El capital no debe mandar, la democracia sí

Por Ángel Arce


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El ejercicio inédito de democracia participativa que significó la Consulta sobre el NAIM y su resultado posterior, parece – por primera vez desde el primero de julio de 2018 – haber encendido la “alerta roja” en los principales actores e impulsores del régimen político y económico con el que la ciudadanía decidió romper relación electoral durante los pasados comicios veraniegos. En simbiosis perfecta durante décadas, el gran capital y el poder político, implementaron sin remordimiento, una relación de intercambio de favores y negocios – a través de concesiones en obras de infraestructura, en condonación de impuestos y en financiamientos de campañas electorales principalmente – para mutuamente, cuidar e incrementar los intereses de una minoría a expensas de los derechos y el bienestar, de la inmensa mayoría en México. El neoliberalismo en el país dominaba y nadie, podía hace algo al respecto, sin embargo con la decisión vertida en el ejercicio ciudadano del pasado fin de semana de echar atrás la última obra del gobierno peñista, el inicio de la separación del poder político y el poder económico, ha roto con el paradigma que dominó por más de 30 años en el país.

El proyecto del nuevo aeropuerto en Texcoco, no sólo representaba una obra de infraestructura depredadora del medio ambiente y de los derechos humanos, sino también, la continuación en la implementación de un esquema de negocios que a partir del ejercicio del poder político, beneficiaba directamente a los empresarios cercanos a éste. De acuerdo al exprocurador Fiscal de la Federación desde los noventa un grupo de empresas y personas cercanas al presidente Enrique Peña Nieto adquirieron terrenos en Texcoco para reproducir un modelo similar al de Santa Fe en dicha área, proyecto que sería parte del plan integral del Nuevo Aeropuerto de México y que representaría no sólo la extinción de las aves que utilizan el vaso regulador Nabor Carrillo como parte de su ruta migrante, sino también, la utilización de recursos públicos – cabe destacar que dinero de las afores de miles de trabajadores mexicanos fueron parte del esquema de financiamiento del mega proyecto – para inyectar de capital a los intereses privados al estilo del FOBAPROA.

No es la fluctuación del peso en el par de días posteriores al anuncio de la cancelación del NAIM de Texcoco –hoy recuperado y con firmas financieras internacionales de la talla de Moody’s que niegan que la cancelación de un proyecto de infraestructura detone una crisis económica importante – lo que motiva al capital mexicano a lanzar una campaña mediática basada en la doctrina del miedo – curiosamente no se pronunciaron nunca durante la devaluación del precio del peso en 52 por ciento durante el sexenio de Peña – su motivo real, es la clara señal de que durante el próximo sexenio, el poder político no estará subordinado al poder económico tal y como debe suscitarse en una democracia que goce de cabal salud y fortaleza. Sin duda la inversión privada y la colaboración entre este sector productivo y el gobierno federal, debe ser una de las variantes y detonantes del desarrollo económico tanto a nivel micro económico como a nivel macro económico en beneficio del país y todos sus sectores sociales, no sólo en beneficio de una minoría, pues la desigualdad y la profundización de la pobreza, traen como consecuencia, la descomposición del tejido social por falta de oportunidades de desarrollo integral – hoy la violencia y la pobreza en el país son consecuencia directa de la implementación del sistema neoliberal en México – por lo que el diálogo respetuoso y entre iguales debe ser el tono en el que los empresarios del país y la próxima administración se comuniquen. México cambió, la política cambió, la sociedad cambió y también, lo debe hacer el sector empresarial en aras de construir una nueva realidad política, económica y social para México.


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