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Cuidado Crítico: Por qué ser “buena persona” es una decisión política

El cuidado crítico propone algo más radical: reconocer que el bienestar propio está ligado al de los demás, y que cuidar —con responsabilidad y límites— es una forma de resistencia.

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Nos han enseñado que ser “buena persona” es una virtud pasiva; un rasgo de personalidad que se limita a los buenos modales y al saludo amable. Pero en un mundo que se beneficia de nuestra indiferencia, de la prisa que deshumaniza y de la competencia feroz, la amabilidad ha dejado de ser un adorno para convertirse en un acto de rebeldía.

Ilustración: @mostracolor

El Cuidado Crítico no es una invitación a la complacencia; es la decisión política de reconocer que mi bienestar es imposible sin el tuyo. Es entender que cuidar las grietas —las propias y las de quienes nos rodean— no es una debilidad de carácter, sino la estrategia más radical para sostenernos en pie cuando todo lo demás parece diseñado para quebrarnos.

La Ternura Radical como brújula

El término de Ternura Radical empieza a cobrar sentido cuando, en la rutina diaria, nos detenemos a cuestionar si pecamos de indiferencia o de sobreempatía. Para no caer en la “trampa de la empatía” —esa que a veces puede ser condescendiente o limitarse a la lástima—, el cuidado crítico propone dos pilares fundamentales:

  • Responsabilidad: No solo se trata de decir “siento tu dolor”, sino de preguntarnos: “¿Qué responsabilidad tengo yo en las estructuras que te lo causan?”.
  • Límites claros: Cuidar no es decir que sí a todo. Poner límites es una forma de cuidado que evita el resentimiento y el burnout de quien cuida. Sin límites, el cuidado se vuelve sacrificio, y el sacrificio no es sostenible.

Bajo esta lente, el cuidado deja de ser solo una labor doméstica —históricamente impuesta a las mujeres— para convertirse en una práctica política. Admitir que no somos autosuficientes y que “no somos sin el otro” es el sabotaje más grande al capitalismo. Como decía Audre Lorde: “Cuidarse a una misma no es autoindulgencia, es preservación, y eso es un acto de guerra política”. Esto aplica desde el núcleo familiar hasta el equipo de trabajo; ningún proyecto es sostenible si sus integrantes no gozan de salud física y mental.

Ilustración: @mostracolor

La crítica como forma de amor

Otro eje vital es la crítica como herramienta de transformación. El cuidado crítico propone: te cuestiono porque me importas. No se trata de destruir, sino de señalar conductas machistas, racistas o coloniales dentro de nuestros propios círculos para que el grupo crezca. Es la capacidad de decir “esto que hiciste me dolió” o “esta estructura es injusta” sin romper el vínculo. Es exigir la transformación desde la conexión, no desde el descarte.

Para ejercer este cuidado, una tiene que ser lo suficientemente fuerte y amorosa consigo misma para reconocer de dónde viene este apoyo. Sé que mi amiga Mel y yo tenemos sangre punk; gracias, Mel, por el amor radical que me das.

Y tú, ¿qué tan radical te atreves a ser en este mundo materialista?

Reconocer que sientes, que te importa lo que le pasa al de al lado y que puedes amar desde un lugar mucho más profundo es, hoy por hoy, lo más punk que puedes hacer.

Lo demás… son detalles.

Ilustración: @mostracolor

 

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