En el primer día de entrada libre a Los Pinos, unos 20 mil visitantes

Ciudad de México, 3 de diciembre de 2018 (Milenio).- Eran las 9:07 horas cuando se decretó el fin de una época. El enorme portón de hierro forjado que pertrechaba la sede presidencial se abría para dar acceso público irrestricto a la otrora residencia oficial de Los Pinos y mostró la intimidad del poder con su opulencia, sus lujos y sus despropósitos.

Ayer una realidad, hoy reconvertida por el nuevo gobierno en sala de exposición en ciernes: el museo del poder.

Vedado por décadas, su condición cambió radicalmente. Muy temprano esperaba sólo un puñado de ciudadanos, que en poco tiempo se transformó en casi un torrente de gente intrigada por conocer los entretelones palaciegos de Los Pinos. Ingresaron 20 mil, según el primer reporte oficial.

Se adentraron por los caminos que cruzaban los hasta ahora solitarios y enormes jardines a disposición del mandatario en turno, destinados a su exclusivo uso y disfrute, a la reflexión de las más elucubradas decisiones o el sosiego de las tensiones provocadas por el ejercicio de gobierno.

Adentrarse en lo que era el epicentro del poder metaconstitucional –dirían los clásicos para definir a los omnipotentes presidentes– es entrar en largos espacios de jardines, residencias y estatuas que ocupan 14 veces el espacio de la Casa Blanca.

Paradojas de la historia: construida por el general Lázaro Cárdenas como sinónimo de austeridad frente al despropósito republicano de vivir en el Castillo de Chapultepec –al inaugurar la nueva época posrevolucionaria–, Los Pinos concluyó su historia oficial con ese carácter de residencia, como expresión de la parafernalia gubernamental.

Camino a la Casa Miguel Alemán, entre la arboleda pulcramente cuidada por el extinto Estado Mayor Presidencial y por la denominada Calzada de los Presidentes se encuentran las versiones en bronce de quienes han sido sus residentes: Lázaro Cárdenas con sombrero en mano; Gustavo Díaz Ordaz, quien optó por una inimaginable pose con la mano tendida; Carlos Salinas, cuya efigie esculpida porta un legajo de hojas con el título TLC-Solidaridad, o la desparpajada imagen de Vicente Fox, con su inseparable V de la victoria.

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