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Abandonar espacios es abandonar personas

Una escuela insegura es una alerta ignorada. Prevenir es proteger. La infancia no puede seguir esperando. #CDMX #EducaciónSegura

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La escuela debiera ser un espacio seguro para cualquier niño, en cualquier momento y lugar. Al igual que en sus casas, en las escuelas los niños tienen derecho a estar seguros y a que su bienestar sea priorizado. Esa responsabilidad es del Estado y del gobierno mexicano. Y, lamentablemente, hoy esa responsabilidad no se está cumpliendo.

En la Ciudad de México, muchas escuelas no son lugares seguros para sus alumnos. La infraestructura refleja el abandono no sólo de los inmuebles, sino también de la agenda pública que debe procurar el bienestar de nuestros niños. Grietas, humedad, filtraciones, instalaciones en mal estado y falta de mantenimiento básico son parte del entorno donde crecen, juegan y se educan niños, docentes y familias, especialmente en zonas marginadas de la ciudad. Y aunque estas condiciones no siempre sean visibles para quienes gobiernan desde el escritorio, sí son evidentes para quienes las viven cada día y para quienes caminamos el territorio.

Escuela Primaria “Martires de Tacubaya”.

Quienes hemos recorrido los planteles lo sabemos de primera mano: los padres de familia exigen soluciones. Exigen que validemos sus preocupaciones, que cuidemos a sus hijos, que hagamos nuestro trabajo. Por eso, hace unos días presenté un punto de acuerdo en el Congreso de la Ciudad de México para solicitar una revisión estructural completa en la Escuela Primaria Mártires de Tacubaya, ubicada en la alcaldía Miguel Hidalgo. Madres y padres de familia han manifestado su preocupación por el estado del inmueble. Han levantado la alerta y, si decidimos ignorarla, seremos cómplices si esos riesgos se materializan.

Por lo menos yo no estoy dispuesta a ser cómplice. Si los hijos de las autoridades tomaran clases en esas instalaciones, estoy segura de que ya se habría resuelto, porque sé que, para quienes somos padres o madres de familia, no hay mayor angustia que saber que nuestros hijos están en riesgo. Lo mínimo que podemos hacer desde el ámbito legislativo es acompañar esa demanda y asegurarnos de que sea atendida con seriedad.

La tragedia del Colegio Rébsamen en 2017 nos dejó una lección profunda sobre lo que puede pasar cuando no se atienden a tiempo los problemas estructurales. O debería haberla dejado. Nuestra intención al visibilizar esta realidad no es generar alarma, sino recordar que prevenir también es proteger. Escuchar a las familias, hacer revisiones periódicas y atender las señales de deterioro es nuestra obligación. Es la única respuesta que puede darnos tranquilidad de conciencia.

La responsabilidad del Estado no termina al construir una escuela. Implica también garantizar que ese espacio funcione, se mantenga y sea seguro para quienes lo habitan. Y eso requiere voluntad, presupuesto y coordinación interinstitucional. La Ciudad de México tiene los recursos y la capacidad para ofrecer estos resultados. Solo falta que asuman su responsabilidad.

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