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2027 empieza mucho antes de 2027

Las elecciones no comienzan cuando arrancan las campañas. La confianza se construye mucho antes, con resultados, cercanía y responsabilidad.

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Cuando hablamos de elecciones solemos pensar en campañas, candidaturas, debates, propuestas, espectaculares y recorridos. Pensamos en ese periodo en el que las calles se llenan de colores y las redes sociales de mensajes que buscan convencernos de que una persona es la mejor opción.

Pero una elección no empieza el día que formalmente comienza una campaña. Mucho antes de que aparezcan los primeros espectaculares, de que escuchemos propuestas o de que las candidaturas recorran las calles, ya se han tomado decisiones importantes que marcarán el rumbo del proceso electoral.

Por eso, aunque suene extraño, 2027 empieza mucho antes de 2027

Política y pasión | EL MONTONERO

Empieza en los años, meses y días previos, cuando todavía no hay candidaturas registradas ni propaganda en las calles. Empieza en cada decisión de gobierno, en cada gestión atendida, en cada compromiso cumplido y también en cada promesa que quedó en el olvido.

Porque, aunque a veces desde la política pareciera que pensamos lo contrario, la gente tiene memoria.

Recuerda quién estuvo cuando surgió un problema en su colonia y quién apareció únicamente cuando necesitaba algo. Recuerda al servidor público que contestó el teléfono y también al que nunca devolvió una llamada. Recuerda quién escuchó, quién regresó, quién dio seguimiento y quién simplemente llegó para tomarse una fotografía.

La confianza política se construye así: poco a poco.

Y quizá uno de los grandes errores que hemos cometido quienes participamos en política es creer que la confianza ciudadana puede construirse de pronto, durante una campaña electoral.

No funciona así.

Una lona puede hacer conocido un nombre. Un buen video puede conseguir miles de reproducciones. Una campaña creativa puede llamar la atención. Pero ninguna estrategia de comunicación puede sustituir una trayectoria.

Por eso, cuando llegue 2027, una de las preguntas más importantes que deberíamos hacernos frente a cualquier candidatura, sin importar el partido no es solamente: ¿qué propone?

También deberíamos preguntarnos: ¿qué ha hecho?

¿Dónde estaba antes de pedir nuestro voto? ¿Cómo ejerció las responsabilidades que tuvo anteriormente? ¿Cómo trata a las personas cuando no hay una cámara enfrente? ¿Ha regresado a los lugares que recorrió? ¿Ha cumplido su palabra? ¿Ha sabido reconocer sus errores? ¿Ha dado resultados?

Son preguntas sencillas, pero necesarias.

Porque la democracia no debería consistir en conocer a nuestros políticos durante algunas semanas cada tres años. También exige una ciudadanía que observe, pregunte, participe y evalúe permanentemente.

Y eso implica una responsabilidad de ambos lados.

Para quienes ocupamos un espacio en el servicio público, significa entender que cada día cuenta. Que atender bien a una persona importa. Que regresar una llamada importa. Que explicar por qué algo no pudo resolverse importa. Que volver a una colonia después de escuchar un problema importa.

No todo puede solucionarse y ningún servidor público debería prometer lo contrario. Pero siempre podemos escuchar, orientar, gestionar y, sobre todo, hablar con la verdad.

La cercanía no debería ser una estrategia electoral. Debería ser una manera de ejercer el servicio público.

Del otro lado, la ciudadanía también tiene una tarea importante: informarse.

Las elecciones de 2027 traerán nombres, partidos, coaliciones, propuestas y muchísima información. Habrá campañas intentando llamar nuestra atención todos los días. Por eso será indispensable mirar más allá de un espectacular, un eslogan o un video de treinta segundos.

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Habrá que revisar trayectorias. Distinguir entre quien acaba de descubrir una colonia y quien lleva años caminándola; entre quien promete escuchar y quien puede demostrar que ya lo ha hecho; entre quien ofrece soluciones fáciles para problemas complejos y quien está dispuesto a explicar, con seriedad, qué puede hacerse y qué no.

También tendremos que aprender a mirar más allá de nuestros propios colores.

En todos los partidos existen personas valiosas y también quienes han quedado a deber. Hay buenos servidores públicos en distintas fuerzas políticas, así como hay malos ejemplos prácticamente en todas.

Por eso votar informado significa evaluar personas, resultados, equipos, propuestas y trayectorias, no solamente siglas.

La democracia se fortalece cuando dejamos de entregar nuestra confianza automáticamente y empezamos a exigir que se gane.

Tal vez esa sea una de las conversaciones más importantes rumbo a 2027.

No solamente preguntarnos quién quiere gobernar, sino por qué merece hacerlo. No solamente escuchar qué promete alguien para los próximos años, sino revisar qué hizo con las oportunidades que ya tuvo.

Y para quienes tenemos hoy una responsabilidad pública, el mensaje debería ser todavía más claro: no hay que esperar a una elección para salir a la calle, escuchar, rendir cuentas o estar cerca de la gente.

Porque cuando finalmente llegue el momento de votar, cada ciudadano y ciudadana llevará consigo su propia historia.

La gestión que sí fue atendida.

El mensaje que nunca tuvo respuesta.

El parque que mejoró.

La promesa que se cumplió.

La reunión a la que alguien regresó.

Y también aquella en la que nadie volvió.

Por eso 2027 no comienza cuando arranquen oficialmente las campañas.

Ya empezó.

Empezó cada vez que alguien decidió escuchar a un vecino o vecina, resolver una gestión, regresar a una colonia, cumplir su palabra o reconocer con honestidad aquello que no podía resolver.

Porque una campaña puede construir una candidatura.

Pero la confianza se construye mucho antes.

Mexico elections at a glance: How many Mexicans can vote?

 

Licenciada en Hotelería con especialidad en Turismo de Reuniones por el Centro de Estudios Superiores de San Ángel. Maestra en Administración Pública por la UVM y en proceso de titulación de la Maestría en Buen Gobierno y Gestión Pública en la Universidad Anáhuac. Además, es una entusiasta del aprendizaje y coleccionista de diversos cursos. Ha trabajado tanto en la iniciativa privada, en distintos hoteles de varios estados del país, como en la administración pública, principalmente en la Alcaldía Benito Juárez, donde hoy se desempeña como concejal. Libra, mujer, patinadora sobre hielo, medio foodie, fan de Disney y de Stitch. Ama salir a correr antes del amanecer los domingos y leer todo lo que le recomienden o le regalen, porque nunca se sabe cuándo puede ser útil. Fiel creyente en la juventud y su papel clave en el futuro del país, así como en el poder de la comunidad en la CDMX. Apoya todas las causas que contribuyan a mejorar la ciudad y las pequeñas acciones que generan un impacto positivo en la vida de quienes aquí vivimos.

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¿A quién incomoda el crecimiento de Pepe Chedraui en Puebla?

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Su ventaja en las encuestas parece haber encendido una campaña de desprestigio en su contra.
En encuestas como BEAP, MetaMetrics y La Encuesta MX, el alcalde aparece al frente de las preferencias, con una ventaja de más de 20 puntos sobre su más cercano competidor.
La guerra sucia crece, pero también crece la expectativa por conocer quién la opera y qué hay detrás.

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MIRADA AL FUTURO: La ciudad no se barre sola

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El Metro cumplió 57 años el 4 de septiembre. Hubo billete conmemorativo de la Lotería Nacional, fotografías históricas y un comunicado impecable: 22 trenes recuperados en las Líneas 2, 7, 8 y B; 15 mil trabajadoras y trabajadores; más de 69 mil millones de usuarios transportados desde 1969; una racha de cero carpetas por robo con violencia. La ciudad se retrató junto al naranja. Es justo: sin el Metro, esta capital se deshace a las 7:15 de la mañana.

Lo que casi no se retrata es la otra ciudad, la que empieza dos horas antes.

Antes de que salga el primer tren, las cuadrillas de limpia ya van en camión rumbo a una vía primaria. Muchas de esas personas no son, en el papel, trabajadoras: son “beneficiarias” de un programa social o personal de una empresa subcontratada. La palabra importa. Un beneficiario no cotiza. No tiene seguridad social, ni prestaciones, ni jornada reconocida, ni a quien reclamarle. Beneficiario suena a favor. Y el favor, en esta ciudad, se paga con turnos de madrugada junto al carril rápido.

Las cifras vienen de la denuncia, no del gobierno, y eso ya es parte del problema. La diputada Patricia Urriza, de Movimiento Ciudadano —ni de mi partido ni de mi bancada, conviene decirlo—, sostiene que en menos de un año hay siete personas fallecidas y más de treinta y cuatro lesionadas en estos esquemas. A finales de agosto se volcó un camión que trasladaba a 19 trabajadores: doce lesionados. El 30 de agosto murió Guadalupe, trabajadora de limpia, en Avenida Ferrocarril. No existe un recuento oficial que confirme o desmienta esas cifras. Que no exista es, en sí, una respuesta.

Hay un detalle que dice más que cualquier discurso: buena parte de los accidentes no ocurre “en la calle” en abstracto. Ocurre en el traslado, de noche, en unidades que llevan gente a barrer lo que nosotros ensuciamos de día. El riesgo no es solo la escoba junto al carril rápido. Es el camión que los lleva, el chaleco que no brilla y el nombre administrativo que evita decir “trabajador”.

Lo del uniforme merece párrafo aparte. Desde enero de 2025 el personal de servicios urbanos viste guinda, cuando la norma de seguridad para quien labora en vía pública pide colores de alta visibilidad. Se puede discutir la intención. Lo que no se puede discutir es la física: a las cinco de la mañana, sobre Viaducto, el guinda no se ve. Ninguna estrategia de imagen vale un cuerpo.

Compárese con el Metro. El Metro tiene sindicato, plaza, número de empleado, jubilación y hasta un cachito de lotería con su nombre. La limpia, en este modelo, flota entre el programa social y la tercerización. Uno es institución; el otro es arreglo. Pero los dos hacen lo mismo a distinta hora: sostener el escenario para que el resto podamos fingir que la ciudad funciona sola. Misma ciudad, dos categorías de cuerpo.

El 1 de septiembre, el Gobierno capitalino entregó al Congreso su Segundo Informe: alrededor de 3,500 obras en espacio público, 450 kilómetros repavimentados, Utopías, Caminos de Mujeres Libres y Seguras. El propio gobierno puso el cuidado al centro de su relato. El cuidado es un buen eje. Pero una administración que se define por los cuidados tiene que responder por quienes cuidan la calle. No se le puede llamar justicia social a un esquema que produce avenidas impecables y actas de defunción.

El 14 de octubre, la jefa de Gobierno comparecerá ante el Congreso. Ahí hay una prueba sencilla, sin ideología de por medio:

— que quien barre sea trabajador, con contrato y seguridad social;

— que el uniforme cumpla la norma de alta visibilidad, no la paleta del partido;

— que el traslado deje de ser la parte más peligrosa del turno;

— que exista un registro público de accidentes y fallecimientos del personal de limpia, con nombre, fecha y causa.

Nada de eso requiere una reforma constitucional. Requiere decisión.

Una columna no le devuelve la vida a Guadalupe. Puede hacer algo más chico y más terco: negar la idea de que la ciudad se sostiene sola. No se sostiene sola. Se sostiene con gente que entra a un túnel y con gente que sale a un camión a las cinco de la mañana. A los primeros, con razón, les cantamos las mañanitas. A los segundos les decimos beneficiarios.

Por eso cada calle recién barrida es también una pregunta: ¿quién la dejó así, y a qué hora se fue?

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Rafa Márquez y el proceso que sí llegó

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Ayer, Rafa Márquez fue presentado como director técnico de la Selección Mexicana en el Centro de Alto Rendimiento de la Federación Mexicana de Fútbol. La noticia no es que haya sido presentado. La noticia es que efectivamente ocurrió lo que se había prometido.

Porque en una Federación acostumbrada a cortar procesos de tajo y a improvisar ciclos, cumplir un plan trazado desde 2024 es, por sí solo, un acontecimiento. Rafa fue auxiliar de Javier Aguirre durante todo el proceso mundialista precisamente para esto. Y esta vez, el relevo se respetó.

‘El Káiser’ no pudo llegar en mejor momento. Y no por los resultados.

En términos estrictamente de alcance deportivo, el Mundial terminó donde ya sabíamos que terminaba: en octavos de final. Sí, se superó lo de Qatar 2022. Pero el techo siguió intacto. Lo que sí cambió fue otra cosa, y quizá más difícil de conseguir: la reconexión con la afición.

Durante cuatro años, la relación entre el Tri y su gente fue de pura apatía. El desastre de Qatar había roto algo. Llegaron las promesas de cambio, que en buena medida siguen sin cumplirse. Llegaron incluso los títulos, con la Copa Oro y la Nations League. Pero la conexión no aparecía por ningún lado.

Hasta el pitazo inicial del 11 de junio en el Estadio Ciudad de México. Ahí, algo se acomodó. El grito de “y si sí” se volvió un himno de batalla que nadie vio venir. El clímax llegó frente a Ecuador el 30 de junio. Y el cierre, contra Inglaterra el 5 de julio, terminó en derrota pero con el orgullo intacto. Se perdió el partido y se ganó a la gente.

Esa es la herencia real que recibe el michoacano. No una plantilla campeona, sino un país que volvió a querer a su selección.

Él parece entenderlo. En la conferencia lo dijo con claridad: la ventaja es que no se empieza de cero, que hay una base importante, y que la tarea es mantener lo que hay pero mejorarlo y evolucionarlo. Su cuerpo técnico respalda la ambición: Juan Manuel Lillo, Andrés Guardado y Vidal Paloma como auxiliares, Xabier Mancisidor con los porteros y Pol Lorente en la preparación física. Duilio Davino, director de selecciones, puso los objetivos sobre la mesa: ser el número uno de la zona, pelear finales de Concacaf y mantenerse entre los diez mejores del mundo.

Su primera prueba llega el 26 de septiembre contra Colombia, en Baltimore. No es un rival menor. Con Luis Díaz, James Rodríguez y Luis Javier Suárez, los cafetaleros tienen una calidad indiscutible, aunque en el Mundial se esperaba bastante más de ellos. Después vendrán Perú, Estados Unidos y Chile.

Pero no todo es color de rosa. Los vicios de siempre siguen ahí. El empalme del calendario de la Liga MX con la fecha FIFA, que incluye cuatro partidos de la jornada 10 el mismo día del debut, obligó a un acuerdo para convocar apenas dos jugadores por equipo. Nos quedaremos con la duda de si veremos al equipo que Rafa quiso o al que pudo tener. La eliminación permanente del ascenso y descenso desató protestas de la Liga de Expansión y sigue en procesos jurídicos. Y tras el Mundial, la exportación de futbolistas mexicanos a Europa fue prácticamente nula: entre los seleccionados, solo el caso de la ‘Hormiga’ González.

Ninguno de esos problemas es responsabilidad del de Zamora. Todos van a condicionar su trabajo.

Por eso la pregunta no es si él está capacitado. La pregunta es si lo van a dejar trabajar. Ese apoyo tendría que traducirse en cosas concretas: partidos en México para sostener el vínculo con la afición, libertad total para convocar a quien él quiera, y rivales de calidad que obliguen al equipo a crecer.

Rafa lo resumió mejor que nadie: habrá momentos buenos y momentos malos, pero lo importante es seguir avanzando.

Ojalá que esta vez, por primera vez en mucho tiempo, avanzar signifique no volver a empezar.

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