocieron la falta de respeto que implicaba invadir su espacio personal durante una transmisión profesional, otras minimizaron lo ocurrido argumentando que se trató simplemente de una muestra de emoción propia del ambiente futbolero.

Para algunos fue una agresión. Para otros, una simple broma.

Y quizá esa diferencia de percepciones dice tanto sobre nuestra sociedad como el hecho mismo.

Paralelamente, diversos colectivos estudiantiles y organizaciones sociales realizaron manifestaciones en las inmediaciones del Estadio Azteca para denunciar distintas problemáticas nacionales. El saldo fue de doce personas detenidas, posteriormente liberadas, aunque sujetas a investigaciones. También fueron retenidos temporalmente dos documentalistas que finalmente quedaron en libertad.

🔹 PERIODISTA DEPORTIVA SUFRE ACOSO EN VIVO DURANTE INAUGURACIÓN DEL MUNDIAL  • 🎥 Mientras realizaba una transmisión en directo, Montserrat Gómez fue  víctima de acoso por parte de un hombre que se

Existen versiones encontradas sobre lo sucedido. Mientras los manifestantes denuncian detenciones arbitrarias y uso excesivo de la fuerza, las autoridades sostienen que algunos participantes agredieron a elementos policiales y rompieron cercos de seguridad. Corresponderá a las investigaciones esclarecer los hechos. Sin embargo, incluso antes de que exista una conclusión definitiva, una parte de la conversación pública tomó un rumbo preocupante.

El comentarista deportivo Mauricio Ymay propuso utilizar tanquetas, chorros de agua a presión y balas de goma contra quienes se manifiestan. Sus palabras provocaron indignación, pero también revelaron algo más profundo: para ciertos sectores, el problema no es la injusticia que origina una protesta, sino la protesta misma.

Esa idea debería preocuparnos.

Porque en México muchas de las conquistas sociales, muchas de las exigencias de justicia y muchas de las búsquedas de verdad han comenzado precisamente en las calles. Las madres buscadoras, los familiares de víctimas, los estudiantes y numerosos movimientos ciudadanos han recurrido a la protesta porque las instituciones no siempre han sido capaces de responderles.

Por eso resulta inevitable preguntarse: si la solución consiste en dispersar por la fuerza a quienes se manifiestan, ¿también debería aplicarse ese criterio a las madres que bloquean avenidas para exigir la localización de sus hijos? ¿A los familiares que marchan porque llevan años esperando justicia? ¿A cualquier ciudadano que protesta porque dejó de encontrar respuestas en las instituciones?

La imagen más dolorosa de estos primeros días del Mundial, sin embargo, ocurrió lejos del estadio.

Ocurrió bajo la lluvia.

Desde horas antes del partido inaugural, madres buscadoras y colectivos ciudadanos habían colocado lonas y pancartas para visibilizar la crisis de desapariciones que vive el país. Entre ellas se encontraban imágenes de personas desaparecidas y de madres buscadoras que murieron o fueron asesinadas sin haber encontrado a sus seres queridos.

CNTE irá al Estadio Ciudad de México en la inauguración del Mundial - El  Sol de México

Tras la victoria de la Selección Mexicana, la lluvia sorprendió a quienes acudieron a celebrar al Ángel de la Independencia. Algunos aficionados utilizaron esas lonas para protegerse del agua y continuar los festejos.

La imagen era brutal. No se trataba de propaganda política ni de simples mantas abandonadas. Eran los rostros de personas desaparecidas. Eran fotografías de hombres y mujeres que alguien sigue buscando. Eran imágenes que representaban años de dolor, incertidumbre y lucha.

Cuando integrantes de los colectivos intentaron recuperar las lonas, una madre buscadora fue insultada. Un periodista que intervino para ayudarla fue golpeado y derribado. Según los testimonios difundidos posteriormente, los presuntos agresores no fueron detenidos.

La escena reflejaba algo más profundo que una falta de sensibilidad.

Mientras unos celebraban un gol, otros intentaban recordar que más de cien mil personas siguen desaparecidas en México.

Mientras unos cantaban, otros buscaban.

Quizá por eso no sorprende que muchos usuarios en redes sociales identificaran a algunos de los involucrados como “juniors”. No sabemos si esa etiqueta es justa o no. Tampoco es lo importante. Lo verdaderamente relevante es la percepción que existe detrás de ella: la idea de que hay personas tan alejadas de ciertos problemas que pueden darse el lujo de ignorarlos.

Algo parecido ocurrió con las declaraciones de Mauricio Ymay. Más allá de su origen familiar o de su situación económica, sus palabras fueron interpretadas por muchos como la expresión de una mirada distante respecto de las causas que llevan a miles de personas a tomar las calles.

El Mundial también dejó una imagen difícil de ignorar. Dentro de los estadios se encontraban miles de personas capaces de pagar boletos cuyo costo representa semanas o incluso meses de ingreso para millones de mexicanos. Afuera estaban quienes vendían comida, banderas y recuerdos para aprovechar la derrama económica. Afuera estaban estudiantes manifestándose. Afuera estaban madres buscadoras sosteniendo fotografías de familiares que siguen desaparecidos.

Dos Méxicos convivían a escasos metros de distancia.

Uno celebraba los beneficios de un país capaz de organizar una Copa del Mundo.

El otro recordaba las deudas de un país que sigue acumulando desaparecidos, víctimas y agravios sin resolver.

La tragedia no es que existan personas privilegiadas. Toda sociedad las tiene. La tragedia comienza cuando el privilegio produce indiferencia. Cuando quienes nunca han sufrido una desaparición minimizan la lucha de las madres buscadoras. Cuando quienes nunca han necesitado protestar consideran que toda manifestación es una molestia. Cuando quienes jamás han experimentado ciertas formas de violencia son incapaces de reconocerlas cuando ocurren frente a ellos.

Quizá el Mundial no creó ninguna de estas contradicciones. La violencia contra las mujeres, la crisis de desapariciones, la desconfianza hacia las manifestaciones y las profundas desigualdades sociales existían mucho antes del silbatazo inicial.

Por unos días, el mundo observó a México. Y junto con los estadios llenos, las ceremonias espectaculares y los festejos multitudinarios, también pudo ver algunas de las heridas que seguimos sin cerrar.

Cuando la Copa del Mundo termine y los reflectores internacionales se apaguen, México seguirá enfrentando exactamente los mismos desafíos que quedaron expuestos durante su inauguración. Las mujeres seguirán exigiendo espacios libres de violencia, las madres buscadoras continuarán recorriendo el país en busca de respuestas y miles de ciudadanos seguirán manifestándose porque consideran que las instituciones no han sido capaces de resolver sus demandas.

La Selección Mexicana ganó el partido inaugural frente a Sudáfrica.

Pero los acontecimientos que rodearon esos primeros días de competencia dejaron al descubierto una derrota mucho más profunda.

La facilidad con la que seguimos normalizando la indiferencia frente al dolor de los demás.

La Selección ganó.

México perdió.

Quiénes son las Madres Buscadoras de México? - Agencia Presentes

Estudió su Licenciatura en la Facultad de Derecho de la UNAM. Docente de nivel medio superior e integrante de la firma Operación Estratégica, donde participa en el diseño de estrategias jurídicas dirigidas a candidatos, actores políticos, legisladores y gobiernos locales.

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Más mujeres, más democracia: pluralidad, paridad y los desafíos del presente

La paridad fue un gran avance. Ahora el desafío es construir una democracia donde todas las mujeres puedan participar y liderar en igualdad.

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La democracia mexicana vive una paradoja. Nunca antes las mujeres habían tenido tanta presencia en los espacios de representación política y, al mismo tiempo, nunca habían enfrentado un contexto tan complejo para ejercer plenamente su liderazgo. La conquista de la paridad ha transformado la composición de los órganos de gobierno, pero los desafíos contemporáneos nos recuerdan que la representación política no puede medirse únicamente en números. La pregunta central ya no es cuántas mujeres ocupan cargos públicos, sino qué tan capaces somos de construir una democracia donde todas las voces puedan participar, deliberar y decidir en condiciones de igualdad.

Continúa labor del Parlamento de Mujeres del Congreso capitalino

Durante décadas, las mujeres estuvieron excluidas de los espacios donde se tomaban las decisiones fundamentales para el país. Aunque el reconocimiento del sufragio femenino en 1953 marcó un punto de inflexión, la incorporación efectiva de las mujeres a la vida política fue lenta y desigual. No fue sino hasta la adopción de cuotas de género y, posteriormente, de las reformas de paridad, que comenzó una transformación profunda de las instituciones democráticas mexicanas.

La reforma constitucional de 2019 conocida como “Paridad en Todo” consolidó uno de los avances más importantes de la democracia mexicana. Gracias a ella, hoy México es reconocido internacionalmente como uno de los países con mayores niveles de representación política femenina. La presencia de mujeres en el Congreso de la Unión, en los congresos locales, en los gobiernos estatales y municipales, así como en organismos autónomos y poderes públicos, constituye una de las transformaciones democráticas más significativas de las últimas décadas.

Sin embargo, la representación política de las mujeres no puede reducirse a una cuestión de presencia. La democracia no se fortalece únicamente porque haya más mujeres ocupando cargos; se fortalece cuando existen condiciones para que esas mujeres puedan ejercer liderazgo, influir en las decisiones públicas y representar la diversidad de experiencias que conforman nuestra sociedad. Ahí es donde emerge uno de los conceptos más relevantes para el presente: la pluralidad democrática.

La pluralidad democrática parte de la premisa de que ninguna sociedad es homogénea. Las mujeres tampoco lo son. Existen mujeres de izquierda, de centro y de derecha; mujeres indígenas, afromexicanas, urbanas y rurales; jóvenes y adultas; feministas y no feministas; militantes partidistas e independientes. Pretender que existe una única forma legítima de participación política femenina implica desconocer precisamente aquello que la democracia busca proteger y es la diversidad.

La fortaleza de una democracia no radica en la ausencia de diferencias, sino en su capacidad para procesarlas mediante instituciones, diálogo y acuerdos. La pluralidad implica reconocer la legitimidad de posturas distintas y la posibilidad de construir soluciones comunes a partir de ellas. En una época marcada por la polarización política, este principio adquiere una relevancia especial.

la lucha de las mujeres por un espacio en la arena política

La experiencia nos demuestra que ampliar la representación política de las mujeres requiere mucho más que reformas legales. Requiere construir ecosistemas de apoyo capaces de acompañar a mujeres con distintas trayectorias e identidades políticas. Requiere formación, liderazgo, herramientas de comunicación, redes de colaboración, seguridad y espacios de encuentro donde la diferencia no sea vista como una amenaza, sino como una oportunidad para enriquecer el debate democrático.

Sin embargo, los avances alcanzados no deben llevarnos a la complacencia. Las democracias contemporáneas enfrentan desafíos que amenazan directamente los principios de inclusión y pluralidad que han permitido estos progresos.

En distintas regiones del mundo observamos el fortalecimiento de movimientos políticos cada vez más radicalizados, el aumento de la polarización y el debilitamiento de los espacios de diálogo. Cuando la política se reduce a una lógica de confrontación permanente entre bandos irreconciliables, las voces diversas suelen convertirse en las primeras víctimas. La complejidad es sustituida por simplificaciones; el desacuerdo legítimo por la descalificación; la deliberación por la imposición.

Las mujeres y otros grupos históricamente discriminados suelen resentir de manera particular estas dinámicas. La evidencia internacional muestra que los contextos de polarización extrema incrementan los niveles de violencia política, los ataques digitales, las campañas de desprestigio y las estrategias de exclusión dirigidas a quienes desafían las estructuras tradicionales de poder.

No es casualidad que los espacios más cerrados, jerárquicos y autoritarios tiendan a limitar la participación de las mujeres. La inclusión requiere apertura; la representación requiere diversidad; la democracia requiere pluralidad. Cuando cualquiera de estos elementos desaparece, los avances conquistados pueden comenzar a erosionarse.

Por ello, la defensa de la participación política de las mujeres debe entenderse como parte de una agenda más amplia de fortalecimiento democrático. La paridad es indispensable, pero por sí sola no garantiza una democracia incluyente. Necesitamos instituciones capaces de proteger la diferencia, promover la deliberación y garantizar que mujeres con distintas identidades, trayectorias e ideologías puedan competir y participar en igualdad de condiciones.

La Ciudad de México ha sido históricamente un laboratorio de innovación democrática y de ampliación de derechos. Hoy tiene la oportunidad de seguir siendo referente nacional en la construcción de una democracia más representativa, donde la paridad no sea el punto de llegada, sino el punto de partida para una participación política verdaderamente sustantiva.

Porque la democracia no alcanza su plenitud cuando las mujeres ocupan la mitad de los espacios. La alcanza cuando pueden ejercer plenamente su liderazgo, influir en las decisiones públicas y representar, desde la pluralidad de sus experiencias y convicciones, la diversidad de la sociedad mexicana.

En tiempos de polarización y desafíos democráticos, defender la pluralidad, fortalecer la participación política de las mujeres y consolidar la paridad no son agendas separadas. Son, en realidad, distintas expresiones de una misma convicción y es que una democracia más diversa es también una democracia más fuerte.

La Constitución hará obligatoria la paridad de género en todo el gobierno

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El negocio de crear comunidad

Cada vez necesitamos más clubes, talleres o experiencias para hacer amigos. ¿Estamos comprando comunidad porque dejamos de construirla?

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Antes consumíamos cosas dentro de una comunidad, hoy consumimos cosas para construir una comunidad.

Llevo días dándole vueltas a esa idea porque, entre más observo la Ciudad de México, más sentido tiene; y es que en la actualidad existen clubes para correr, talleres de cerámica, cenas con desconocidos, comunidades para hacer senderismo, clubes de lectura, coworkings, clases de cocina y hasta las famosas apps de citas. Cada semana aparece una nueva propuesta para conocer personas.

Pero ninguna de estas experiencias se enfoca principalmente en la actividad; más bien, todas son un pretexto. Lo que realmente ofrecen es un lugar donde pertenecer.

Clubes de lectura en México: Opciones para convivir y hacer amigos gracias  a los libros

Entonces, ¿qué ha cambiado para que la comunidad dejara de ser una consecuencia de vivir en una ciudad y se convirtiera en algo que ahora tenemos que salir a buscar?

Porque durante mucho tiempo vivir en una ciudad producía encuentros sin proponérselo. Los amigos aparecían en la escuela, en el trabajo, en la universidad, en el parque, en el mercado o porque el vecino llevaba años viviendo enfrente. No había una estrategia para socializar. La vida cotidiana hacía ese trabajo.

Pero hoy la lógica parece invertirse, porque vivimos en ciudades cada vez más densas, pero también más fragmentadas. Compartimos edificio con decenas de personas cuyo nombre no conocemos. Cambiamos de colonia por rentas, traslados, etcétera; y terminamos en otro extremo de la ciudad. Nuestra rutina está llena de personas y, al mismo tiempo, está vacía de encuentros.

Y no voy a salir con el argumento que todo era mejor antes, tampoco pienso criticar a quienes organizan estos espacios. Al contrario, probablemente están resolviendo una necesidad que quienes habitamos ciudades grandes tenemos.

Entonces, nos damos cuenta que el auge de estas comunidades no es por moda, sino por una carencia.

La Ciudad de México siempre se ha pensado desde la movilidad, la vivienda, la seguridad o el desarrollo económico, son discusiones indispensables, pero casi nunca hablamos de otra función igual de importante; la capacidad de una ciudad para producir comunidad.

Porque las ciudades no sólo organizan el espacio, también organizan la manera en que nos relacionamos. Y si para convivir necesitamos comprar una experiencia, pagar una membresía o inscribirnos a una actividad, no es porque el problema no sea que el mercado haya descubierto un nuevo negocio; sino que, tal vez, el problema sea que dejamos de construir ciudades donde la comunidad aparecía de forma natural.

Los coworkings más cool de la CDMX

Ahí está lo importante, justo en comprender cómo empezamos ahora a interactuar, lo complejo que es habitar espacios así de grandes donde tenemos innumerables opciones, pero al final descubrimos una conversación que se repite: hacer amigos cuesta, así como construir vínculos cuesta; y ni qué decir de encontrar un lugar donde uno realmente sienta que pertenece.

Y esto va más allá de lo difícil que es habitar una metrópoli en cuestiones de distancia, tráfico y hasta jornadas laborales. Sino también por cómo cambió la manera de entender nuestras relaciones.

Porque ahora, las nuevas generaciones vivimos más años, cambiamos de trabajo con mayor frecuencia, nos mudamos más veces, postergamos el matrimonio, muchas personas deciden no tener hijos y las amistades dejaron de estar determinadas por la colonia, la escuela o la familia. Nuestra vida es mucho más flexible que hace treinta años, pero también mucho menos estable.

Y ni qué decir, de cómo hemos aprendimos a administrar cuidadosamente la imagen que proyectamos. Las redes sociales nos han acostumbrado a mostrar versiones editadas de nosotros mismos. Paradójicamente, nunca habíamos compartido tanto sobre nuestra vida y nunca había sido tan difícil mostrarnos con autenticidad frente a un desconocido.

Por eso funcionan tan bien estos espacios que prometen crear comunidad, reducen esa incertidumbre, sabemos que todos estamos en las mismas, es nuestro punto de partida.

Estos espacios no son un problema, el verdadero problema podría ser que estamos empezando a depender de ellos.

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La seguridad también se juega en la cancha de la ciudadanía

La seguridad no depende solo de las autoridades. También comienza cuando cada ciudadano decide actuar con responsabilidad y cuidar a los demás.

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El Mundial convirtió a la Ciudad de México en un enorme punto de encuentro. Miles de personas ocuparon plazas, corredores turísticos, zonas de entretenimiento y espacios públicos para seguir una de las competencias deportivas más importantes del planeta. La pasión por el futbol volvió a demostrar que esta ciudad tiene la capacidad de recibir grandes concentraciones de personas, pero también dejó una reflexión que no puede pasar desapercibida: la seguridad es una responsabilidad compartida.

Vas al Fan Fest? Guía para disfrutar el Mundial 2026 en CDMX, Guadalajara y  Monterrey - Yahoo Noticias

Durante las jornadas de mayor afluencia, la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México, encabezada por Pablo Vázquez Camacho, desplegó un operativo de dimensiones considerables para proteger tanto a habitantes como a visitantes. El reto no era menor. No se trataba únicamente de vigilar las sedes oficiales, sino de atender decenas de puntos donde miles de personas decidieron reunirse de manera espontánea para vivir el ambiente mundialista.

El trabajo de prevención permitió mantener presencia policial, coordinar labores de movilidad, atender emergencias y reaccionar con rapidez ante incidentes que, por la magnitud de las concentraciones, siempre representan un riesgo. A ello se sumó la coordinación permanente con el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, fortaleciendo el intercambio de información y la estrategia entre los distintos órdenes de gobierno para responder a un evento de impacto internacional.

Una de las decisiones más relevantes fue la implementación de medidas para controlar y limitar accesos en distintos puntos de reunión cuando la capacidad había sido rebasada. Estas acciones, que en ocasiones generan incomodidad entre algunos asistentes, responden precisamente a criterios de protección civil y prevención de riesgos. Sin embargo, los operativos institucionales también encontraron un límite evidente: el comportamiento de una parte de la ciudadanía.

Copa Mundial 2026: CDMX despliega 11,219 policías para blindar partidos |  Xpectro

Las imágenes posteriores a las celebraciones mostraron calles cubiertas de basura, mobiliario urbano dañado y espacios públicos afectados por quienes decidieron abandonar cualquier sentido de responsabilidad colectiva. A ello se sumó el dato más doloroso: cuatro personas perdieron la vida en distintos hechos relacionados con los festejos.

Frente a estos episodios, resulta común que toda la exigencia recaiga sobre las autoridades. Es natural que la ciudadanía demande resultados a su gobierno y, en materia de seguridad, esa exigencia siempre debe mantenerse. Pero también es indispensable reconocer que ninguna estrategia, por robusta que sea, puede sustituir la responsabilidad individual.

No existe operativo capaz de impedir que una persona conduzca de manera imprudente, que participe en actos violentos, que destruya el patrimonio público o que convierta una celebración en un escenario de riesgo para los demás. La autoridad puede prevenir, contener y actuar; pero la decisión de respetar las normas sigue siendo profundamente ciudadana.

La coordinación entre las autoridades capitalinas y federales permitió responder a un desafío logístico complejo y adoptar medidas preventivas que privilegiaron la protección de las personas por encima de la popularidad de ciertas decisiones.

El verdadero aprendizaje que deja este Mundial no debe centrarse únicamente en la capacidad operativa del gobierno, sino en la necesidad de fortalecer una cultura de corresponsabilidad.

Porque una ciudad segura no se construye únicamente con más policías, patrullas o tecnología. También se construye cuando los ciudadanos respetan los espacios públicos, siguen las indicaciones de las autoridades, celebran sin violencia y entienden que la libertad de disfrutar un evento termina donde comienza el riesgo para los demás.

Al final, la mejor estrategia de seguridad seguirá siendo aquella en la que gobierno y sociedad jueguen para el mismo equipo. Porque la seguridad no empieza cuando llega una patrulla; empieza mucho antes, cuando cada uno de nosotros decide cuidarse y cuidar a los demás.

Festejos tras victoria de México dejan 40 toneladas de basura en la CDMX |  Diario Marca

La fuerza de sumar, no de dividir

Las mayorías no se construyen por casualidad. En política, los proyectos con posibilidades reales de gobernar nacen de la capacidad de sumar liderazgos, generar acuerdos y privilegiar el objetivo común sobre las diferencias. En Nuevo León, donde la competencia rumbo a 2027 comienza a tomar forma, la unidad entre Morena, el Partido del Trabajo y el Partido Verde representa una de las principales fortalezas de la coalición. Waldo Fernández ha sido claro al señalar que esos tres partidos se necesitan mutuamente para construir una alternativa competitiva. Aunque hoy forma parte de la bancada del Partido Verde en el Senado, Morena es el único partido al que ha estado afiliado, y su incorporación respondió a los acuerdos de la coalición. Más que un reparto de espacios, el desafío es consolidar un proyecto capaz de generar confianza y demostrar que la unidad no solo sirve para ganar elecciones, sino también para gobernar con estabilidad y resultados.

Defiende Waldo Fernández reforma para fortalecer a GN

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