El proceso del cigarro en tus pulmones

Ciudad de México a 27 de Marzo del 2018 (redacción).- Según la OMS, el consumo de tabaco es el responsable directo de cerca de 3 millones y medio de muertes en todo el mundo: el 80% de los fallecimientos son debido al cáncer de pulmón y casi un 17% a causa de paradas cardíacas. Los fumadores pasivos también son un grupo altamente expuesto al riesgo: los expertos estiman que el 31% de los fallecimientos causados por el tabaquismo pasivo corresponde a niños.

Un fumador puede perder más de 10 años de vida saludable a causa de los efectos dañinos que tiene la inhalación del humo del tabaco en el conjunto del organismo. Los pulmones recién un contacto directo con el humo, al ser por donde penetra, y por eso son uno de los órganos más afectados. ¿Cómo actúa el tabaco en los pulmones?
Cuando respiramos, los pulmones son los encargados de obtener el oxígeno del aire y transportarlo al torrente sanguíneo. Las vías respiratorias están cubiertas por unas pequeñas células similares a pelos llamadas cilios, que se mueven suavemente cuando el aire baja por la tráquea para impedir que la mucosidad y la impureza pasen a los pulmones.

El tabaco va destruyendo esas células, por lo que la labor de limpieza se deja de realizar. Las acumulaciones de la suciedad en los pulmones provocan numerosas lesiones en el sistema respiratorio, que derivan en enfermedades respiratorias graves, como EPOC y cáncer de pulmón.

La enfermedad obstructiva pulmonar crónica es un grupo de enfermedades pulmonares que bloquean el flujo de aire y dificultan la respiración. Las dos enfermedades más comunes que la conforman son el enfisema y la bronquitis crónica. Generalmente es progresiva e irreversible, pudieron ocasionar la muerte, ¿Cómo se produce?
El aumento de las secreciones en la tráquea y los bronquios que produce la inhalación del humo del tabaco, aumenta el riesgo de infecciones por virus que se asocia a la bronquitis crónica, una inflamación de las vías respiratorias que llevan el oxígeno a los pulmones. Esto produce tos con abundante expectoración y un estrechamiento de los conductos de aire que provoca dificultad para respirar.

El tabaco también produce de los alvéolos (enfisema), que son las pequeñas bolsas de aire que se sitúan al final de los conductos pulmonares. Su función es el intercambio con la sangre del dióxido de carbono por oxígeno. La consecuencia es que el organismo no recibe el oxígeno que necesita.

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