Como en las ciencias, la teoría dicta que las especies (todas) tienden a irse hacia lugares viables para su conservación (ergo: migración).
Habiendo librado el elemento geográfico o “lugar” en donde se puedan establecer, el dilema se convierte en lo que sigue, es decir, como nos habremos de perpetuar o conservar.
Luego entonces, la paradoja social de la migración no solo se convierte en el “dónde” viviremos, sino en el “¿cómo?” lograremos convivir pacíficamente. Así, ante la multiplicidad de grupos o migrantes en un mismo lugar ideal para la conservación (en este caso los EUA), el siguiente elemento es esencial (incluso puede ser medible en un laboratorio). Ello es importante ya que la naturaleza ha demostrado que, ante la multiplicidad de factores, se dan condiciones para integrarse o sufrir el riesgo de autodestruirse.

Al igual que en cualquier ecosistema, la multiplicidad de organismos desiguales en un solo lugar compartido crea un ambiente de rivalidad y ambivalencia en donde la extinción de uno, o bien, de todos, se convierte, en el mejor de los casos, una posibilidad. Ello para no admitir que es, de hecho, una realidad.
Entre humanos, los núcleos no deben (o tal vez no pueden) solo conservarse, deben tender hacia la evolución. Ello es solo asequible mediante la creación. La preservación de la especie se da en la estabilidad, pero ante la multiplicidad de factores (de comunidades y problemas) crece también el ambiente de ambivalencia, desequilibrio e inseguridad.
Luego entonces en sociedad, este “lugar” viable para la migración (EUA) se convierte la materia prima de la evolución, aunque también el posible chispazo de una mísera involución.
Hoy, entre los países de las águilas, la nuestra, el águila real y la del norte, el águila calva, hay mil elementos que nos unen y otros que nos apartan. Entre tanto, tendremos que analizar ¿Qué nos salva?
Históricamente, para nuestro vecino del norte, la migración ha sido un factor diferenciador en la evolución del sistema. Para la sociedad del núcleo norteamericano, la integración no solo es necesaria para la manutención de la paz. Hoy es justamente inexcusable para la evolución de la sociedad.
¿En ese sentido, en que etapa de la evolución nos encontramos?
Mientras desarrollamos nuestra relación bilateral dentro de uno de los tratados comerciales más robustos del mundo, nuestra frontera compartida atestigua el paso de bienes, personas y servicios diarios más abundantes de nuestro planeta. No es difícil concluir que la relación entre países siempre ha sido íntima, aunque hoy, parece ser que habrá una víctima.
No es una declaración de oposición. Ni siquiera una opinión. Es meramente un ejercicio para todos, de reflexión.

Hay quienes podemos cruzar la frontera para atestiguar una violencia social que no existía. Hay otros a los que, sin precedentes, se les ha coartado válidamente el paso hacia el territorio del norte. Aunque eso no es una declaración de guerra, hay mucho que esa decisión encierra.
Hoy, presenciando todo desde afuera, espero sepamos comprender que pasé lo que pase, tendremos que evolucionar. En los últimos años mucho hemos hecho para provecho de nuestra conservación, aunque también mucho hemos perdido en nuestra mutua y bilateral conversación.
Las águilas no son iguales, pero tendrán que subsistir. Estamos en tiempos sin precedentes y tendremos que ser ¡todos! inteligentes para no sucumbir y poder, como especie y vecinos… sobrevivir.
Como suele suceder, las relaciones crecen por etapas y no hay en lo social ninguna especie de mapas. Entre los dos, este es nuestro lugar y no nos podremos mudar. Solo veremos si nos podemos sumar. México es un país que se rige por una Constitución Política. No somos meramente un partido político y esa distinción tendrá que hacerse. Somos de muchos colores, plurales, no singulares y ello tendrá por los países y por todos, que entenderse.

JJ